Mostrando entradas con la etiqueta Mágina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mágina. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Sierra Mágina VII: Bélmez de la Moraleda - Miramundos (Jaen)




Algo por encima del cortijo Jaito, encontrado ya el sendero, me vuelvo.

La torre vigía árabe.

Trato de alcanzar los collados señalados, aunque sendero no encuentro.

Aunque los días sean soleados, las brumas matutinas son típicas de este sierra.

Por ahora la vegetación sólo es matorral y espinoso.

El sol, aunque ha ganado ya altura, no consigue domeñar las brumas del todo.

Las cimas rocosas presentan formas llamativas elaboradas por la erosión.

Chimeneas de las Hadas o Los Frailes.

Profundas gargantas que unen estos barrancos.

Estoy llegando a la cabecera del barranco, allí donde se funde con el Gargantón.

Esta pequeña charca recoge la escasa agua que mana junto a ella para aliviar la sed del ganado.

En el horizonte el collado que Juan me señaló hace mas de dos horas.

Las rocas emergentes y la vegetación componen un paisaje muy atractivo.

Aprovecho uno de los barrancos para extasiarme con el paisaje.

Formas caprichosas, pequeñas vaguadas atrayentes y bosque cerrado.

Algunos ejemplares compiten con las torres pétreas.

Ejemplares de pinos que alcanzan los 30 metros. Un placer caminar bajo sus copas.

Alcanzado el collado me encuentro una valla ganadera, un portillo que he de atravesar y terreno conocido.

Chozo rehabilitado por el grupo de voluntarios del Parque.

Al pie del pico Mágina, un pozo de nieve.

Desde la cima del Mágina se domina buena parte de la provincia.

Coronado el Pico Miramundos me encuentro con un rejuvenecido refugio.




El interior del refugio donde se ha creado una zona elevada para pernoctar.

Mis guías en el regreso se quedan junto al abrevadero, yo tengo que continuar.

Sería este uno de los modelos de las "diosas de la fertilidad" primitivas.

De nuevo en las proximidades de Bélmez.

Panorámica de Bélmez de la Moraleda, inicio y final de mi jornada.


Fecha:16-9-2015                                                               Bélmez Moraleda                             8’30h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                                Abrevadero                                        10’15h.
Duración: 8h (Semicircular)                                         Collado y Valla                                 11’30h.
Desnivel en subida: 1400 metros                                  Pico Mágina                                       12’30h.
Rangos de temperatura: de 11ºC a los 25ºC              Miramundos                                      13’25h.
                                                                                              Bélmez Moraleda                             16’30h.


Me dirijo hacia Bélmez de la Moraleda, ubicado en las faldas de Sierra Mágina, pues es inicio de al menos dos subidas hasta los grandes cumbres de esta sierra. Al llegar al pueblo (conocido y reconocido por sus “caras”), apenas si me encuentro con personal a quien preguntar por el inicio del sendero. Alguien, finalmente, me habla de un carril que arranca algo por encima de la casa-cuartel de la Guardia Civil.

Consigo encontrar el carril, superar la excesiva pendiente que presenta, para de repente encontrarme -acabado el carril-, en medio de un olivar. Tengo que caminar marcha atrás y localizar un aparcamiento donde el coche no moleste durante el resto de la jornada. Me acerco hasta el cortijo “Jaito” donde oigo ruidos de labores y tras intento fallido de ahuyentarme por un trío de chuchos muy posesivos, me encuentro con Juan (Juan – Juanito - Jaito). Tras ordenar silencio a los canes y acompañarme por encima de la propiedad, me indica un sendero que me aconseja seguir durante un tramo. Luego referencias de almendros, manchas verdes, cercas metálicas, collados, tajos blancos y así hasta cerrar el horizonte. ¿Y sendero?, pues no lo va a haber si el ganado anda para arriba y abajo todos los días.

Gente sencilla y muy amable, casi con ganas de acompañarme monte arriba si no fuera por las obligaciones del campo y los muchos años en que ya gastó las fuerzas para corretear por la sierra. Ofrecimientos: que allí tengo mi casa, esté a no esté el, y que no deje de pasar aunque sea sólo para saludar. Después de agradecerle tanto ofrecimiento y amabilidad comienzo mi ascensión buscando las referencias referidas. 

Alcanzo el primer collado al pie de la colina que soporta la torre vigía árabe del pueblo y junto a él aparecen las dudas ya que senderos efectivamente los hay, pero en demasía. Tras alguna pérdida -escalando pendientes por donde los caminos son sólo nombre- y la consiguiente rectificación y casi dos horas de marcha, acabo alcanzando una de las referencias señaladas por Juan y tras él un triple abrevadero junto a una pequeña charca (¿será la Fuentezuela?).

He ascendido por un barranco paralelo al Gargantón, algo más norteño; pero a estas alturas veo claramente que acabarán fundiéndose en fraternal abrazo poco más arriba. Salpica esta zona, además de puntiagudas rocas que emergen muchos metros del suelo (Chimeneas de las Hadas, o Los Frailes según Juan) algunos esbeltos ejemplares de pinos que alcanzan los 30 metros, sobresaliendo sus copas de forma llamativa sobre el bosque que los arropa. Lástima que no ocupen todo el espacio y sólo sean ejemplares sueltos.

Por encima de la pequeña charca arranca un sendero, que aunque en ocasiones muestra demasiados ramales, se deja seguir con cierta facilidad. Pero antes de encontrarlo me he "dejado perder" por otro que introduciéndose en la zona de bosque más cerrada me conducía hacia abajo. No era bajar lo que yo quería, así que a pesar de lo placentero que era caminar bajo tupido dosel verde he tenido que regresar.

El sendero buscado y encontrado recorre las amplias lomas del pie del Miramundos, acercándome tras una larga hora de marcha hasta una alambrada, ya en el collado, donde tras atravesar un portichuelo me encuentro en terreno conocido. Aquí se une este recorrido con el que naciendo por encima de Huelma que ya superpuestos se dirigen ambos hacia las cimas compartiendo desde ahora recorridos.

Decido ascender primero al Pico Mágina (2.167 metros, techo de la sierra y de la provincia). Comenzando la parte circular de la jornada. Éste recorrido está perfectamente balizado y el sendero no ofrece más dudas que el de decidirse a subirlo. Antes del tramo de ascensión más serio me entretengo visitando un “chozo” que los voluntarios del Parque han recuperado recientemente tras excelente labor.

Se ha complementado -ampliando- un abrigo rocoso existente con muros de piedra local apilada en seco (sin utilización de ninguna argamasa) y se le ha añadido un techo vegetal, recolectado en los alrededores para impermeabilizarlo. A las afueras, se extienden amplios los apriscos para el ganado. En estas construcciones solían pasar las noches los pastores en sus estancias serranas, en los desplazamientos durante la época más calurosa para aprovechar los pastos altos de esta sierra. Éste de Cobatillas se utilizó hasta los años 70, cuando se reguló el pastoreo en esta sierra. Cabe destacar la gran altitud en la que se asienta: 1.885 metros.  

Durante la ascensión al Mágina el viento ha ido arreciando y los 20/30 kilómetros por hora con que soplaba abajo se han duplicado arriba, por lo que ha mutado de agradable a molesto. Arriba, en la cima, se dejará sentir con fuerza suficiente como para incomodar consiguiendo acelerar mi partida. Unos minutos antes de coronar paso junto al Pozo de la nieve (2.125 metros).

Desde el Mágina me dirijo hacia el Pico Miramundos (2.077 metros), sirviéndome de las crestas que une ambos picos para mi recorrido. Aunque esta posibilidad no está indicada en los planos, ahora, sin nieve, no ofrece dificultad alguna y me ahorra tiempo y muchos metros de cota; basta ir atento a los hitos de piedras apilados que jalonan todo el recorrido. (Recuerdo la primera vez que anduve por estos lares, que por desconocimiento subí y bajé dos veces para coronar los dos picos).

Grata sorpresa en la cima del Miramundos. Los voluntarios lo han rehabilitado totalmente: ventana y puerta nuevas, suelo de hormigón y un segundo nivel de madera soportado por vigas metálicas habilitando una zona para dormir en altura, con capacidad para alrededor de diez personas. Gran trabajo.

La bajada desde el Miramundos hasta la valla del collado no ofrece más dificultades que la fuerte pendiente y la mucha piedra suelta, aunque el sendero pasa junto a algunas dolinas apenas me entretengo. Desde el Collado hasta los abrevaderos me he dejado guiar por media docena de equinos, que al verme casi arriba del todo, no han querido cederme el sendero. Quizás hartos de soledad y tras deambular por las alturas con escasez de pasto, han decidido bajar siempre delante y ellos sí conocían perfectamente el sendero bueno, por lo que totalmente despreocupado sólo me he limitado a seguirlos hasta la fuente donde tras compartir rato de bebida, allí han quedado indecisos entre seguir acompañándome o remolonear por los alrededores.

Durante el resto de bajada he tenido que ir bastante más atento al haberme abandonado “los guías”, pero el recuerdo de la mañana me ha servido para no equivocar recorrido, sabiendo escoger entre las muchas opciones que se me presentaban, las más idóneas consiguiendo bajar de forma directa. Durante mi nueva travesía del pueblo me lo vuelvo a encontrar prácticamente desierto: quizás los habitantes han encontrado la forma de descansar entre los gruesos muros dejando que "las caras" ejerzan la vigilancia de las casas, o lo más probable: era la hora de la siesta.

Reproduzco aquí una estrofa de una canción popular que por su sencillez y picardía me llamó la atención a la vez que me provocaba una sonrisa mientras buscaba información sobre esta salida y sobre Bélmez de la Moraleda. 

“Una niña en un baile
dio una caída: ¡Catapón!.
Se le vieron las ligas
y el canastillo del carbón”.


A vosotros ¿también os la ha provocado?.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

jueves, 5 de abril de 2012

Sierra Mágina III: (Mágina y Miramundos - Jaén)

Sucesiones infinitas de montes llenan el paisaje.

La primera pate del recorrido entre pinares por pista de tierra

Al llegar al collado descubro la mole gris pétrea del Mágina.

Pozos y abrevaderos en la paraje Tinada de la Cruz.

La sucesión de lomas difuminadas por la niebla tan característica de esta sierra.

Abrigo junto al sendero de subida al Mágina.

Las extensas manchas de las sabinas rastreras coloreando las lomas.

Un  pozo de nieve casi en la cima aprovechando la depresión de una dolina.

Desde la cima del Mágina.

Bifurcación en el sendero: hay que elegir.

Pequeño refugio en la cima del Miramundos.

Desde la cima del Miramundos dominando la depresión que recorre el río Jandulilla.

La serrezuela de Bedmar con Úbeda y Baeza al fondo.

Sierra Nevada, siempre presente.

Un esforzado ciclista en sentido contrario.

Refugio para pastores y ganado en la Tinada de la Cruz.

Curiosas formas labradas en piedra para amenizar la bajada.



Escasos restos níveos en los parajes más umbríos.

A veces un gigante solitario muestra sus heridas.



Fecha: 7-3-2012
M.I.D.E.:2,2,3,3
Duración: 7h  (35.500p)
Desnivel en subida: 1.400 metros (1.000 para la ascensión al Mágina y otros 400 para la del Miramundos)
Rangos de temperatura: de 2ºC a los 14ºC


Es la tercera salida que le dedico a Sierra Mágina (Jaén). La primera fue de aproximación, limitándome a recorrer su perímetro. La segunda ya fue una intrusión en su interior, llegando bastante alto por la cara norte de las máximas altitudes de esta sierra. En esta tercera he querido ya subir a sus cimas más emblemáticas a la vez que más altas.

El afrontar  tanto el pico Mágina (2.165 m) como el Miramundos (2.077 m), en estas fechas no ha sido un problema porque la subida la he hecho por su cara sureste. Apenas si quedaba, bien arriba, algún resto de nieve en las umbrías y aun así pequeños parches que sólo ayudaban a dar contraste a los paisajes, pero en ningún caso entorpecían el caminar. De hecho no recuerdo haber pisado nieve en todo el día.

La información de la que yo disponía me hablaba de que la subida a estos dos picos partía desde la carretera que une las poblaciones de Huelma y Cambil. Esta mañana me he encaminado hacia ellas para localizar la pista desde la que arranca el sendero. Gran parte del recorrido lo marcaban común para las dos ascensiones y ya bien arriba, a semejanza de una y griega, aparecían bifurcados dos senderos lineales que ascendían a sendos picos.

Debido a mi desconocimiento del terreno había previsto subir al Mágina primero y después si me quedaba tiempo y entusiasmo acometer el Miramundos. Para acercarme al inicio del sendero tengo que atravesar la población de Huelma, quizás el mayor de los pueblos que se asientan en las faldas de esta sierra. Acoge una población de más de 6.000 habitantes y ubicado a una cota de 1.100 m, sus actividades mayoritarias son la agricultura, ganadería y  la fabricación de muebles. Una vez dejada atrás la población, dirección Cambil, por la A-324 y en el punto kilométrico 17’300 (frente a un cortijo denominado “Vista Mágina”), arranca el carril que tras un par de kilómetros escasos me va a dejar a las puertas del inicio de la ascensión, junto al panel informativo de la ruta.

No hay sitio específico para aparcar, pero tampoco creo que sea necesario ya que el tráfico aparenta ser escaso. Yo he dejado el coche junto al letrero que prohíbe el acceso a todo vehículo motorizado no autorizado, a un lado de la pista intentando que molestara lo menos posible. La información hablaba de algo más de 10 kilómetros de recorrido hasta el pico Mágina y de cinco horas para su recorrido a los que habría que sumar otras dos horas si se quería encadenar el Miramundos, calificando la ascensión como dificultad alta.

El carril, nada más comenzar empieza a subir de forma moderada y continuada por entre pinos carrascos. Inmediatamente descartamos un ramal que sale a nuestra derecha. Tras algunas curvas voy ganando altura hasta llegar al barranco de Tosquilla desde donde poudo comenzar a divisar las cumbres de Sierra Nevada que ya no me abandonarán durante todo el recorrido. Tras un buen rato de subida llego a un collado donde la pendiente de la pista se suaviza y accedo visualmente al pico Serrezuela (1.962 m), que en la distancia forma una V muy pronunciada con el Mágina, con el que comparte la mayor parte de nuestro horizonte visual: la majestuosa y amplia mole gris del Mágina. Por esta zona dominan los pinos laricios, enebros rastreros y quejigos.

Al final del falso llano con que me regala el carril llego al barranco de las Salinas donde se encuentra la tinada de la Cruz. Barracón  con redil anexo usado como abrigo de los ganados durante las noches y refugio para pastores y cazadores con varios pozos de agua en sus alrededores, un poco más arriba de la construcción. La pista pronto se convertirá en sendero para llegar al Collado del Puerto o de Bolos, dando vista al profundo barranco del Gargantón, cuya cara norte mostraba las manchas de nieve más abundantes de todo el recorrido, ladera salpicada por grandes piedras calizas.

Aquí, ya por sendero, me encuentro la bifurcación del sendero, el poste indica el acceso a los dos picos anunciados. A la izquierda el Mágina a la derecha el Miramundos. Había decidido con antelación visitar el techo de la sierra y de la provincia en primer lugar, así que no me entretengo y prosigo la subida. Bordea el sendero un abrigo en la roca cerrado por muro de piedra suelta para darle mayor identidad y rodeado por otras construcciones que servían de aprisco para el ganado. La mole gris del Mágina se presenta moteada en toda su extensión por las manchas verdes que aportan las sabinas  que ocupan todo el terreno en el que no aflora la roca viva. Es la sabina una planta rastrera de hoja perenne de color verde oscuro, formando una estructura muy densa extendiéndose por las laderas evitando la erosión con ramas muy retorcidas que no suelen superar el metro de altura.

A dos mil metros aparece ante mí, aprovechando una dolina (depresión geológica característica de los relieves cársticos), la estructura de un pozo de nieve. Es una estructura redonda de unos diez metros de diámetro y actualmente poco más de uno de altura. En su día debió tener bastante más altura para que su capacidad de almacenar nieve fuera mayor, fin para el que se construían. Enseguida la cumbre del Mágina con vistas extensas en 360 grados. No es el Mágina un pico aislado sino una larga loma orientada de sur a norte que ostenta diversos resaltes, todos ellos superiores a los 2.100 metros, de sur a norte 2.147 m., 2.152 m., 2.165 m. donde se ubica el punto geodésico  y 2.151 m.

Durante toda la ascensión a esta montaña he sido especialmente consciente de que estaba acompañado por mi sombra, que pertinaz, me precedía anticipándose en el recorrido para marcarme en todo momento el sendero con leves desviaciones a izquierda o derecha por los cambios de dirección del sendero. El sol lo tenía a mi espalda. Una vez arriba, expuesto al más que fresco viento que soplaba, me he dado prisa para sacar algunas fotos y retomar la bajada. El aire estaba tan frío que a pesar de inhalarlo por la nariz notaba su frescor dentro de los pulmones.

Mi desconocimiento del terreno me ha limitado bastante, por lo que me toca desandar el camino hasta encontrar de nuevo el cruce de senderos indicado por un poste con los dos itinerarios y retomar la subida hacia el Miramundos.  Una ascensión que aunque ostenta un centenar de metros menos que la anterior, no por ello se hace menos dura a lo que colabora el ser la segunda de la jornada. La cumbre no se observa hasta que estamos junto a ella, cuando descubro que lo corona un pequeño refugio, con la puerta hacia el noroeste. Aunque hay un letrero junto a él indicando que está en ruinas, no parece que los excursionistas piensen lo mismo ya que presenta señales de uso. Yo me he limitado a coger el anuario del año 2012 para ojearlo y anotar mi presencia.

A pesar del descriptivo nombre asignado a esta cumbre: Miramundos, desde su cima, a decir verdad, no he divisado ningún otro mundo, pero sí un trozo bien grande de éste. El delimitado por Sierra Nevada con la Sierra Arana en primer término, Sierra de Baza, la de Cazorla, las poblaciones de Úbeda y Baeza con Sierra Morena de fondo y cerrando la Peña de Jaén y del Almadén en dirección a la capital. Si a esto sumamos el dominio de toda la sierra de Mágina, nos podemos imaginar el espectáculo que desde aquí arriba se contempla.

Aprovecho en la cima para releer algunos comentarios de anteriores visitantes reflejados en el anuario, anotar el mío y recostado en una de las paredes laterales del refugio, resguardado del fresco aire, comer algo a la vez que disfruto de  la caricia del sol en mi piel. Después del aire frio de la cima del Mágina, el sol sin aire del Miramundos es bálsamo. Llegado el momento de iniciar la bajada, guardo el anuario y cierro la puerta del refugio antes de echar a andar. El descenso es casi más molesto que la subida por la gran cantidad de piedra suelta, aunque el sendero está muy visible y no requiere gran atención el seguirlo. Ayuda, tanto en esta ascensión como en la anterior, la profusión de hitos de piedras que los excursionistas han  ido construyendo por todo el recorrido complementando los de madera puestos por el personal del Parque. Además es  justo reconocer que todos estos hitos están ubicados con mucha “inteligencia”.

Es tarde para comprender que podía haber enlazado las dos cimas y así evitarme el descenso hasta el cruce señalizado y la nueva subida, pero tanto la información que poseía como la aportada por los paneles informativos del incio los "pintaban" lineales. En estos casos, cuando desconozco el terreno, prefiero ser "sumiso" a las indicaciones aunque ello me ocasione, como hoy, doble esfuerzo. Entiendo las reticencias de los técnicos de los parques a sugerir itinerarios arriesgados, pero creo que esas reparos se solventarían con una información veraz, y después que cada cual elija libremente bajo su responsabilidad..

Casi llegando de nuevo al inicio, donde el sendero se convierte en pista, me cruzo con un esforzado ciclista que ha subido desde el pueblo de Huelma. Tras los saludos de rigor y las preguntas por los recorridos hechos y pendientes de hacer, ante mi queja de tener que recorrer tanto carril de tierra, me comenta la existencia de un sendero que de cogerlo me va a ahorrar casi los ocho kilómetros de pista. Como me informa de que bajará antes que yo, le  pido por favor, que me deje señalado el inicio del sendero del que me habla con cualquier tipo de señal en la seguridad de que no se me pasará por saber aproximadamente el sitio e ir atento al margen derecho de la carretera desde donde arranca y así me lo promete.

A un kilómetro por debajo de la tinada de la Cruz, cuando la pista comienza la bajada en serio veo la marca que me ha dejado indicando el inicio del sendero: un montón de piedras sujetando una rama de pino, (gracias Juan Pedro). Es de agradecer y yo así lo siento la ayuda que me presta cualquier persona que me encuentro en mi deambular por las sierras. Es de agradecer y mucho si esa información es sobre recorridos que facilitan el recorrido por parajes que desconozco, sobre todo si como la que me ha facilitado hoy Juan Pedro es clara y  precisa.

Una vez ya iniciado el sendero aconsejado, venía yo dándole vueltas a la importancia vital que tiene el lenguaje para los humanos. Quizás por presuponerle una serie de características, no somos conscientes del valor que le aportan. Escuchamos multitud de informaciones diariamente y generalmente las asumimos como verdaderas sin cuestionarlas, entre otras cosas, porque generalmente es así y por otro lado porque si no lo hiciéramos, si no presuponemos que las palabras son expresiones de verdades, ¿habéis pensado que sería de la humanidad y de su capacidad de comunicación?. Si durante cualquier conversación nos asaltara la duda de la verdad de lo comunicado ¿qué quedaría de las relaciones entre las personas?. Es bueno que sigamos transmitiendo veracidad a través de las palabras para que el magnífico hecho de la comunicación oral siga teniendo la importancia fundamental que tiene y su credibilidad connatural.

Con estas elucubraciones recorría el sendero recién descubierto, que en ocasiones presentaba fuerte pendiente y me iba acercando al inicio, a ratos bajo la sombra de los pinos, otros bajo el castigo del sol vertical del medio día, donde comencé la andadura esta mañana. Ayudaba a entretenerme en divagaciones el que el sendero estaba muy marcado y su seguimiento no requería atención apenas, dejando espacio para otras ocupaciones, salpicadas en ocasiones con la apreciación de las curiosas formas que la erosión aporta a las rocas, dándoles formas llamativas. Acabado el sendero, memorizo donde arranca y refuerzo un par de hitos que lo marcan. Es muy cerca del inicio de la pista, hacia la izquierda, en la primera curva del carril que presenta un murete de hormigón con canalización subterránea para dar paso al agua proveniente del barranco.

Ya abajo, de nuevo en el coche, he optado por volver hasta Granada por Cambil, para no repetir el mismo itinerario de la mañana, a la vez que curiosear por si se presenta a lo largo del recorrido algún cartelón anunciando una nueva ascensión por esta sierra y anotarla mentalmente para futuras visitas. Tanto por un sitio como por el otro (Huelma o Cambil) el kilometraje es similar: alrededor de los 90 kilómetros.   

Los tiempos empleados hoy en los recorridos: Inicio de la marcha:         8’30 Horas 
                                                                           Pico Mágina             11 Horas
                                                                           Miramundos             12’30 Horas
                                                                           Regreso al coche      15’30 Horas.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

domingo, 22 de enero de 2012

Sierra Mágina I: majestuosa y mágica (Jaen).

Pegalajar
Amplias extensiones dedicadas al cultivo del olivo
Jimena
Fuente junto a la ermita.
Farallón donde se encuentra la Cueva de la Graja.
Pinturas rupestres.
Torreón-Castillo de Jimena.
Sierra Mágina entre brumas.
Albanchez de Mágina con su castillo guardándola.
Castillo de Albanchez.
Vista del pueblo de Albanchez desde el castillo.
Pasaje interno entre estancias.
Desafiante torreón del Castillo de Albanchez.
Llegando a Bedmar.
Adelfal de Cuadros.
Paseando por un túnel vegetal.
Mesas en el área recreativa de Cuadros.
Fin del sendero del Adelfal de Cuadros.
Santuario de la Virgen de Cuadros, por encima del río del mismo nombre.
Regresando.


Rodeando Sierra Mágina

Fecha: 21-1-2012


Hoy no voy a escribir sobre caminatas andando sino sobre recorridos en coche para visitar, mejor, rodear toda Sierra Mágina, con algunas paradas estratégicas para visitar rincones emblemáticos de esta comarca, tan contada y cantada por Muñoz Molina y tan desconocida para muchos granadinos, a pesar de estar relativamente cerca. Yo por razones, unas veces personales y otras laborales, he transitado por los aledaños de esta recoleta sierra en multitud de ocasiones, pero no ha sido hasta ahora que me he propuesto adentrarme algo más en ella.

Hoy ha sido una primera aproximación a esta sierra que en semanas o meses siguientes espero aumentar significativamente. Hasta ahora sólo conocía, de pasada Mancha Real, Jódar y poco más. Hoy he programado un recorrido circular que me ayude a hacerme una ligera idea de lo que es en extensión y belleza esta pequeña sierra que ocupa un lugar cercano a la capital. Para ello y tras un recorrido de algo más de doscientos kilómetros vamos a visitar Jimena, Albanchez de Mágina y el Adelfal de Cuadros (muy cerca de Bedmar), para regresar por Jódar y Guadahortuna.

Para acercarme a Mágina he optado por hacer la autovía de Jaén hasta tomar el desvío a Pegalajar, dejo este pueblo a la izquierda, sin entrar en él, porque ya lo conocía de otras visitas y porque el programa de hoy no me permite distraerme en otros lugares que no sean los escogidos. No por esto dejo de aconsejar a quien no lo conozca que es un pequeño pueblo serrano que merece nuestra visita y no nos desfraudará. Sigo hasta Mancha Real, quizás el pueblo más importante de toda esta vertiente de la sierra, para terminar en Jimena, primer objetivo de hoy.

A Jimena, además de ser un precioso pueblo con el encanto típico de los ubicados en las laderas de las montañas, me ha traido el poder visitar la Cueva de la Graja, donde se conservan pinturas rupestres. Se encuentran dichas pinturas en un abrigo del farrallón rocoso que protege el pueblo. Enclavada en la ladera norte del monte Aznaitín (1.745 m), marcando la transición entre las tierras de cultivo y la sierra, cueva dada a conocer en el año 1902 por un notario del pueblo.

Para comenzar el camino debemos situarnos junto a la ermita de la Cánava, ya en las afueras de la población. Aquí solicitaremos la llave de la cancela que protege la cueva, para iniciar la subida compartiendo camino con el acceso al campo de futbol. Una vez dejado éste a la derecha, ya al pié del amplio farrallón y con la cancela y el abrigo a la vista, sólo nos queda remontar la ladera alfombrada, por estar en umbría, de hierba con abundancia de rocas diseminadas, espinos, zarzas y esparragueras que nos llevarán hasta la verja. Una vez traspasada, aun nos quedan unos metros de camino por las rocas hasta llegar a la entrada.

Las pinturas que observo tienen diferentes tonalidades que van desde los castaños a los rojos. Colores obtenidos mediante pigmentos de origen mineral, (óxido de hierro y arcillas ferruginosas) mezclados con grasas animales. Aparecen varias representaciones: figuras zoomorfas y antropomorfas. Me ha llamado la atención una figura que puede representar un oculado (arte esquemático ibérico), con tentáculos y rodeado por figuras humanas con los brazos en asa. Aparecen también dos pinturas juntas y la de un individuo que semeja dar de comer a un animal.

Las pinturas merecen toda mi admiración y respeto, dándome a entender la ancestral necesidad del humano en expresarse y ya que el transcurso del tiempo no ha impedido que lleguen a nosotros las muestras expresivas de nuestros antepasados, considero nuestro deber asegurar que nuestros más remotos descendientes puedan seguir admirando muestras pictóricas tan escasas disfrutando de este singular enclave de nuestra remota historia.

La siguiente etapa nos va a llevar a Albanchez de Mágina. Ya el adjetivo me indica que su ubicación es a los pies de la sierra, siendo quizás el pueblo que más se adentra en ella. Ocupa una ladera coronada por el castillo, objeto de nuestra visita. Como en el anterior, aconsejo demorarse por la población para apreciar las distintas construcciones como la Torre del Reloj o la iglesia parroquial renacentista. Una vez cumplimentada la visita urbana me dirijo al ayuntamiento ya que el acceso que arranca antes de entrar al pueblo está cortado por unas obras.

Inicio la subida justo detrás del ayuntamiento por diversas calles con fuerte pendiente hasta salir del entramado callejero y encontrar un sendero. Llegar al castillo es una exigente aunque breve subida que será suficientemente recompensada una vez arriba, tras recorrer diversas rampas y ascender los más de cuatrocientos escalones que en diferentes tramos me separan del torreón, algunos de ellos escalando literalmente por entre peñas o angostos pasillos jalonados por paredes rocosas. Aunque el origen del castillo es discutido, lo adjudican algunos autores a la época islámica, aunque la configuración definitiva data probablemente del siglo XIV, una vez ya consolidada la presencia cristiana.

Notamos que las formas de sus esquinas son redondeadas, solución arquitectónica propia de los castillos de la Orden de Calatrava aplicando las redondeadas formas con el objetivo de repeler los proyectiles que las nuevas técnicas artilleras eran capaces de lanzar, haciendo que los impactos quedaran minimizados al conseguir el “deslizamiento” de los proyectiles. Construido de mampostería, sobre una roca en posición “inverosímil”, donde destaca el torreón superior, desafiante de las leyes de la gravedad y otro núcleo inferior con un aljibe, conservando el estuco que le aportaba la estanqueidad.

Una vez arriba dueños de perspectivas muy amplias y a poco de imaginación que poseamos, nos sugiere el enclave un perfecto dominio, vigilancia y control que estas fortificaciones tuvieron a lo largo de la Baja Edad Media. La posibilidad de enlazar visualmente con otros castillos de su entorno como el de Torres, Bedmar, Jimena, Jódar, Úbeda o Baeza, creando un sistema de vigilancia sumamente eficaz, lo que nos recuerda que estas tierras fueron durante largas épocas frontera muy inestable.

Desandamos recorrido ya que el acercamiento a Bedmar desde Albanchez no tiene continuidad por carretera, o al menos ni yo lo conozco ni le he encontrado reflejado en los mapas. Volved a Jimena para reencaminarnos hasta la población de Bedmar. Ya que no es éste nuestro objetivo, nos aprovecharemos de su obligado tránsito para el inexcusable “avituallamiento”, que aprovecho a su vez para solicitar información adicional sobre nuestro tercer objetivo programado para el día: el “Adelfal de Cuadros”.

Cuadros es un río que nace en el corazón de Sierra Mágina. Se apropia el rio Cuadros de las aguas de dos arroyos muy diferentes entre sí, el del Mosquito y el del Perú. El primero bastante agreste en su bajada y con una cueva que parece hecha por la mano humana por su entrada bastante circular; el segundo, con bastante mayor recorrido, con unas laderas plagadas de cornicabras y arces de montpelier, que si las visitamos durante el otoño nos regalan una explosión de color. Ambos comparten en sus orillas la abundancia de adelfas y una vez unidos sacrifican sus respectivos nombres para adoptar el de Cuadros.

Desde el mismo inicio del sendero percibimos dos claros protagonistas, la adelfa y el pino carrasco. El nombre “adelfa” proviene del griego y significa húmedo, lo que ya nos indica la querencia de ésta planta por las márgenes del agua. Es un arbusto que puede llegar a los cuatro metros de altura y alcanzar gruesos apreciables en sus ramas, manteniendo sus hojas de color verde oscuro de forma perenne. Florece durante la primavera y verano, deleitándonos con una floración de color generalmente rosa en su forma salvaje y raramente blanca, esta abundante floración es la característica que la hace muy usada en jardinería.

El adelfal que visitamos en el curso del río Cuadros es posiblemente uno de mayores de toda la península. Al no resistir las heladas, sólo las encontraremos en las zonas más bajas de la Sierra Mágina ya que es habitual durante el invierno ver blancas sus cimas cubiertas por la nieve, como ocurre hoy y junto a cursos de agua. Son venenosas (por lo que conviene vigilad a los críos para que no manipulen sus ramas y hojas), ramas que ostentan una gran capacidad de rebrote. Las acompañan en nuestro recorrido por este tramo del río los sauces llorones y las higueras, con ejemplares muy longevos. A lo largo del corto sendero veremos abundantes mesas donde poder merendar, ubicadas bajo la tupida sombre de las adelfas y cuando el follaje nos lo permita podemos divisar la Torre de Cuadros, desde la que se vigilaba todo el valle, hoy habilitada como mirador.

Más adelante el sendero se irá estrechando discurriendo bajo un auténtico túnel formado por las adelfas y el rumor del agua estará omnipresente por su cercanía, llegando un momento en que el barranco se vuelve bastante angosto. Aquí el agua discurre entre plantas de verde intenso: los berros, señal inequívoca de nacimiento de agua ya que requieren las características de: pura y cristalina. Es el primer nacimiento del Sistillo, y también el final de este sendero. Más arriba existe un segundo nacimiento con el mismo apelativo, ya que el arroyo fluye y se oculta en diferentes ocasiones, ofreciendo su mejor aspecto cuando las cumbres ostentan su manto blanco o en inviernos lluviosos.

Sólo nos falta acercarnos hasta el Santuario Virgen de Cuadros (siglo XV – XVII), situado en una de las laderas del cerrado valle del mismo nombre. Sobre él se ubica el torreón medieval que en tiempo de al-Andalus era un punto de comunicación más entre las tierras del norte y el reino nazarí de Granada. Este templo mariano, ejerce como morada de la patrona de Bedmar y de toda la comarca. El último domingo de octubre se celebra la romería en honor a la Virgen de Cuadros, procesionando la imagen desde Bedmar hasta el santuario por mujeres que ceden su sitio a los hortelanos del valle para que acaben de subirla hasta el templo. Rodean todo el santuario numerosas y caudalosas fuentes lo que otorga al paraje una alta humedad ambiental, sirva como muestra el que ostenta la propia placeta de entrada al Santuario adornado con peces de colores y vistosas macetas floridas.

Ya con el ocaso encima nos encaminamos hacia Jódar para enlazar con la carretera hasta Guadahortuna, Píñar e Iznalloz, para ya de nuevo en la autovía de Jaén regresar hasta Granada saboreando a ratos una preciosa y colorida puesta de sol.






Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.