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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Rio Blanco desde el Cortijo La Tejera (Sierra Harana).


Área recreativa Fuente  de Los Potros.


A pesar de los pronosticos favorables la mañana empezó así.


Prado Negro entre brumas matinales.


Y por fin el sol salió.


Cortijo Collado de las Aguas, donde comienza el sendero que he decidido seguir hoy.


Desde el Collado de las Buitreras me detengo para admirar el mar de nubes.


Las nubes bajas ocupaban toda la depresión de las Mimbres.


Por la mañana una moderada escarcha cubría toda la vegetación.


Cortijo La Tejera junto al que nace el río Blanco.


Peñón del Jorobado y de la Mata, al fondo. 


Bajos estos gigantes nace el rio Blanco, al pie del Cerro Arana, del que se alimenta.


El río, recien nacido, todavía lleva poca agua, mas tarde sumará otros arroyos.


Estado ruinoso del cortijo La Tejera, al pie del Harana.


Tres campando a sus anchas.


La cabra que nunca falta a su cita conmigo en la Sierra de Harana


Por este collado, entre moles, sube el carril.


Ya de regreso, desde la acequia Fardes, vista de los de siempre.


Fecha: 23-11-2011
M.I.D.E.:2,2,3,4
Duración: 8h (33.900p.)
Desnivel en subida: 800 metros
Rangos de temperatura: de 0ºC a 10ºC


Hoy ha sido un día de transición, en lugar de tener un objetivo claro al que ir me he propuesto merodear por una zona de la Sierra de Harana que aunque entrevista, no la había pisado, sobre todo quería hacer el recorrido del río Blanco, desde el nacimiento que si lo tenía ubicado por haber pasado cerca y las claras indicaciones de los mapas, para seguir su curso rio abajo hasta donde me lo permitiera el terreno o la maleza.

Por otro lado durante toda la semana he tenido dudas por la meteorología hasta que ayer por la noche, haciéndole caso a Maldonado, que me está demostrando que acierta más que nadie, me decidí a salir aun con el temor de mojarme. Siempre, en ésta época llevo la capa en la mochila, porque los chaparrones en las sierras son bastante impredecibles. No ha sido así hoy y aunque mientras subía por la carretera (Puerto de la Mora) las nubes lo cubrían todo y estaban muy bajas, una vez llegado al aparcamiento se comenzaron a abrir claros hasta despejarse casi del todo poco después cuando gané altura.

Poco antes de las ocho de la mañana estaba aparcando el coche en el área recreativa “Fuente de los Potros”. El día era frío, después de echarle una mirada al termómetro del coche y comprobar que marcaba 0ºC, las ganas de salir al exterior se difuminaron, en absoluto me apetecía abandonarlo, pero la voluntad se impuso y una vez dado el primer paso todo lo demás es más fácil. Mientras preparaba la mochila, la cámara, los bastones, se me quedaron las manos heladas. Puestos los guantes y una vez en marcha el cuerpo entra en calor rápidamente y ya sólo me tengo que preocupar de disfrutar.

Junto a la zona de los columpios de los más pequeños (a la derecha del arrollo pero sin cruzarlo), arranca un sendero que asciende entre los pinos para en unos diez minutos escasos acercarme hasta la acequia Fardes, aproximadamente una centena escasa de metros más arriba en la loma. Una vez en ella la sigo en dirección norte, este tramo por la acequia hasta su nacimiento y el siguiente hasta los primeros cortijos es común con el largo sendero de 32 km que saliendo de Puerto Lobo acaba en el Sotillo. A la vez que voy recorriendo la loma, sin apenas desnivel alguno voy viendo cómo todo el valle de las Mimbres se va cubriendo de nubes, se resisten a abandonarlo para lo que se pegan al suelo y se espesan, mientras más alto el sol ya ha hecho acto de presencia y comienza el duelo: hoy me parece que va a ganar el sol.

Una vez llegado a la Fuente Grande (Prado Negro) donde tiene el nacimiento la acequia, cruzo el río Fardes, muy joven todavía y tras un pequeño repecho enlazo con la pista de tierra que sube toda la loma dirección Collado del Agua de los Pozos y Sotillo (Iznalloz). Este tramo de carril sirve de límite al Parque de la Sierra de Huetor por este lado norte. El carril también da servicio a una serie de cortijos que están un poco más arriba (1.500 m). Cuando llego a ellos (Cortijo Collado del Agua, Cortijo Los Castores, etc.), tengo que abandonar el carril por lo que cruzo el curso del río Prado Negro por un puente de cemento junto a una de las construcciones, para iniciar un sendero que sale a la izquierda. Por los prados la senda no es visible pero me ayuda para la orientación unos arbustos que hay por encima y recuerdo que el camino los atravesaba para acercarse a una espléndida era que hay más arriba, a partir de este punto el sendero se muestra ya claro.

Voy a ascender entre el Cerro de los Tejos a mi derecha y el Tajo de las Buitreras a la izquierda, hasta llegar al collado. Este tramo de sendero es molesto de caminar por la cantidad de piedra suelta que lo ocupa, lo que hace que la atención se tenga que centrar en los apoyos de los pies. Yo siempre les digo a mis acompañantes que en los recorridos por las sierras, sobre todo cuando transitamos por las veredas: cuando se mira, no se anda y viceversa. Yo al menos no soy capaz de atender a la observación del paisaje y caminar y cuando lo he hecho en más de una ocasión me ha costado un traspiés, cuando menos.  Es preferible pararse.

Una vez arriba miro hacia las Mimbres y las veo totalmente cubiertas de nubes bajas, pero el último cerro de las Buitreras (1.751 m) me estorba la panorámica. No lo pienso mucho y me lanzo a subirlo imaginando las impresionantes vistas de las que disfrutaré una vez llegue a la cumbre. Una vez arriba el espectáculo visual del “mar de nubes” compensa sobradamente el esfuerzo de la subida, ahora vosotros valorareis si las fotos corresponden o no. Como no es plan de quedarse arriba hasta que el sol consiga diluir las nubes, aparte de que el frio aire de la mañana, activado por la inversión térmica, sumado a que estoy en una zona de umbría, acaba haciendo mella en mi persona, decido dar por finalizado el espectáculo y bajar para proseguir la ruta.

Si la subida con el suelo fuertemente helado y con una apreciable capa de escarcha dificultaba el agarre, la bajada es bastante más delicada, no hay sendero y el campo a través con tanta piedra suelta es un evidente peligro. Con el frío, el cuerpo se entumece y se insensibiliza, aletargando las reacciones por lo que cualquier resbalón puede terminar es torcedura cuando menos, así que aumento la atención por lo que la bajada se prolonga algo más de lo debido. De nuevo en el collado recupero la zona soleada a la vez que el sendero se bifurca, un ramal desciende junto al barranquillo dirección al río y el otro prosigue a media loma en dirección oeste hacia donde está ubicado el Cortijo de la Tejera, junto al que nace el río Blanco, mi objetivo de hoy.

Así que rodeando el Cerro de los Tejos (1.837 m) me encamino hacia el Cortijo. Cuando llego constato que sufre abandono visible desde hace años, los techos de algunas dependencias están hundidos, cascotes y tejas rotas por todos lados, las vigas esparcidas por el terreno, ignoro si los animales disfrutan del don de la intuición ya que se atreven a resguardarse dentro del cortijo con el claro peligro de derrumbe que entraña, la mayoría de las dependencias tienen los techos rotos y alguna de ellas muestra el cielo totalmente.

Un poco por encima del cortijo hay un venero que mana durante todo el año, seguramente es el del que se surtiría el cortijo en su época habitada. Hoy la balsa que recogía el agua esta desecha y el nacimiento riega libremente parte de la loma por la que se derrama en bajada libre. Junto al cortijo, un poco por debajo, hay una hilera de grandes árboles y al pié de éstos ven la luz las primeras aguas que formarán el río Blanco. Es una isla de verdes prados que contiene los únicos árboles de gran porte de la zona. El agua permanece durante todo el año, no en vano rezuma de la gran mole del Cerro Arana (1.975 m), aunque variando bastante el caudal dependiendo de la época en que lo visitemos. Rápidamente comienza el descenso, barranco abajo y yo lo sigo, a ratos apaciblemente por senderos lindantes, a ratos casi por el mismo cauce, cuando la vegetación me lo permite. Ya en los primeros pasos va ganando caudal por los diferentes aportes laterales que recibe, ya que el cerro destila agua por doquier.

Desconozco los criterios que se tuvieron en cuenta para la delimitación del Parque, pero viendo los contornos en el mapa, presupongo multitud de intereses de los distintos municipios implicados. Todo el curso del río Blanco transcurre por territorio externo al Parque Natural. Rodea, primero el Cerro de las Víboras (1.824 m), para tras sinuoso recorrido encaminarse a regar los primeros cultivos del pueblo de Cogollos, dejando a su izquierda el Collado de las Cuevas de Rota (1.739 m), más tarde el Peñón del Jorobado (1.742 m) y por último el Peñón de la Mata (1.669 m). No consigo yo llegar por su cauce tan abajo porque acaba echándome el denso y espinoso matorral que alimenta y que cada vez es más frondoso. Harto de pinchazos y arañazos asumo el desapego que me muestra y decido remontar un poco loma arriba para vislumbrar algún recorrido válido para mis intereses, ya cerca del Cortijo del Moralejo.

Enfrente aparece una posible salida, hay un estrecho carril que se retuerce por la loma de enfrente. Decido buscar un sitio donde la maleza me permita primero acercarme al cauce para después seguir buscando un paso suficientemente falto de vegetación como para poder cruzar a la otra orilla sin gran deterioro de mi ropa y piel, no es campaña fácil ya que aquí, a la sombra del Peñón del Jorobado, se espesa si cabe, aun más la vegetación. Cuando por fin consigo acercarme y cruzar, tras acceder al carril, me percato que más que un carril parece un desafío, con rampas de más del 30% y 40% de desnivel. Imagino que los constructores tuvieron excesiva prisa por llegar arriba o acaso fuera el presupuesto algo escaso. No ostenta rodadas, salvo la del agua de las tormentas en su búsqueda rápida del punto más bajo y no aprecio señales de ningún tránsito rodado por lo que parece que escasos vehículos lo hayan transitado y con estas rampas no me extraña, seguramente los posibles usuarios prefieran hacer más kilómetros y opten por algún otro algo más transitable.

A mí me sirve ya que me acerca, a ratos en las zonas de umbría crujiendo el suelo escarchado bajo cada pisada y en otros, ya soleados, acumulando barro a cada paso haciendo que las botas aumenten de peso exageradamente a la vez que gano algunos centímetros de altura, por lo que veo obligado a sacudir las botas de vez en cuando, para al final, una vez llegado al collado, asomarme a una amplia vaguada, a espaldas y base del Majalijar (cara noroeste). Después de descansar un poco junto a una fuente en la parte más baja de esta depresión al pie de la mayor altura del Parque Natural de la Sierra de Huetor, con amplios prados y donde habitualmente hay ganado suelto. (El Majalijar, techo del Parque, lo forman dos montes gemelos con alturas igualmente pareadas 1.887 m. y 1.878 m. uno dentro del parque y el otro fuera y eso que distan entre sí escasos 100 metros lineales). El nombre parece derivar de la unión de dos palabras: Maja – de majada, lugar de descanso de los rebaños en su tránsito por las sierras y Lijar – lija en relación a la multitud de piedra suelta de forma y tamaños diferentes que cubren prácticamente toda la loma por asociación a los granos del papel.

Tras bordear un par de lomas por senderos adivinados más que seguidos, dado que la fuerte presencia de animales merodeando por aquí hacen que los ramales de las veredas sean más que suficientes para no saber cual escoger, acabando por situar un punto de referencia en la lejanía e intentar llegar a él con el menor desgaste posible. Después de retornar de nuevo al cortijo Collado del Agua y antes de seguir bajando, me acerco a la Majada Redonda ya que me ha llamado la atención mientras que descendía, un grupo de chopos con sus coloridas hojas aislados junto al barranco, así que a media bajada cruzo el arroyo por un decrépito puente de tablas y tras un centenar de metros llego a una explanada de terreno cultivada con los chopos en sus márgenes. Como está delimitada y vallada me conformo con mirar y tomar unas fotos a sus coloridos árboles antes de retroceder.

Ahora sí reanudo definitivamente la bajada por la pista hasta Fuente Grande (Prado Negro) y por el mismo recorrido que hace la acequia, por encima de ella ya que durante este tramos está entubada, atravesar la Majada y Cañada del Moro primero, con las casas de Prado Negro siempre a la vista y a la izquierda, para seguir bordeando el Tajo de las Garduñas, Tajo de los Halcones y acabar finalmente accediendo a la explanada de las Mimbres donde tengo el coche esperándome. Hoy en lugar de regresar por la autovía he decidido, ya que hace años que no lo hago, retornar atravesando todo el Parque para salir por Alfacar. Son unos diez kilómetros, los dos o tres primeros asfaltados, los siguientes de tierra, pero muy cuidado el carril lo que permite disfrutar del recorrido sin tener que estar excesivamente atento a la conducción para esquivar los habituales baches de estos trazados.










domingo, 13 de febrero de 2011

Albayzín y sus Aljibes (Granada)




Aljibe de la Rábita o de la Vieja en la Plaza Tres Estrellas, de 31 metros cúbicos de capacidad. s. XIV Nazarí.
Pudo estar asociada a la mezquita del Olivo (Yami al-Zaytuna). De nave rectangular esquifada cortada
perpendicularmente por otra de cañón. Ha sufrido diferentes remodelaciones por estar integrada en el
muro de contención de un carmen.


Aljibe de San Luis (4,5 metros cúbicos), por debajo de la Iglesia y en la calle del mismo nombre.
s.XIV-XV Nazarí. Posiblemente sólo tuviera uso para decantación y paso en ramal secundario
de la acequia. Junto a ella existió una mezquita, sobre la que se construyó la actual iglesia (ruinas).



Aljibe de Polo de 50 metros cúbicos en la calle Panaderos. s.XIII Nazarí. De arquitectura
compleja con dos naves paralelas con distinto ancho. La bóveda mayor en la que aparece el
brocal fue remodelada a principios del siglo XX.




Aljibe de la Aljama de los Conversos (17 metros cúbicos) en la Plaza de Cruz de Piedra. s.XIV Nazarí
De planta rectangular con dos bóbedas de cañón. Es la más alta, de las que se conocen, muy cerca de la puerta de Fajalauza por donde entra la acequia en el barrio.



Aljibe de Santa Isabel de los Abades, en la calle de San Luis frente a la calle De la Vieja y 30 metros cúbicos de capacidad. s.XIII Nazarí. Ubicada junto a una mezquita (Yami Susuna) demolida en el siglo XVII. De planta rectangular con bóveda aquillada sin cimbra, algo muy inusual entre las construcciones nazaríes. La elevación de la calle deja semi-oculta parcialmente a la vez que presenta serios deterioros. 



Aljibe De Paso o San Gregorio Alto, ubicada en la calle San Gregorio. (12 m. cúbicos).
s.XIII-XV Nazarí. Usado como depósito de decantación en el ramal principal de la acequia.
El el único que no estaba sujeto a horarios para su llenado.


Aljibe del Salvador con 19 metros cúbicos de capacidad) en la Plaza del Salvador. s.XII-XV Nazarí.
De nave rectangular y bóveda esquifada. Sufrió remodelación en el año 1940, lo que nos da la visión exterior.


Otra toma del aljibe del Salvador.



Aljibe dentro del patio de la Iglesia del Salvador, antigua Mezquita Mayor del Albaicín. Este patio junto con su pórtico y algunas de las columnas de su interior es lo que perdura de la construcción original. 


Aljibe Peso de la Harina  o del Rabad al-Bayda de 22 metros cúbicos, mediada la Cuesta del Chapiz.
s.XIV Nazarí. Estuvo situada junto a la mezquita del Jorobado (Yami al-Ahdab). De nave rectangular
con cubierta en dos tramos a desigual altura. La parte visible ha sufrido remodelación moderna.



Aljibe Aljama Al-Murabiti (71 metros cúbicos), junto a la Iglesia de San josé. s.XII Zirí.
Ubicado entre el almiar y la iglesia, es de planta rectangular dividida en dos tramos con
dos lumbreras cenitales que permitieron la extracción de agua directamente desde la propia
mezquita. Actualmente encima del aljibe se sitúa el coro. Actualmente desde la calle sólo se ve
la boca y el primer tramo de la nave.  


Aljibe Alcadin o del Rey (300 metros cúbicos y mayor en capacidad), en la Placeta de las Azucenas.
 s.XI Zirí. La única de la que estaba permitido que se sirvieran los agüadores para su venta posterior. 
De planta basilical con cuatro naves con bóvedas de cañón. El presentar lumbreras en su 
techumbre denota que se aprovisionó también de agua de lluvia. La bocana, situada en uno de
los ángulos, es de construcción moderna. Actualmente se permiten visitas a su interior. 



Aljibe de Bibalbonut o de San Agustín, (21 metros cúbicos), en la Placeta del Abad. s.XIII-XV Nazarí.
Ubicada junto a la puerta de los Estandartes o Bab al-Bunud de la que sólo
queda un torreón. Planta en forma de T, portada restaurada en 1943. 


Aljibe de las Tomasas, Grande o Nuevo de la Alcazaba  (154 metros cúbicos), en el Carril de las Tomasas.
De planta casi cuadrada con cuatro pilares que sostienen bóvedas de arista ocultas bajo la placeta superior.
Similar en su diseña a la de la Capilla Real 


Aljibe de Los Negros  (15 metros cúbicos), en la Cuesta de las Tomasas. s.XII-XV, Zirí, Nazarí.
De planta circular rematada en cúpula presentando al exterior un brocal. Es única entre el
conjunto de aljibes. 


Aljibe de San Nicolás (62 metros cúbicos), junto a la Iglesia y el mirador de San Nicolás. s.XV-XVIII
Anómala en su arquitectura, es de planta casi cuadrada con bóveda de cañón. Su aspecto inusual junto
con la portada conteniendo hornacina hace pensar en su construcción cristiana.



Aljibe de San Miguel Bajo (90 metros cúbicos), en la misma fachada de la iglesia. s.XIII Nazarí.
De planta irregular: callejón de formas quebradas que se hace visible desde el interior de la
capilla bautismal que consta de cuatro bóvedas de cañón sustentadas por pilar central.




Aljibe de Zenete en la calle del mismo nombre con 37 metros cúbicos de cabida. s. XVI Mudejar.
Construida en 1517. De planta rectangular con bóveda de cañón protegiendo la boca, boca
 descentrada con respecto al eje longitudinal.



Aljibe de San Bartolomé con capacidad hasta 30 metros cúbicos, adosada a la iglesia del mismo nombre.
s.XIV Nazarí. Ubicada junto a la mezquita Burriana, hoy bajo la capilla bautismal de la iglesia. Su portada
se abre al exterior, en la plaza, junto a ella un arquillo ciego, resto de una alcubilla.





Aljibe de Trillo (50 metros cúbicos) en la plaza del mismo nombre. s.XIV Nazarí. Interior
de una sola nave con dos tramos de bóveda esquifada y cañón. Portada de herradura suave-
mente apuntada cobijando la bocana. Una de las aljibes mas ornamentales de todo el
Albaicín, presenta restos de azulejos en sustitución de los originales. Ubicada bajo el
jardín de un carmen. 



Aljibe de Xarea o de San Cristóbal (13 metros cúbicos), junto a la iglesia del mismo nombre. s.XIII Nazarí.
Es la de mas compleja ejecución arquitectónica. Se accede mediante escalera de planta octogonal para descender
los 6'30 metros de desnivel por debajo de calle a la que se encuentra. El depósito de planta rectangular con bóveda
de cañón. En la base de la escalera de abre una pequeña puerta que da acceso a una mina que cruza bajo la  iglesia.  



Aljibe Colorado  o de la Xarea, (35 metros cúbicos) en la calle Larga de San Cristóbal. s.XIV Nazarí.
Integrada en la casa núm. 20 de la calle haciendo esquina con callejón sin salida. El nombre
 de Xarea lo comparte con el de la iglesia de San Cristóbal y fue utilizado en 1892 por Gómez-Moreno.



Aljibe de San Idelfonso (39 metros cúbicos), en la calle Sacristía de San Idelfonso. s.XIV-XV Nazarí
Actualmente dentro de una construcción particular. De nave rectangular con bóveda de medio
cañón, de trazado irregular (restaurada quizás en 1728 al sufrir serios deterioros tras una tormenta.
Aljibe de la Mezquita Mayor o Sagrario (157 metros cúbicos y segunda en capacidad de las que
permanecen), en la fachada de la Capilla Real. s.XI Ziri. Tras la toma de Granada se sustituye 
la mezquita mayor por la Capilla Real quedando, tras diversas remodelaciones. Es un aljibe de varias
 naves cubiertas con bovedas de aristas con seis pilares, enlucido todo el conjunto con mortero
de cal muy bien conservado. Actualmente solo aflora un brocal redondo que no es el original.

Esta otra ubicada en el Realejo, ha estado tapada durante años por estar en obras la fachada que la acoge.




Fecha: 16-2-2011 (actualizado  marzo de 2014)

No podemos hablar de los abundantes aljibes que siembran las calles del Albayzín sin antes hacer referencia al origen del agua que los alimenta. Parece que ya en tiempos romanos aprovecharon el agua de Fuente Grande (Alfacar), encauzada a través de una acequia para acercarla primero hasta la población de Viznar y poder abastecer las casas y regar las tierras de ese pueblo. Pero sin duda son los árabes los que hacen una aportación valiosísima en la cultura del agua. Conciben el agua como un regalo divino que cumple una misión social dando un servicio que ha de llegar a todos, por lo que su reparto y consumo se rige por normas severas y abarca todos los aspectos de la vida: religioso, riego, industria, baños…

Cuando los ziríes a primeros del s. XI deciden trasladarse de Elvira (junto a la actual Atarfe), hasta la Alcazaba, comienza el engrandecimiento de Granada. Son los constructores del recinto amurallado del Albayzín y los artífices del encauzamiento de las aguas de la acequia de Aynadamar para abastecer de agua el gran barrio que será sede de asentamientos palaciegos.

Tiene la acequia de Aynadamar (Fuente de Las Lágrimas), ya más de diez siglos y discurre a lo largo de sus más de trece kilómetros atravesando y regando Viznar y  El Fargue antes llegar a su destino final: el Albayzín. Su uso agrícola se sustenta en Ordenanzas y Cédulas Reales sancionadas ya por los Reyes Católicos y su nieto Carlos I. Además de dar vida, sentido lúdico y ornamental a los cármenes albaicineros, son muchos los empleos industriales para los que se usó su agua a lo largo de su recorrido, en su mayoría molinos harineros aprovechando el desnivel existente entre su nacimiento y destino, más tarde reciclados en fábricas de tejidos, y por supuesto molinos de salitre embrión de la posterior Fábrica de Pólvoras de El Fargue, hasta llegar finalmente a su destino y dar de beber a más de 50.000 habitantes como servicio público a través de una red arterial jalonada de aljibes, a la vez que asistir a todas las mezquitas con un claro propósito sagrado.

La prioridad del agua está claramente decantada para surtir en primer lugar a los aljibes y después para casas, huertos, albercas, etc. Había un cuerpo de aljiberos y cañeros que eran los responsables y cuidadores de toda la red así como de los turnos y arreglos necesarios para el buen funcionamiento, los turnos se distribuían por parroquias, cada cual tenía asignado un turno de noche, un día a la semana.

La palabra aljibe, de origen árabe, describe un depósito subterráneo para almacenamiento de agua. Pero en el Albaicín por su número y ubicación supera en mucho el mero aprovisionamiento, para convertirse en un servicio público, que primero los árabes y más tarde los cristianos disfrutaron para el suministro de barrios y casas. Servicio que ha perdurado hasta los años setenta del siglo pasado.

Es de suponer que en su tiempo se construyeron muchos mas aljibes de los que nos quedan hoy día. Hay que pensar que su construcción se hizo a lo largo de más de tres siglos, adaptándose a las nuevas necesidades que iban surgiendo conforme el barrio iba creciendo y atrayendo nuevos pobladores. Entre las que perduran podemos distinguir tres tipos. Unas, las más abundantes, abovedadas con una o varias salas, generalmente a nivel del suelo en que se sustentan por lo que son rápidamente reconocibles; otras bajo el nivel del suelo que las circunda, dándose en este caso dos situaciones: las que sólo se delatan por un acceso tipo alcantarilla (la de Los Negros y la de La Victoria o del Piki), o la que está toda su estructura en el subsuelo aunque mantenga la fisonomía clásica (Xarea o San Cristóbal, unos seis metros por debajo del terreno colindante).

A fecha de hoy diferentes autores en sus recopilaciones de los aljibes del Albayzín barajan cifras dispares, ya sea porque no mencionan algunos perdidos, ya porque no contabilizan los que han quedado integrados dentro de propiedades particulares. En mis recorridos por el barrio he localizado 24 aljibes, y esas son los que a través de mis fotografías os voy a mostrar, (las dos últimas fuera del barrio del Albaicín).

Aunque la entrada de la acequia Aynadamar es sólo una, enseguida se ramifica para tomando la forma arbórea cubrir las necesidades de todas las parroquias y zonas del barrio. No todas las aljibes cumplen de igual forma su fin: unas, las más pequeñas suelen ser de paso, generalmente de una sola bóveda, sirven para control y decantamiento de los limos que pudieran arrastrar las aguas. Otras, son verdaderos depósitos con una arquitectura más evolucionada, con varias naves e incluso un complejo entramado de columnas. La más pequeña con 4’5 metros cúbicos y la mayor con 300 metros cúbicos de capacidad, dan muestra de la alta gama de tamaños mostrada por los constructores, intentando adecuarlas a las necesidades o categoría de las distintas zonas habitadas a las que servían. No es casual que la mayor se encuentre junto a los palacios de Dar-al-Horra (aljibe Del Rey).

En cuanto al itinerario si se decide visitarlas lo dejo al albedrío de cada cual dada la gran dispersión de las mismas (Peso de la Harina e Iglesia de San Idelfonso) y la diferente altura a la que se encuentran dentro del barrio (Aljama de los Conversos o Cruz de Piedra e Iglesia de San José), lo que hace que su recorrido no se pueda hacer en una sola visita, sugiriendo programar varios itinerarios a criterio del visitante. Para facilitar esta labor, junto a la foto del aljibe pondré la calle en donde está ubicada.

Para terminar mencionar una serie de aljibes que aunque se conoce su existencia no son visitables por haber quedado dentro de propiedades particulares:
Aljibe de Alhacaba (situada en la cuesta del mismo nombre en la casa nº 110) s.XII-XIV Nazarí. Ubicada frente a la Plaza de Almona donde existió una mezquita. Es un pequeño deposito que se usaba con almacen. El quedar integrado en una vivienda particular ha desfigurado su estructura perdiendo la techumbre abovedada.
Aljibe de la Gitana (dentro del Carmen de la Muralla, cegada actualmente). s. XI Zirí. Se conserva, aunque parcialmente cegada bajo el edificio de propiedad municipal del Carmen de la Muralla, como todos alimentada por uno de los ramales de la Acequia Aynadamar que baja por el Arco de las Monjas y palacio Dar-al-Horra.
Aljibe del Gato o María la Miel (27 m/cúbicos). s.XII=XV Nazari. Actualmente dentro de un carmen: Nuestra Señora de las Angustias. De pequeña capacidad, planta rectangular y cubierta con bóveda de cañón. Actualmente cumple la misión de museo familiar.
Aljibe de Plaza de Nevot. No he encontrado referencias descriptivas.
Aljibe de Plaza de Cruz Verde. s.XII-XV Zirí, Nazarí. Actualmente bajo un jardín particular. De planta rectangular, aunque las diferentes obras le han hecho perder su estructura, esta considerada como una de las mas antiguas del barrio.
Aljibe de la Victoria o Piki. Actualmente solo denuncia su presencia un cierre metálico que apenas sobresale del suelo en medio de una plazuela empedrada.
Aljibe Oidores. s. XII-XV, Zirí, Nazarí y Mudejar. Con capacidad para 36 metros cúbicos. Ubicada bajo un patio de una casa particular. Presumiblemente integrada en su día en alguna de las mezquitas que existieron en los alrededores. Su construcción se dilató en el tiempo o sufrió transformaciones por lo que tiene elementos de época zirí, nazarí y cristiana. Es de planta rectangular y bóveda de cañón.


No quiero despedir esta entrada sin recomendar un precioso libro y quizás el mejor sobre el recorrido de la acequia Aynadamar: "Aynadamar de Fuente Grande al Albayzín" de Francisco González Arroyo y Salvador Ruiz Caballero.

Mencionar que parte de la documentación escrita la he tomado de la Agencia Albaicin Granada.