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miércoles, 21 de agosto de 2013

Lagunillo del Puerto de Trevélez (Sierra Nevada - Granada)

Refugio Postero Alto.

Mi sombra ya señala el primer objetivo.

Bifurcación del sendero a media subida.

Primer barranco que atravieso.

Desde la Puerta del Alhorí.

Río Alharí y buena parte de su primer tramo.

En pleno deshielo.

Pequeño circo glaciar donde nace el río Alhorí.

Ventisquero de la ladera suroeste del Picón.

Alcazaba y Mulhacén desde Cerro Pelao.

Borreguiles del Puerto.

Algo por encima del Lagunillo. 

Cuando se allana el terreno el arroyo forma meandros.

Ya lo tengo a la vista.

Trata de camuflarse reflejando su entorno.

Lagunillo con el Cerro de Trevélez al fondo.

Joyas de Sierra Nevada: Fritillaria lusitanica.

Joyas de Sierra Nevada:  Eumigus ribioi.

Puerto de Trevélez.

Penúltimo ventisquero junto a las Casillas de los Rojos.

Lo que queda del Cortijo de Casas Nuevas (Casillas de los Rojos).

Fuerte descenso hasta el refugio.

A media bajada me detengo para observar el Picón.

Desde el Refugio se divisa casi todo el recorrido de hoy.


Fecha:26-6-2013                                                                 Postero Alto 7'45h.
M.I.D.E.:3,3,3,3.                                                                    Bifurcación 8'30h
Duración: 7h' (31.300p) (Semicircular)                             Nac. Río Alhorí 9'30h.
Desnivel en subida: 1.200 metros                                       Picón de Jérez 10'30h
Rangos de temperatura: de 14'5ºC a los 27ºC                   Lagunillo del Puerto 12h.
                                                                                               Ref. Postero Alto 14'45h


Al igual que en otros deportes de resistencia, el montañero también necesita ese punto de gozo en el padecimiento, de relación amistosa con el dolor y la extenuación, para alcanzar el éxito. Quien no halla un punto de satisfacción en la agonía, en esa estrecha línea que separa el agotamiento del umbral del esfuerzo, difícilmente llegará a ser bueno.

Hacía tiempo que tenía programada una subida al Lagunillo del Puerto de Trevélez (2.650 m), ya que la anterior vez subí muy avanzado el verano y me lo encontré totalmente seco. Para que este año no me pasara algo similar he venido “vigilando” la nieve en la zona para intentar llegar en el momento oportuno. Es un lagunillo que apenas tiene fondo y se encuentra retirado de los distintos arroyos que circulan por el barranco, por lo que el único aporte líquido que recibe es el de un par de ventisqueros que están en los tajos cercanos algo por encima de él. Una vez que se agotan los mismos y con este calor es cuestión de días que desaparezca el lagunillo también.

Hoy tenía pensado que me acompañara mi hermano, pero otras obligaciones lo han retenido en Granada, así que he excursionado solo. La salida desde el Refugio Postero Alto por ser el punto más cercano la habíamos elegido para darlo a conocer a mi hermano ya que me había manifestado que nunca había subida esta cara del Picón.

Aunque el objetivo hoy era el Lagunillo, el intentar darle más entidad a la excursión a la vez que hacerla, al menos en parte, circular me ha hecho incluir el Picón de Jérez  (3.0890 m.) en el recorrido. Así la ascensión por el río Alhorí hasta su nacimiento, subir hasta el Picón por la cara este, desplazarme por las crestas hasta Cerro Pelao (3.181 m) y bajar hasta el Lagunillo para ya desde el Puerto volver hasta el Refugio.

Jerez del Marquesado está a los pies del Picón de Jérez, a unos 80 kilómetros de Granada. Una vez llegado al pueblo, que hay que atravesar, se recorren otros dos kilómetros en dirección oeste (tengo que rodear la población por la derecha en el sentido de la marcha, sin adentrarme en su centro), hasta llegar a una gran construcción que sirve de punto de reunión al personal del Parque Nacional.

Junto a esta casa arranca la pista que durante 10 kilómetros, ascendiendo por las lomas entre bosques de pinos de repoblación, cumple dos objetivos. Facilita el acceso para vehículos tanto al Área Recreativa como al Refugio Postrero Alto, muy cercanos entre sí los dos y enlaza con el Sendero Sulayr ya que el propio refugio es inicio y final de sendas etapas del mismo; por otro lado permite acceder a las cumbres de Sierra Nevada por su cara este dejándonos a los excursionistas a los pies del Picón de Jérez que a su vez es inicio de la llamada Travesía de Sierra Nevada, para salir por el Caballo y Nigüelas.

La subida desde el Refugio Postero Alto hoy se me ha hecho doblemente dura ya que al desnivel que hay que remontar se le han sumado las nada despreciables molestias de una buena cantidad de moscas que han decidido usarme como soporte para su ascensión. Las numerosas cabezas de ganado vacuno favorece, sin duda, la abundancia de moscas que han decidido acompañarme durante buena parte de la subida.

Inicia el sendero la ascensión por el propio cortafuegos a las propias puertas del refugio, escalando la ladera de forma brusca y continuada. Este es el peor tramo hoy para mí ya que me veo dando manotazos continuamente intentando espartar a los dípteros con escaso éxito. Tras algo más de una hora de marcha y con la paciencia ya bastante desgastada, llego a la bifurcación del sendero. Aquí arranca el tramo circular que voy a hacer yo.

A la izquierda el sendero sigue escalando loma en busca del Puerto de Trevélez. A la derecha, el ramal que escojo yo, se desvía en suave pendiente, buscando acercarse, primero a un arroyo que recorre el primer barranco que cruzo para después, tras acceder a la “Puerta del Alhorí”, desde la que se divisa buena parte del barranco con sus dos bandas laterales verdes, el sendero atravesará el gran barranco labrado por el río, que desde aquí se ve y se oye. A la derecha se distingue el paraje denominado Chorreras Negras (sitio donde “aterrizó” el avión americano en los años 60 y que hubo que auxiliar).

Todavía queda un rato para que río y sendero se acerquen. El encuentro se produce en la cota 2.300 metros y a partir de aquí la vereda asciende pegada al margen derecho del río hasta su mismo nacimiento. A medio camino he dejado pastando algunas vacas y con ellas algunas de las cansinas moscas que se han servido de mí en la ascensión. El resto me ha ido abandonando durante el último tramo de subida junto al río, imagino que atraídas por el frescor del agua y la abundancia de excrementos de las vacas.

Durante toda la subida permanece el Picón visible y cuanto mas me acerco a él más se aprecia la dura ascensión que he de afrontar si quiero coronarlo. Los casi trescientos metros de acompañamiento al río se hacen más amenos por la vegetación permanente y el rumor del agua, pero eso no los hace más suaves. Y una vez en el nacimiento el simple mirar hacia la cumbre algo oculta por la propia loma ya da idea de lo que queda por “sufrir”.

Nace el río en un pequeño circo glaciar cerrado en su cara sur por unos imponentes tajos que retienen abundantes ventisqueros a 2.680 metros de altura al sureste y algo más bajos que el Picón. A partir de aquí aunque la nieve se hace más presente, el agua debe circular por el subsuelo, ya que no la vuelvo a ver. Estos algo mas de trescientos metros que me restan por ascender se me hacen muy pesados por tener que esquivar algún ventisquero y porque el piso es de piedra suelta que dificulta el agarre, no consigo descubrir rastro alguno de sendero y como acostumbro cuando tengo el objetivo a la vista y no avisto sendero opto por la línea recta.

Una vez arriba, tras atravesar el Ventisquero del Caballón y dado que la cima no tiene atractivo ninguno, salvo el motivo para hacerse la foto, cresteo en dirección hacia Cerro Pelao, pasando por el Puntal de Juntillas (3.1.39 m). Quiero ver la nieve que acumulan las lomas del Mulhacén y la Alcazaba ya que las tendremos que atravesar dentro de un par de semanas en otra excursión programada, para acto seguido dejarme caer casi por el propio barranco hacia la ubicación del Lagunillo.

La bajada la he de hacer con precaución, hay agua por doquier y ya se sabe que las suelas de las botas mojadas no agarran nada en las piedras que es el otro elemento abundante durante la misma. El recorrido, sin prisas, merece la pena ya que aparecen arroyos por todos lados, a veces se pierden filtrados para aparecer algo más abajo por alguna fisura de las rocas, saliendo a borbotones.

Otros atraviesan los ventisqueros horadándolos, pero todos bajan bastante a la izquierda de la ubicación del Lagunillo. Éste, apartado, ocupa una somera cubeta de apenas unas decenas de centímetros en su punto central y más bajo de profundidad que recibe varios aportes de los ventisqueros ubicados por encima y protegidos por los tajos a los pies del Horcajón. La desaparición de estos marcará la existencia del propio Lagunillo.

Hoy estaba colmado y se permitía incluso desaguar mediante un abundante emisario que tras una breve bajada se unía rápidamente al río Puerto Trevélez. Tras una media hora de relajo aprovechado para comer, rodeo todo el barranco intentando ganar algo de cota hasta enlazar con el sendero que barranco arriba une Trevélez con el Marquesado a través del Puerto. Camino antiguamente muy transitado ya que era el más corto entre ambas comarcas.

Desde arriba del Puerto diviso al fondo primero el Refugio señalado por el cortafuegos y mas lejos y bajo todavía las casas del pueblo. Tengo que descender casi 1.200 metros de cota para el primero y otros seiscientos más para llegar a Jerez. En esta bajada, muy soleada, quedan aun un par de ventisqueros con cierta entidad. El segundo junto a las Casillas de los Rojos: en otros mapas denominado como Cortijo de Casas Nuevas (sólo un montón de piedras con algunos restos de ladrillos), va a ser la última oportunidad de beber durante toda la bajada.

El tener en casi todo momento el Refugio a la vista hace engañoso este largo tramo de bajada que suma a su longitud la fuerte pendiente de la que presume en todo momento y en mi caso, el haberla bajado entre las una y las tres de la tarde, horario en que el sol se hace sentir, sin olvidar añadir el cansancio acumulado de la jornada.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.



jueves, 26 de abril de 2012

Alguacil-Picón de Jérez-Cerro Pelao (Sierra Nevada - Granada)

A primera hora cuando el sol acaricia las cumbres.

Las cimas de la Alcazaba y el Mulhacén son las primeras.

Poco después el pico del Veleta se suma también.

Desde la loma Alguacil se tienen buenas vistas de las sierras de Viznar y Arana.

Panorámica de los Lavaderos de la Reina con el Picón de Jérez a la izquierda.

Cabras pastando en la loma del Mirador Alto.

Más cabras que se van apartando a mi paso.

Buena parte del recorrido hecho hoy a través de la cuerda.

Las huellas del caminante permanecen en los ventisqueros.

Una vez llegado al collado tengo a la vista la línea de crestas que descienden hasta el Puetro de la Ragua.

Desde el collado estudio la mejor forma de acceder al Picón de Jérez.

Una vez en el Horcajo tengo vistas distintas de los tres grandes.

En la cima de Cerro Pelao, mirando hacia atrás, el camino de vuelta.

El autor en la cima del Picón con Cerro Pelao al fondo.

Ya de regreso las nubes van ganando espacio.

El Mulhacén y el Puntal de la Caldera.

El Veleta y los Machos delimitando la cabecera del Guarnón.

Güejar Sierra, paso obligado para la ruta de hoy.



Fecha: 28-3-2012                                                   Tiempos empleados en el recorrido de ida:
M.I.D.E.:2,3,4,4                                                        Collado Alguacil                         7’30h.    
Duración: 12h  (49.700p)                                          Cruzo el Sulayr                          10,00h
Desnivel en subida: 1.200 metros                            Corono Picón de Jérez             11,35h
Temperatura: de 2’5ºC a los 12’5ºC                         Culmino en Cerro Pelao          12,30h

El camino es un elogio del espacio. Cada tramo del camino tiene sentido en sí mismo y nos invita a detenernos. La carretera, en cambio, es la victoriosa desvalorización del espacio, que gracias a ella no es hoy más que un simple obstáculo para el movimiento humano y una pérdida de tiempo.
Antes de que los caminos desaparecieran del paisaje, desaparecieron del alma humana; el hombre perdió el deseo de andar, de caminar con sus piernas y disfrutar con ello”. Milan Kundera.

Es curioso lo distinto que se puede apreciar algo, aunque sea relativamente bien conocido, si se mira desde un punto de vista distinto, un ángulo inusual. Durante el mes de marzo se expusieron una serie de fotografías de Sierra Nevada en la sala Zaida (Granada), tomadas por Andrés Castillo, exposición que aparte de captar la belleza intrínseca que posee esta sierra, independientemente de lo cercanos que nos sintamos cada uno de nosotros en relación a ese entorno, ha conseguido reflejar un espacio que tiene un especial encanto para mí y al que en mi caso particular habría que sumar el idilio permanente que mantengo con ella.

Yo que me considero un aceptable conocedor de nuestra sierra por haberla pateado extensa e intensamente a lo largo de los años, tuve alguna dificultad en ubicar algunas de las fotos expuestas, porque realmente intentaban responder al título asignado a la misma: “otra mirada”. Aunque algunas de las tomas eran aéreas con lo que era normal que resultaran “extrañas” a los que nos movemos a ras de suelo, había otras que aunque tomadas a nivel del suelo, por presentar rincones o perspectivas originales resultaban entretenidas de ubicar.

Al hilo de lo expuesto hoy quiero en mi salida semanal hacer un recorrido, al menos para mí, original. Trataré de iniciar la salida recorriendo la Cuerda del Alguacil, para atravesar la Loma de Jacho e intentar terminar coronando el Picón de Jérez. Estas son las intenciones, a lo largo de la jornada veré cuales consigo convertir en realidades.

Voy a usar de aparcamiento la vaguada existente entre dos cerros: Alto de Miguelejos (2.017 m) y  Cerro Alguacil (2.004 m), para caminando por las crestas rodear por el sureste la cabecera de la Dehesa de Camarate hasta llegar al Cerro del Mirador Alto (2.674 m) y finalizar en el Picón de Jérez (3.090 m).

Como la caminata de hoy era además de exigente, larga, estaba preparando la mochila en el Collado Alguacil a las 7’30 de la mañana. En el mismo collado arranca un sendero que dejando los diferentes picos siempre a la izquierda, recorre las lomas un poco por debajo de las cumbres hasta acercarme al pie de Picón de Jerez. Es un largo recorrido de casi tres horas que aunque no requiere excesivo esfuerzo ya que su desnivel es suave y está perfectamente marcado, su longitud lo convierte en tedioso.

Ayuda y mucho las vistas que me ofrece durante todo el recorrido de la línea de los tres mil a mi derecha, veo casi en todo momento desde el Veleta hasta el propio Picón. Como he madrugado bastante aprecio cuando bañan los primeros rayos del sol las tres cumbres principales. Poco después es a mí a quien ciega el sol no dejándome ver casi nada ya que lo tengo justo enfrente y muy bajo. Es un rato que lo paso mal, obligándome a esforzarme, ya que no conozco el recorrido por no equivocar el destino por algún ramal  inadecuado. No ocurre ya que el sendero está durante todo el recorrido muy marcado y no propicia en ningún momento vacilaciones para su seguimiento.

Cuando llego a la cabecera de la Dehesa de Camarate el sendero que llevo cruza en perpendicular el tramo del Sulayr: Postrero Alto-Refugio Peña Partida. Esta última media hora de camino el sendero discurre paralelo a una antigua cerca ganadera de la que quedan multitud de palos y algunos restos de alambre espinoso caídos en el suelo, con el peligro que puede acarrear a personas y animales, entendiendo que deberían haberlos retirado. El Sulayr atraviesa la cerca por un portillo y mi sendero sigue paralelo a la valla loma arriba.

Hasta llegar al portillo el sendero era llano e incluso mostraba algo de bajada por lo que el ritmo que traía era alto. Al llegar al inicio de la loma se empina y yo cometo el error de querer seguir manteniendo el mismo ritmo que traía. Rápidamente el cuerpo me da un par de avisos mostrado su disgusto: excesivo sudor y los latidos del corazón se disparan de tal forma que los siento potentes dentro del pecho. Me doy por enterado y parándome me despojo de la sudadera quedándome en camiseta de manga corta. El sol ya más alto y la falta de brisa no me exigen más abrigo y la subida que me espera sacará las calorías necesarias del cuerpo; por otro lado al reiniciar la marcha acorto sensiblemente los pasos a la vez que los ralentizo. Enseguida se reorganiza mi cuerpo y me da a entender que: así sí.

Sigo un rato el sendero marcado junto a la valla ascendiendo en dirección a la Piedra de los Soldados (por sus formas peculiares asimilando a estos en posición firme). A media loma percibiendo que me estoy desviando excesivamente de mi trayectoria, decido abandonar la cercanía de la valla, así como el trazado del senderillo que la acompaña, redirigiéndome más a la derecha; primero porque la posición del Picón lo aconseja así y segundo porque evitaré tener que cruzar un par de largos ventisqueros que a esta hora están helados y me obligarían a calzarme los crampones. No hay sendero aquí por lo que subo monte a través intentando escoger la mejor trayectoria.

Esta subida engañosa desde abajo, se divide en dos tramos de unos cuatrocientos metros de desnivel cada uno, ya que partiendo de alrededor de los 2.200 m. en el portillo he de llegar a los 3.090 m. del Picón. El primero tras pasar junto a la Piedra de los Soldados, acaba en un collado a la izquierda del Picón. Es una dura y exigente subida sin sendero que me guíe, por lo que el zigzag lo tengo que elaborar yo, en que remonto alrededor de cuatrocientos metros en algo más de una hora de marcha. Una vez llegado al collado me enfrento con la segunda subida, ya por la propia loma del Picón en la que, quizás con mayor pendiente tengo que remontar los otros cuatrocientos metros que me separan de la cima con algunos repechos muy exigentes. Es la primera vez que acometo la subida por esta cara noreste y el segundo tramo se ha hecho especialmente duro y largo.

Una vez en la cima (3.090 m) me encuentro con tres excursionistas que han salido desde el refugio Postrero Alto y han coronado momentos antes que yo. Tras los saludos pertinentes y el intercambio de las intenciones montañeras de cada uno, ellos se quedan para comer algo por las inmediaciones, mientras que yo considero que tengo fuerzas suficientes para proseguir algo más. Poco más adelante me cruzo con una docena de montañeros que ascienden desde el Puerto de Trevélez, con estos no hablo por la distancia que nos separa y nos limitamos a saludarnos con la mano.

Tras coronar el Puntal de Juntillas (3.139 m), me dirijo hacia Cerro Pelao (3.181 m) para proseguir hasta el Horcajo donde doy por finalizada mi incursión de hoy en Sierra Nevada, aquí decido aprovechar para comer a la vez que disfruto de la vista de la loma de la Alcazaba tapando parcialmente la del Mulhacén situada detrás. Desde mi posición accedo a una vista diferente de estas dos moles menos habitual y reconocible que las clásicas. La lámina de agua de la laguna de Juntillas no se ve, tapada totalmente por la nieve, sólo se aprecia la hondonada que la contiene. Este año la nieve, excepto en vaguadas donde el aire la ha acumulado, es escasa.

Después del descanso merecido sólo queda retroceder para repitiendo itinerario regresar al punto de partida. Esto que se describe en poco más de un renglón me ha costado casi cinco horas de marcha y casi toda ella a buen paso, no en vano he conseguido una media de más de 4.000 pasos por hora, que si tenemos en cuenta la diferencia de cota que he superado es un resultado más que encomiable.

De nuevo en el portillo de la valla por el que me cruzo con el sendero Sulayr me detengo para comerme un par de mandarinas y beber algo de agua en previsión de las tres horas de marcha que me restan, cuando examinando la loma del Cerro del Mirador Alto (2.674 m), que acabo de descender descubro a un solitario excursionista que se aproxima hasta donde yo estoy. Decido esperarlo por si compartimos recorrido hacerlo juntos y así es. Estas últimas tres horas de caminata se harán bastante más entretenidas gracias a la animada charla que sostenemos a la vez que conseguimos que pasen más desapercibidas para nuestras piernas a pesar del cansancio acumulado.

Lo que en principio iba a ser una etapa con final en el Picón se ha prolongado en casi tres horas más por mi decisión de acercarme a Cerro Pelao. Este alargamiento de la jornada y el desgaste consiguiente se ha hecho patente a la vuelta, ya que el sendero de regreso recorriendo las lomas de la Cuerda Alguacil se me ha hecho interminable. Gracias a la grata y amena compañía de Pepe, lo hemos superado los dos sin gran detrimento.

Estos excursionistas (me refiero a mi acompañante casual de hoy) que simultanean amores con la sierra y la fotografía merecen un homenaje en toda regla. Lo digo porque además de llevar la mochila con todos los pertrechos que se suponen que nos pueden hacer falta en una de estas salidas a la alta montaña, algunos optan por llevar la bolsa con la cámara réflex e incluso con varios objetivos. Yo que por experiencia propia lo he hecho en algunas ocasiones, rápidamente opté por la compacta digital. Se pierde calidad en las tomas pero se gana movilidad eliminando peso, factor muy a tener en cuenta en nuestras largas salidas.  

Aunque en un principio, por el recorrido descrito cabe pensar que sería necesaria la ayuda de los crampones y previsoramente los había añadido a la mochila, no los he usado en todo el día. A la poca nieve que queda en estas laderas, en parte por su posición soleada y en parte por su escasez debido a las exiguas precipitaciones de este invierno hay que sumar que he tratado de esquivar los pocos ventisqueros que me he encontrado en la ascensión, helados durante las primeras horas de la mañana, porque he preferido rodearlos a demorarme con la puesta de los crampones. Otro día que he portado un peso que no me ha hecho falta utilizar.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

jueves, 25 de agosto de 2011

Lagunillo del Puerto - Laguna Juntillas (Sierra Nevada - Granada)



El sol comienza iluminando las cimas más altas.


Uno de los Lagunillos existentes en los Lavaderos.


Preparados para la foto.


El segundo Lagunillo ubicado en el circo glaciar de los Lavaderos.


Por la mañana el Marquesado estaba cubierto por las brumas.


Línea de Crestas que se encaminan hacia el Puerto de la Ragua.

Piedra de los Ladrones.

Lagunillo del Puerto, visitado demasiado tarde.

La Alcazaba y el Mulhacén desde una perspectiva distinta.

Uno de los manantiales, a media loma del Cerro Pelao, amenizando el tránsito.

Laguna de Juntillas

Aspecto de la vegetación que mantiene la Laguna.

Ya de vuelta, un rebaño sesteando y yo por estos cerros.



Fecha: 24-8-2011
Duración: 9h 30’  (46.6250 p)
M.I.D.E.: 2,3,3,4
Desnivel en subida: 1.600 m
Rango de temperaturas: 15ºC (7h 30’) – 27ºC (17h)


En mi afán de visitar todas las lagunas de Sierra Nevada, de las que por cierto me faltan pocas, voy acomodando las salidas semanales, para entre otras cosas, cumplir ese requisito. Una de las que me faltaban por visitar y cuando me refiero a visita, no sólo me refiero a ver físicamente la laguna, sino a visitar el entorno y la ubicación de la misma, era esta del Puerto de Trevélez. Paso tradicional, cuando los intercambios comerciales se hacían mediante animales, entre el Pueblo de Trevélez y por ampliación, los de su entorno geográfico, con la zona del Marquesado.

Cuando estos días pasados estuve, sobre el plano mirando la ubicación y el posible recorrido, ideé porque me pareció factible, un tramo de subida y bajada común, hasta el Refugio de Peña Partida y otro circular, circunvalando el  Cerro Pelao (3.181 m). Aunque el cerro no lo voy a coronar hoy, por quedar un poco fuera de trayecto, ya lo he hecho en otras ocasiones y le va el nombre que “ni pintado”.

Como decía anteriormente, mirando el plano 1:40.000, o traducido a términos de “andar por casa”, el recorrido entraba en un palmo. Hoy después de haberlo hecho he llegado a la conclusión, un poco tarde, de que debería de cambiar la escala de mi mapa o cambiar mi palmo recurriendo a algún familiar que lo tuviera algo más pequeño. La excursión se me ha hecho larga en exceso.

No voy a describir el trayecto hasta el Refugio por haberlo hecho en otras ocasiones (concretamente la última la semana pasada), así que me voy a permitir comenzar en el Refugio “Peña Partida”. Hoy en lugar de entrar a los Lavaderos por abajo (Sulayr) he ascendido un poco por la Loma de los Cuartos para entrar más alto al circo glaciar y rodeando el “Cerro Poco Trigo (2.668 m) atravesar todo el circo glaciar para ascender por la izquierda hasta el “Puntal de Juntillas” (3.139 m). Para hacer esta ascensión existe una vereda que haciendo un enorme zis-zas para pasar por el “Castillejo” (piedra que destaca a principio de loma), la recorre toda hasta arriba.

Yo, hoy, pletórico, he optado por ahorrarme las idas y venidas del sendero por la loma, así que la he cogido “monte a través” y con paso cansino pero sin reposo me he plantado arriba sin gran deterioro, aprovechando que la temperatura era fresca todavía y que corría, aún, una suave brisa.

Una vez arriba se deja el Picón de Jérez a la izquierda y el Cerro Pelao a la derecha y me encamino directo por las crestas hacia un conjunto de peñones encumbrando una falsa cima denominado “La Piedra de los Ladrones” (2.944 m), como veréis perdiendo rápidamente altura, para proseguir en bajada hasta el Puerto de Trevélez (2.600 m), paso natural entre esta parte de la Alpujarra granadina y la zona del Marquesado. Esta línea de crestas que se dirigen hacia el este, nacen justo aquí (aquí rompe la sierra la dirección dominante que traía hasta ahora), encaminándose hacia el  Puerto de la Ragua para adentrarse posteriormente en tierras almerienses. Ya ninguna de sus cimas alcanzará los tres mil.

Durante esta bajada ya divisé el Lagunillo y me pareció, en la distancia, que estaba seco, pero al estar rodeado de zona de prados con evidencias de agua,  apelando a mi defectuosa vista y en cumplimiento del trazado original previsto (1), me decido a seguir bajando para acercarme a él. Verifico que no me he equivocado en ninguna de las presunciones anteriores. Hay agua en los alrededores, de hecho un riachuelo para a unos metros del lagunillo, sin alimentarlo y por el mismo barranco discurren al menos tres riachuelos que sirven de nacimiento al río Puerto de Jerez que inicia su andadura en esta zona, originados por el deshielo de algunos ventisqueros que aun perduran en los tajos situados algo más arriba.

Una vez cumplimentada la visita, inicio el rodeo del Cerro Pelao intentando no perder cota de altura, con la intención de acabar  en la Laguna Juntillas. Es un largo recorrido que me facilita en parte un sendero que a media loma lo recorre. La cara este y más tarde la sur tiene varios nacimientos de agua, lo que causa sorpresa conociendo su cima, lo que ayuda a amenizar la larga travesía, ya que a esta cota (2.500-2.600) el recorrido se alarga exasperadamente, molestado permanentemente por un viento, a veces racheado, que aunque no llega a ser excesivamente fuerte, si lo suficiente para tenerme que encajar decididamente al gorra.

Para colmo, cuando creo que me acerco definitivamente a la laguna, el sendero opta por bajar hacia el río Juntillas, dejándome enfrentado a unos tajillos que no me agradan demasiado. Recurro  a subir unos doscientos metros “a capela” por una fuerte pendiente, hasta encontrar otro sendero que debí despreciar en algún momento de me recorrido anterior y que ahora acojo con regocijo.

Tras otro rato de caminata llego por fin a la Laguna Juntillas. Es una bonita laguna rizada casi siempre sus aguas por la brisa y creo que la única de Sierra Nevada que mantiene unas zonas de plantas acuáticas. Tras las fotos de rigor y sin demorarme demasiado retomo la ascensión hasta el Puntal que sirve de divisoria entre los Lavaderos y este otro circo glaciar. Esta subida se realiza por un amplio cascajal que en una media hora me sitúa arriba en el que en ninguna de mis visitas he logrado encontrar algo que se parezca a un sendero.

La bajada decido hacerla por la  Loma de los Cuartos, loma que cierra los Lavaderos por el lado contrario al que usé para la subida y a cuyo pié está situado el Refugio Peña Partida. Es un largo descenso donde se pierden algo más de setecientos metros de desnivel, que alterna zonas de pedregales (arriba) con otros más llevaderos, e incluso la parte más baja realmente cómoda de hacer ya que el terreno presenta pequeños aterrazamientos, lo que me invita siempre a abandonar el sendero y dirigirme directo hacia el Refugio.



(1)   Como en muchas ocasiones mis salidas son solitarias, tengo por norma atenerme al itinerario previsto y compartido en casa con anterioridad. Es conveniente hacerlo así por seguridad. En caso de tener que alterarlo sustancialmente debe comunicarse a alguien de tu entorno. Esta precaución es válida aunque se salga en grupo.


Nota: Hago la distinción entre Laguna y Lagunillo. La primera es una masa de agua que, salvo ocasiones axcepcionales de gran sequía, permanece de una temporada a otra con naturales bajadas de nivel pero sin mostrar el suelo. Lagunillo, en cambio, son aquellos embalsamientos de agua que no suelen permanecer  cuando los deshielos acaban con los ventisqueros de los que se alimentan, durante el mes de Agosto, generalmente.