DEHESA DEL CAMARATE (Lugros - Sierra Nevada - Granada).
El acceso a Camarate se puede hacer por un carril que arranca un kilómetro antes de llegar al pueblo de Lugros, a la derecha en el sentido de la marcha (está junto a una torreta eléctrica y un rótulo de Ermita). Hay que dirigirse hacia el este.
Los fines de semana está cortado este acceso a vehículos particulares. Hay un amplio aparcamiento junto a la barrera: o cogemos la lanzadera (4 ida y 7 euros ida y vuelta, era la última tarifa) o lo hacemos andando; son alrededor de cuatro kilómetros con escasa pendiente y agradables de andar, la mitrad de ellos con el río Alhama a nuestra derecha.
Como hoy es martes hemos podido avanzar un poco más con el coche hasta que el río Alhama cruza el carril donde aparece una señal de prohibición para vehículos motorizados no autorizados (tres kilómetros escasos hasta la puerta: Horcajo del Camarate).
Nada más atravesar la cancela de entrada nos encontramos con esta edificación y un arroyo a la izquierda. Como queremos (me acompaña mi hijo Carlos) hacer un recorrido distinto tomaremos un sendero, apenas insinuado que arranca junto al arroyo.
El ascenso es fuerte en los primeros tramos, no en vano el desnivel medio de la Dehesa es del 22%. El sendero tiene bifurcaciones constantes por lo que hay que estar muy atento además de tener claro hacia dónde queremos caminar para elegir correctamente a cada momento.
En la subida el sendero atraviesa el bosque mediterráneo que ocupa la mitad baja de la Dehesa. En el discurrir por él apreciamos el desgaste que ha supuesto para toda la vegetación el estrés hídrico padecido durante los dos últimos años.
Carlos hacía años que no visitaba estos parajes y con un criterio más ajustado que el mío, no en vano es biólogo, apreciaba una menor densidad de plantas desde su última visita, y por supuesto, la gama de colores de otros años ni por asomo.
Los árboles han padecido, al menos los dos últimos años, escasez de agua por lo que muchos se encuentran debilitados, luego los elementos se encargan de pasar factura: multitud de ramas e incluso árboles enteros por los suelos.
Podríamos decir que a menudo caminamos para reencontrar un centro de gravedad perdido. No obstante, la diferencia de caminar ladera arriba atravesando el bosque en lugar de hacerlo por el carril es abismal, el mismo silencio roto por las propias pisadas sobre las hojas, ya lo justificarían.
A pesar de todo algunos ejemplares siguen siendo espectaculares por altura y volúmen.
Los caminos son cicatrices de tierra en medio del mundo vegetal que a menudo son totalmente indiferentes al paso del ser humano. Llega un momento en que lo que era un sendero se convierte en carril: estamos caminando por la vía pecuaria que atravesaba estos parajes antaño.
Se camina porque sí, por el placer de dar un rodeo existencial, para reencontrarse mucho mejor al final del camino. Hoy hacía fresco, a primera hora no pasaríamos de dos o tres grados centígrados. En las umbrías la escarcha era habitual e incluso el terreno helado.
La relación que se establece con el paisaje es más una emoción que una mirada. Estamos todavía relativamente bajos y los arroyos que discurren por los barrancos han cortado las lomas. Hay que saber escoger por cual de ellas queremos subir ya que si nos equivocamos arriba nos costará muchos pasos. En la loma paralela e izquierda a la nuestra restos de un asentamiento.
Últimamente estoy encontrando utensilios de los antiguos pobladores de los lugares que visito. En el Panderón del Veleta fue un abrelatas, otro día la pala de un almocafre junto a un cortijo, hoy esta cuchara.
Para el caminante el calzado lo es todo: el sombrero, la mochila o la propia dignidad vienen después. Estamos ya algo más altos que el propio cortijo de Camarate pero nos separa el río Alhama. Enseguida tendremos que decidir por dónde continuamos la ascensión.
Aprovechamos los momentos de descanso para apreciar el paisaje, ubicar tanto donde estamos como a dónde queremos llegar y elegir el recorrido aparentemente idóneo. Por aquí apenas hay senderos, los que encontramos son ganaderos por lo que apenas si los podemos aprovechar durante un rato.
En la montaña estás tan impregnado de silencio que los demás sentidos aparentan ser inútiles. El próximo objetivo es esta cumbre rocosa que rompe el paisaje. Desde ella tendremos buenas vistas -de lo que nos queda- para seguir eligiendo objetivos parciales.
Sorpresa. Nos encontramos que tras el peñón se ubicaba un amplio redil con fuertes y recios muros de piedra, muy distintos a los destinados a ganado lanar o caprino, estos son mucho más robustos. Algunas piedras son impresionantes por tamaño y peso.
Se van ampliando, conforma ganamos cota, las vistas de la Hoya de Guadix con sus característicos terrenos acarcavados.
Aunque por aquí el sol ya tiempla el ambiente y el terreno, la altura permite todavía los rincones escarchados.
Hemos alcanzado una cota en la que tenemos que comenzar a caminar buscando el sendero Sulayr, si no se conoce el terreno es difícil porque apenas unos indicios lo señalan: un conjunto de afloramientos pétreos sólo identificables si se conocen. El cruce de arroyos es habitual ya que transitamos por la cabecera del río Alhama.
La vegetación va raleando aunque la que queda es mayoritariamente espinosa por lo que es imprescindible evitar atravesar las islas densas: por respeto al lugar y por nuestra propia integridad. Atravesamos barrancos: Guadix, Espino, Chorreras, Chapitel. Pasamos de la Loma del Espino a la de Las Hoyas, buscando el nacimiento de la acequia Dehesa de las Hoyas: nuestro destino final, al pié del Mirador Bajo.
Las dificultades de habitar en estas alturas por los cambios climáticos -a veces repentinos- son evidentes: esta res fue una de sus víctimas.
Una paz tremenda reside en estos paisajes embargando el corazón, inmunizándonos de todos los problemas personales. Estamos cerca de la meta fijada. Justo en el centro de la imagen y en la línea del horizonte está nuestro destino para la salida de hoy.
Algunos afloramientos de agua amplios (además de formar prados duraderos) eran los explotados por los ganaderos cuando esto era una dehesa de reses bravas. Alcanzadas cotas altas observamos que las lomas están salpicadas de claros dedicados al pastoreo, coincidiendo con los afloramientos de los manantiales.
Otro barranco, otro arroyo, hielo. A pesar de que el sol ya ha ganado altura y fuerza, las plantas permanecen con sus fundas protectoras.
El caminar desnuda, despoja y despeja, invita a repensar el mundo al aire libre a la vez que nos reubica en la humildad. Estamos en la cabecera del río Alhama. Hemos subido por las lomas de la derecha. Abajo bastante centrado el Cortijo del Camarate, una isla privada en medio de este rincón del Parque Nacional de Sierra Nevada.
No se hace una caminata; el caminar nos hace y nos deshace, nos inventa. Junto a nuestro objetivo de hoy: el nacimiento de la Acequia Dehesa de la Hoya alrededor de los 2.000 metros.
En la Dehesa de Camarate hay dos estaciones de monitoreo intensivo. Una aquí arriba, la otra junto al carril de la Dehesa a pocos minutos del principio del mismo. Estas estaciones tienen sensores para: temperatura y humedad relativa, anemoveleta: dirección y velocidad del viento, presión atmosférica, pluviómetro calefactado, radiación solar global, radiación ultravioleta B, radiación neta CNR1, radiación solar PAR (global reflejada). Con ellas se hace: "Seguimiento de los efectos del cambio climático global en Sierra Nevada: diseño y desarrollo de un sistema de monitorización ecológica basado en la red de estaciones multiparamétricas''.
Ya en bajada la relativa lejanía nos permite apreciar en la misma toma los dos miradores: bajo y alto y la cima del Picón de Jerez nevado.
Los usuarios históricos de estos parajes: individuo número 9.118.
En la zona alta de Camarate se acondicionó esta acequia para dar riego a los distintos prados mediante estas salidas. Hoy echaba en falta una limpieza integral y alguna compostura parcial.
Alcanzamos, en nuestra bajada, el tentadero de la dehesa con sus rediles anejos.
Dos curvas por encima del tentadero uno de los escasos ejemplares de Tejo avistados en Sierra Nevada.
Y junto al tentadero el recepcionista que ya me encontré el pasado año. Parece que le es rentable quedarse por las inmediaciones a la espera de las dádivas de los visitantes. No tenía mal aspecto: pelo lustroso y vientre relleno. Y Carlos encantado.
Aunque no se les debe dar comida a los animales salvajes, parece que es mas fuerte el atractivo que produce y la insistencia que despliegan ante los visitantes.
Grupo de cerezos que han tirado ya toda la hoja. El mes pasado seguramente aportarían una extraordinaria nota de color al lugar. Están junto a un abrevadero que hoy no abreva a nadie.
Y no había uno,como el año pasado, sino que eran dos. Uno de ellos ha perdido media cola en algún percance, aunque no por ello estaba "traumatizado".
El carril que recorre la Dehesa con los dos rodadas empedradas para que los vehículos no hagan surcos en la tierra cuando ésta está húmeda: son realmente eficaces.
Ganado perteneciente al Cortijo de Camarate. Reducto particular en medio de la propiedad pública. Últimamente le han obligado a vallar su espacio para que los animales no invadan terrenos ajenos.
Dehesa de Camarate (7 de noviembre de 2017).
Otras entradas anteriores comentando recorridos por estos mismos parajes:
https://draft.blogger.com/blogger.g?blogID=6107596566967439278#editor/target=post;postID=8594861951546493731;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=46;src=postname
Merece la pena, si se puede, dejar el coche a la entrada del carril de acceso o en su caso seguir el sendero que nace justo cuando la carretera cruza el río Alhama.
Seguir el cauce del río, barranco arriba, a pesar de no llevar agua en su tramo bajo por las sangrías, es gratificante.
Los fines de semana no se puede acceder en vehículo hasta Camarate. Han habilitado una lanzadera que es la única autorizada a recorrer los cinco kilómetros del carril.
Los barrancos con humedad los delata la vegetación.
Entrada a la Dehesa de Camarate.
Hoy hemos intentado un recorrido distinto fuera de la pista que asciende hasta el Tentadero.
Además de no estar muy señalado nos ayudarán a equivocarnos la multitud de ramales que el ganado va dibujando sobre las laderas.
Todo árbol distinto a las encinas quedan señalados.
Río Alhama, por debajo del Cortijo Camarate.
Lo que queda del Cortijo habitado, en su día, por al mayoral de la dehesa.
De ésta pequeña construcción sólo quedan retazos de las paredes y un nacimiento de agua próximo.
Mi compañero de "andanzas" presumiendo de altura.
Mitad derecha del cortijo Camarate, en bastante mal estado, una buena nevada acabará colapsando su techumbre.
Pascual, hombre abierto y simpático, en medio de su rebaño. Agradecerle la paciencia informativa con que me ilustró.
Del mismo cortijo arranca un carril que tras atravesar el río Alhama recorre la loma enfrentada al cortijo.
El año ha sido funesto en cuanto a lluvias y eso se reflejaba en la vegetación que no mostraba el lustro y la viveza de años anteriores.
Barranco por el que discurre la parte alta del río Alhama.
De nuevo, en el carril principal, compartiendo espacio con ciclistas.
Y llegados al Tentadero nos recibe este "pordiosero".
Tentadero en la parte alta de la Dehesa.
Entre las lomas de Las Hoyas y la Del Espìno se ubican los prados más altos de la Dehesa, Entre los Barrancos Chapitel, Chorreras, Espino y Guadix y sus respectivos arroyos formando la cabecera del río Alhama, en las faldas del Picón de Jérez.
Desde la cota 2.000 echamos un vistazo hacia abajo. De derecha a izquierda las poblaciones de Lugros, Polícar y Beas de Guadix.
Posiblemente el macho con mayor cornamenta de los muchos que he avistado en Sierra Nevada.
Picón de Jérez (3.090 metros).
Cerro del Mirador Alto (2.674 metros)
Mirador Bajo (2.550 metros).
Muro de contención elaborado en piedra local en seco (sin argamasa alguna).
El carril recorre en su primer tramo el umbrío Barranco de las Rozas, compartiendo espacio con el arroyo.
Cerca de la entrada estas construcciones con rediles anexos, donde se cargaban y descargaban las reses para su traslado.
Construcción en ruinas junto a la entrada de la Dehesa.
Minúscula ermita con espadaña. Sólo estaba cubierta la zona del altar adosado a la pared y de espalda a los fieles.
Arroyo que baja por al Barranco de Guadix y que en la misma puerta de la Dehesa se une al río Alhama.
Hoy las pocas reses que hemos visto estaban en las orillas del río Alhama pero fuera del recinto de la Dehesa.
Una vez, ya de regreso, que hemos abandonado el barranco tomo esta foto donde destaca como horizonte la larga Sierra de Harana.
Consciente de que mi acompañante J.M. no conoce la Dehesa de Camarate, propongo esa salida que él acepta encantado. Durante la jornada le ofrezco, como es habitual en mí, a colaborar en las impresiones de la jornada, ofrecimiento que se toma al pié de la letra y una vez vista la amplitud de sus aportaciones decido cederle a él toda la literatura, limitándome yo a trasladarlas al blog.
Excursión al Camarate el Jueves 17.XI.16
Iniciamos el viaje a las 7 de la mañana desde el Covirán de Santo Tomás de Villanueva. Purullena, Lugros y comenzamos a andar a las 8 y veinte. Después de dejar el coche a una media hora de la “puerta” iniciamos el recorrido a pie. Hace frío y empieza poco después a verse el sol en la cimera de algunos montes que cercan el lugar donde nos encontramos. No se pueden llevar los bastones y hay que meterse las manos en los bolsillos. Ignacio los ha sustituido por la máquina de fotos. Emprendemos el viaje por un sendero desconocido por Ignacio y arremetemos para arriba a través de una vereda que se ve en ocasiones y en otras se insinúa y a veces hay que retroceder. Ignacio dispara la máquina cada dos por tres ¡hay encuadres que solo él ve y valora!..... Llegamos después de rectificar el camino a una edificación caída a la que cuesta acceder por la maleza que la circunda que luego resultó ser la casa del capataz del Cortijo Camarate. Un poco más y llegamos al cortijo ¡qué bueno ya hace sol! y ¡un sol magnífico de Noviembre!; allí hay ganado ovino pastando y, como suele suceder en estos casos, vienen a recibirnos dos o tres perros que, al modo indio, nos acompañan hasta el cortijo. Uno de ellos ladra y ladra ¡es señal de buena salud para él! los otros dos son muy afables moviendo el rabo. Falta el pastor aunque al poco rato aparece en un destartalado Land Rover que viene cargado con el alimento para los animales; se llama Pascual y nos asesora y da permiso para atravesar el cortijo y seguir por una ruta después. ¡Fue emocionante cuando vimos una cabrita recién nacida! ¡Cómo se movía con sus patas delanteras y casi arrastrando las traseras! Iba en busca de leche. Pascual nos aseguró que esa no moriría pues sabía buscarse la vida y que había otra recién nacida un poco más lejos de allí. Nos retiramos un poco para que su madre que estaba cerca y recelosa se acercase al animalito a lamerle acariciándole de este modo. Ignacio habla y habla con Pascual ¡se aprende tanto de los pastores! me aseguraría después. En el Land Rover llevaba todo tipo de sacos con pienso para las ovejas que acudieron todas a una cuando le vieron y él empezó a derramar el contenido de los sacos mientras ellas corrían en su misma dirección. En la baca del coche llevaba hatos de paja para las que estaban criando.
Seguimos nuestro camino y poco más tarde y después de unas fotos en lo alto de una piedra llegamos al tentadero en donde apareció un magnífico zorro que acudió a nuestro lado de momento. ¡Era un descarado! Y sabía hacer todo tipo de carantoñas para lograr que le echásemos algo de la comida que llevábamos. Aquí comimos aunque al zorro no le dimos nada pues (aseguró Ignacio) a los animales salvajes no hay que echarle comida. Subimos después de comer por un sendero y nos cruzamos con algunos ciclistas y así hasta las 12,45 en que nos dimos la vuelta. Al iniciar la vuelta descubrimos un alto con piedras y subimos a otear desde allí. Fue bueno pues a poca distancia estaba comiendo una cabra con una cornamenta espectacular que no nos olía ni veía porque el viento le era contrario Ignacio se despachó bien con el animal y empezó a fotografiarle de lejos y de cerca aunque llegó un momento que nos olió y empezó a retirarse tranquilamente. Seguimos y nos metemos por una cañada en dónde se ven paisajes llenos de colorido, aunque no tanto como otros años pues éste solo ha recibido 30 litros de agua durante todo él como nos había dicho Pascual y ¡esto se nota!. De todas formas el disparador de la máquina suena una y otra vez. En un mirador de unas rocas nos encontramos con un paisanaje que estaba comiendo y nos saludamos. Volvemos a la carretera y siguiéndola llegamos al final a la puerta del inicio en donde hay unas construcciones que tengo que adivinar. Resulta que es una ermita que tiene un altar dando al frente y detrás una construcción que, aunque difiera de Ignacio, es la verdadera ermita pues tiene apariencia de nave y allí estaría el altar interior.
Recorrido de media hora hasta el coche y llegamos a las tres y media. Total siete horas de andadura contando la parada de la comida.
El regreso en coche es por otro camino interior pasando por Quentar y su pantano que está el pobre muy bajo de agua. Pero se llenará, como siempre ocurre, a partir de esta próxima semana que se anuncian lluvias. Son las cinco y estamos en Granada “en el Covirán de Santo Tomás de Villanueva” con tiempo para hacer ambos otras cosas durante el resto de tarde. ¡Oxigenación y ejercicio perfecto!.