En la ladera noroeste del cerro que soporta el castillo visitamos un conjunto de trincheras.
Ocupan el mismo espacio que una antigua explotación minera de donde se extraían piedras de molino.
La línea defensiva está orientada hacia el norte, dominando el paso por debajo de Tózar.
Ocupan la parte superior del cerro donde no hay vegetación arbustiva.
A pesar de los años se conservan en relativo buen estado debido a los materiales usados en su construcción.
En la cantera "fábrica de piedras de molino" encontramos algunas a falta de pulir solamente.
Y por supuesto las huellas de los "pilares" excavados en la roca de donde sacarían posteriormente las piedras.
La comunicación con el castillo que ocupa una colina colindante se hacía a través de torres vigías: Atalayas.
Todas con continuidad visual ya que usaban el humo (durante el día) o el fuego (noche) para transmitir alarmas.
La población de Tózar, enfrentada, a la que tendré que dedicar una jornada.
Primero se daban forma a estos "pilares" para después extraer las "rodajas" pétreas.
Esta es la única trinchera que vimos orientada al suroeste, hacia la entrada a Moclín por Puerto Lope.
Algunas de las piedras abandonadas sobre el terreno, bien por defectuosa o finalización de producción.
Algunas de las trincheras indican claramente por donde podía venir el peligro. Ubicada ésta junto y algo más baja de la ermita de San Antón.
Otra vista del mismo parapeto anterior.
Desde la ermita de San Antón vista del doble recinto amurallado del castillo de Moclín.
A escasos metros de la torre de entrada al castillo, edificio del Pósito del Pan (s.XVI).
En la fachada del Pósito aparece este escudo.
Torre de entrada al recinto amurallado, acceso que como es habitual en la época utiliza el doble recodo defensivo.
Camino empedrado de acceso al castillo y a su torre de entrada.
El castillo contó con dos aljibes, ésta -la mayor- está muy bien conservada y de gran capacidad (516 metros cúbicos).
Cuenta la aljibe con paredes que tienen gruesos de dos metros para soportar la bóveda de medio cañón que la cierra.
El perímetro exterior de murallas está casi completo a pesar del fuerte bombardeo que soportó durante la guerra civil.
Acceso principal a la aljibe. Parte de la cual se eleva sobre el nivel del terreno.
Vista de Moclín desde el castillo. En primer término la Iglesia que se edificó sobre la anterior mezquita.
Murallas y torreones defensivos del recinto superior del castillo tanto de planta rectangular como semicircular.
Puerta de acceso al recinto amurallado superior o propia alcazaba.
A la izquierda la Torre del Homenaje, de planta rectangular y en estado ruinoso a pesar de su exterior.
Se han empleado más de dos años y más de dos millones en la recuperación de esta fortificación.
Parte de la muralla defensiva que mira a la población.
Desde el castillo, abajo y a la izquierda el centro de interpretación, albergue y posada.
Una de las salas del centro donde junto a antiguas cámaras fotográficas se exponen fotografía realizadas con material similar.
Algunos de los ejemplares expuestos.
En otra de las salas el mosaico recuperado de una villa romana en el paraje denominado "El Tesorillo".
Detalle del motivo decorativo del mosaico.
En la construcción de las defensas del castillo se usaron -integrándolas- las propias formaciones rocosas del cerro.
MOCLÍN 3 de marzo de 2016.
Moclín fue, durante casi dos siglos, puesto fronterizo entre los reinos de Jaén y Granada. La población fue finalmente tomada en julio de 1.486; curiosamente sólo había transcurrido un año del manifiesto fracaso de los castellanos que, en los Campos de la Matanza, donde se enfrentaron numerosas fuerzas sufriendo una dramática derrota. Se enfrentaron, por parte cristiana y bajo las órdenes del Conde de Cabra cien caballeros y tres mil peones; por parte musulmana y a las órdenes del Zagal, mil jinetes y más de mil infantes.
Antes de visitar el castillo de Moclín nos acercamos, desviándonos unos centenares de metros y rodeando el propio cerro que soporta el propio castillo, buscando su ladera noroeste para enseñarle a mi hijo Carlos (que me acompaña hoy) dos estructuras muy diferentes entre sí. Por un lado un conjunto de trincheras pertenecientes a la guerra civil española construidas por el bando nacional y junto a ellas, por no decir solapada a ellas, una cantera de donde se extraían piedras de molino.
Cuando se inició la guerra civil española (1936), se fragmenta el territorio entre bandos, incluso se dividen los propios pueblos en algunos casos. Casi durante toda la guerra civil, la línea divisoria entre combatientes estuvo establecida en estos pueblos formando una línea defensiva que unía los pueblos de Mocín y Tózar.
A partir de septiembre de 1936 el frente fue estabilizándose, hasta quedar estancado. Partía del puerto de Motril
en dirección norte, hasta el pico del Veleta, situado a 3.395
m.s.n.m. Desde este punto la línea continuaba en dirección
noroeste, atravesando parte de Sierra Nevada y de las Sierras de Quéntar, Beas, la Alfaguara, Yedra y de
Cogollos, para continuar en la misma dirección en su paso
por Moclín y Tózar, hasta alcanzar la provincia de Jaén.
Los fabricantes de las muelas de molino comenzaban su trabajo recorriendo el paisaje, a la busca de rocas que fueran adecuadas por capacidad de abrasión, dureza y porosidad para elaborar las piedras, buscando el mejor material que facilitara la labor de trituración del grano.
Las moleras (lugares de donde se extraen las piedras), se puede clasificar en dos tipos dependiendo de las formas en que se presentan las rocas a trabajar. Una cuando las rocas se encuentran en superficie en piezas sueltas; otra cuando se obtienen del propio substrato rocoso. Se ha comprobado que las piedras oscilan en sus diámetros entre parámetros límites (conocidas desde la antigüedad) ya que deben soportar las 110 r.p.m. para una correcta molienda. (He encontrado referencias literarias de tamaños de piedras que oscilan entre los 40 cm y el metro y medio de diámetro).
La visualización de la cantera de Moclín aconseja englobarla al segundo tipo: extracción directa del substrato rocoso. Se extraían por medio de ranuras anulares talladas a pico. Concrétamente se observan trabajos múltiples de cilindros superpuestos, siguiendo planos horizontales. Una de las características de estas explotaciones, además de las huellas dejadas debidas a la propia explotación, son los abundantes escombros, muelas rotas o deterioradas y/o abandonadas durante la labra.
El Castillo de Moclín (con dos posibles significados de la palabra: Castillo del distrito o fortaleza de las pupilas), ocupa la parte más elevada de la colina en que se asienta el pueblo. Datado de época nazarí (s.XIV), aunque presenta elementos anteriores.
Aunque las visitas guiadas al Castillo sólo se producen los fines de semana, Fernando ha tenido la amabilidad, ante mi llamada (610393952), de abrirnos el recinto para que pudiéramos hacer una visita en solitario durante el tiempo que creyéramos oportuno. Así nos hemos encontrado con él a las puertas de la fortificación y no ha hecho entrega del candado para que cerráramos a nuestra salida. De esta visita se ha aprovechado un visitante canadiense que ha coincidido en día y hora con nosotros, acompañándonos durante la primera hora.
Está dividido el recinto amurallado en dos zonas muy distintas visualmente.El más bajo engloba la propia villa a la que rodea mediante muralla con refuerzos en las esquinas mediante sillares. Esta muralla cuenta con una Puerta-Torre de acceso, con doble recodo y ya en el interior nos encontramos con edificaciones como la Iglesia de la Encarnación ocupando el anterior emplazamiento de la mezquita.
El segundo recinto, con ubicación más alta (superior a los 1.100 metros y ocupando la cima de la colina), de forma ovalada es la alcazaba o castillo verdadero. En ella se ubica la Torre del Homenaje (ángulo nordeste) así como dos aljibes, una de ellas de gran capacidad. En el perímetro se conservan diferentes torres "ópticas" desde las que controlaban los accesos, entre ellas se conservan: Torre de Mingorance, Torre de la Porqueriza, Atalaya de la Mesa, Torre Atalaya de la Solana y Torre de la Gallina.
Fue declarada monumento histórico-artístico y Bien de Interés Cultural en el año 1931.
De nuevo Fernando ante la comunicación de que habíamos terminado la visita al Castillo y que éste había quedado cerrado, nos invita a que nos acerquemos hasta el Centro de Interpretación Comarcal de Moclín que está a la salida del pueblo en la cartera que une éste con Puerto Lope. Las diferentes salas en que se divide están ocupadas por los materiales recuperados en los diferentes yacimientos arqueológicos de la zona, abarcando prácticamente todas las etapas históricas de la humanidad.
Destaca y por ello ocupa la sala principal, el mosaico romano encontrado (1997) en la villa "El Tesorillo" de Tiena la Alta. La superficie recuperada se acerca a los 20 metros cuadrados, siendo a pesar de ello sólo el 10 por ciento de su extensión total. Formado con teselas de 1 x1 cm. de mármol de color negro y blanco. El tema principal es geométrico: círculos secantes entre sí, todo enmarcado por una orla que representa una cenefa de hojas.
Otra sala está dedicada a cámaras fotográficas antiguas junto a una exposición do fotografías tomadas con aparatos similares a los expuestos. Llaman la atención -por curiosas- algunas fotografías de las expuestas, como la que muestra a una autoridad competente midiendo el trozo de muslo que deja al descubierto un bañador de una mujer en la playa. Junto a ella otro par de mujeres esperando el visto bueno de la municipalidad a sus respectivos trajes de baño.
Terminada la visita nos despedimos de Fernando, que también nos ha abierto el museo, e iniciamos el regreso a Granada.
El desfiladero por el que discurre el río Velillos que vamos a recorrer.
Cuando nos encontramos con el río aparece la antigua "Fabrica de la Luz" en plena rehabilitación.
Alcanzada la orilla izquierda, el sendero presenta este aspecto.
Unos metros antes de alcanzar -el agua- la cámara de carga, se despeña loma abajo a la espera de la terminación de la central.
El desfiladero de "El Gollizno" empieza a invadirse por las nubes bajas.
La niebla, en días claros, siempre ofrece estampas muy sugerentes.
Carlos, uno de mis hijos, que me acompaña hoy.
Junto al puente colgante, el tramo de sendero con una "olvidada" rueda de molino junto al camino.
Puente colgante y pasarela anclada al tajo derecho del río.
Tras una corta subida alcanzamos el inicio del puente.
Puente colgante por el que salvamos el cauce.
La fresca mañana aun aconsejaba abrigar las manos a pesar del bamboleo del puente.
El cauce por debajo del puente acumula restos vegetales y muchas y grandes piedras.
Tramo de pasarela junto a la pantaneta construída para el inicio de la acequia que surte a la minicentral.
La niebla se espesa y la vegetación parece que ayuda a retenerla en el desfiladero.
Río y sendero, compartiendo el estrecho espacio entre potentes paredes verticales.
Alcanzamos el Área Recreativa Corcuela, pequeña y muy soleada a pesar de las apariencias.
Pileta con dos caños por debajo de la zona con mesas mesas. Arriba existen dos nacimientos más de agua.
Hay que ir atentos a las pequeñas obras de arte de la naturaleza porque ofrecen estampas deliciosas.
Por encima del área y con los torreones del castillo de Moclín a la vista, nos introducimos en pinar.
Antes de que el pinar nos cierre el horizonte me vuelvo para comprobar que la niebla sigue ocupando el valle.
El perímetro amurallado rodea todo el cerro ocupado por el castillo con doble línea defensiva.
Parece que finalmente el sol gana la batalla y comienza a diluir las nubes bajas que quedan.
Alcanzado el collado -parte alta del pueblo- la ermita de San Antón.
A las puertas del Pósito del Pan (s.XVI), jardineras con mucha historia.
Fachada del edificio del Pósito donde nos asoleamos un rato sentados en sus bancos.
De regreso, nos acercamos hasta el "Abrigo de Corcuela" para ver las pinturas.
Están muy desdibujadas y bastante maltratadas.
Junto a una parcela de olivos ocupan un abrigo rocoso al pie de una vertical pared.
En el centro de interpretación se puede ver una representación del total de las pinturas y su distribución.
De nuevo en el Área Recreativa con un original desagüe para evacuar el agua.
Desde el mirador, colgado por encima de la angostura, admirando el desfiladero labrado por la constancia.
La escaleruela que nos permite alcanzar el nivel del cauce de forma rápida.
Y de nuevo entre el recoleto bosque que acompaña en este tramo llano al río.
En las zonas más umbrías la vegetación ocupa todo el espacio.
De nuevo en la pasarela junto a la presa.
La presa que se construyó para surtir de agua la acequia que transporta el agua hasta el salto de la central.
Junto a la pasarela y en primer plano el inicio de la acequia.
Siempre me han gustado los reflejos aunque el agua no está clara debido a las muchas disoluciones que transporta.
Fuente relacionada con escritores e historias de bandoleros.
Devolviendo, ahora con sol, el agua al cauce del río antes de alcanzar la cámara de carga de la central.
Por encima del sendero llama la atención esta formación de travertinos espectacular.
Cementado paso del cauce para vehículos. Para nosotros se ha habilitado un elevado puente.
Prácticamente finalizadas las obras, entrará de nuevo en funcionamiento dentro de unas fechas.
Fecha: 3-3-2016 Olivares 8’30h.
M.I.D.E.:2,2,3,3. Trincheras
y Cantera 10’30h.
Duración: 9h (Lineal) Castillo
Moclín 11’30h.
Desnivel en subida: 400 metros Olivares 15’30h.
Rangos de temperatura: de 3ºC a los 17’5ºC
El
río Velillos o Frailes es un cauce que presenta grandes diferencias de caudal
entre estaciones. Nace en las inmediaciones de la población de Frailes (Jaén)
para hacerse granadino después hasta desembocar en el río Cubillas una vez
alcanzada la vega granadina. De sus 38 kilómetros de longitud hoy vamos a
caminar junto a él durante unos 3 kilómetros, los que lo separan desde Olivares
hasta la vertical de Moclín.
Es
la tercera vez que me adentro en éste PR-A84. La primera en solitario para
descubrirlo (7-3-2012), ya que no lo conocía; la segunda en compañía de mi
mujer (4-12-2013) aprovechando el tardío otoño, pensando que los coloridos lo
iban a magnificar más si cabe; la tercera con mi hijo Carlos (hoy) en un final
invernal que más parece una primavera.
Además,
antes de programar la salida llamé al ayuntamiento de Moclín para interesarme
por la posibilidad de incluir una visita al castillo ya que en anteriores
ocasiones y debido a las obras –de construcción más que de reconstrucción- no
me lo permitieron. Hoy hemos podido pasear por él y recorrerlo ampliamente.
Esta
mañana la temperatura baja se hacía notar con intensidad, dada la umbría en que
se encuentra el recorrido del río, encajonado entre altas paredes, recorriendo
un estrecho barranco al que no alcanza el sol hasta bastante más tarde. Hoy,
además a la altura del puente colgante por el que se cruza el río junto a una
antigua presa de la que nace una acequia, las nubes bajas han invadido todo el
barranco.
Al
principio del recorrido, cuando la pista alcanza el río dejamos a un lado una
pequeña central eléctrica que ha estado inactiva durante muchos años.
Actualmente están trabajando en ella para devolverla a “la vida”. Ya han
instalado las tuberías por las que bajará el agua para mover las turbinas. Como
aún no está terminada el agua destinada a moverla se deja escapar unos metros
antes de alcanzar la cámara de carga, desplomándose en bella cascada de una
treintena de metros antes de reincorporarse al curso del río, formando otro
atractivo a sumar a los muchos del recorrido.
Una
vez cruzado el puente colgante (con excesivo bamboleo para el gusto de algunos)
y la preciosa -aunque corta-, pasarela anclada a la pared rocosa en uno de los
tajos laterales para salvar el estrecho desfiladero, volvemos a pisar suelo. La
niebla rellena todo el barranco y aparece esa sensación rara: el hecho de
sentir vida a nuestro alrededor y no tener de ella más noción que la del
sonido.
La
Naturaleza, además de contener campos verdes, frondosos bosques, manantiales
cristalinos, cantos melodiosos de aves, o níveos ventisqueros que se deshacen
en primavera, también enseña desiertos tórridos, calurosas tardes veraniegas o
frías escarchas matinales, muchas fatigas y pesares para caminantes
incansables, sed, algo de hambre, espesas nieblas a veces, oscuras y frescas
cuevas, fuertes vientos que despejan las cumbres; viviendo todas estas
circunstancias es como realmente se llega a conocer la Naturaleza.
Tras
caminar unos minutos entre densa vegetación, junto al río, entre humedades, el
sendero tiene que remontar una centena de metros porque evita otro estrecho
desfiladero. Por una escaleruela balizada, busca la ubicación más amplia del
Área Recreativa de Corcuela. Pero antes de alcanzarla se nos invita en un
mirador semi-volado a admirar la labor erosiva del río abriéndose paso entre
rocas unos 100 metros por debajo de nosotros. Hoy, a la ida, no hemos podido
disfrutar de las vistas ya que las nubes bajas seguían enseñoreándose del
barranco.
Ascendemos
bordeando unas parcelas olivareras para adentrarnos en un pinar de repoblación,
todo ello en cuesta, antes de alcanzar un collado donde desaparecen los pinos y
aparecen algunos almendros (1), algo abandonados, teniendo ya a la vista las
construcciones más altas del pueblo y las murallas del castillo de Moclín
ocupando toda la zona superior del cerro.
Moclín
a pesar de ocupar el quinto lugar por número de pobladores ha conseguido la
capitalidad del municipio. Para apreciar su pequeñez sólo basta asomarse desde
el collado, o remontar hasta la iglesia englobada ya en el recinto amurallado y
mirar hacia abajo desde cualquiera de sus miradores. Apreciamos que cuando las
defensas de las murallas ya no fueron necesarias, las casas abandonando las
estrecheces a las que estaban sometidas intramuros comenzaron a descender
colina abajo buscando espacios más llanos.
Tras
hacer una visita a la ermita de San Antón y a la casa Pósito del Pan del siglo
XVI regresamos atentos durante el descenso buscando por algunas señas difusas
–no sé si a propósito lo de difusas- tratando de localizar la cueva de La Araña donde
existen algunas pinturas rupestres, cueva que no conseguimos ubicar. Si
reencontré la de Corcuela: un abrigo en el que aparecen numerosas pinturas
rupestres esquemáticas, muy desvaídas e incluso algunas desconchadas, que cada
vez cuesta más identificar.
En
este territorio hay abundancia de cuevas por la geografía y geología de sus
montes que fueron ampliamente aprovechadas por nuestros antepasados para
plasmar sus concepciones, deseos o simplemente sus ansias creativas. Creo
recordar haber oído en algún momento la intención de elaborar un recorrido por
las cuevas con pinturas de la zona para darlas a conocer e incrementar, si
cabe, los motivos para visitar este conjunto de pueblos que se engloban bajo el
nombre de mancomunidad de Moclín: Puerto Lope, Olivares, Tiena, Tózar, Limones
y Gumiel y el propio Moclín.
(1)Aquí
arranca un senderillo que será necesario seguir para enlazar con la segunda
entrada en el blog dedicado a este recorrido, si queremos encontrar otros
puntos de interés cercanos.
Recordatorio: en nuestras salidas al campo
sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y
residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.