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jueves, 19 de enero de 2012

Lentegí y Pico Lopera (Sierra de Almijara - Granada)

La sierra Almijara al ser caliza permite que la erosión modele estas formas en los picos y crestas.

El recorrido de la pista serpentea por las lomas para acercarse al pueblo.

Aunuqe el incendio fue devastador, el monte bajo ha reconquistado casi todo el terreno.

Los diferentes barrancos se suceden aunque al final todos acaban aportando sus aguas al río Lnetegí.

Desde el collado de la Piedra Azul diviso parte del recorrido hecho.

El primer cortijo del recorrido es el "Aguas Blanquillas" con terrazas para el cultivo del olivo y del níspero.

El barranco "Gardajamás" con su nacimiento de agua permite el cultivo de riego.

Por aquí tenía previsto atravesar para salir a la carretera de La Cabra.

Lentegí, pequeño pueblo de menos de 400 habitantes y ubicado a una altura de 631 m.

La bajada hacia el río se hace por la denominada "Cuesta de la Olla"

Río Lentegí con poco caudal pero de aguas cristalinas.

Desembocadura del barranco de "Guardajamás" en el del Lentegí.

Remontando el cauce del río me encuentro la fuente "El Cascajal" por estar situada al pie del mismo.

Ya de vuelta me paro a comer el bocadillo junto al nacimiento de "Guardajamás", junto a la cortijada del mismo nombre.

El contraste entre el verde intenso de los pinares y la blanquecina sierra es fuerte durante todo el recorrido.

El cerro Lopera, segundo objetivo de la jornada, excelente mirador del parque.


Desde la cima del cerro Lopera (1.485 m), vistas hacia Río Verde.

Aunque la altura del Lopera no es significativa permite observar casi todo el parque.

En la cima del cerro Lopera hay un puesto de observación contra incendios.




Fecha: 28-11-2011
M.I.D.E.:2,2,3,3
Duración: 8 horas (36.500p)
Desnivel en subida: 800 metros
Rangos de temperatura: de 1’5ºC a los 10ºC



Por ahora este va a ser el último recorrido por esta zona de la Sierra de Almijara, aunque en honor a la verdad, la primera parte de la caminata de hoy será por territorios ajenos al parque, no así la segunda que sí pertenece al parque y a una de sus cimas emblemáticas. Tenía ganas de hacer el recorrido de hoy para dar por cerradas mis visitas a ésta parte del parque y dedicarle a partir de ahora mis miércoles a las otras dos sierras. Le he dedicado tres semanas y creo que he recorrido los rincones más emblemáticos de la misma, por lo que a partir de ahora me dirigiré a otras zonas del Parque, gran desconocido para mí, ignorancia que pienso remediar brevemente.

En casa y sobre el mapa había previsto hacer un recorrido casi circular, para lo que había programado hacer un sendero que saliendo desde la carretera de La Cabra me iba a llevar al pueblo de Lentegí y a la vuelta recorrer otro anunciado que, empezando cerca del pueblo, desembocaba de nuevo en la carretera de La Cabra pero unos dos o tres kilómetros más abajo de donde había previsto aparcar el coche. Así conseguía la circularidad del recorrido a cambio de andar casi una hora por asfalto y cuesta arriba aprovechando que el tráfico es bastante escaso en esta carretera un día de semana, al menos esa era la idea con la que he salido esta mañana de casa, pero la experiencia me ha enseñado que: el hombre propone y la naturaleza dispone.

El inicio de la caminata de hoy está en la carretera de La Cabra, kilómetro 32’800 (48’300 km. desde Granada) desde donde arranca una pista a la izquierda (dirección Almuñecar), anunciada por un cartelón explicativo de la distancia y lugares que vamos a atravesar. Esta carretera de tierra comienza descolgándose unos doscientos metros hasta introducirse en el lecho del barranco Arroba. Largo barranco que arranca bastante más arriba y que junto con otros que voy a ir atravesando durante la mañana acabarán muriendo todos en el del río Lentegí. Este recorrido está señalizado y los accidentes más relevantes tienen su letrero a pié de carretera. El Barranco Arroba tiene el suyo junto a un gran dique construido en él para frenar el arrastre de las arenas que ocupan su lecho en la época de lluvias. Hoy sólo lo recorría un hilillo de agua.

Más adelante y ya con menos pendiente que salvar llego a un collado también nombrado mediante su letrero “Tranco Piedra Azul”. A partir de aquí la carretera comienza a bajar de nuevo y me doy cuenta de que me estoy acercando a terrenos explotados agrícolamente porque comienzan a sustituirse los pinos por olivos. Aunque esta zona sufrió el gran incendio también, apenas se perciben troncos quemados, aunque si observo detenidamente el terreno que me circunda me doy cuenta de que apenas hay pinos viejos y los que quedan están bastante aislados, salteados con otros de tamaño muy inferior. Enseguida me encuentro en los dominios del Cortijo “Aguas Blanquillas”, totalmente rodeado de terrazas dedicadas casi en exclusividad al olivar. En estos lares, los cortijos, los barrancos y las fuentes suelen compartir el mismo nombre. No parece que la cosecha de aceituna haya merecido la pena cogerla, ya que la que no permanece en el árbol, bastante arrugada por cierto, se dispersa en el suelo.

Sigo la carretera hasta encontrarme con una cueva bajo una peña a la misma vera de la carretera y enseguida atravieso otro barranco: “El Palmito” con un escaso riachuelo que atraviesa el carril. En los barrancos y en las fuertes pendientes han optado por cementar la pista para evitar que las riadas la inhabiliten. Dejo a mi derecha una cortijada, mitad derruida, mitad nueva a la que no entro. El siguiente barranco es el “Del Agua” del que sólo veo el nombre, porque el cauce está seco.

La carretera se acopla al terreno por lo que las bajadas y subidas se suceden hasta que ya próximo a Lentegí ha de descender ya que me muevo a una cota superior a la que se ubica el pueblo. En esta bajada se inicia el sendero que quiero recorrer, pero antes prosigo un poco para acercarme hasta un mirador enfrentado al pueblo y que nos da unas vistas estupendas del mismo. Aun avanzo algo más hasta otro barranco que hace de divisoria con las primeras casas. Aquí me vuelvo para remontando lo que antes he bajado alegremente llegar al inicio del sendero que he decidido hacer.

El cartelón lo anuncia como “Las Viñas – Barrancones - Cortijo Lisardo” y enlaza con la carretera de La Cabra, aproximadamente en el kilómetro 35. Harto de pista (ya he mencionado en más de una ocasión que no me llevo bien con ellas) inicio el sendero con ganas. En sus primeros tramos me recuerda al de Rio Verde. Este comienza apenas atraviesa una acequia, con una fuerte bajada, ya que se dirige con decisión al fondo del barranco. La bajada es molesta por la gran cantidad de piedra suelta que hay, lo que provoca frecuentes resbalones. El uso de los bastones se muestra muy útil en estas ocasiones.

Tras atravesar el primer arroyo el sendero se dirige hacia el Río Lentegí, utilizado también en sus saltos y desniveles para la práctica del barranquismo, al menos así lo venden en el cartelón del inicio. Una vez llegado al río lo acompaña el sendero un tramo cauce arriba, para tras cruzarlo, llegar a la fuente “El Cascajal” que como su nombre indica nace al pie de un cascajal que hay que remontar, ya que el sendero lo usa como solución para librarse de la abundante vegetación que ocupa toda la ladera. Una vez superada la piedra suelta el sendero se adentra en una zona de umbría en que definitivamente la vegetación ha ganado la partida y acaba tragándoselo por completo. En mi empeño de completar el recorrido previsto, prosigo con la esperanza de ascender por la ladera y dejar la maraña de maleza atrás. Vano intento que debo abandonar al poco rato harto de sufrir arañazos y sin conseguir visualizar el trazado del mismo. Decido volver sobre mis pasos, es decir, volverme a pinchar hasta conseguir llegar de nuevo al tramo de sendero abierto.

En el cartelón junto al pueblo lo vendían muy bien y quizás en su día así fuera. …"descendiendo por el antiguo camino de herradura conocido como camino de la “Cuesta de la Olla”, serpenteando por la ladera de la montaña hasta llegar al paraje de “Los Barrancones” donde se une el “Barranco de Guardajamás” con el Río Lentegí, donde encontraremos un área de descanso denominado como “Aza Las Ánimas”, etc. El camino de herradura ha encogido hasta quedarse en una vereda y el área de descanso es una hermosa haza de zarzas, escobones y adelfas, prácticamente intransitable.

Volver a subir hasta la pista de tierra para volver a leer el cartelón (sin fecha) y desandar lo andado. Al llegar al barranco de Guardajamás un letrero anuncia una fuente. Me desvío ya que quiero aprovecharla para tomarme el bocadillo. Enseguida la encuentro, es un nacimiento, bajo una higuera de una “pierna de agua”, que enseguida es encauzada por una acequia para aprovecharla al máximo en el riego de los bancales que se extienden hasta llegar al pueblo.

Junto a ella encuentro un propietario que ha subido a echarle un “ojo” a sus posesiones y aprovecho para preguntarle por el sendero que no he podido hacer. Me comenta que se trabajó en él hace cinco o seis años con ayudas comunitarias para hacerlo atractivo y transitable pero se ha ido perdiendo por falta de mantenimiento y uso. Casi siempre ocurre lo mismo, se habilitan partidas para fomentar el turismo rural, pero una vez acabado el proyecto cae en el olvido por falta de aportaciones dinerarias para su mantenimiento, haciendo que sean inversiones que no tienen continuidad alguna, sin conseguir rentabilizarlas cara al futuro.

Una vez apaciguada el hambre y despedido del informador, retomo el caminar hacia la cabecera de la pista donde aparqué el coche esta mañana. Cuando llego a él me doy cuenta de que son sólo las 14 horas, por lo que decido subir hasta el puerto en coche para iniciar un sendero que he visto varias veces que arranca justo en el collado.

Tras recorrer los escasos kilómetros que me separan del inicio de mi próximo objetivo, apenas quince minutos motorizado vuelvo a aparcar para ascender hasta el Pico de Lopera (1.485 m.). El cartelón anunciador del sendero me informa que es un recorrido de 2’5 kilómetros, dificultad baja y duración de una hora. Como compruebo que tengo tiempo y en las piernas me quedan pasos sin gastar, me creo la información e inicio la subida.

El sendero recorre prácticamente las crestas hasta llegar a la cima del cerro, esta ascensión se hace por la divisorias de aguas de las cuencas mediterránea hacia el sur e izquierda nuestra y una amplia panorámica del macizo sudeste de la Sierra de Almijara compuesta por cadenas montañosas calizas de tonos blanquecinos con fuertes pendientes, escasa vegetación y grandes desniveles. A nuestra derecha la vertiente atlántica nos muestra en la distancia un magnífico bosque de robles, encinas y pinos. Se usa la cima del Lopera, en temporada “caliente” como observatorio contra incendios, para lo que dispone de una caseta, un par de placas solares y las antenas correspondientes, pero el acceso para vehículos lo tiene por “Huerto Alegre”. Desde la cima a pesar de no ser de las más altas del parque, permite divisar prácticamente la totalidad del Parque de las Sierras de Tejera, Almijara y Alhama además de la cercanía del Mar Mediterráneo.

Esta vez la información era veraz en cuanto a recorrido, dificultad y duración por lo que en un par de horas estaba de vuelta en la carretera dispuesto a hacer los kilómetros que me separaban de una buena ducha.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

jueves, 1 de diciembre de 2011

La "Sexi" Almuñecar (Granada)

Entrada al acuario en el sótano primero.

Anémonas en uno de los primeros acuarios del recinto.

Acuario con pequeños peces de gran colorido.

Los peces payaso.


Apacible morena  que no se movió durante toda la observación.

Unos de los ejemplares de tiburón que posee el acuario.

Parque El Majuelo.

Múltiples estatuas comparten espacio con las plantas en el parque.

Restos de la fábrica de salazón.

Vistoso palacete donde se ubica la Oficina de Turismo.

Una de las playas de Almuñecar.

Desde el Peñón del Santo, vista de parte de la ciudad.

Otra de las playas con que cuenta la ciudad por debajo del Castillo.

Reflejos.

Puente en la autovía inconclusa.

Los cultivos de frutas tropicales escalan las laderas de las colinas a ambos lados del rio.

Otívar.

Sierra de Almijara.


La “Sexi” ALMUÑECAR

Fecha: 26-12-2010



Teníamos hace días dos entradas para el acuario de Almuñecar y este sábado decidimos que era el día idóneo para bajar a la costa y hacerle una visita a esta ciudad de la ribera granadina. De antiguo conocimiento por los distintos pueblos que se aventuraban por las costas mediterráneas, siempre ha sido una localidad ambicionada como residencia por variadas culturas. Ya cuando los fenicios se asentaron en ella encontraron habitantes anteriores. Desde el 1.500 a.C no ha dejado indiferente a nadie, así primero disfrutada por la cultura argárica, para posteriormente dar cobijo a fenicios, romanos y árabes, que durante su ocupación la convirtieron en la más importante ciudad costera de Granada hasta que a finales de l.489 se rindió a las tropas cristianas.

Ciudad que habitualmente doy de lado durante la época estival dada la gran afluencia de visitantes de diferentes países que la ocupan, se convierte en muy atractiva durante el invierno. El clima sumamente agradable durante todo el invierno si además la visita coincide con un día soleado la hacen muy atrayente. Hicimos el viaje de ida por la autovía de Motril para hacer los últimos kilómetros por la transitada carretera de la costa. Ya como granadinos dudamos de que algún día lleguemos a usar la autovía que recorre todo el litoral del mediterráneo por nuestra provincia o quizás cuando llegue ese momento se nos hayan acabado las ganas de viajar por el paso de los años.

Cuando no hay excesivo tráfico y la atención exclusiva a la conducción no es obligada, éste tramo de carretera que discurre bordeando la costa, un poco por encima de la playa, ofrece panorámicas atractivas. Dado que la sierra muere en la misma playa en la mayoría del recorrido, el serpentear de la carretera por las diferentes lomas anima a parar para poder apreciar rincones visualmente muy bellos siempre aderezados con el amplio horizonte del mar.

El acuario, aunque puede parecer algo pequeño, si se han visitado otros de grandes ciudades, no deja de tener un gran atractivo. En la visita que hicimos el pasado sábado, a una hora temprana, tuvimos la suerte de disfrutarlo prácticamente en soledad. Sólo coincidimos con un padre y su hija pequeña que nos precedieron casi durante todo el recorrido, por lo que apenas compartimos espacio con ellos en alguna sala. Ello nos permitió demorarnos en aquellos acuarios que nos parecieron más atractivos sin tener que esperar el desalojo de otros visitantes. Está ubicado en el subsuelo de una plaza del pueblo.

Arriba están situadas las taquillas junto con la tienda de recuerdos como punto de partida donde comienza la bajada para acceder al recinto. Tras una puerta, ya en el sótano, comienza una galería que recorre en espiral los distintos niveles para terminar con un llamativo pasaje por debajo y dentro del acuario mayor de la exposición. La habitual galería acristalada que atraviesa el tanque mayor del recinto donde disfrutamos de la visión de peces por todos lados. Aquí se encuentran los siempre intrigantes tiburones.

Como curiosidad comentar que la mayoría de las especies representadas son mediterráneas lo que lo hace cercano. Es el acuario mayor de Andalucía y en su interior están dispuestas los diferentes ejemplares en veinte acuarios con una capacidad total de 1,5 millones de litros de agua marina. Destaca el Oceanario con más de 100 especies distintas y se acerca a los 2000 ejemplares,  donde se acumulan las dos terceras partes del agua total, atravesado por el túnel de cristal mencionado de 17 metros de longitud.

Una vez visitado el acuario nos dedicamos a pasear por la ciudad para llegar hasta el Parque del Majuelo. Jardín botánico con multitud de especies, la mayoría tropicales donde ocupan especial lugar todo tipo de palmeras, jalonado con numerosas estatuas. Este parque engloba las ruinas de la Fábrica de Salazones que crearon los fenicios y engrandecieron los romanos. En nuestro deambular por la ciudad encontramos la Oficina de Turismo, a la que nos acercamos no para pedir información, sino porque nos llamó la atención el palacete en el que está ubicado, invitaba a su visita el jardín de la entrada con unos bancos bajo las esbeltas palmeras o el inmenso ficus que ocupa toda una esquina del mismo. A la salida siempre en sentido descendente acabamos en una amplia avenida a orillas del mar por el que paseamos en dirección al Peñón del Santo al que ascendemos para disfrutar de unas amplias vistas de las diferentes playas con que cuenta la ciudad.

Aunque las playas granadinas no son de arena de gran calidad, ya que están formadas por piedras de diferentes tamaños, no por ello dejan de ser muy visitadas por propios y foráneos. Aquí no encontraremos la fina arena de las playas onubenses, ni siquiera la de las malagueñas, pero el clima subtropical del que goza compensa esas carencias.

Después de amplios paseos en mangas de camisa por el paseo marítimo, llegó la hora de comer. Así que localizado un local a pié de playa nos dispusimos a saciar el apetito con vistas al mar. Una vez terminado el trámite culinario y tras un nuevo recorrido por la ciudad buscando el coche, decidimos hacer el camino de regreso atravesando el valle del rio Verde cubierto de exuberante vegetación.

La bonanza del clima ha permitido que todo el valle y las laderas colindantes hasta bien alto estén tapizadas de árboles frutales, el gran tesoro de la zona: aguacates, chirimoyos, nísperos, plátanos, mangos, etc. La carretera es estrecha y llanea recorriendo todo el valle del rió hasta llegar poco antes de Jete en que comienza a ascender. Todo el trayecto está jalonado con naves dedicadas a la venta de los productos y la mayoría de los pobladores de estas localidades viven de la exuberante riqueza agrícola.

Tras Jete, la carretera siempre custodiada por las plantaciones llega a Otívar, dedicado al igual que el anterior a la agricultura de los productos tropicales. Más arriba y para el que hay que desviarse si se quiere visitar está Lentegí, el más alto de los tres y colgado casi arriba del todo en la ladera. La visita a éste último ha quedado aplazada para otro día y hemos seguido el trazado de la carretera de “La Cabra” (A-4050) que recorriendo con incesante curveo las lomas de la Sierra de Almijara para ganando altura encaminarse hacia Granada.

Durante el recorrido mientras ascendíamos disfrutamos de inmejorables vistas de los diferentes picos de la sierra calcárea que aunque en apariencia seca y árida, tiene la virtud de acumular el agua procedente de la lluvia como una esponja para dejarla escapar lentamente en cotas más bajas y alimentar los diferentes manantiales que darán origen a los ríos Verde y Seco.

Un poco más adelante pasamos por la entrada a la zona de campamentos “Huerto Alegre” disfrutados tradicionalmente por los críos granadinos. Establecimiento regentado por el ayuntamiento de la capital, algo abandonado en su acceso, ya que las farolas que iluminaban el carril de entrada están en lamentable estado e incluso los dos centenares de metros que tiene la carretera de entrada está muy descuidada con numerosos baches. De puertas adentro del perímetro vallado el aspecto cambia radicalmente, como si de otra cosa se tratara, se mantiene la limpieza y los edificios en perfecto estado e incluso en mi visita pude apreciar que están recién pintadas sus fachadas.

Transcurridos una decena de kilómetros por entre las lomas con escasa visibilidad de grandes panorámicas, comenzamos la bajada ya con la Sierra Nevada permanentemente visible, para llegados al Suspiro del Moro, entrar en los dominios de la ciudad de Granada.





Nota: Perdonad la mala calidad de las fotos de interior ya que no se podía utilizar flash, yo no llevaba el trípode  y las vidrieras de los acuarios distorsionan las imágenes.