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miércoles, 17 de julio de 2013

Sierra Castril III: Cerro de Empanada - Granada.

Río Castril junto al puente donde se bifurca el sendero.

La primera subida jalonada de jaras en flor y cornicabras.

Estamos en el mes de las peonías.

El sendero tiene que escalar para buscar el paso por arriba a la derecha.

Hoy me estoy adentrando en pleno corazón de esta sierra.

Inicio de la inmensa loma tras la que discurre el arroyo de la Cerrada de la Magdalena.

Formas llamativas que adquieren las rocas por la erosión y supervivientes que las colonizan.

Uno de los arroyos que en mi ascensión cruzo.

El tipo de roca calcárea es propicia para formar cuevas y abrigos.

O espectaculares ventanas.

Todavía el agua circula por todos los barrancos haciendo su trabajo milenario.

Diferentes durezas provocan formas muy irregulares.

El único paraje avistado hoy en que se aprecia la presencia humana: cortijo del Maestrillo.

Loma arriba, casi en el collado aparece la Cueva del Maestrillo.

Empanada al fondo, mi objetivo de hoy.

Parece que el aire sopla siempre con la misma dirección.

Tengo que cruzar algún pequeño ventisquero de blanda nieve en que me hundo hasta el tobillo

El protagonista en la cima.

Desde la cima se domina el Barranco Túnez por donde discurre buena parte del sendero.

La valla metálica ganadera también escala casi hasta la cima.
En la cota 2.000 me encuentro esta curiosidad geológica: Falsa Ágata.

Las dolinas acompañan a ambos lados durante la ascensión por la cresta.



Precioso ejemplar de lagarto: estudiándonos ambos.

Ya de regreso sugerentes campos de trigo y amapolas.



Fecha:23-5-2013                                                          Ctjo. Nacimiento 8'30h.
M.I.D.E.:3,3,3,4.                                                             Cueva Maestrillo 10'30h
Duración: 7h30' (31.300p) (Lineal)                            Cerro Carrasca 11'30h.
Desnivel en subida: 1.100 metros                                Empanadas 12'15h.
Rangos de temperatura: de 9ºC a los 21ºC                  Cueva Maestrillo 13'30h.
                                                                                        Hazas de Nogales 14h.
                                                                                        Ctjo.Nacimiento 16h.


El cuerpo representa tus capacidades, tu técnica y tu fuerza; tu mente es tu voluntad y tu actitud y a veces no van a la par. Hay que gestionar bien este equilibrio. Albert Bosch.

Creía que con la salida de hoy terminaba con la Sierra de Castril, al menos con los recorridos mejor señalizados y con mayor interés. Hoy mirando la información disponible para la preparación de la salida de mañana me he encontrado con otro recorrido, que en principio parece atractivo: la subida al Buitre.

Tanto el cerro la Empanadas (2.106 m) como el del Buitre (2.020 m) están en el límite norte del Parque, incluso forman parte de la divisoria entre provincias (Jaén y Granada), límite que a mi siempre me ha parecido artificial, sobre todo cuando hablamos de separación entre espacios naturales en que la continuidad física y geológica es patente.

Para acceder al Parque Natural Sierra de Castril tengo que hacer unos 140 kilómetros desde Granada. Primero por la autovía dirección Baza para una vez llegado a la población desviarme a la izquierda hacia Benamaurel y posteriormente hacia Castril. Casi con el pueblo a la vista vuelvo a abandonar la carretera para tomar un carril anunciado como Parque Natural. Unos 10 kilómetros más, esta vez por carril terrero hasta llegar al Cortijo Nacimiento (1.168 m.) y aparcar, como ya muchos conoceréis, bajo la tubería que sirve el agua a la pequeña central hidroeléctrica que hay algo más abajo.

En este cortijo nacen al menos tres recorridos, con tres longitudes y durezas distintas: El Barranco de la Osa que incluye el nacimiento del río Castril con dificultad media, un recorrido de 8'5 kilómetros y con un desnivel de 362 metros; Cerro de Empanadas (que es el recorrido por mí hoy) con 16'7 kilómetros, dificultad media-alta y un desnivel de 938 metros;y Prados del Conde con 20'6 kilómetros, dificultad media y un desnivel de 636 metros.

El primer tramo, común a los tres, se hace por un sendero muy marcado que lindando con algunas parcelas cultivadas nos acerca hasta la acequia que da servicio a la central. Con ella comparte un corto tramo hasta llegar al río que he de cruzar por un puente, aquí es donde realmente comienza este sendero en solitario.

Nada mas cruzar el puente y retroceder unos pasos por la otra orilla del río se inicia la subida, primero de forma discreta entre cornicabras, retamas y alguna aromática. Pero en seguida el sendero se empina y comienza a serpentear por la loma para ganar altura. Es el primer tramo serio de ascensión. A media subida dejo un ramal a mi derecha que enlaza con el Cortijo de la Puerca (otro posible itinerario de subida). A lo largo de la mañana se seguirán alternando las subidas con alguna zona de llaneo e incluso más de una bajada, cuando el sendero se descuelga hacia el fondo de los barrancos en busca de alguno de los arroyos con los que se encuentra y cruza.

Esta primera subida, justificada por tener que salvar por encima unos tajos, me lleva hasta un collado casi en la vertical del cortijo Nacimiento, para enseguida descolgarse por la otra ladera en busca del cauce del arroyo. A partir de este momento el sendero se va a hermanar con el Barranco de Túnez y lo va a recorrer hasta las cercanías de la Cueva del Maestrillo (1.550 m.), ya casi en la cuerda de la Empanada.

Pero antes me ha hecho subir y bajar en reiteradas ocasiones, caminar entre pinares o entre cascajales, entre poblaciones de enebros negros, incluso a tramos sobre tiernos prados donde es difícil adivinar la dirección del sendero, para casi en seguida solaparse con el propio cauce del arroyo. Los cambios de orilla cuando sendero y arroyo se juntan son múltiples, hoy no me han causado problemas porque el caudal no era mucho y el paso del río era fácil saltando sobre las mismas piedras del cauce.

El cerro Empanadas (2.106 m.) no se ve hasta bien avanzada la jornada porque lo tapa la cuerda de la Cerrada de la Magdalena, larga y potente loma que alcanza altura enseguida y la mantiene durante casi todo su recorrido; es una vez llegado al arroyo junto a unos bancales sembrados de nogales (que aun no han despertado del sueño invernal) junto con algunos almendros, estos sí enseñando ya el fruto, todo junto al río (cortijo del Maestrillo), cuando accedo visualmente a la inmensa mole pétrea de la Empanada, justo enfrente, mostrándome a la vez que algunos ventisqueros que por ahí no se puede subir. El sendero sube por la derecha reptando a lo largo de la loma con dirección muy distinta a la del objetivo; aun tardará un buen rato en coronar el collado, desde donde ya si definitivamente, recorrerá toda la sucesión de crestas hasta llegar a la cima.

De los más de 1.000 metros de desnivel en subida que he hecho hoy, al menos las dos terceras partes empiezan aquí. Se empina de nuevo y en serio la vereda tomando la dirección este en busca de un collado (Salitre) que cierra el semicírculo que forma la cuerda o sierra Empanadas. Hay que ir con cuidado cuando nos separamos del río, una equivocación de ramal a la hora de elegir sendero, como el mío de hoy, me ha costado tener que remontar monte a través hasta el collado y no lo recomiendo. Unos minutos antes de coronar este collado pasa el sendero junto a un amplio y largo abrigo (Cueva del Maestrillo 1.550 m.).

Ya en el collado la subida continúa pero ahora se dirige hacia el norte, busca definitivamente la cuerda que trazando un amplio semicírculo, recorre toda la cresta hasta llegar a mi destino de hoy. Esta larga cuerda, incómoda de andar por su erosionada superficie, piedra que presenta infinidad de aristas y oquedades, está “adornada” con una fea valla ganadera que casi se prolonga hasta la misma cima. Recorre la divisoria entre provincias. Junto a ella primero en terreno granadino y más arriba en el lado jienense aparecen un rosario de dolinas de muy diversos tamaños y profundidad, hoy apenas les quedaba nieve pero si estaban todas cubiertas con verdes prados.

Durante todo el tránsito de la cuerda tengo la cima a la vista pero se me alarga demasiado el llegar a ella, sobre todo el último tramo donde trato de esquivar los pocos neveros que quedan, la nieve está muy blanda y me hundo hasta el tobillo. La corona el habitual hito y una placa en que se recomienda volver por el mismo camino de subida. Yo tenía intención de hacer al menos la bajada por otro lado, convirtiendo en circular este tramo, como aparece en los planos. La falta de hitos durante toda la cuerda me han hecho desistir y he optado por bajar por donde he subido, evitando algún despiste como en la ascensión.

Ya el recorrido de regreso no ha ofrecido problemas añadidos a los propios de la fuerte pendiente y la atención continuada para tratar de no perder el trazado en la bajada para lo que me he dedicado durante mi estancia en la cima a seguirlo y memorizarlo durante todo su recorrido visible. En esta última subida y durante el recorrido de todas las crestas se echa en falta algún indicador o hito mas, porque la información de hacerlo por “la cresta” para mi no ha sido suficiente despertando dudas. Más abajo, a partir de las plantaciones de nogales las indicaciones son suficientes y muy bien ubicadas ya que el sendero no ofrece apenas dudas en su seguimiento, salvo alguna excepción que enseguida queda disipada por las señales existentes.

Se domina desde la cima buena parte de los denominados Campos de Hernán Perea, amplia depresión elevada que es la encargada de recoger tanto el agua de lluvia como la nieve y que una vez filtrada aporta las tres cuartas partes del agua que manarán en los “nacimientos del río Castril”. Toda esta Sierra de Castril está formada por calizas y éstas a su vez están expuestas a un tipo particular de erosión, el modelado kárstico le aporta un aspecto característico en su larga pero eficaz transformación paisajística.

Este proceso químico de disolución se provoca cuando la caliza entra en contacto con el agua de lluvia y el dióxido de carbono de la atmósfera. Entre las formas que adopta el paisaje, destacan, los lapiaces (acanaladuras paralelas en la superficie de la roca), las dolinas (cavidades subterráneas colapsadas), los profundos cañones, las cuevas y las simas. Entre éstas últimas cabe mencionar por su excepcionalidad la Cueva de Don Fernando (aun en exploración) y de la que se conoce una profundidad de 241 m. y un desarrollo superior a los 2.500 m. Otro ejemplo que cabe mencionar es la Torca de la Fuente Fría que contiene el lago subterráneo más importante de la provincia.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.









































jueves, 23 de mayo de 2013

Sierra Castril II: Río Castril, nacimiento y primer tramo (Sierra de Castril - Granada)

La cabra segureña, dueña de estos parajes.

Río Castril poco antes de llegar a su nacimiento.

Nacimientos del río Castril.

El agua manaba con abundancia hoy.

El lecho del río en sus tramos altos están obstruidos por grandes rocas.

La fuerte pendiente precipitaba el agua buscando perder altura.

Desde el mirador del nacimiento vista del barranco.

Por encima del nacimiento el lecho totalmente seco.

La línea de fisura por donde aflora el agua.

Algo más abajo cuando el agua se remansa.

Azud donde nace la acequia que alimenta la central eléctrica.

Nos desviamos hacia la izquierda para apreciar esta pequeña cascada. Es un arroyo adyacente.

Cerrada de la Magdalena.

La erosión hace que caigan grandes bloques rocosas al río.

Pequeño cortijo ubicado estratégicamente.

Puente en el curso alto del río donde nace un recorrido: Cerro de la Empanada.

La cerrada de la Magdalena también estaba bien surtida.

Mi compañero de hoy intentando buscar buenas tomas fotográficas.

Cerrada de Lézar, bastante descuidada.

Cueva aprisco de grandes dimensiones.

Vista general del nacimiento del río Castril.
Embalse del Portillo, alimentado por el río Castril. (Foto bajada de internet).

Cortijo Lézar, algo por debajo de la Cerrada.








Castril, nacimiento del río, pueblo y pasarela (Granada).

Fecha: 15-04-2013


No recuerdo la última vez que visité estos parajes, aunque si tengo presente que de esta sierra sólo me falta ascender a La Empanada, pero hoy no era día de duras ascensiones sino de acompañar a un amigo y disfrutar de y con su compañía de uno de los parajes mas bonitos del norte de la provincia de Granada.

Es el Parque Natural Sierra de Castril una estrecha franja con orientación sur norte y adosada al Parque Nacional de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas. El extremo sur se sitúa justo por encima del Pueblo del mismo nombre alargándose hacia el norte hasta el paraje denominado Prados del Conde, donde su ubica el refugio del mismo nombre.

Tenemos previsto recorrerlo hoy en sentido longitudinal prácticamente en sus dos terceras partes, alternando los desplazamientos en vehículo con caminatas. Para ello aparcamos junto al Cortijo Nacimiento, bajo la tubería que surte la central eléctrica ubicada por debajo del cortijo junto al río. Nos separa del nacimiento menos de una hora de marcha que nos tomamos con mucha calma. Hoy uno de los objetivos de la visita es tomar fotografías, como los dos somos aficionados, las demoras propias de esta actividad no nos van a incomodar.

Hemos elegido estas fechas con la esperanza de encontrar tanto el nacimiento como el propio río con gran caudal. Los primeros vistazos al río nos confirman que no nos hemos equivocado. En tranquilo caminar nos vamos acercarnos a nuestro primer destino. Me olvidaba, la charla ha ocupado buena parte de la jornada propiciado por la falta de prisa y el caminar pausado. A medio camino compartimos recorrido con un tramo de la acequia que se dirige a la cámara de carga de la central: va rebosante.

Llegados a los nacimientos comenzamos la labor fotográfica para lo que nos desplazamos por la zona, desde el mirador, bajamos hasta el lecho, remontamos para hacer tomas generales, nos acercamos para sacar detalles, etc. Es el punto mas al norte al que vamos a llegar. A partir de ahora sólo nos desplazaremos hacia el sur.

En el camino de vuelta de nuevo hasta el cortijo decidimos hacerlo lo más próximo al cauce, olvidándonos del sendero. Disfrutar del río, detenernos en los remansos, encaramarnos en el azud que da nacimiento a la acequia, acceder al puente donde se inicia el sendero a La Empanada. A medio camino divisamos una pequeña cascada a nuestra izquierda. Decidimos acercarnos al riachuelo que recorre en rápido descenso el pequeño barranco que lo acoge. Volver al sendero y terminar el recorrido hasta el coche, no sin antes charlar un rato con los residentes del cortijo.

Nos planteamos si bajar hasta la central eléctrica para lo que preguntamos a los lugareños y si bien nos aseguran que no hay problema alguno para bajar, apostillan que no merece la pena ya que todo está cerrado y no hay lugares vistosos que compensen el desplazamiento. Aceptamos las informaciones como veraces y decidimos acercarnos al próximo enclave.

Hacemos uso del coche para acercarnos más rápidamente hasta el inicio del sendero que conducirá hasta la Cerrada de la Magdalena. Éste desvío nace tras un puente en el primer cambio de orilla del río, anunciada mediante un indicador vertical no ofrece ni pérdida ni dificultad. La corta distancia que nos separa de la primera cerrada alterna una breve subida primero, para suavizarse a continuación mientras discurre bajo un maduro pinar que nos cobija con su sombra, cosa que se agradece ya que hoy la temperatura a medio día ha llegado a los 27 grados. Llagados a la cascada, las cámaras en funcionamiento para recoger la caída de agua que se abre paso literalmente por la profunda hendidura que a lo largo de los milenios ha conseguido hacer, dividiendo su caída en tres cascadas consecutivas muy similares en altura todas.

Baja bastante caudal también por lo que se aprecian tres tramos de cascada antes de remansarse, momentáneamente el agua en una cristalina charca. En alguna otra ocasión la escasez de agua permitía bordear la charca receptora, hoy era impensable ya que obligaba a dar grandes saltos entre grandes rocas; incluso el propio lecho del río era infranqueable sin previo remojo. Enseguida reinicia la precipitada caída con prisas por unirse al caudal principal del río, no sin antes refrescar las posesiones del Cortijo La Saludá, hoy bastante abandonado y no parece que recupere su antiguo esplendor ya que el carril de servicio se ha visto afectado por un desprendimiento haciéndolo impracticable a fecha de hoy para vehículos.

De nuevo hacemos uso del vehículo para ascender, evitándonos una caminata de varios kilómetros, hasta un cortijo al pie de la Cerrada de Lézar. Ubicada algo por encima del mismo no despierta gran interés ya que el acceso a ella está plagado de tuberías, unas gruesas para riego, otras mas pequeñas para servicio, lo que afea bastante el lugar, más si a todo ello sumamos los restos de otros tubos viejos y abandonados en el propio cauce del río junto con la abundancia de excrementos de las muchas cabras que residen en el lugar, ya que algo por encima se ha habilitado una profunda y amplia cueva como redil.

Hoy el gran caudal que bajaba por la Cerrada impedía seguir progresando por el cañón labrado por la corriente dado que no llevábamos prendas adecuadas para caminar por el lecho. Quizas el adentrarse cañón arriba mejoraría la impresión que nos hemos llevado del lugar, pero hoy no ha sido posible.

Proseguir nuestro caminar hacia el sur para una vez fuera de los límites del Parque hacer parada y cerveza en el pueblo de Castril. Bajar hasta encontrarnos de nuevo con el río, después de haber sido represado en el Embalse del Portillo lleno en algo más del 90%, baja impetuoso para introducirse en el cañón que ha labrado al sur del casco urbano y que vamos a recorrer en su compañía, tras atravesar el Parque de la Arboleda Perdida.

Pero el pueblo y la pasarela tienen entidad suficiente para dedicarle una entrada del blog en exclusividad.

Ha sido un recorrido diferente a los que suelo hacer habitualmente por varias razones. No era excesivamente largo, el uso combinado del coche con los desplazamientos a pie, nos ha dejado mucho más tiempo para la visita relajada de los enclaves elegidos y la inapreciable compañía de Cristóbal ha colaborado a la amenidad durante todo el recorrido.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.




miércoles, 8 de mayo de 2013

Rio Mundo (Sierra de Alcaraz - Albacete)

Fuente que nos encontramos en la carretera de bajada.

Primera vista al río Mundo.

Iniciado el sendero de acercamiento, a ratos escalonado.

Nacimiento del río Mundo y una de las cascadas río abajo.

Alguna de las pequeñas cascadas  más vistosas que la primera debido a su cercanía.

La gran poza que recibe la caída del rio en su nacimiento.

Nada mas nacer se divide en tres para descender el primer tramo.

Carlos posando delante de la cascada primera.

Al caer estrellándose contra las rocas se pulveriza ocupando todo el espacio.

Desde el tercer mirador divisamos los otros dos.

Cuando decidimos iniciar la bajada, la afluencia es ya notoria.

Grasilla, planta carnívora, enseñándonos su despensa.

Cuando nos acercamos al lecho del río además de la soledad nos encontramos esto.

Otra imagen captada junto al río ya en bajada.

Aunque el desnivel es menor sigue siendo suficiente para infinidad de pequeñas cascadas.

El río ya remansado junto al aparcamiento al inicio del sendero.

Gigante mirado desde su base.

El autor posando a media bajada.

Otra toma del desplome nada más nacer.

Como nos costó encontrarla he decidido darle doble protagonismo.

Caminando por el lecho nos acercamos en lo posible a los objetivos.

Uno de los escasos tejos que resisten en este umbrío y húmedo barranco

Ya de regreso los campos verdes me reconcilian con la agricultura.





Río Mundo (Albacete).

Fecha: 13-04-2013

Hace varios años que visité este bello enclave y recuerdo de él que era pleno verano por lo que el caudal del nacimiento no era excesivo. Evidentemente el atractivo del nacimiento de un río es el agua que lleva en su inicio, por lo que cuando va menguado me deja un poco decepcionado. Enseguida tomo nota (antes de forma mental, ahora prefiero dejar una referencia escrita), para en cualquier otro momento más favorable volver a visitarlo.

Mi hijo Carlos no conocía este lugar por lo que hemos aprovechado lo que creemos es una buena época para la visita después de un largo mes de marzo de lluvias y alguna nevada. Debido a motivos laborales hemos tenido que hacer la escapada en sábado. Yo soy reacio a moverme durante los fines de semana pero reconozco que mis condicionantes no son asumibles por casi nadie.

Ante la necesidad de tener que desplazarnos un sábado, imperando ya el buen tiempo, y la mas que respetable distancia que separa Riopar de Granada (260 kilómetros) acordamos salir a las 6'30 horas para intentar minimizar el efecto “fin de semana”. Tras tres largas horas de coche, ya que el primer tercio era por autovía pero el resto transcurría por carretera nacional o comarcal llegamos a uno de los aparcamientos que existen en el lugar. Nos hemos decantado por el que hay a pie de la carretera entre las poblaciones de Siles (Andalucía) y Riopar (Castilla la Mancha), justo en el collado.

Nos sorprende gratamente apreciar a nuestra llegada que sólo hay dos coches. Decidimos hacer el corto recorrido hasta el nacimiento a pie (unos 3'5 kilómetros que en algo más de media hora debe estar andado), para reconocer un poco el terreno a la vez que desentumecernos después de la inactividad del viaje. El día es claro y el sol comienza a dejarse notar, aunque todavía tardará un buen rato en entrar, barranco arriba para llegar al nacimiento.

Tras algo más de media hora de recorrido, casi todo él por bosque de pinos, llegamos al aparcamiento de abajo, donde comienza el sendero hacia los miradores del nacimiento. Seguimos teniendo suerte ya que apenas hay media docena de coches. Es una ventaja, al menos para nosotros, que a la mayoría de los visitantes no le guste madrugar. En eso coincidimos los dos, preferimos visitar los espacios naturales en silencio y a ser posible en soledad. Nos molestan las voces y la algarabía que las concurrencias provocan. Espantan toda la posible fauna y rompen la tranquilidad que en teoría es lo que buscamos, al menos nosotros, en el "campo”.

Comenzamos atravesando un arroyo que desciende por nuestra derecha para comenzar la ascensión (sendero balizado y muy marcado) que nos va a acercar hasta el primer mirador. En su primer tramo de suave subida que mas tarde al empinarse alterna las rampas con los tramos escalonados. Desde él tenemos una visión algo lejana y parcial del enclave. Es una pasarela sobre el cauce del río que va de orilla a orilla. Hacemos la parada y fotos de rigor, para enseguida continuar ascendiendo hasta el segundo. Similar al primero pero algo más elevado río arriba desde el que se aprecia mejor la cascada y el imponente tajo casi vertical donde se ubica la cueva que alumbra el caudal.

Otra nueva y breve ascensión para acceder al tercer mirador ubicado algo por encima de la poza que recibe el agua desplomada de la cascada. Los más de 100 metros que se despeña el agua en su caída y las masas de roca que la reciben abajo hacen que salten infinidad de gotas por doquier impregnado todo el ambiente. Como la ascensión ha sido pausada hemos dado tiempo a que se hayan ido incorporando muchos visitantes por el angosto sendero, lo que el caminar empieza a hacerse agobiante. Hemos divisado en este tramo algunos tejos aislados, sin duda reliquias de tiempos pasados que sobreviven por la humedad reinante en las zonas más umbrías del barranco.

La visión de la cascada, con hasta trescientos metros de desplome, la relativa abundancia de agua que la hace dividirse en al menos tres cascadas paralelas y la visión del resto de tajo por encima de la cueva forman un espectáculo que impresiona; si a esto añadimos el rugir del agua en su golpeteo con la charca o las rocas que la reciben, podemos afirmar que estamos asistiendo a uno de los espectáculos naturales más impactantes.

Se encuentra el nacimiento en un profundo barranco con cabecera semicircular cerrado al sur por un imponente farallón rocoso de alrededor de 300 metros que a media altura alumbra al rio a través de una cueva. Por ser un terreno kárstico los acuíferos van a fluctuar dependiendo de la época del año en que se visite. A la propia cueva que alumbra al río se le conocen alrededor de 32 kilómetros y aun no está toda ella cartografiada. Sin duda todo un mundo recóndito que seguramente guardará alguna otra sorpresa más.

Una mirada entre nosotros y asentimos: iniciamos el descenso y dejamos espacio para los nuevos visitantes. Muy cerca del tercer mirador y en la pared húmeda vertical de roca encontramos firmemente enraizadas una colonia de pequeñas plantas carnívoras (Pinguicula mundi). Había leído de su presencia y nos hace ilusión (sobre todo a Carlos) localizarlas e identificarlas. Casi todas ellas muestran pegadas a sus carnosas hojas pequeñas víctimas aladas.

A media bajada decidimos desviarnos un poco y descolgarnos hacia el lecho del rio en el que durante la subida apreciamos unas pequeñas cascadas y algunos remansos sugerentes. Apenas separados del sendero una veintena de metros, distancia suficiente para aislarnos de la “muchedumbre” e incluso dejar de oir voces, el murmullo del agua lo ocupa todo y hace de aislante acústico. Rápidamente nos olvidamos de la cada vez más masiva afluencia y nos centramos en disfrutar.

Despues de “saborear” un rato el cauce del río y hacer algunas fotos buscando por parte de mi hijo señales de vida salvaje: insectos y anfibios, nos reintegramos de nuevo a la senda para regresar al aparcamiento, ahora totalmente repleto de personas y vehículos. Cuando nos vamos incluso entra un autobús con otra generosa remesa de curiosos.

Hacemos el sendero de regreso por el mismo recorrido que a la bajada, a pesar de la corta distancia que nos separa del aparcamiento alto, apenas si nos encontramos con viandantes. La comodidad prima y los visitantes prefieran acercar el coche hasta la propia cascada si fuera posible. Parafraseando uno de los carteles explicativos existentes en la zona diré: que después de ver el Mundo, regresamos a Granada.

Aprovechamos antes de reiniciar en vehículo la vuelta a casa para comernos un bocadillo, que dado el jaleo, los gritos del ambiente y hasta los pelotazos que pasan cerca, acabamos rápidamente para definitivamente iniciar el regreso. Hemos decidido atravesar el Parque Nacional de las Sierras de Segura, Cazorla y las Villas. Aunque el recorrido es algo más largo y la carretera estrecha y sinuosa, al menos recorreremos kilómetros entre naturaleza y aprovecharemos para parar allí donde nos apetezca o los lugares así lo sugieran.

Salir del Parque por Cozorla para hacer la segunda mitad del regreso por Peal de Becerro y Jódar, rodeando buena parte de Sierra Mágina por el noroeste, circulando por la ribera del Jandulilla. Más tarde entre Torrecardela y Piñar disfrutar de los campos intensamente verdes ocupando las suaves colinas del entorno de la carretera con las lindes dibujadas de amarillo por los jaramagos y algunas pinceladas, cada vez menos, de rojas amapolas, todo intensamente iluminado por el sol vespertino que aporta a este recorrido un encanto singular.

Aunque en realidad el nacimiento del río Mundo se sale del ámbito geográfico del título del blog, he creído conveniente incluirlo por estar prácticamente en el mismo límite de la comunidad. Apenas nos hemos adentrado una decena de kilómetros en la comunidad vecina de Castilla La Mancha, concrétamente en la provincia de Albacete y a pesar de los quinientos kilómetros largos que hemos tenido que recorrer (ida y vuelta), creo que ha merecido la pena. A veces lo bueno de enseñar sitios nuevos a curiosos inquietos no es en sí mismo el lugar a visitar, que también, sino las ilusiones y expectativas que se despiertan y que a veces ya se ven colmadas a lo largo del itinerario, haciendo cierto aquello de que no es la meta lo importante sino el recorrido para alcanzarla.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.