miércoles, 8 de mayo de 2013

Rio Mundo (Sierra de Alcaraz - Albacete)

Fuente que nos encontramos en la carretera de bajada.

Primera vista al río Mundo.

Iniciado el sendero de acercamiento, a ratos escalonado.

Nacimiento del río Mundo y una de las cascadas río abajo.

Alguna de las pequeñas cascadas  más vistosas que la primera debido a su cercanía.

La gran poza que recibe la caída del rio en su nacimiento.

Nada mas nacer se divide en tres para descender el primer tramo.

Carlos posando delante de la cascada primera.

Al caer estrellándose contra las rocas se pulveriza ocupando todo el espacio.

Desde el tercer mirador divisamos los otros dos.

Cuando decidimos iniciar la bajada, la afluencia es ya notoria.

Grasilla, planta carnívora, enseñándonos su despensa.

Cuando nos acercamos al lecho del río además de la soledad nos encontramos esto.

Otra imagen captada junto al río ya en bajada.

Aunque el desnivel es menor sigue siendo suficiente para infinidad de pequeñas cascadas.

El río ya remansado junto al aparcamiento al inicio del sendero.

Gigante mirado desde su base.

El autor posando a media bajada.

Otra toma del desplome nada más nacer.

Como nos costó encontrarla he decidido darle doble protagonismo.

Caminando por el lecho nos acercamos en lo posible a los objetivos.

Uno de los escasos tejos que resisten en este umbrío y húmedo barranco

Ya de regreso los campos verdes me reconcilian con la agricultura.





Río Mundo (Albacete).

Fecha: 13-04-2013

Hace varios años que visité este bello enclave y recuerdo de él que era pleno verano por lo que el caudal del nacimiento no era excesivo. Evidentemente el atractivo del nacimiento de un río es el agua que lleva en su inicio, por lo que cuando va menguado me deja un poco decepcionado. Enseguida tomo nota (antes de forma mental, ahora prefiero dejar una referencia escrita), para en cualquier otro momento más favorable volver a visitarlo.

Mi hijo Carlos no conocía este lugar por lo que hemos aprovechado lo que creemos es una buena época para la visita después de un largo mes de marzo de lluvias y alguna nevada. Debido a motivos laborales hemos tenido que hacer la escapada en sábado. Yo soy reacio a moverme durante los fines de semana pero reconozco que mis condicionantes no son asumibles por casi nadie.

Ante la necesidad de tener que desplazarnos un sábado, imperando ya el buen tiempo, y la mas que respetable distancia que separa Riopar de Granada (260 kilómetros) acordamos salir a las 6'30 horas para intentar minimizar el efecto “fin de semana”. Tras tres largas horas de coche, ya que el primer tercio era por autovía pero el resto transcurría por carretera nacional o comarcal llegamos a uno de los aparcamientos que existen en el lugar. Nos hemos decantado por el que hay a pie de la carretera entre las poblaciones de Siles (Andalucía) y Riopar (Castilla la Mancha), justo en el collado.

Nos sorprende gratamente apreciar a nuestra llegada que sólo hay dos coches. Decidimos hacer el corto recorrido hasta el nacimiento a pie (unos 3'5 kilómetros que en algo más de media hora debe estar andado), para reconocer un poco el terreno a la vez que desentumecernos después de la inactividad del viaje. El día es claro y el sol comienza a dejarse notar, aunque todavía tardará un buen rato en entrar, barranco arriba para llegar al nacimiento.

Tras algo más de media hora de recorrido, casi todo él por bosque de pinos, llegamos al aparcamiento de abajo, donde comienza el sendero hacia los miradores del nacimiento. Seguimos teniendo suerte ya que apenas hay media docena de coches. Es una ventaja, al menos para nosotros, que a la mayoría de los visitantes no le guste madrugar. En eso coincidimos los dos, preferimos visitar los espacios naturales en silencio y a ser posible en soledad. Nos molestan las voces y la algarabía que las concurrencias provocan. Espantan toda la posible fauna y rompen la tranquilidad que en teoría es lo que buscamos, al menos nosotros, en el "campo”.

Comenzamos atravesando un arroyo que desciende por nuestra derecha para comenzar la ascensión (sendero balizado y muy marcado) que nos va a acercar hasta el primer mirador. En su primer tramo de suave subida que mas tarde al empinarse alterna las rampas con los tramos escalonados. Desde él tenemos una visión algo lejana y parcial del enclave. Es una pasarela sobre el cauce del río que va de orilla a orilla. Hacemos la parada y fotos de rigor, para enseguida continuar ascendiendo hasta el segundo. Similar al primero pero algo más elevado río arriba desde el que se aprecia mejor la cascada y el imponente tajo casi vertical donde se ubica la cueva que alumbra el caudal.

Otra nueva y breve ascensión para acceder al tercer mirador ubicado algo por encima de la poza que recibe el agua desplomada de la cascada. Los más de 100 metros que se despeña el agua en su caída y las masas de roca que la reciben abajo hacen que salten infinidad de gotas por doquier impregnado todo el ambiente. Como la ascensión ha sido pausada hemos dado tiempo a que se hayan ido incorporando muchos visitantes por el angosto sendero, lo que el caminar empieza a hacerse agobiante. Hemos divisado en este tramo algunos tejos aislados, sin duda reliquias de tiempos pasados que sobreviven por la humedad reinante en las zonas más umbrías del barranco.

La visión de la cascada, con hasta trescientos metros de desplome, la relativa abundancia de agua que la hace dividirse en al menos tres cascadas paralelas y la visión del resto de tajo por encima de la cueva forman un espectáculo que impresiona; si a esto añadimos el rugir del agua en su golpeteo con la charca o las rocas que la reciben, podemos afirmar que estamos asistiendo a uno de los espectáculos naturales más impactantes.

Se encuentra el nacimiento en un profundo barranco con cabecera semicircular cerrado al sur por un imponente farallón rocoso de alrededor de 300 metros que a media altura alumbra al rio a través de una cueva. Por ser un terreno kárstico los acuíferos van a fluctuar dependiendo de la época del año en que se visite. A la propia cueva que alumbra al río se le conocen alrededor de 32 kilómetros y aun no está toda ella cartografiada. Sin duda todo un mundo recóndito que seguramente guardará alguna otra sorpresa más.

Una mirada entre nosotros y asentimos: iniciamos el descenso y dejamos espacio para los nuevos visitantes. Muy cerca del tercer mirador y en la pared húmeda vertical de roca encontramos firmemente enraizadas una colonia de pequeñas plantas carnívoras (Pinguicula mundi). Había leído de su presencia y nos hace ilusión (sobre todo a Carlos) localizarlas e identificarlas. Casi todas ellas muestran pegadas a sus carnosas hojas pequeñas víctimas aladas.

A media bajada decidimos desviarnos un poco y descolgarnos hacia el lecho del rio en el que durante la subida apreciamos unas pequeñas cascadas y algunos remansos sugerentes. Apenas separados del sendero una veintena de metros, distancia suficiente para aislarnos de la “muchedumbre” e incluso dejar de oir voces, el murmullo del agua lo ocupa todo y hace de aislante acústico. Rápidamente nos olvidamos de la cada vez más masiva afluencia y nos centramos en disfrutar.

Despues de “saborear” un rato el cauce del río y hacer algunas fotos buscando por parte de mi hijo señales de vida salvaje: insectos y anfibios, nos reintegramos de nuevo a la senda para regresar al aparcamiento, ahora totalmente repleto de personas y vehículos. Cuando nos vamos incluso entra un autobús con otra generosa remesa de curiosos.

Hacemos el sendero de regreso por el mismo recorrido que a la bajada, a pesar de la corta distancia que nos separa del aparcamiento alto, apenas si nos encontramos con viandantes. La comodidad prima y los visitantes prefieran acercar el coche hasta la propia cascada si fuera posible. Parafraseando uno de los carteles explicativos existentes en la zona diré: que después de ver el Mundo, regresamos a Granada.

Aprovechamos antes de reiniciar en vehículo la vuelta a casa para comernos un bocadillo, que dado el jaleo, los gritos del ambiente y hasta los pelotazos que pasan cerca, acabamos rápidamente para definitivamente iniciar el regreso. Hemos decidido atravesar el Parque Nacional de las Sierras de Segura, Cazorla y las Villas. Aunque el recorrido es algo más largo y la carretera estrecha y sinuosa, al menos recorreremos kilómetros entre naturaleza y aprovecharemos para parar allí donde nos apetezca o los lugares así lo sugieran.

Salir del Parque por Cozorla para hacer la segunda mitad del regreso por Peal de Becerro y Jódar, rodeando buena parte de Sierra Mágina por el noroeste, circulando por la ribera del Jandulilla. Más tarde entre Torrecardela y Piñar disfrutar de los campos intensamente verdes ocupando las suaves colinas del entorno de la carretera con las lindes dibujadas de amarillo por los jaramagos y algunas pinceladas, cada vez menos, de rojas amapolas, todo intensamente iluminado por el sol vespertino que aporta a este recorrido un encanto singular.

Aunque en realidad el nacimiento del río Mundo se sale del ámbito geográfico del título del blog, he creído conveniente incluirlo por estar prácticamente en el mismo límite de la comunidad. Apenas nos hemos adentrado una decena de kilómetros en la comunidad vecina de Castilla La Mancha, concrétamente en la provincia de Albacete y a pesar de los quinientos kilómetros largos que hemos tenido que recorrer (ida y vuelta), creo que ha merecido la pena. A veces lo bueno de enseñar sitios nuevos a curiosos inquietos no es en sí mismo el lugar a visitar, que también, sino las ilusiones y expectativas que se despiertan y que a veces ya se ven colmadas a lo largo del itinerario, haciendo cierto aquello de que no es la meta lo importante sino el recorrido para alcanzarla.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.