Merece la pena, si se puede, dejar el coche a la entrada del carril de acceso o en su caso seguir el sendero que nace justo cuando la carretera cruza el río Alhama.
Seguir el cauce del río, barranco arriba, a pesar de no llevar agua en su tramo bajo por las sangrías, es gratificante.
Los fines de semana no se puede acceder en vehículo hasta Camarate. Han habilitado una lanzadera que es la única autorizada a recorrer los cinco kilómetros del carril.
Los barrancos con humedad los delata la vegetación.
Entrada a la Dehesa de Camarate.
Hoy hemos intentado un recorrido distinto fuera de la pista que asciende hasta el Tentadero.
Además de no estar muy señalado nos ayudarán a equivocarnos la multitud de ramales que el ganado va dibujando sobre las laderas.
Todo árbol distinto a las encinas quedan señalados.
Río Alhama, por debajo del Cortijo Camarate.
Lo que queda del Cortijo habitado, en su día, por al mayoral de la dehesa.
De ésta pequeña construcción sólo quedan retazos de las paredes y un nacimiento de agua próximo.
Mi compañero de "andanzas" presumiendo de altura.
Mitad derecha del cortijo Camarate, en bastante mal estado, una buena nevada acabará colapsando su techumbre.
Pascual, hombre abierto y simpático, en medio de su rebaño. Agradecerle la paciencia informativa con que me ilustró.
Del mismo cortijo arranca un carril que tras atravesar el río Alhama recorre la loma enfrentada al cortijo.
El año ha sido funesto en cuanto a lluvias y eso se reflejaba en la vegetación que no mostraba el lustro y la viveza de años anteriores.
Barranco por el que discurre la parte alta del río Alhama.
De nuevo, en el carril principal, compartiendo espacio con ciclistas.
Y llegados al Tentadero nos recibe este "pordiosero".
Tentadero en la parte alta de la Dehesa.
Entre las lomas de Las Hoyas y la Del Espìno se ubican los prados más altos de la Dehesa, Entre los Barrancos Chapitel, Chorreras, Espino y Guadix y sus respectivos arroyos formando la cabecera del río Alhama, en las faldas del Picón de Jérez.
Desde la cota 2.000 echamos un vistazo hacia abajo. De derecha a izquierda las poblaciones de Lugros, Polícar y Beas de Guadix.
Posiblemente el macho con mayor cornamenta de los muchos que he avistado en Sierra Nevada.
Picón de Jérez (3.090 metros).
Cerro del Mirador Alto (2.674 metros)
Mirador Bajo (2.550 metros).
Muro de contención elaborado en piedra local en seco (sin argamasa alguna).
El carril recorre en su primer tramo el umbrío Barranco de las Rozas, compartiendo espacio con el arroyo.
Cerca de la entrada estas construcciones con rediles anexos, donde se cargaban y descargaban las reses para su traslado.
Construcción en ruinas junto a la entrada de la Dehesa.
Minúscula ermita con espadaña. Sólo estaba cubierta la zona del altar adosado a la pared y de espalda a los fieles.
Arroyo que baja por al Barranco de Guadix y que en la misma puerta de la Dehesa se une al río Alhama.
Hoy las pocas reses que hemos visto estaban en las orillas del río Alhama pero fuera del recinto de la Dehesa.
Una vez, ya de regreso, que hemos abandonado el barranco tomo esta foto donde destaca como horizonte la larga Sierra de Harana.
Consciente de que mi acompañante J.M. no conoce la Dehesa de Camarate, propongo esa salida que él acepta encantado. Durante la jornada le ofrezco, como es habitual en mí, a colaborar en las impresiones de la jornada, ofrecimiento que se toma al pié de la letra y una vez vista la amplitud de sus aportaciones decido cederle a él toda la literatura, limitándome yo a trasladarlas al blog.
Excursión al Camarate el Jueves 17.XI.16
Iniciamos el viaje a las 7 de la mañana desde el Covirán de Santo Tomás de Villanueva. Purullena, Lugros y comenzamos a andar a las 8 y veinte. Después de dejar el coche a una media hora de la “puerta” iniciamos el recorrido a pie. Hace frío y empieza poco después a verse el sol en la cimera de algunos montes que cercan el lugar donde nos encontramos. No se pueden llevar los bastones y hay que meterse las manos en los bolsillos. Ignacio los ha sustituido por la máquina de fotos. Emprendemos el viaje por un sendero desconocido por Ignacio y arremetemos para arriba a través de una vereda que se ve en ocasiones y en otras se insinúa y a veces hay que retroceder. Ignacio dispara la máquina cada dos por tres ¡hay encuadres que solo él ve y valora!..... Llegamos después de rectificar el camino a una edificación caída a la que cuesta acceder por la maleza que la circunda que luego resultó ser la casa del capataz del Cortijo Camarate. Un poco más y llegamos al cortijo ¡qué bueno ya hace sol! y ¡un sol magnífico de Noviembre!; allí hay ganado ovino pastando y, como suele suceder en estos casos, vienen a recibirnos dos o tres perros que, al modo indio, nos acompañan hasta el cortijo. Uno de ellos ladra y ladra ¡es señal de buena salud para él! los otros dos son muy afables moviendo el rabo. Falta el pastor aunque al poco rato aparece en un destartalado Land Rover que viene cargado con el alimento para los animales; se llama Pascual y nos asesora y da permiso para atravesar el cortijo y seguir por una ruta después. ¡Fue emocionante cuando vimos una cabrita recién nacida! ¡Cómo se movía con sus patas delanteras y casi arrastrando las traseras! Iba en busca de leche. Pascual nos aseguró que esa no moriría pues sabía buscarse la vida y que había otra recién nacida un poco más lejos de allí. Nos retiramos un poco para que su madre que estaba cerca y recelosa se acercase al animalito a lamerle acariciándole de este modo. Ignacio habla y habla con Pascual ¡se aprende tanto de los pastores! me aseguraría después. En el Land Rover llevaba todo tipo de sacos con pienso para las ovejas que acudieron todas a una cuando le vieron y él empezó a derramar el contenido de los sacos mientras ellas corrían en su misma dirección. En la baca del coche llevaba hatos de paja para las que estaban criando.
Seguimos nuestro camino y poco más tarde y después de unas fotos en lo alto de una piedra llegamos al tentadero en donde apareció un magnífico zorro que acudió a nuestro lado de momento. ¡Era un descarado! Y sabía hacer todo tipo de carantoñas para lograr que le echásemos algo de la comida que llevábamos. Aquí comimos aunque al zorro no le dimos nada pues (aseguró Ignacio) a los animales salvajes no hay que echarle comida. Subimos después de comer por un sendero y nos cruzamos con algunos ciclistas y así hasta las 12,45 en que nos dimos la vuelta. Al iniciar la vuelta descubrimos un alto con piedras y subimos a otear desde allí. Fue bueno pues a poca distancia estaba comiendo una cabra con una cornamenta espectacular que no nos olía ni veía porque el viento le era contrario Ignacio se despachó bien con el animal y empezó a fotografiarle de lejos y de cerca aunque llegó un momento que nos olió y empezó a retirarse tranquilamente. Seguimos y nos metemos por una cañada en dónde se ven paisajes llenos de colorido, aunque no tanto como otros años pues éste solo ha recibido 30 litros de agua durante todo él como nos había dicho Pascual y ¡esto se nota!. De todas formas el disparador de la máquina suena una y otra vez. En un mirador de unas rocas nos encontramos con un paisanaje que estaba comiendo y nos saludamos. Volvemos a la carretera y siguiéndola llegamos al final a la puerta del inicio en donde hay unas construcciones que tengo que adivinar. Resulta que es una ermita que tiene un altar dando al frente y detrás una construcción que, aunque difiera de Ignacio, es la verdadera ermita pues tiene apariencia de nave y allí estaría el altar interior.
Recorrido de media hora hasta el coche y llegamos a las tres y media. Total siete horas de andadura contando la parada de la comida.
El regreso en coche es por otro camino interior pasando por Quentar y su pantano que está el pobre muy bajo de agua. Pero se llenará, como siempre ocurre, a partir de esta próxima semana que se anuncian lluvias. Son las cinco y estamos en Granada “en el Covirán de Santo Tomás de Villanueva” con tiempo para hacer ambos otras cosas durante el resto de tarde. ¡Oxigenación y ejercicio perfecto!.
Desnivel en subida: 675 metros Cerro
de los Bolos 12’00
- 12’30h.
Rangos de temperatura: de 3ºC a los 16’5ºC
Hacía
casi tres años que no visitaba la Dehesa de Camarate y recordando que me
faltaba por caminar un tramo de la etapa 17 del sendero Sulayr he querido aunar
objetivos en esta visita. Dado que ahora por la mañana la escasa luz (en
Camarate donde su tramo inicial está bastante encerrado en el barranco), hace que las fotos salgan con un tono azulado poco real, voy a iniciar el relato en
el punto final del recorrido y terminarlo en el inicio.
El
acceso a Camarate desde Lugros se puede afrontar desde dos puntos, que yo conozca.
Uno es desde el Molino de las Herrerías (puente de las Herrerías), medio
kilómetro antes del pueblo de Lugros en la propia carretera de acceso, para
progresar junto a una acequia hasta llegar al río Alhama y ascender por él
hasta la puerta de la Dehesa. Otro es avanzar esos 5 kilómetros y aparcar en la
misma puerta. Yo hoy he escogido este segundo por haber andado ya el otro recorrido y disfrutar de más tiempo arriba.
La
etapa 17 del sendero Sulayr enlaza refugios: Postero Alto con el refugio de
Peña Partida, donde se alcanza la cota máxima (2.430 metros) a lo largo de sus 300 kilómetros; el primero asistido, con acceso para vehículos y amplio aparcamiento; el segundo pequeño, no asistido, sin posibilidad de acceso motorizado y enclavado en la cota mas alta que tiene el recorrido. Voy a iniciar el relato en el Cerro de los Bolos (aproximadamente a unos 6 kilómetros del refugio Postero Alto y en la cota 2.000 metros). Es donde se
sobrepasa definitivamente el bosque de repoblación de pinos y aparece el
piornal que ya no abandonaré en el resto de la etapa. Aquí he aprovechado
para descansar durante una media hora a la vez que me comía el preceptivo
bocadillo.
Ante
mí aparece el Barranco Bernal, cubierto con una espesa masa de pinos de
repoblación que sólo permite una nota de color al fondo del barranco donde los
chopos, alimentados por el arroyo rompen la "monocromía", eso percibo si miro loma abajo. Hacia arriba el piornal, dominando toda la extensión a la que tengo acceso
visual. Estoy en la ladera del Mirador Bajo y aparentemente hacia él se dirigen las
rodadas que tengo que seguir, pero pronto el sendero las abandona desviándose hacia la derecha, bordeándolo por su falda en busca del collado coronado con rocas muy visibles que está a la derecha.
Entre ellas atravesaré por un portillo destartalado una valla ganadera que se prolonga loma
arriba buscando la cima. No olvido nunca de cerrar los portillos por los que accedo, si están en condiciones de hacerlo, ya que el abandono han echado a perder muchos de ellos.
Cambio de término municipal, abandonando el de Jérez del Marquesado me introduzco en
el de Lugros por el que me voy a mover hasta finalizar la jornada. Las lluvias
(nieves en las cotas altas) de estos días pasados han dejado multitud de
pequeñas pozas en las rocas y el cielo limpio, arrastrando la polución hasta el suelo, lo que
me permite divisar con bastante nitidez las distintas sierras de las provincias de Granada y Jaén: Sierras de Baza, Cazorla, Serrezuela de Jódar, Mágina, Mirador Alto y Bajo y
Morrones (estos dos último en la propia Sierra Nevada).
Aquí
el sendero -en suave descenso- atraviesa la loma (donde tiene inicio el Barranco
de las Chorreras) que hoy muestra la totalidad de la gama de los verdes
salpicada por notas coloristas aportadas por los agracejos. Más abajo aparecen
los prados altos de la dehesa y los primeros robles. Cierra esta loma una
crestería rocosa muy llamativa que es donde yo abandonaré el sendero Sulayr para descender a Camarate.
Pero antes llego a un carril amenizado por una acequia y salpicado de
borreguiles (Barranco de las Chorreras).
El
Sulayr, en fuerte repechón, se encarama hacia las Piedras de los Soldados (emergen del suelo ahusadas formaciones rocosas casi verticales), yo
prosigo por el carril hasta una nueva valla y su portillo. Enseguida dejo un pequeño recinto vallado que acoge una estación metereológica mostrando el anemómetro
totalmente estático; el carril prosigue en descenso continuado acercándome a
los prados avistados anteriormente. Por encima de ellos una acequia para
aprovechar el agua de un barranco adyacente y en medio de un extenso y verde prado un
blanco abrevadero muy visible. Estoy en la parte alta de la dehesa. Por ahora
solo vegetación de alta montaña aunque cada vez tienen mayor presencia los
arbustivos.
La
Dehesa de Camarate está considerada como uno de los tesoros botánicos más
preciados del Parque Nacional de Sierra Nevada ya que alberga uno de los bosque
mixtos más completos de la provincia y de buena parte de Andalucía: cerezos
silvestres, robles melojos, serbales, fresnos, sauces, agracejos, majuelos,
quejigos…, además de una amplia fauna: cabra montés (hoy durante todo el día
muy esquiva), jabalí, gato montés, garduña, jineta, águila y búho real, además
de los rebaños de ovejas y el mencionado vacuno. Esta diversidad es la que hace
que durante el otoño presente una imagen especialmente atractiva, mostrando
rojos, ocres, verdes, anaranjados y amarillos en desordenada mezcolanza, para
hacerme disfrutar sobremanera.
A
medio camino entre acceso y zona más alta de la hacienda encuentro un tentadero rodeado de apriscos, no
en vano esta era una dehesa de reses bravas, aunque actualmente no lo parecen tanto ya que me he paseado
entre ellas y en lugar de peligro he percibido más bien demanda de caricias. Junto al pequeño coso un
abrevadero perdido y media docena de imponentes cerezos que aunque presumían todavía de colores rojizos, las últimas lluvias los
han despojado de buena parte de sus hojas, perdiendo prestancia.
Describir
este espectáculo me resulta muy difícil o al menos yo no encuentro las palabras que al leerlas consigan reflejar y expresar la belleza contemplada, así que os remito a la serie
fotográfica que he captado durante la jornada.
Abajo,
junto a la puerta, los restos de unas construcciones; entre ellas la fachada de
una ermita que mostraba hoy una preciosa escalinata de acceso totalmente tapizada por verdes musgos e hierba; algo más arriba los imprescindibles chiqueros donde encerrar los animales antes de su carga/descarga
en camiones para el transporte. Y donde se unen los diferentes arroyos formando
el río Alhama, la puerta de acceso a la dehesa. Se puede afirmar que el río Alhama y sus arroyos afluentes vertebran toda esta Dehesa de Camarate.
Todavía
en el carril de salida me he visto bloqueado por una montonera de piedras
ocupando todo el ancho de la carretera. Están arreglando el acceso y habían
descargado un camión de aparatosas y blancas rocas para elaborar un talud lateral e
impedir que el río se coma la carretera. Casi una hora de espera viendo el dominio mostrado por el conductor con la maquinaria en el manejo y colocación de las piedras, para terminar con una colaboración de los "obligados mirones" para rematar los trabajos retirando las piedras más menudas, terminando de despejar la vía y poder
proseguir, antes de que se cumpliera la amenaza de otra descarga por parte de otro camión que había anunciado su llegada.
Recordatorio: en nuestras salidas al campo
sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y
residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.