miércoles, 30 de noviembre de 2011

Rio Blanco desde el Cortijo La Tejera (Sierra Harana).


Área recreativa Fuente  de Los Potros.


A pesar de los pronosticos favorables la mañana empezó así.


Prado Negro entre brumas matinales.


Y por fin el sol salió.


Cortijo Collado de las Aguas, donde comienza el sendero que he decidido seguir hoy.


Desde el Collado de las Buitreras me detengo para admirar el mar de nubes.


Las nubes bajas ocupaban toda la depresión de las Mimbres.


Por la mañana una moderada escarcha cubría toda la vegetación.


Cortijo La Tejera junto al que nace el río Blanco.


Peñón del Jorobado y de la Mata, al fondo. 


Bajos estos gigantes nace el rio Blanco, al pie del Cerro Arana, del que se alimenta.


El río, recien nacido, todavía lleva poca agua, mas tarde sumará otros arroyos.


Estado ruinoso del cortijo La Tejera, al pie del Harana.


Tres campando a sus anchas.


La cabra que nunca falta a su cita conmigo en la Sierra de Harana


Por este collado, entre moles, sube el carril.


Ya de regreso, desde la acequia Fardes, vista de los de siempre.


Fecha: 23-11-2011
M.I.D.E.:2,2,3,4
Duración: 8h (33.900p.)
Desnivel en subida: 800 metros
Rangos de temperatura: de 0ºC a 10ºC


Hoy ha sido un día de transición, en lugar de tener un objetivo claro al que ir me he propuesto merodear por una zona de la Sierra de Harana que aunque entrevista, no la había pisado, sobre todo quería hacer el recorrido del río Blanco, desde el nacimiento que si lo tenía ubicado por haber pasado cerca y las claras indicaciones de los mapas, para seguir su curso rio abajo hasta donde me lo permitiera el terreno o la maleza.

Por otro lado durante toda la semana he tenido dudas por la meteorología hasta que ayer por la noche, haciéndole caso a Maldonado, que me está demostrando que acierta más que nadie, me decidí a salir aun con el temor de mojarme. Siempre, en ésta época llevo la capa en la mochila, porque los chaparrones en las sierras son bastante impredecibles. No ha sido así hoy y aunque mientras subía por la carretera (Puerto de la Mora) las nubes lo cubrían todo y estaban muy bajas, una vez llegado al aparcamiento se comenzaron a abrir claros hasta despejarse casi del todo poco después cuando gané altura.

Poco antes de las ocho de la mañana estaba aparcando el coche en el área recreativa “Fuente de los Potros”. El día era frío, después de echarle una mirada al termómetro del coche y comprobar que marcaba 0ºC, las ganas de salir al exterior se difuminaron, en absoluto me apetecía abandonarlo, pero la voluntad se impuso y una vez dado el primer paso todo lo demás es más fácil. Mientras preparaba la mochila, la cámara, los bastones, se me quedaron las manos heladas. Puestos los guantes y una vez en marcha el cuerpo entra en calor rápidamente y ya sólo me tengo que preocupar de disfrutar.

Junto a la zona de los columpios de los más pequeños (a la derecha del arrollo pero sin cruzarlo), arranca un sendero que asciende entre los pinos para en unos diez minutos escasos acercarme hasta la acequia Fardes, aproximadamente una centena escasa de metros más arriba en la loma. Una vez en ella la sigo en dirección norte, este tramo por la acequia hasta su nacimiento y el siguiente hasta los primeros cortijos es común con el largo sendero de 32 km que saliendo de Puerto Lobo acaba en el Sotillo. A la vez que voy recorriendo la loma, sin apenas desnivel alguno voy viendo cómo todo el valle de las Mimbres se va cubriendo de nubes, se resisten a abandonarlo para lo que se pegan al suelo y se espesan, mientras más alto el sol ya ha hecho acto de presencia y comienza el duelo: hoy me parece que va a ganar el sol.

Una vez llegado a la Fuente Grande (Prado Negro) donde tiene el nacimiento la acequia, cruzo el río Fardes, muy joven todavía y tras un pequeño repecho enlazo con la pista de tierra que sube toda la loma dirección Collado del Agua de los Pozos y Sotillo (Iznalloz). Este tramo de carril sirve de límite al Parque de la Sierra de Huetor por este lado norte. El carril también da servicio a una serie de cortijos que están un poco más arriba (1.500 m). Cuando llego a ellos (Cortijo Collado del Agua, Cortijo Los Castores, etc.), tengo que abandonar el carril por lo que cruzo el curso del río Prado Negro por un puente de cemento junto a una de las construcciones, para iniciar un sendero que sale a la izquierda. Por los prados la senda no es visible pero me ayuda para la orientación unos arbustos que hay por encima y recuerdo que el camino los atravesaba para acercarse a una espléndida era que hay más arriba, a partir de este punto el sendero se muestra ya claro.

Voy a ascender entre el Cerro de los Tejos a mi derecha y el Tajo de las Buitreras a la izquierda, hasta llegar al collado. Este tramo de sendero es molesto de caminar por la cantidad de piedra suelta que lo ocupa, lo que hace que la atención se tenga que centrar en los apoyos de los pies. Yo siempre les digo a mis acompañantes que en los recorridos por las sierras, sobre todo cuando transitamos por las veredas: cuando se mira, no se anda y viceversa. Yo al menos no soy capaz de atender a la observación del paisaje y caminar y cuando lo he hecho en más de una ocasión me ha costado un traspiés, cuando menos.  Es preferible pararse.

Una vez arriba miro hacia las Mimbres y las veo totalmente cubiertas de nubes bajas, pero el último cerro de las Buitreras (1.751 m) me estorba la panorámica. No lo pienso mucho y me lanzo a subirlo imaginando las impresionantes vistas de las que disfrutaré una vez llegue a la cumbre. Una vez arriba el espectáculo visual del “mar de nubes” compensa sobradamente el esfuerzo de la subida, ahora vosotros valorareis si las fotos corresponden o no. Como no es plan de quedarse arriba hasta que el sol consiga diluir las nubes, aparte de que el frio aire de la mañana, activado por la inversión térmica, sumado a que estoy en una zona de umbría, acaba haciendo mella en mi persona, decido dar por finalizado el espectáculo y bajar para proseguir la ruta.

Si la subida con el suelo fuertemente helado y con una apreciable capa de escarcha dificultaba el agarre, la bajada es bastante más delicada, no hay sendero y el campo a través con tanta piedra suelta es un evidente peligro. Con el frío, el cuerpo se entumece y se insensibiliza, aletargando las reacciones por lo que cualquier resbalón puede terminar es torcedura cuando menos, así que aumento la atención por lo que la bajada se prolonga algo más de lo debido. De nuevo en el collado recupero la zona soleada a la vez que el sendero se bifurca, un ramal desciende junto al barranquillo dirección al río y el otro prosigue a media loma en dirección oeste hacia donde está ubicado el Cortijo de la Tejera, junto al que nace el río Blanco, mi objetivo de hoy.

Así que rodeando el Cerro de los Tejos (1.837 m) me encamino hacia el Cortijo. Cuando llego constato que sufre abandono visible desde hace años, los techos de algunas dependencias están hundidos, cascotes y tejas rotas por todos lados, las vigas esparcidas por el terreno, ignoro si los animales disfrutan del don de la intuición ya que se atreven a resguardarse dentro del cortijo con el claro peligro de derrumbe que entraña, la mayoría de las dependencias tienen los techos rotos y alguna de ellas muestra el cielo totalmente.

Un poco por encima del cortijo hay un venero que mana durante todo el año, seguramente es el del que se surtiría el cortijo en su época habitada. Hoy la balsa que recogía el agua esta desecha y el nacimiento riega libremente parte de la loma por la que se derrama en bajada libre. Junto al cortijo, un poco por debajo, hay una hilera de grandes árboles y al pié de éstos ven la luz las primeras aguas que formarán el río Blanco. Es una isla de verdes prados que contiene los únicos árboles de gran porte de la zona. El agua permanece durante todo el año, no en vano rezuma de la gran mole del Cerro Arana (1.975 m), aunque variando bastante el caudal dependiendo de la época en que lo visitemos. Rápidamente comienza el descenso, barranco abajo y yo lo sigo, a ratos apaciblemente por senderos lindantes, a ratos casi por el mismo cauce, cuando la vegetación me lo permite. Ya en los primeros pasos va ganando caudal por los diferentes aportes laterales que recibe, ya que el cerro destila agua por doquier.

Desconozco los criterios que se tuvieron en cuenta para la delimitación del Parque, pero viendo los contornos en el mapa, presupongo multitud de intereses de los distintos municipios implicados. Todo el curso del río Blanco transcurre por territorio externo al Parque Natural. Rodea, primero el Cerro de las Víboras (1.824 m), para tras sinuoso recorrido encaminarse a regar los primeros cultivos del pueblo de Cogollos, dejando a su izquierda el Collado de las Cuevas de Rota (1.739 m), más tarde el Peñón del Jorobado (1.742 m) y por último el Peñón de la Mata (1.669 m). No consigo yo llegar por su cauce tan abajo porque acaba echándome el denso y espinoso matorral que alimenta y que cada vez es más frondoso. Harto de pinchazos y arañazos asumo el desapego que me muestra y decido remontar un poco loma arriba para vislumbrar algún recorrido válido para mis intereses, ya cerca del Cortijo del Moralejo.

Enfrente aparece una posible salida, hay un estrecho carril que se retuerce por la loma de enfrente. Decido buscar un sitio donde la maleza me permita primero acercarme al cauce para después seguir buscando un paso suficientemente falto de vegetación como para poder cruzar a la otra orilla sin gran deterioro de mi ropa y piel, no es campaña fácil ya que aquí, a la sombra del Peñón del Jorobado, se espesa si cabe, aun más la vegetación. Cuando por fin consigo acercarme y cruzar, tras acceder al carril, me percato que más que un carril parece un desafío, con rampas de más del 30% y 40% de desnivel. Imagino que los constructores tuvieron excesiva prisa por llegar arriba o acaso fuera el presupuesto algo escaso. No ostenta rodadas, salvo la del agua de las tormentas en su búsqueda rápida del punto más bajo y no aprecio señales de ningún tránsito rodado por lo que parece que escasos vehículos lo hayan transitado y con estas rampas no me extraña, seguramente los posibles usuarios prefieran hacer más kilómetros y opten por algún otro algo más transitable.

A mí me sirve ya que me acerca, a ratos en las zonas de umbría crujiendo el suelo escarchado bajo cada pisada y en otros, ya soleados, acumulando barro a cada paso haciendo que las botas aumenten de peso exageradamente a la vez que gano algunos centímetros de altura, por lo que veo obligado a sacudir las botas de vez en cuando, para al final, una vez llegado al collado, asomarme a una amplia vaguada, a espaldas y base del Majalijar (cara noroeste). Después de descansar un poco junto a una fuente en la parte más baja de esta depresión al pie de la mayor altura del Parque Natural de la Sierra de Huetor, con amplios prados y donde habitualmente hay ganado suelto. (El Majalijar, techo del Parque, lo forman dos montes gemelos con alturas igualmente pareadas 1.887 m. y 1.878 m. uno dentro del parque y el otro fuera y eso que distan entre sí escasos 100 metros lineales). El nombre parece derivar de la unión de dos palabras: Maja – de majada, lugar de descanso de los rebaños en su tránsito por las sierras y Lijar – lija en relación a la multitud de piedra suelta de forma y tamaños diferentes que cubren prácticamente toda la loma por asociación a los granos del papel.

Tras bordear un par de lomas por senderos adivinados más que seguidos, dado que la fuerte presencia de animales merodeando por aquí hacen que los ramales de las veredas sean más que suficientes para no saber cual escoger, acabando por situar un punto de referencia en la lejanía e intentar llegar a él con el menor desgaste posible. Después de retornar de nuevo al cortijo Collado del Agua y antes de seguir bajando, me acerco a la Majada Redonda ya que me ha llamado la atención mientras que descendía, un grupo de chopos con sus coloridas hojas aislados junto al barranco, así que a media bajada cruzo el arroyo por un decrépito puente de tablas y tras un centenar de metros llego a una explanada de terreno cultivada con los chopos en sus márgenes. Como está delimitada y vallada me conformo con mirar y tomar unas fotos a sus coloridos árboles antes de retroceder.

Ahora sí reanudo definitivamente la bajada por la pista hasta Fuente Grande (Prado Negro) y por el mismo recorrido que hace la acequia, por encima de ella ya que durante este tramos está entubada, atravesar la Majada y Cañada del Moro primero, con las casas de Prado Negro siempre a la vista y a la izquierda, para seguir bordeando el Tajo de las Garduñas, Tajo de los Halcones y acabar finalmente accediendo a la explanada de las Mimbres donde tengo el coche esperándome. Hoy en lugar de regresar por la autovía he decidido, ya que hace años que no lo hago, retornar atravesando todo el Parque para salir por Alfacar. Son unos diez kilómetros, los dos o tres primeros asfaltados, los siguientes de tierra, pero muy cuidado el carril lo que permite disfrutar del recorrido sin tener que estar excesivamente atento a la conducción para esquivar los habituales baches de estos trazados.