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miércoles, 18 de mayo de 2016

Moclín: Trincheras, Molera, Castillo y Centro Interpretación (Granada)

Castillo de Moclín.




En la ladera noroeste del cerro que soporta el castillo visitamos un conjunto de trincheras.

Ocupan el mismo espacio que una antigua explotación minera de donde se extraían piedras de molino.

La línea defensiva está orientada hacia el norte, dominando el paso por debajo de Tózar.

Ocupan la parte superior del cerro donde no hay vegetación arbustiva.

A pesar de los años se conservan en relativo buen estado debido a los materiales usados en su construcción.

En la cantera "fábrica de piedras de molino" encontramos algunas a falta de pulir solamente.

Y por supuesto las huellas de los "pilares" excavados en la roca de donde sacarían posteriormente las piedras.

La comunicación con el castillo que ocupa una colina colindante se hacía a través de torres vigías: Atalayas.

Todas con continuidad visual ya que usaban el humo (durante el día) o el fuego (noche) para transmitir alarmas.

La población de Tózar, enfrentada, a la que tendré que dedicar una jornada.

Primero se daban forma a estos "pilares" para después extraer las "rodajas" pétreas.

Esta es la única trinchera que vimos orientada al suroeste, hacia la entrada a Moclín por Puerto Lope.

Algunas de las piedras abandonadas sobre el terreno, bien por defectuosa o finalización de producción.



Algunas de las trincheras indican claramente por donde podía venir el peligro. Ubicada ésta junto y algo más baja de la ermita de San Antón.

Otra vista del mismo parapeto anterior.
Desde la ermita de San Antón vista del doble recinto amurallado del castillo de Moclín.

A escasos metros de la torre de entrada al castillo, edificio del Pósito del Pan (s.XVI).

En la fachada del Pósito aparece este escudo.

Torre de entrada al recinto amurallado, acceso que como es habitual en la época utiliza el doble recodo defensivo.

Camino empedrado de acceso al castillo y a su torre de entrada.

El castillo contó con dos aljibes, ésta -la mayor- está muy bien conservada y de gran capacidad (516 metros cúbicos). 


Cuenta la aljibe con paredes que tienen gruesos de dos metros para soportar la bóveda de medio cañón que la cierra.

El perímetro exterior de murallas está casi completo a pesar del fuerte bombardeo que soportó durante la guerra civil.

Acceso principal a la aljibe. Parte de la cual se eleva sobre el nivel del terreno.

Vista de Moclín desde el castillo. En primer término la Iglesia que se edificó sobre la anterior mezquita.

Murallas y torreones defensivos del recinto superior del castillo tanto de planta rectangular como semicircular.

Puerta de acceso al recinto amurallado superior o propia alcazaba.

A la izquierda la Torre del Homenaje, de planta rectangular y en estado ruinoso a pesar de su exterior.

Se han empleado más de dos años y más de dos millones en la recuperación de esta fortificación.

Parte de la muralla defensiva que mira a la población.
Desde el castillo, abajo y a la izquierda el centro de interpretación, albergue y posada.

Una de las salas del centro donde junto a antiguas cámaras fotográficas se exponen fotografía realizadas con material similar.

Algunos de los ejemplares expuestos.

En otra de las salas el mosaico recuperado de una villa romana en el paraje denominado "El Tesorillo".

Detalle del motivo decorativo del mosaico.

En la construcción de las defensas del castillo se usaron -integrándolas- las propias formaciones rocosas del cerro.

MOCLÍN 3 de marzo de 2016.

Moclín fue, durante casi dos siglos, puesto fronterizo entre los reinos de Jaén y Granada. La población fue finalmente tomada en julio de 1.486; curiosamente sólo había transcurrido un año del manifiesto fracaso de los castellanos que, en los Campos de la Matanza, donde se enfrentaron numerosas fuerzas sufriendo una dramática derrota. Se enfrentaron, por parte cristiana y bajo las órdenes del Conde de Cabra cien caballeros y tres mil peones; por parte musulmana y a las órdenes del Zagal, mil jinetes y más de mil infantes. 

Antes de visitar el castillo de Moclín nos acercamos, desviándonos unos centenares de metros y rodeando el propio cerro que soporta el propio castillo, buscando su ladera noroeste para enseñarle a mi hijo Carlos (que me acompaña hoy) dos estructuras muy diferentes entre sí. Por un lado un conjunto de trincheras pertenecientes a la guerra civil española construidas por el bando nacional y junto a ellas, por no decir solapada a ellas, una cantera de donde se extraían piedras de molino.

Cuando se inició la guerra civil española (1936), se fragmenta el territorio entre bandos, incluso se dividen los propios pueblos en algunos casos. Casi durante toda la guerra civil, la línea divisoria entre combatientes estuvo establecida en estos pueblos formando una línea defensiva que unía los pueblos de Mocín y Tózar.

A partir de septiembre de 1936 el frente fue estabilizándose, hasta quedar estancado. Partía del puerto de Motril en dirección norte, hasta el pico del Veleta, situado a 3.395 m.s.n.m. Desde este punto la línea continuaba en dirección noroeste, atravesando parte de Sierra Nevada y de las Sierras de Quéntar,  Beas, la Alfaguara, Yedra y de Cogollos, para continuar en la misma dirección en su paso por Moclín y Tózar, hasta alcanzar la provincia de Jaén.

Los fabricantes de las muelas de molino comenzaban su trabajo recorriendo el paisaje, a la busca de rocas que fueran adecuadas por capacidad de abrasión, dureza y porosidad para elaborar las piedras, buscando el mejor material que facilitara la labor de trituración del grano.

Las moleras (lugares de donde se extraen las piedras), se puede clasificar en dos tipos dependiendo de las formas en que se presentan las rocas a trabajar. Una cuando las rocas se encuentran en superficie en piezas sueltas; otra cuando se obtienen del propio substrato rocoso. Se ha comprobado que las piedras oscilan en sus diámetros entre parámetros límites (conocidas desde la antigüedad) ya que deben soportar las 110 r.p.m. para una correcta molienda. (He encontrado referencias literarias de tamaños de piedras que oscilan entre los 40 cm y el metro y medio de diámetro).

La visualización de la cantera de Moclín aconseja englobarla al segundo tipo: extracción directa del substrato rocoso. Se extraían por medio de ranuras anulares talladas a pico. Concrétamente se observan trabajos múltiples de cilindros superpuestos, siguiendo planos horizontales. Una de las características de estas explotaciones, además de las huellas dejadas debidas a la propia explotación, son los abundantes escombros, muelas rotas o deterioradas y/o abandonadas durante la labra.

El Castillo de Moclín (con dos posibles significados de la palabra: Castillo del distrito o fortaleza de las pupilas), ocupa la parte más elevada de la colina en que se asienta el pueblo. Datado de época nazarí (s.XIV), aunque presenta elementos anteriores.

Aunque las visitas guiadas al Castillo sólo se producen los fines de semana, Fernando ha tenido la amabilidad, ante mi llamada (610393952), de abrirnos el recinto para que pudiéramos hacer una visita en solitario durante el tiempo que creyéramos oportuno. Así nos hemos encontrado con él a las puertas de la fortificación y no ha hecho entrega del candado para que cerráramos a nuestra salida. De esta visita se ha aprovechado un visitante canadiense que ha coincidido en día y hora con nosotros, acompañándonos durante la primera hora. 


Está dividido el recinto amurallado en dos zonas muy distintas visualmente. El más bajo engloba la propia villa a la que rodea mediante muralla con refuerzos en las esquinas mediante sillares. Esta muralla cuenta con una Puerta-Torre de acceso, con doble recodo y ya en el interior nos encontramos con edificaciones como la Iglesia de la Encarnación ocupando el anterior emplazamiento de la mezquita.


El segundo recinto, con ubicación más alta (superior a los 1.100 metros y ocupando la cima de la colina), de forma ovalada es la alcazaba o castillo verdadero. En ella se ubica la Torre del Homenaje (ángulo nordeste) así como dos aljibes, una de ellas de gran capacidad. En el perímetro se conservan diferentes torres "ópticas" desde las que controlaban los accesos, entre ellas se conservan: Torre de Mingorance, Torre de la Porqueriza, Atalaya de la Mesa, Torre Atalaya de la Solana y Torre de la Gallina.

Fue declarada monumento histórico-artístico y Bien de Interés Cultural en el año 1931.

De nuevo Fernando ante la comunicación de que habíamos terminado la visita al Castillo y que éste había quedado cerrado, nos invita a que nos acerquemos hasta el Centro de Interpretación Comarcal de Moclín que está a la salida del pueblo en la cartera que une éste con Puerto Lope. Las diferentes salas en que se divide están ocupadas por los materiales recuperados en los diferentes yacimientos arqueológicos de la zona, abarcando prácticamente todas las etapas históricas de la humanidad.

Destaca y por ello ocupa la sala principal, el mosaico romano encontrado (1997) en la villa "El Tesorillo" de Tiena la Alta. La superficie recuperada se acerca a los 20 metros cuadrados, siendo a pesar de ello sólo el 10 por ciento de su extensión total. Formado con teselas de 1 x1 cm. de mármol de color negro y blanco. El tema principal es geométrico: círculos secantes entre sí, todo enmarcado por una orla que representa una cenefa de hojas. 

Otra sala está dedicada a cámaras fotográficas antiguas junto a una exposición do fotografías tomadas con aparatos similares a los expuestos. Llaman la atención -por curiosas- algunas fotografías de las expuestas, como la que muestra a una autoridad competente midiendo el trozo de muslo que deja al descubierto un bañador de una mujer en la playa. Junto a ella otro par de mujeres esperando el visto bueno de la municipalidad a sus respectivos trajes de baño.

Terminada la visita nos despedimos de Fernando, que también nos ha abierto el museo, e iniciamos el regreso a Granada.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Subbéticas III: Poljes de la Nava, Fonseca y Navazuelo (Cabra, Zuheros - Córdoba)

Las torretas de telecomunicaciones son lo mas visible del Pico de la Nava.

Abrevadero junto al Cortijo de la Cruz de Priego o Nuevo.

Desde el aparcamiento del coche, mi primer vistazo a la depresión (Polje de la Nava).

Afloramientos rocosas que han resistido al desgaste de la erosión.

Primeros pasos del río Bailón junto a la pista por la que camino.

Mirando hacia atrás desde el polje de la Nava.

Los diferentes cauces que recorre el agua en busca de salida se pueblan de florecillas.

Ejemplares de quejigos aislados. Gigantes que ocupan mucho espacio.

En medio de la pradera elaboran sus telas tomando como prisioneras hasta las flores.

Las ruidosas ranas ocupaban todas los encharcamientos y se dejaban oir.

Las flores, en sus distintas tonalidades, pululan por doquier.

El arroyo, una vez alcanzado el polje se remansa en busca del río Bailón.

Primera cascada de unos diez metros en el arroyo Fonseca.

La humedad y la umbría producen este sotobosque de musgos y líquenes.

Segunda cascada por la que se desploma el arroyo.

Majestuosa belleza en alguno de los tramos del arroyo.

Uno de los nacimientos del arroyo Fonseca que hoy he remontado hasta el polje del Navazuelo. 

Tríada de gran porte aislados en el Navazuelo,

Pequeña construcción que corona la cantera del Navazuelo.

Algunas laderas del Navazuelo son ejemplos de bosques umbrófilos en los que las encinas o el quejigo aparecen con grandes volúmenes.

Cantera en uno de  los laterales del polje.

Este cortijo debía cobijar numerosos rebaños, sus inmensos rediles así lo atestiguan.

Cauce del arroyo Fonseca.

Antes de abandonar  la depresión intento abarcarla al completo.

Una de las canteras de la que se extraía el conocido mármol rojo de Cabra.

Centro de visitantes Santa Rita.


Fecha:9-4-2014                                                            Aparcamiento                           8'15h.
M.I.D.E.:2,2,2,2                                                             Chorreras                               10’00h
Duración: 6h. (Lineal)                                                  Receso                         11'45h-12’15h           
Desnivel en subida: 100 metros                                  Aparcamiento                         14’15
Rangos de temperatura: de 13’5ºC a los 23ºC    
                                                                                 


                                                          

Hoy he salido con el firme propósito de convertir el camino en meta, por lo que los tiempos han perdido toda su importancia, ya que me voy a centrar en recorrer un paraje que ya hace unas semanas me encantó cuando lo atravesé. Ese día queríamos hacer el recorrido entero hasta Zuheros y eso me impidió saborear suficientemente y con calma estos entornos.

Para llegar tengo que recorrer cien kilómetros, para una vez en la carretera A-339 y una vez pasado Priego, en el punto kilométrico 7,100, junto al mesón “Los Pelaos” ascender por una sinuosa carretera que remonta hasta la Ermita Nuestra Señora de la Sierra, para ya bien arriba, dejar el coche e iniciar a andar.

Estoy en el término municipal de Cabra y voy a recorrer buena parte del Polje de la Nava de Cabra. Es una gran depresión llana, rodeada de montañas, un extenso valle cerrado donde las aguas se infiltran en el terreno, sin tener una clara salida al exterior. Al irse acumulando en el transcurso de milenios las aguas de los alrededores, a la vez que disolvían las rocas del suelo iban depositando finas arcillas arrastradas con lo que acababan impermeabilizándolo. El resultado en un amplio encharcamiento, prácticamente libre de ejemplares arbustivos, que se ha convertido en una zona de pasto excelente para el ganado.

Nada mas bajarme del coche me da la bienvenida insistentemente un cuco, que no satisfecho con su reiterado saludo sonoro, me sigue curioso para enterarse de a donde voy, para abandonarme cuando considera que estoy suficientemente lejos de su territorio. No faltan los recibimientos sonoros en mi avance. Al pasar junto a un cortijo ganadero, todo un rebaño de ovejas, imagino que confundiéndome con su pastor,  inician un cansino balar de forma insistente y lastimera que casi me es imposible desfradar. Pero no iba a ser yo el que le abriera la puerta del redil.

Cuando los balidos pierden presencia por la distancia, comienzo a apreciar otros sonidos. Los arrullos de las palomas, la triple llamada de la abubilla, algún lejano canto del autillo o algún mochuelo, para algo más adelante coger el relevo el impetuoso croar de las ranas, cuando me acerco a alguna de las charcas. Definitivamente ha estallado la primavera.

El aleteo vigoroso de algún ánade que encuentra inoportuna mi intromisión, para tras levantar vuelo y dar un par de amplias vueltas volver a posarse prácticamente en el mismo sitio en que estaba, y abundancia de trinos mucho más elaborados de multitud de pequeños pájaros que sin llegar a identificar, me limito a escuchar.

La primera parte del recorrido, se hace por pista de tierra, donde hay que atravesar varias cancelas ganaderas, que cuido de cerrar a mis espaldas, una vez traspasadas; me estoy moviendo entre terrenos que pertenecen a fincas privadas. El carril está delimitado a ambos lados por vallas metálicas atravesando buena parte de la Nava totalmente encharcada y que con los primeros rayos de sol incidiendo de forma muy oblicua arranca a los prados múltiples tonalidades.

Cuando el carril atraviesa el rio Bailón, se desvía el sendero para recorriendo los amplios y húmedos prados, apenas señalizado por unas rodadas hasta alcanzar un poste indicador: por un lado Zuheros (recorrido que ya hicimos hace unas semanas); por el otro las Chorreras. Realmente es a partir de aquí donde empieza el recorrido imaginado para hoy. Remontar todo el arroyo de la Fonseca hasta donde pueda e incluso alcanzar su nacimiento.

No he encontrado información al respecto, sólo he contemplado algunas fotografías en internet de unas sugerentes cascadas que llamaron mi atención.

Tras los primeros doscientos metros ya avistados anteriormente, llego a la primera cascada. Es una caída de unos diez metros que hay que superar soslayándola por uno de sus lados. A partir de aquí se alternan los pequeños rápidos que forma la corriente cuando se desliza por zonas rocosas, con los tramos más lentos, en que con fondo terroso forma charcas y algún meandro. Más arriba todavía me encontraré otra cascada de dimensiones similares a la primera.

Es un recorrido de alrededor de una hora en que hay que ir cruzando el cauce frecuentemente. Encajonado en todo momento por unos laterales algo escarpados ocupados por encinas casi en exclusividad. El agradable rumor del agua lo empaña la abundancia de mosquitos que pugnan por ocupar mis orificios. Los continuos manotazos al aire por delante de mi cara no me libra de que alguno consiga su objetivo logrando introducirse en la nariz, una oreja e incluso, y bastante más molesto, los ojos. A pesar de su insistencia no consiguen alterar mi excelente estado de ánimo.

Tras la hora de recorrido en que voy ganando altura de forma muy suave alcanzo de nuevo otro polje, que no es tan extenso como el anterior ni tan llano (Polje del Navazuelo). Este se extiende entre dos laderas enfrentadas que le aportan un suave desnivel. Al final se asoma el cortijo que comparte nombre con el polje y al que no he llegado porque una valla  me obligaba a dar un rodeo excesivo.

Junto a la valla descubro uno de los nacimiento del arroyo, en un sacavón del terreno mana el agua al encontrar por debajo material impermeable. El otro ramal que alimenta al arroyo avanza algo más sobre la llanura del polje introduciéndose, por debajo de la valla metálica hasta los extensos prados que ocupan buena parte de la depresión.

Me he encaramado a una de las laderas, la izquierda en mi sentido de marcha, para descubrir una antigua cantera, actualmente abandonada. No será la única que visitaré hoy. Pero esta me ha llamado la atención por la ubicación tan interior que ocupa lo que dificultaría sobremanera sacar el material. Allí mismo permanecen grandes bloque de piedra, perfectamente cortados y con alguna de sus caras totalmente pulidas.  

Por encima del corte de la cantera me encuentro una pequeña construcción de piedras, algunas de tamaño y peso sorprendente, con cabida para una sola persona, que aparentemente tuvo mayor capacidad, ya que aparecen dos columnas tumbadas, una de ellas partida, a la entrada que me han dado la impresión de que sirvieron de soporte para alguna losa más de techumbre, ampliando en su día el espacio interior. Observando el terreno circundante desde la atalaya que me ofrece la propia cantera descubro un cortijo abandonado en medio del bosque de encinas.

Hacia él me he dirigido. Siempre he sentido gran atracción por estas construcciones antiguas, hoy en su mayoría abandonadas, que sirvieron de refugio o vivienda a los habitantes de estas sierras. Me ha costado algo encontrarlo, protegido por el denso bosque junto con el abandono de décadas han hecho que los senderos se pierdan y tenga que intuir el camino de acercamiento. Al final doy con él, gracias a unos gigantescos ejemplares de quejigos que  ensombran sus alrededores.

Fue un magnífico cortijo, por extensión y construcción. En su día tuvo dos niveles con numerosas y amplias estancias, horno con acceso desde el interior y amplios rediles en sus cercanías, con muros de piedra levantados aprovechando las irregularidades del terreno en que afloran las afiladas rocas. Lo que no he conseguido descubrir ha sido la toma de agua, que seguro que tuvo en su día, ya que aparecen pilones en la entrada.

Decido volver junto al arroyo Fonseca para, bajo la sombra de las encinas, tomarme el bocadillo a la vez que disfruto del frescor que aporta la corriente y arropado por el agradable rumor del arroyo. Estoy encantado con el lugar lo que me hace demorarme un buen rato, hasta que los mosquitos y unas gigantescas hormigas rojas, tras dar con mi paradero, me retan en singular combate, batalla que apenas tiene historia ya que acaban ganando rápidamente sin gran desgaste por su parte.

Aunque intuyo la posibilidad de regreso rodeando el cortijo del Navazuelo para hacer un recorrido circular (en una visita posterior acompañado de mi hijo Carlos hicimos ese recorrido de regreso), opto debido sobre todo a su belleza, a regresar sobre mis pasos y redisfrutar del recorrido. Intento caminar por el límite del bosque porque el calor al mediodía es ya intenso. Durante mi regreso llama mi atención unas sombras en movimiento que me hacen levantar la vista hacia el cielo, donde diviso una decena de buitres sobrevolándome.

Su insistencia en volar en círculos sobre mi posición me hace consciente del buen festín que se darían con ochenta kilos de comida, pero me parece que van a tener que buscar más -intensa y extensamente-, ya que yo no estoy dispuesto a ser ecologista hasta ese punto. Al final, en vista de que el posible alimento no se detiene, deciden seguir su búsqueda y desaparecen por el horizonte.

Ya de nuevo en el coche, antes de llegar a Priego, me detengo unos minutos en el centro de interpretación de Santa Rita, donde consigo alguna documentación adicional tras amena charla con tres de los agentes que tienen allí su punto de encuentro. El personal que atiende la oficina informativa, habían abandonado ya el local por estar fuera de horario laboral.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.