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martes, 24 de diciembre de 2013

Veleta y Elorrieta (Sierra Nevada - Granada)

Uno de los objetivos de hoy: el Veleta.

El día totalmente calmo nos permitía estas panorámicas.

La cara oeste de los Tajos de la Virgen con algunos ventisqueros que cumplirán otro año.

El barranco del río Veleta a los pies de la Carihuela.

Desde la Carihuela: Raspones, Loma Pelá y Mulhacén., 

En la cota 3.300 de la cara este del tajo del Veleta, intentando el paso.

En el Panderón del Veleta es frecuente ver cabras.

Refugio de la Carihuela y Puntal de Loma Púa.

Refugio de la Carihuela y Veleta.

Laguna Aguas Verdes y río Veleta. 

Llamativo paraje rocoso que contiene el conjunto de laguna de "Las Cabras".

La parte superior de las crestas de los Tajos de la Virgen.

Algún collado nos permite mirar hacia atrás y divisar todavía el Veleta.

Si nos alejamos un poco más todavía se amplían las vistas incluyendo el Mulhacén.

Aunque el recorrido no lo hacemos por la misma cresta, evitando los picos.

Quién ha colocado aquí un Moai?

Las potentes formaciones rocosas son habituales en este recorrido.

Las cumbres rocosas fuertemente fracturadas ocupan todo el recorrido.

Los tramos de sendero más difíciles de seguir son es estos tremendos cascajales.

Llegando al refugio Elorrieta desde donde se domina toda la cabecera del río Toril.

El refugio Elorrieta ocupa la divisoria entre cuencas: izquierda Toril, derecha Lanjarón.

Desde arriba se aprecian perfectamente los taludes que se le fabricaron a la laguna de Las Yeguas.

Laguna/Embalse de Las Yeguas.

La universidad de Granada ha decidido remozar el observatorio.

El lavado de cara al observatorio del Mojón de Trigo es patente.


Fecha: 6-11-2013                                                              Hoya de la Mora 8'15h.
M.I.D.E.:2,3,3,3                                                                   Posiciones 9'30h.
Duración: 6h (Circular).                                                     Carihuela 10'30h.
Desnivel en subida: 900 metros                                        Elorrieta 11'45-12'15h.
Rangos de temperatura: de 8ºC a los 17ºC                      Yeguas 13'00h.
                                                                                            Hoya de la Mora 14'15h.


El recorrido de hoy ha sido corto debido a varios factores, primero la premura por regresar de mi hermano que hoy me acompañaba y segundo porque mis pies sufrieron la semana pasada castigo excesivo del que a fecha de hoy no se habían recuperado adecuadamente, por lo que la brevedad, dentro del malestar ocasionado ha sido bien recibida.

Era un día programado para recuperar itinerarios que por no haberlos transitado durante años se van olvidando como es el recorrido desde la Carihuela hasta el refugio Elorrieta por encima de los Tajos del Nevero. Es un terreno muy quebrado, lleno de cascajales y pequeños tajos que hacen difícil su tránsito. Como apenas hay tramos sin piedras, el sendero cuando se avista es bastante difícil de seguir y los pequeños apilamientos indicadores de piedras apenas destacan sobre el fondo rocoso del mismo color.

Aun así, al menos cuando la nieve no cubre el paraje, merece la pena este paso ya que nos podemos ahorrar además de algún tiempo, muchos metros tanto de bajada como de subida que nos añadiría el tener que bajar hasta los Lagunillos de la Virgen para volver a subir por la cara oeste de los Tajos de la Virgen.

Arrancamos a las ocho y media de la Hoya de la Mora con una inusual temperatura para estas fechas de 8 grados. El aire en total calma promete un día inmejorable de sierra. Así se mantendrá durante toda la jornada. La subida por Cauchiles es sobradamente conocida, nos la tomamos con tranquilidad y en algo más de una hora estamos a la altura de las Posiciones. Estas ruinas, antiguas trincheras construidas durante la Guerra Civil ubicadas en la cabecera de la cuenca del río San Juan (3.000 m), siempre han sido una referencia en la subida hasta el Veleta. Junto a ellas nace el Veredón que se interna en la Corral del Veleta, a los pies del majestuoso tajo norte del Veleta. A partir de aquí continuamos por la carretera acercándonos a la arista sur de la loma del Veleta (Panderón) en busca de la entrada al paso.

Mi hermano no lo conocía y yo recordaba que estaba bastante alto ya que hace unas semanas me introduje por él una centena de metros y balicé su entrada con un apilamiento de piedras. Sin embargo, algo despistado, lo buscaba a menor cota de la real. Una vez llegados a él (3.300 m.) nos introducimos por el hasta llegar a un cortado en que hay que agarrarse a las piedras para ayudarse a pasar. Yo lo hago pero mi hermano no lo ve claro, por lo que decidimos que yo continúe, ya que he pasado, para averiguar si hay más pasos complicados o a partir de aquí es más cómodo.

Este paso atraviesa el tajo sureste del Veleta por los Vasares a una cota muy elevada y sirve de enlace entre el Veleta (3.394 m.), Las Campanitas (3.324 m.) y el Cerro de los Machos (3.329 m.) acortando de forma significativa los recorridos en los que se atraviesa Sierra Nevada de norte a sur o las llamadas “Integrales”, con un mínimo costo en cuanto a pérdida/ganancia de cota.

Tras un par de centenares de metros recorridos sin dificultad alguna, decido darme la vuelta para consensuar lo que vamos a hacer. O pasamos y enlazamos con el Cerro de los Machos o volvemos. Mi acompañante sigue sin verlo claro por lo que vuelvo a cruzar la estrecha repisa ayudándome de las manos (aquí me han sobrado los bastones que habitualmente suelo llevar) y reiniciamos la bajada de nuevo hasta el refugio de la Carihuela (3.205 m.) recorriendo en bajada todo el Panderón.

No puede faltar la visita de rigor al refugio para constatar que hoy está limpio y cerrado, aunque han apilado en una bolsa detrás de la puerta algunos desperdicios. Este refugio tiene capacidad para unas diez o quince personas en dos plataformas de madera, se complementa con una amplia mesa rodeada de un banco, todo ello de madera. Tras la visita volvemos a cerrar y retomamos la marcha para acercarnos a redescubrir el paso que une este refugio, bordeando el Puntal de Loma Púa (3.224 m..), con otro refugio Elorrieta (3.185 m), en la cabecera del río Lanjarón, camino habitual para acercarnos hasta el Cerro del Caballo a la vez que itinerario en las travesías.

Este paso a media altura que transita todos los Tajos del Nevero y de la Virgen por su cara este no excesivamente conocido y de difícil seguimiento por lo abrupto del terreno, por el continuo soslayo de tajos y el tener que atravesar fuertes cascajales donde el recorrido apenas marcado por algunos apilamientos rocosos, pueden pasar fácilmente desapercibidos para aquellos excursionistas que no estén avezados en esta sierra o no tengan clara la orientación en la que dirigirse.

Como referencias más visibles comentar que el recorrido siempre se hace por la cara este, bastante alto y pasa a los pies del “oso”, monolito muy visible que se levanta a medio camino junto a las crestas. Hay que ir atentos porque a partir de este visible “hito” hay al menos dos variantes de acercamiento, una más alta que corona unos metros antes del antiguo pluviómetro que permanece en la cima del monte Elorrieta, unos metros antes del propio refugio; otro que recorriendo la loma a menor altura enlaza con el refugio, por su parte de atrás justo en la explanada a la que daban las ventanas del mismo orientadas hacia el barranco del río Toril.

El amplísimo refugio que en su día tenía capacidad hasta para 50 personas y que estuvo totalmente equipado con solería, paredes alicatadas hasta media altura, grupo electrógeno y depósito de agua en las inmediaciones con conexión hasta el propio refugio por tuberías de hierro empotradas bajo el suelo para evitar que se helasen, actualmente está totalmente desmantelado y en ruinas al 90% de su extensión. Apenas queda utilizable una esquina (suroeste) donde aunque el deterioro es palpable, al menos permanece la puerta y alguna ventana lo que la hace algo más habitable.

Este gran refugio, construido en las primeras décadas del pasado siglo formaba parte de un ambicioso proyecto de refugios y viveros que escalaban todo el barranco del río Lanjarón hasta éste el más alto. Junto a ellos se habilitaban espacios abancalados para los viveros en que crecerían las coníferas, para una vez nacidas y aclimatadas en el propio terreno trasplantarlas intentando que el éxito de supervivencia fuera máximo.

No nos resta más que iniciar el descenso por un sendero, esta vez muy visible y marcado que tras perder cota de forma rápida nos acerca, primero hasta los lagunillos de la Virgen (nacimiento del río Dílar) y algo más abajo a la propia Laguna/Embalse de las Yeguas. Aquí nos demoramos algo para beber en uno de los manantiales que aun alimenta el lagunillo superior y para hacer algunas fotos a las Yeguas. Enlazamos con un tramo de pista que tras remontar hasta el collado junto a los Observatorios de Sierra Nevada, une la laguna con el complejo de Borreguiles.

Desde aquí, dejando todo el complejo alto de la estación de esquí (Borreguiles 2.700 m.) a nuestra izquierda, seguir perdiendo altura hasta llegar a los albergues, concretamente al de la Hoya de La Mora, junto al que hemos dejado el vehículo esta mañana en un amplio aparcamiento habilitado para el efecto.

Pero todavía antes en uno de los cruces con la carretera asfaltada, seguimos ésta para acercarnos a la base de un pequeño cerro (Mojón del Trigo 2.606 m.) que está coronado por un antiguo observatorio astronómico, abandonado durante muchísimos años (yo siempre lo he conocido en ese estado de deterioro). Actualmente la Universidad de Granada, propietaria del edificio, está rehabilitando el pequeño observatorio al que ya se le ve un aspecto totalmente distinto del que nos tenía acostumbrado a los asiduos de esta sierra. La techumbre remozada, rejas en las ventanas y pintado en su conjunto parece ser que se va a dedicar a promocionar la observación astronómica de forma divulgativa al publico en general.

Unos metros más abajo nos encontramos la barrera que limita y controla el acceso al Parque Nacional y enseguida llegamos de nuevo al aparcamiento para ya en el coche descender los cerca de dos kilómetros verticales que nos separan de Granada, algo que conseguimos tras recorrer los 35 kilómetros de carretera hasta la capital.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.




miércoles, 15 de mayo de 2013

Alhama de Granada: un posible recorrido. (Granada)

Vista general de Alhama de Granada.

Primer vistazo a los cañones del río.

Varios de los molinos harineros junto al rio.

Pilas de lavar usadas por las "abuelas".

Casas con buenas vistas asomadas al barranco.

Río Alhama.

Al borde del precipicio.

Entrando a las ruinas de uno de los molinos.

Parte del recorrido junto a una acequia.

Buscando refugio entre las rocas.

Adentrándome en los cañones.

Represa en el río para la toma de la acequia.

Río Alhama desde un pequeño puente.

Dique y habitantes de la Pantaneta.

Panorámica de la Pantaneta.

Los carrizos ocupan todo el perímetro del agua.

Buenos lugares para las nidadas.

Después de tanta lluvia todos ansiamos el sol.


Uno de los abundantes molinos asentados junto al río.

Ruedas de molino abandonadas.

Parte del recorrido.

Regresando al pueblo.

Camino del Balneario.

El corto trayecto hasta el Balneario es realmente bello.




Alhama de Granada, río arriba hasta la Pantaneta (Granada).

Fecha: 10-04-2013

Alhama es una población ubicada a los pies del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama por lo que disfruta durante los veranos de una temperatura suave. Conocida sobre todo por sus baños termales de origen árabe, de los que procede su propio nombre ya que al-Hama significa “el baño” y que son el origen del actual balneario, destaca además por una orografía espectacular, en la que cabe destacar los imponentes tajos que ha labrado el río Alhama (también denominado Merchán) y que delimita la ciudad por sus caras este y norte, están catalogados como Paisajes Sobresalientes según el Plan Especial del Medio Físico de Granada.
El recorrido por estos parajes ha sido el motivo principal de la visita de hoy. Distante de Granada capital unos 60 kilómetros, hoy he accedido hasta ella por la carretera de la Malahá “tierra de sal”, Agrón y Pantano de los Bermejales. Es una estrecha carretera con algunos tramos en obras pero de una belleza singular en sus últimos kilómetros, hoy decorados casi en su totalidad por los jaramagos en plena floración, por lo que recomiendo el recorrido siempre que no se tenga prisa (alrededor de una hora).
Una vez llegado al pueblo buscar aparcamiento, si se llega temprano junto al ayuntamiento es fácil localizarlo, mas tarde la afluencia de visitantes los hacen más escasos. A las 9'30 abren la oficina turística (958360686) ubicada en las mismas dependencias del Ayuntamiento (antiguo convento de los Carmelitas Calzados), donde nos darán toda la información necesaria para disfrutar de nuestra visita al pueblo. El amplio conocimiento del lugar de Amparo o Alejandro nos orientarán sobre las diferentes posibilidades e itinerarios.
Esta parte del pueblo está elevada sobre el río una cincuentena de metros por lo que hay que descender hasta el mismo lecho para hacer el recorrido de los Molinos río arriba hasta llegar a la Pantaneta. Junto al cauce había media docena de molinos que aprovechaban el caudal permanente del mismo para su funcionamiento, actualmente están todos fuera de servicio y lamentablemente casi todos en ruinas. Alguno de ellos todavía conserva algo de su maquinaria visible a través de una de sus ventanas.
Pero antes de terminar de bajar y llegar al cauce del propio río nos encontramos un panel informativo asimilando las pilas de lavar que podemos observar en el mismo camino (algunas excavadas en la propia roca), como las “lavadoras” de las abuelas. Se llegaron a contabilizar hasta medio centenar, hoy desaparecidas en su mayoría. Las pilas eran propiedad de cada familia y aquellas que no la poseían se la pedían prestadas a algún familiar.
La tarea del lavado ocupaba buena parte de la jornada para muchas de las mujeres ya que comenzaba por la mañana temprano con la bajada al río acompañadas de la chiquillería: remojo, restregar las manchas contra la piedra o con los nudillos, aclarar, secar al sol y recoger una vez terminada para volver a subir al pueblo con la carga. Durante el secado se aprovechaba para ponerse al día en las cuestiones “sociales” a la vez que comer algo. Durante el proceso era habitual que hubiera algún mirón que aprovechaba para disfrutar de vistas inusuales de pantorrillas u otras zonas femeninas habitualmente escondidas, pero los lavaderos han sido tradicionalmente un lugar vetado para los varones.
A lo largo del recorrido, río arriba, el camino va paralelo a una de las acequias que daba servicio a algunos de ellos. Por su gran porte estaba concebida para llevar un importante caudal, lo que nos puede dar idea del volúmen de trabajo que realizaban así como el diámetro de las piedras que tenían que mover. Algunas de ellas permanecen abandonadas, semicubiertas por la vegetación, a la vera del sendero.
Discurre el sendero entre pequeñas zonas de cultivo, ocupando el resto de ladera algunos olivos y almendros junto con abundantes higueras y abajo junto al cauce abundan las choperas y el bosque de ribera. A medio recorrido, entre el pueblo y la pantaneta, encontramos la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, encastrada en plena pared rocosa relacionada con un hecho fechado en el año 1.500, destaca su fachada inmaculadamente encalada. Entre otras leyendas asociadas con esta población, esta cuenta como se salvó un caballero de muerte segura:
Venía un caballero de Málaga, y al pasar por la llamada huerta del Cañón, al parecer por el movimiento de algún reptil en la espesura, espantóse el caballo, que roto el freno, partió al galope, despenñándose en el precipicio.
El jinete, seguro de una muerte cierta, pidió a la Virgen tiempo para morir como cristiano, como sus antepasados. El ruego fue oido, pues, aun reventándose el caballo y lanzando al jinete a mas de cien pasos de allí, éste se salvo.
El susto y la contusión le privaron de sentido. Cuando volvió en sí, miró al frente y vió una imágen de Nuestra Kmadre en la oquedad de una roca. Arrodillose éste. Fue entonces cuando le dijo la Virgen que le quedaban tres días de vida, que le edificara un altar en aquel sitio, sacándole de su antiguo escondrijo.
El caballero que contaba con bastantes bienes, dispuso que se construyera una ermita. Al año siguiente se celebraba una función religiosa, para calocar la imágen de Nuestrea Señora de los Ángeles y se colocó una crus en el sitio de la catástrofe, que se conoce con el nombre de Salta del Caballo.
Desde ese día y hasta la fecha se acude en procesión hasta la ermita todos los 2 de agosto de cada año como señal de agradecimiento y devosión a Nuestra Señora de los Ángeles.
Más adelante llegamos de nuevo a la carretera asfaltada para atravesándola encontrarnos con la Pantaneta. Represa sobre el río que fue incluida en el Inventario Andaluz de Humedales del año 2010. Este espacio favorece la presencia de multitud de especies, algunas de ellas en peligro de extinción.
Cuenta con un sendero que prácticamente la circunda salpicado de casetas para la observación. Hoy, día soleado y no excesivamente caluroso, ha sido un paseo agradable para apreciar distintas especies de ánades: pato colorado o focha moruna, alguna garza en busca alimento, además de algunas rapaces y multitud de reptiles. La distancia entre el sendero y el agua y la franja de carrizos prestan la seguridad a todas estos animales que se dejan mirar con bastante tranquilidad.
Ya de regreso nos acercamos hasta el Balneario, ya que mi compañero de andadas de hoy estaba interesado en tarifas para primeros de verano. Aunque aun no ha abierto si se está adecentando con alguna mano de pintura para iniciar la temporada este fin de semana aprovechando una concentración de senderistas a nivel provincial que se ha convocado por el Ayuntamiento de Alhama en colaboración con la Diputación provincial.
Al Balneario se accede por una estrecha carretera de algo más de un kilómetro que discurre paralela al río. Recomiendo, a ser posible y con las precauciones necesarias, hacerlo a pié ya que los paisajes merecen ser vistos y disfrutados. En coche, atentos a la conducción, nos pasarán desapercibidos y no podremos apreciarlos en toda su belleza.
El pueblo tiene mucho más que ver pero eso lo dejaremos para otra entrada.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Jinestral (Sierra Arana - Granada)

Aquí aparece casi todo el recorrido de hoy.

Algo por encima de Fuente Grande, inicio de la caminata.

Lo pillé tomándose el desayuno.

Cerro de la Cruz, techo de esta sierra.

Cabeza de Caballo con su cueva en la base.

Proa del Jinestral, mi destino de hoy.

Desde sus 1.910 metros, mirando hacia atrás.

La población de Iznalloz vista desde la cima.

Sierra Mágina.

Mirando desde la cima el resto del camino.

Este es el terreno predominante por el que camino hoy.

Dejando atrás la cima del Jinestral.

Muestra de los tajos que defienden esta cima.

Sierra Nevada.

Una de las dolinas avistadas hoy.

Cortijada de Sillar Alta.

Cortijo de Pedro Andrés.

Cascada del río Fardes.

Este otro cortijo ya abandonado hace años.

Otra pequeña cascada río abajo.

Paisaje habitual junto a Prado Negro.




Fecha:29-1-2013                                                              Prado Negro 8h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                                 Collado del Agua de los Pozos 8'50h
Duración: 7'30h Circular (40.300p)                                Jinestral (inicio) 10'10h.            
Desnivel en subida: 900 metros                                      Jinestral (fin) 12'30h
Rangos de temperatura: de 1'5ºC a los 19'ºC              Cortijo Sillar Alta 13'30h.
                                                                                               Cascada río Fardes 15'30h


Pero aquel que no piensa en el cuerpo se convierte más fácilmente en su víctima (Milan Kundera).


La Sierra de Arana es una formación lineal que se prolonga en una dirección bastante definida suroeste-noreste durante varios kilómetros alcanzando su cima en la Preña de la Cruz (2.027m) situada prácticamente en el centro de la misma. A esta cima no voy a subir sino que la voy a rodear como camino de acercamiento a la meta de hoy: Cerro del Jinestral con su punto más elevado a 1.910 m. La sierra se prolonga desde su nacimiento entre las poblaciones de Deifontes e Iznalloz hasta morir en las cercanías de Diezma.
El Cerro del Jinestral es una larga y curiosa loma amesetada de más de tres kilómetros de longitud (oscilando entre los 1.700 y los 1.910 m de su cima), con cortados en ambas vertientes que la hace original. Desde mis primeras visitas a esta sierra me había llamado la atención precisamente por su forma, hoy me he decidido a recorrerla, a ser posible, en toda su longitud.

Esta sierra con predominio de materiales carbonatados hace frecuente la aparición de formas kársticas, calares, dolinas o cavidades endocarsticas (cuevas y simas). Concretamente las formaciones de dolinas presentan una densidad en la zona de la Loma de la Carihuela, cerca de la población de Sillar Baja alcanzando una densidad de hasta 16 dolinas por km. cuadrado.

Para acercarme hasta el inicio de la excursión tomo la autovía de Murcia para salirme una vez pasado el Puerto de la Mora hacia Prado Negro. Antes de llegar a las casas aparco junto al propio río Fardes, en la entrada de un carril que lleva a Fuente Grande y comienzo la subida, ya andando hacia el Collado del Agua de los Pozos (1.710 m.). Hasta arriba se puede subir por el propio carril, aunque yo lo he abandonado poco después de pasar por los cortijos: Collado del Agua y de los Castores

El recorrido del carril se sumerge en la umbría y no me apetecía pisar hielo tan temprano así que tomo un atajo de inusual dureza que me acerca hasta el propio collado. Aquí abandono la carretera para rodear por el este la Peña de la Cruz (2.027 m.) ya que hoy no quiero “perder tiempo” en su ascensión, para coronar seguidamente la Cabeza del Caballo (1.887 m.) y llegar al Jinestral por su lado sureste. Estos tres picos están unidos por sendas vaguadas en las que no aparece la roca viva como en las cumbres. Aunque mucho más suaves y “fáciles” de andar son engañosas en cuanto a distancias y cotas.

Llegado al pié del Jinestral hay que encontrar un canuto por el que ascender ya que los tajos son los guardianes de estas cimas y los rodean por todos lados. En algunos sitios con desniveles verticales que sobrepasan sobradamente los 100 metros. Tanto es así que en el mapa aparecen numerosos nombres de ellos. Así en su cara noroeste: Tajo Grande del Jinestral, Tajo de las Alcolayas, Riscos del Moro, Tajo de las Hozas, Tajos de la Carihuela; y por su cara este: Tajos de Medialuna, Tajos del Herradero, Tajos del Calar Seco, Tajos de los Cachorros de la Graja y alguno más que omito.

Una vez en su cima y dado que el día era claro y el aire transparente se dominan buena parte de las provincias de Granada y Jaén. Casi situada geográficamente en el centro del panorama que se domina destacan por tener sus cumbres nevadas y en sentido de las agujas del reloj las sierras: Mágina, Cazorla, Baza, Nevada y algo mas diluida por la distancia y por la bruma la de Tejeda.

Me ha costado más de dos horas recorrerlo prácticamente en su totalidad por su longitud, por su piso, ya que son rocas altamente erosionadas que presentan cavidades y cuchillos en todo el recorrido por lo que no te puedes distraer ni un instante ya que cualquier paso en falso puede acarrear un susto. En estas cimas es más necesario que nunca aplicar el dicho que yo manifiesto a mis acompañantes cuando no son veteranos: si caminas no mires; si miras, párate (me refiero al paisaje naturalmente).

Esta loma amesetada en su cima muestra diferentes anchos a lo largo de su recorrido, junto con algunas diferencias de altitud en muchos casos solucionadas con pequeños tajos, por lo que a la dificultad de su tránsito hay que añadir la preocupación permanente de buscar el sitio idóneo por el que avanzar, lo que me ha hecho tener que caracolear continuamente e incluso optar por algún estratégico aunque corto retroceso.

El dato de la densidad de dolinas que aparecía en la información leída estos días atrás aparentemente exagerada en principio es totalmente verídica. En la zona denominada de la Carihuela he encontrado dolinas para aburrir. Las había grandes y pequeñas, separadas y casi juntas entre sí otras, profundas y más superficiales, hoy la mayoría de ellas con restos de nieve en su fondo, sobre todo en las zonas de umbría.

Una vez llegado a lo que he considerado el final sobre la vertical de Sillar Baja, ya que la loma se prolonga con bastante menos cota hasta las cercanías de Diezma, había que buscar de nuevo un canuto por el que descender. La primera decisión no ha sido correcta, lo que me ha obligado a remontar los casi doscientos metros que había bajado ya, el canuto se cerraba de forma brusca hasta terminar en unos tajos que no me han dejado otra salida. Qué mal sienta cuando ya se está cansado y se busca gastar lo mínimo.

Volver a subir y retroceder por la cima hasta encontrar otro, este sí, aunque con fuerte pendiente, se ha dejado bajar con relativa facilidad. Aquí había un desnivel de algo más de 300 metros, hasta llegar a las proximidades de una cortijada: Cortijo de Sillar Alta ubicada en la solana de su mismo nombre, donde se dedican a la ganadería como actividad principal.

Esta cortijada está unida con la de Pedro Andrés por un carril que debido a las abundantes aguas que lo cruzan o lo usan a tramos como cauce y los restos de nieve que aun quedan han hecho su tránsito horrible. Las botas han ido acumulando barro arcilloso en las suelas hasta el punto de que tenía que parar para aligerarlas de peso frecuentemente. Al final he tenido que dejar el carril y caminar junto a él por el monte. La atención que debía prestar para esquivar la diferente y espinosa vegetación por la que transitaba continuamente era bastante más llevadera que el barro que acumulaba en la otra opción.

El carril tras numerosas curvas y algunas subidas y bajadas me acerca hasta Prado Negro, centro urbano de toda esta zona donde se han ido construyendo casas veraniegas a lo largo de los años hasta formar un pequeño pueblo a lo que ha ayudado que el agua nunca falta por su ubicación en las faldas de esta sierra a la vez que disfruta de una temperatura varios grados más baja que la de Granada durante el verano.

En la subida aprecié que el río Fardes bajaba con mucho caudal así que a la vuelta me había propuesto visitar la cascada que forma el río poco más abajo del núcleo urbano y a escasos metros de reunirse con el Arroyo Prado Negro. No me he arrepentido ya que la anterior vez que lo visité, en época estival el caudal era escaso, nada que ver con el de hoy. Exuberante, apenas me ha dejado tomar algunas fotos porque regaba todo el espacio con fina lluvia a la vez que mojaba la cámara y la poza que ha formado en la caída, dado el gran caudal hacía prácticamente imposible acercarse lo suficiente sin peligro de remojón.

Sólo me quedaba remontar la escasa diferencia que me separaba del coche abandonado esta mañana al inicio del carril para dar por finalizada la salida de hoy. Cansado pero satisfecho.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.