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jueves, 11 de febrero de 2016

Subbéticas V: Centro Visitantes Santa Rita (Cabra - Córdoba)




Subbéticas V: Centro Visitantes Santa Rita

La entrada del Centro nos recibe con esta reproducción de un ammonites (Tithopeltoceras parakasbensis).

El único "pero": la cercanía de la carretera que aportaba su constante ruido.

Los recorridos junto al centro bien señalizados y marcados.

¿Qué tendrán los gigantes? que a mí siempre me llaman poderosamente la atención.

Por ser ladera norte la que se visita el dosel vegetal es continuo.

Hacia el norte las brumas enmarañaban los paisajes.

La vegetación adopta la coloración de las piedras, o es al revés?.

Desde el Mirador el panel reproduce el horizonte.

Estas formaciones calcáreas siempre han sido objeto de extracciones.

Cuando la cuesta es pronunciada aparecen los escalones.
La permanente humedad permite que los líquenes se mantengan verdes durante todo el año.

Muy atractivo el ascenso hasta el Mirador.



De nuevo vamos avistando ejemplares espectaculares de quejigos.
Atentos al suelo para descubrir los tesoros micológicos.

Sin olvidar levantar la vista para disfrutar de este ejemplar centenario.

Cuando camino me gusta acariciar la vegetación colindante, alguien se dejó incluso mecer por ella.
Tras el recorrido que asciende hasta el mirador, nos adentramos en el denominado "paseo botánico".

Recostado en una de sus ramas percibimos seguridad, cercanía y serenidad.

La bonanza de este noviembre los mantiene con toda su cubierta vegetal.


No nos sustraemos a salirnos del sendero y explorar un poco más allá.

Los líquenes y los musgos escalando las grandes ramas. 

El romero, aprovechando esta "segunda primavera" de nuevo florido. 

Cuando ganamos altura podemos apreciar el bosque desde arriba.

Los olivos y el bosque mediterráneo se dan la mano en esta sierra: Dehesa de Vargas.

Restos de asentamientos humanos: una pequeña era junto a una zona de prados.

Los majuelos han perdido ya todas las hojas pero mantienen sus frutillos.

Promontorio calcáreo que se ha elegido para ubicar el Mirador de la Cabrera.

Siempre es conveniente demorarse un rato en el Centro de Visitantes para aprender y saber interpretar.


Fecha: 18-11-2015                                                           C.V. Santa Rita                                  8’30h.
M.I.D.E.:2,2,2,2.                                                                Mirador de la Cabrera                   9’10h.
Duración: 3h (Semicircular)                                         C.V. Santa Rita                                  12h.
Desnivel en subida: 300 metros                                                                  
Rangos de temperatura: de 4ºC a los 16ºC               
                                                                                             
Hoy teníamos (me acompaña mi hijo Carlos) previsto hacer dos recorridos por la Subbéticas. El primero compuesto a su vez por dos itinerarios en las inmediaciones del propio centro de interpretación y el segundo, de mayor entidad, en las afueras de Carcabuey denominado Las Buitreras.

El centro de visitantes de Santa Rita en un edificio de tipología tradicional de dos plantas. En la baja se encuentran las exposiciones interpretativas del terreno kárstico que ha dado lugar a la remodelación de estas montañas calizas originando lugares singulares como el Lapiaz de los Lanchares o la Cueva de los Murciélagos. En la segunda se encuentra el centro de operaciones de guardas forestales del Parque. Con buen acceso, a pie de la carretera A-339, dispone de aparcamiento, aseos y tienda además de sala de audiovisuales.

Del propio centro parten dos senderos, uno lineal y otro circular que comparten los primeros centenares de metros. El lineal asciende hasta el Mirador de la Cabrera, el segundo –circular- es el denominado circuito botánico que recorre la Dehesa de Vargas. La propuesta que combina los aspectos botánicos y geológicos se presenta muy interesante.

Nosotros los haremos en este mismo orden. El sendero discurre por la ladera norte de la Sierra de la Cabrera. Nos encontramos caminando por colinas calcáreas. Aunque en la actualidad resulte difícil de imaginar tenemos que retrotraernos en el tiempo unos cientos de millones de años (Jurásico), e imaginar que estas tierras eran el fondo marino del Mar de Thetis (actual Mediterráneo).

En este medio marino abundaban multitud de moluscos y concretamente unos con cocha en espiral llamados ammonites. Todas estas conchas, al morir el animal, se depositan en los fondos marinos que junto con otros sedimentos de igual naturaleza acabaron formando un importante paquete de rocas calizas. Una vez retiradas las aguas por la elevación del terreno, debido al choque de las placas tectónicas, no sólo quedan al descubierto sino que se elevan (hasta los 1.500 metros en el caso de La Tiñosa, techo del Parque y de la provincia), formando las Sierras Subbéticas.

El primer tramo es de suave subida y nos acompañan distintas especies vegetales: encinas, cornicabras, majuelos, retamas… componiendo el típico bosque mediterráneo. Una vez llegado al punto en que separan los recorridos, (junto a un hermoso ejemplar de quejigo), decidimos ascender primero hasta el Mirador. El sendero que nos conduce hasta los 1.080 metros en que se encuentra ubicado está flanqueado por encinas, durillos, olivillas y majuelos. Siendo los rojos frutos de estos últimos vitales para la alimentación de multitud de aves: verderones, cojugadas, currucas…, si elevamos la mirada al cielo es probable que divisemos el majestuoso buitre, ya que en esta sierra anida la colonia más numerosa de toda la provincia.

Esta frondosidad vegetal (ya que es casi materialmente imposible salirse del sendero), a veces se ve interrumpida por “canchales”: zonas de piedra suelta de distintos tamaños que se van desprendiendo, debido a la periglaciación, formando estos mantos de piedra suelta que descienden por la ladera y que impide el arraigo de las plantas. Tras el esfuerzo de la subida llegamos a un pequeño mirador desde donde tenemos una completa vista del Lapiaz de los Lanchares. Aquí la roca ha sufrido otro tipo de erosión, la lluvia va disolviéndola  creando surcos y agujas formando un terreno “típico” de las sierras calcáreas denominado vulgarmente “rompe-piernas” por la dificultad que presenta el caminar por él.

Enfrente observamos también el Arroyo Valdecañas con el Tajillo del Águila, una simple falla provocada por la ruptura de la tierra debido a los movimientos de las placas tectónicas. En las zonas más bajas los omnipresentes cultivos de olivos con sus filas perfectamente alineadas. Abajo, a nuestros pies, la carretera y los edificios del propio centro. Acabada la estancia en el pequeño mirador, tenemos que retroceder para bajando, alcanzar de nuevo el punto donde se bifurcan las variantes del sendero e iniciar el segundo recorrido.

Nos adentramos en un típico bosque mediterráneo que presenta algunos ejemplares de gran porte, ocupando el estrato alto, mientras abajo el matorral, diversificándose muchísimo: torviscos, rosales, helechos… lo ocupa todo. En los puntos de mayor humedad aparecen las madreselvas, los juncos, los zarzales y la llamativa peonía; y todo ello salpicado con ejemplares de quejigos espectaculares, por volumen y altura. Tras el recorrido el sendero nos devuelve al Centro de Visitantes.

Ahora, a mediados de noviembre, a pesar del “veranillo” que se prolonga en exceso y que las lluvias no acaban de llegar, la orientación norte de estas laderas preservan la humedad y hacen que sean frecuentes los líquenes cubriendo las rocas y los troncos, haciendo que los dos recorridos estuvieran muy atractivos, y sólo por poner un pero diré que se nos han quedado cortos.

En el Centro nos demoramos observando un joven buitre recogido en Cabra. Según nos cuentan ha sido requerido el personal para su recogida ya que estaba en una de las naves de la población. Desnutrido e incapaz de volar se disponían a llevarlo al veterinario del centro de recuperación para su tratamiento y posterior devolución a la libertad. El conductor, poniendo una nota de humor ha comentado, que posiblemente la recuperación se conseguiría con tres o cuatro kilos de carne.

En el propio centro nos informan que el segundo recorrido que queremos conocer hoy está dentro de una finca privada que se dedica a la ganadería y ganadería brava, por lo que no aconsejan nuestra visita. Desanimados, decidimos olvidarlo y ya sin prisas nos dedicamos a recorrer el Centro viendo los audiovisuales y leyendo los distintos paneles informativos antes de iniciar el regreso.

Se puede complementar la visita al Centro de visitantes con otra a la población de Cabra (una decena de kilómetros) o a la de Priego (20 kilómetros), cualquiera de las dos son elecciones acertadas.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Subbéticas III: Poljes de la Nava, Fonseca y Navazuelo (Cabra, Zuheros - Córdoba)

Las torretas de telecomunicaciones son lo mas visible del Pico de la Nava.

Abrevadero junto al Cortijo de la Cruz de Priego o Nuevo.

Desde el aparcamiento del coche, mi primer vistazo a la depresión (Polje de la Nava).

Afloramientos rocosas que han resistido al desgaste de la erosión.

Primeros pasos del río Bailón junto a la pista por la que camino.

Mirando hacia atrás desde el polje de la Nava.

Los diferentes cauces que recorre el agua en busca de salida se pueblan de florecillas.

Ejemplares de quejigos aislados. Gigantes que ocupan mucho espacio.

En medio de la pradera elaboran sus telas tomando como prisioneras hasta las flores.

Las ruidosas ranas ocupaban todas los encharcamientos y se dejaban oir.

Las flores, en sus distintas tonalidades, pululan por doquier.

El arroyo, una vez alcanzado el polje se remansa en busca del río Bailón.

Primera cascada de unos diez metros en el arroyo Fonseca.

La humedad y la umbría producen este sotobosque de musgos y líquenes.

Segunda cascada por la que se desploma el arroyo.

Majestuosa belleza en alguno de los tramos del arroyo.

Uno de los nacimientos del arroyo Fonseca que hoy he remontado hasta el polje del Navazuelo. 

Tríada de gran porte aislados en el Navazuelo,

Pequeña construcción que corona la cantera del Navazuelo.

Algunas laderas del Navazuelo son ejemplos de bosques umbrófilos en los que las encinas o el quejigo aparecen con grandes volúmenes.

Cantera en uno de  los laterales del polje.

Este cortijo debía cobijar numerosos rebaños, sus inmensos rediles así lo atestiguan.

Cauce del arroyo Fonseca.

Antes de abandonar  la depresión intento abarcarla al completo.

Una de las canteras de la que se extraía el conocido mármol rojo de Cabra.

Centro de visitantes Santa Rita.


Fecha:9-4-2014                                                            Aparcamiento                           8'15h.
M.I.D.E.:2,2,2,2                                                             Chorreras                               10’00h
Duración: 6h. (Lineal)                                                  Receso                         11'45h-12’15h           
Desnivel en subida: 100 metros                                  Aparcamiento                         14’15
Rangos de temperatura: de 13’5ºC a los 23ºC    
                                                                                 


                                                          

Hoy he salido con el firme propósito de convertir el camino en meta, por lo que los tiempos han perdido toda su importancia, ya que me voy a centrar en recorrer un paraje que ya hace unas semanas me encantó cuando lo atravesé. Ese día queríamos hacer el recorrido entero hasta Zuheros y eso me impidió saborear suficientemente y con calma estos entornos.

Para llegar tengo que recorrer cien kilómetros, para una vez en la carretera A-339 y una vez pasado Priego, en el punto kilométrico 7,100, junto al mesón “Los Pelaos” ascender por una sinuosa carretera que remonta hasta la Ermita Nuestra Señora de la Sierra, para ya bien arriba, dejar el coche e iniciar a andar.

Estoy en el término municipal de Cabra y voy a recorrer buena parte del Polje de la Nava de Cabra. Es una gran depresión llana, rodeada de montañas, un extenso valle cerrado donde las aguas se infiltran en el terreno, sin tener una clara salida al exterior. Al irse acumulando en el transcurso de milenios las aguas de los alrededores, a la vez que disolvían las rocas del suelo iban depositando finas arcillas arrastradas con lo que acababan impermeabilizándolo. El resultado en un amplio encharcamiento, prácticamente libre de ejemplares arbustivos, que se ha convertido en una zona de pasto excelente para el ganado.

Nada mas bajarme del coche me da la bienvenida insistentemente un cuco, que no satisfecho con su reiterado saludo sonoro, me sigue curioso para enterarse de a donde voy, para abandonarme cuando considera que estoy suficientemente lejos de su territorio. No faltan los recibimientos sonoros en mi avance. Al pasar junto a un cortijo ganadero, todo un rebaño de ovejas, imagino que confundiéndome con su pastor,  inician un cansino balar de forma insistente y lastimera que casi me es imposible desfradar. Pero no iba a ser yo el que le abriera la puerta del redil.

Cuando los balidos pierden presencia por la distancia, comienzo a apreciar otros sonidos. Los arrullos de las palomas, la triple llamada de la abubilla, algún lejano canto del autillo o algún mochuelo, para algo más adelante coger el relevo el impetuoso croar de las ranas, cuando me acerco a alguna de las charcas. Definitivamente ha estallado la primavera.

El aleteo vigoroso de algún ánade que encuentra inoportuna mi intromisión, para tras levantar vuelo y dar un par de amplias vueltas volver a posarse prácticamente en el mismo sitio en que estaba, y abundancia de trinos mucho más elaborados de multitud de pequeños pájaros que sin llegar a identificar, me limito a escuchar.

La primera parte del recorrido, se hace por pista de tierra, donde hay que atravesar varias cancelas ganaderas, que cuido de cerrar a mis espaldas, una vez traspasadas; me estoy moviendo entre terrenos que pertenecen a fincas privadas. El carril está delimitado a ambos lados por vallas metálicas atravesando buena parte de la Nava totalmente encharcada y que con los primeros rayos de sol incidiendo de forma muy oblicua arranca a los prados múltiples tonalidades.

Cuando el carril atraviesa el rio Bailón, se desvía el sendero para recorriendo los amplios y húmedos prados, apenas señalizado por unas rodadas hasta alcanzar un poste indicador: por un lado Zuheros (recorrido que ya hicimos hace unas semanas); por el otro las Chorreras. Realmente es a partir de aquí donde empieza el recorrido imaginado para hoy. Remontar todo el arroyo de la Fonseca hasta donde pueda e incluso alcanzar su nacimiento.

No he encontrado información al respecto, sólo he contemplado algunas fotografías en internet de unas sugerentes cascadas que llamaron mi atención.

Tras los primeros doscientos metros ya avistados anteriormente, llego a la primera cascada. Es una caída de unos diez metros que hay que superar soslayándola por uno de sus lados. A partir de aquí se alternan los pequeños rápidos que forma la corriente cuando se desliza por zonas rocosas, con los tramos más lentos, en que con fondo terroso forma charcas y algún meandro. Más arriba todavía me encontraré otra cascada de dimensiones similares a la primera.

Es un recorrido de alrededor de una hora en que hay que ir cruzando el cauce frecuentemente. Encajonado en todo momento por unos laterales algo escarpados ocupados por encinas casi en exclusividad. El agradable rumor del agua lo empaña la abundancia de mosquitos que pugnan por ocupar mis orificios. Los continuos manotazos al aire por delante de mi cara no me libra de que alguno consiga su objetivo logrando introducirse en la nariz, una oreja e incluso, y bastante más molesto, los ojos. A pesar de su insistencia no consiguen alterar mi excelente estado de ánimo.

Tras la hora de recorrido en que voy ganando altura de forma muy suave alcanzo de nuevo otro polje, que no es tan extenso como el anterior ni tan llano (Polje del Navazuelo). Este se extiende entre dos laderas enfrentadas que le aportan un suave desnivel. Al final se asoma el cortijo que comparte nombre con el polje y al que no he llegado porque una valla  me obligaba a dar un rodeo excesivo.

Junto a la valla descubro uno de los nacimiento del arroyo, en un sacavón del terreno mana el agua al encontrar por debajo material impermeable. El otro ramal que alimenta al arroyo avanza algo más sobre la llanura del polje introduciéndose, por debajo de la valla metálica hasta los extensos prados que ocupan buena parte de la depresión.

Me he encaramado a una de las laderas, la izquierda en mi sentido de marcha, para descubrir una antigua cantera, actualmente abandonada. No será la única que visitaré hoy. Pero esta me ha llamado la atención por la ubicación tan interior que ocupa lo que dificultaría sobremanera sacar el material. Allí mismo permanecen grandes bloque de piedra, perfectamente cortados y con alguna de sus caras totalmente pulidas.  

Por encima del corte de la cantera me encuentro una pequeña construcción de piedras, algunas de tamaño y peso sorprendente, con cabida para una sola persona, que aparentemente tuvo mayor capacidad, ya que aparecen dos columnas tumbadas, una de ellas partida, a la entrada que me han dado la impresión de que sirvieron de soporte para alguna losa más de techumbre, ampliando en su día el espacio interior. Observando el terreno circundante desde la atalaya que me ofrece la propia cantera descubro un cortijo abandonado en medio del bosque de encinas.

Hacia él me he dirigido. Siempre he sentido gran atracción por estas construcciones antiguas, hoy en su mayoría abandonadas, que sirvieron de refugio o vivienda a los habitantes de estas sierras. Me ha costado algo encontrarlo, protegido por el denso bosque junto con el abandono de décadas han hecho que los senderos se pierdan y tenga que intuir el camino de acercamiento. Al final doy con él, gracias a unos gigantescos ejemplares de quejigos que  ensombran sus alrededores.

Fue un magnífico cortijo, por extensión y construcción. En su día tuvo dos niveles con numerosas y amplias estancias, horno con acceso desde el interior y amplios rediles en sus cercanías, con muros de piedra levantados aprovechando las irregularidades del terreno en que afloran las afiladas rocas. Lo que no he conseguido descubrir ha sido la toma de agua, que seguro que tuvo en su día, ya que aparecen pilones en la entrada.

Decido volver junto al arroyo Fonseca para, bajo la sombra de las encinas, tomarme el bocadillo a la vez que disfruto del frescor que aporta la corriente y arropado por el agradable rumor del arroyo. Estoy encantado con el lugar lo que me hace demorarme un buen rato, hasta que los mosquitos y unas gigantescas hormigas rojas, tras dar con mi paradero, me retan en singular combate, batalla que apenas tiene historia ya que acaban ganando rápidamente sin gran desgaste por su parte.

Aunque intuyo la posibilidad de regreso rodeando el cortijo del Navazuelo para hacer un recorrido circular (en una visita posterior acompañado de mi hijo Carlos hicimos ese recorrido de regreso), opto debido sobre todo a su belleza, a regresar sobre mis pasos y redisfrutar del recorrido. Intento caminar por el límite del bosque porque el calor al mediodía es ya intenso. Durante mi regreso llama mi atención unas sombras en movimiento que me hacen levantar la vista hacia el cielo, donde diviso una decena de buitres sobrevolándome.

Su insistencia en volar en círculos sobre mi posición me hace consciente del buen festín que se darían con ochenta kilos de comida, pero me parece que van a tener que buscar más -intensa y extensamente-, ya que yo no estoy dispuesto a ser ecologista hasta ese punto. Al final, en vista de que el posible alimento no se detiene, deciden seguir su búsqueda y desaparecen por el horizonte.

Ya de nuevo en el coche, antes de llegar a Priego, me detengo unos minutos en el centro de interpretación de Santa Rita, donde consigo alguna documentación adicional tras amena charla con tres de los agentes que tienen allí su punto de encuentro. El personal que atiende la oficina informativa, habían abandonado ya el local por estar fuera de horario laboral.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.