miércoles, 30 de diciembre de 2015

Bélmez de la Moraleda - Miramundos (Sierra Mágina - Jaen)




Algo por encima del cortijo Jaito, encontrado ya el sendero, me vuelvo.

La torre vigía árabe.

Trato de alcanzar los collados señalados, aunque sendero no encuentro.

Aunque los días sean soleados, las brumas matutinas son típicas de este sierra.

Por ahora la vegetación sólo es matorral y espinoso.

El sol, aunque ha ganado ya altura, no consigue domeñar las brumas del todo.

Las cimas rocosas presentan formas llamativas elaboradas por la erosión.

Chimeneas de las Hadas o Los Frailes.

Profundas gargantas que unen estos barrancos.

Estoy llegando a la cabecera del barranco, allí donde se funde con el Gargantón.

Esta pequeña charca recoge la escasa agua que mana junto a ella para aliviar la sed del ganado.

En el horizonte el collado que Juan me señaló hace mas de dos horas.

Las rocas emergentes y la vegetación componen un paisaje muy atractivo.

Aprovecho uno de los barrancos para extasiarme con el paisaje.

Formas caprichosas, pequeñas vaguadas atrayentes y bosque cerrado.

Algunos ejemplares compiten con las torres pétreas.

Ejemplares de pinos que alcanzan los 30 metros. Un placer caminar bajo sus copas.

Alcanzado el collado me encuentro una valla ganadera, un portillo que he de atravesar y terreno conocido.

Chozo rehabilitado por el grupo de voluntarios del Parque.

Al pie del pico Mágina, un pozo de nieve.

Desde la cima del Mágina se domina buena parte de la provincia.

Coronado el Pico Miramundos me encuentro con un rejuvenecido refugio.




El interior del refugio donde se ha creado una zona elevada para pernoctar.

Mis guías en el regreso se quedan junto al abrevadero, yo tengo que continuar.

Sería este uno de los modelos de las "diosas de la fertilidad" primitivas.

De nuevo en las proximidades de Bélmez.

Panorámica de Bélmez de la Moraleda, inicio y final de mi jornada.


Fecha:16-9-2015                                                               Bélmez Moraleda                             8’30h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                                Abrevadero                                        10’15h.
Duración: 8h (Semicircular)                                         Collado y Valla                                 11’30h.
Desnivel en subida: 1400 metros                                  Pico Mágina                                       12’30h.
Rangos de temperatura: de 11ºC a los 25ºC              Miramundos                                      13’25h.
                                                                                              Bélmez Moraleda                             16’30h.


Me dirijo hacia Bélmez de la Moraleda, ubicado en las faldas de Sierra Mágina, pues es inicio de al menos dos subidas hasta los grandes cumbres de esta sierra. Al llegar al pueblo (conocido y reconocido por sus “caras”), apenas si me encuentro con personal a quien preguntar por el inicio del sendero. Alguien, finalmente, me habla de un carril que arranca algo por encima de la casa-cuartel de la Guardia Civil.

Consigo encontrar el carril, superar la excesiva pendiente que presenta, para de repente encontrarme -acabado el carril-, en medio de un olivar. Tengo que caminar marcha atrás y localizar un aparcamiento donde el coche no moleste durante el resto de la jornada. Me acerco hasta el cortijo “Jaito” donde oigo ruidos de labores y tras intento fallido de ahuyentarme por un trío de chuchos muy posesivos, me encuentro con Juan (Juan – Juanito - Jaito). Tras ordenar silencio a los canes y acompañarme por encima de la propiedad, me indica un sendero que me aconseja seguir durante un tramo. Luego referencias de almendros, manchas verdes, cercas metálicas, collados, tajos blancos y así hasta cerrar el horizonte. ¿Y sendero?, pues no lo va a haber si el ganado anda para arriba y abajo todos los días.

Gente sencilla y muy amable, casi con ganas de acompañarme monte arriba si no fuera por las obligaciones del campo y los muchos años en que ya gastó las fuerzas para corretear por la sierra. Ofrecimientos: que allí tengo mi casa, esté a no esté el, y que no deje de pasar aunque sea sólo para saludar. Después de agradecerle tanto ofrecimiento y amabilidad comienzo mi ascensión buscando las referencias referidas. 

Alcanzo el primer collado al pie de la colina que soporta la torre vigía árabe del pueblo y junto a él aparecen las dudas ya que senderos efectivamente los hay, pero en demasía. Tras alguna pérdida -escalando pendientes por donde los caminos son sólo nombre- y la consiguiente rectificación y casi dos horas de marcha, acabo alcanzando una de las referencias señaladas por Juan y tras él un triple abrevadero junto a una pequeña charca (¿será la Fuentezuela?).

He ascendido por un barranco paralelo al Gargantón, algo más norteño; pero a estas alturas veo claramente que acabarán fundiéndose en fraternal abrazo poco más arriba. Salpica esta zona, además de puntiagudas rocas que emergen muchos metros del suelo (Chimeneas de las Hadas, o Los Frailes según Juan) algunos esbeltos ejemplares de pinos que alcanzan los 30 metros, sobresaliendo sus copas de forma llamativa sobre el bosque que los arropa. Lástima que no ocupen todo el espacio y sólo sean ejemplares sueltos.

Por encima de la pequeña charca arranca un sendero, que aunque en ocasiones muestra demasiados ramales, se deja seguir con cierta facilidad. Pero antes de encontrarlo me he "dejado perder" por otro que introduciéndose en la zona de bosque más cerrada me conducía hacia abajo. No era bajar lo que yo quería, así que a pesar de lo placentero que era caminar bajo tupido dosel verde he tenido que regresar.

El sendero buscado y encontrado recorre las amplias lomas del pie del Miramundos, acercándome tras una larga hora de marcha hasta una alambrada, ya en el collado, donde tras atravesar un portichuelo me encuentro en terreno conocido. Aquí se une este recorrido con el que naciendo por encima de Huelma que ya superpuestos se dirigen ambos hacia las cimas compartiendo desde ahora recorridos.

Decido ascender primero al Pico Mágina (2.167 metros, techo de la sierra y de la provincia). Comenzando la parte circular de la jornada. Éste recorrido está perfectamente balizado y el sendero no ofrece más dudas que el de decidirse a subirlo. Antes del tramo de ascensión más serio me entretengo visitando un “chozo” que los voluntarios del Parque han recuperado recientemente tras excelente labor.

Se ha complementado -ampliando- un abrigo rocoso existente con muros de piedra local apilada en seco (sin utilización de ninguna argamasa) y se le ha añadido un techo vegetal, recolectado en los alrededores para impermeabilizarlo. A las afueras, se extienden amplios los apriscos para el ganado. En estas construcciones solían pasar las noches los pastores en sus estancias serranas, en los desplazamientos durante la época más calurosa para aprovechar los pastos altos de esta sierra. Éste de Cobatillas se utilizó hasta los años 70, cuando se reguló el pastoreo en esta sierra. Cabe destacar la gran altitud en la que se asienta: 1.885 metros.  

Durante la ascensión al Mágina el viento ha ido arreciando y los 20/30 kilómetros por hora con que soplaba abajo se han duplicado arriba, por lo que ha mutado de agradable a molesto. Arriba, en la cima, se dejará sentir con fuerza suficiente como para incomodar consiguiendo acelerar mi partida. Unos minutos antes de coronar paso junto al Pozo de la nieve (2.125 metros).

Desde el Mágina me dirijo hacia el Pico Miramundos (2.077 metros), sirviéndome de las crestas que une ambos picos para mi recorrido. Aunque esta posibilidad no está indicada en los planos, ahora, sin nieve, no ofrece dificultad alguna y me ahorra tiempo y muchos metros de cota; basta ir atento a los hitos de piedras apilados que jalonan todo el recorrido. (Recuerdo la primera vez que anduve por estos lares, que por desconocimiento subí y bajé dos veces para coronar los dos picos).

Grata sorpresa en la cima del Miramundos. Los voluntarios lo han rehabilitado totalmente: ventana y puerta nuevas, suelo de hormigón y un segundo nivel de madera soportado por vigas metálicas habilitando una zona para dormir en altura, con capacidad para alrededor de diez personas. Gran trabajo.

La bajada desde el Miramundos hasta la valla del collado no ofrece más dificultades que la fuerte pendiente y la mucha piedra suelta, aunque el sendero pasa junto a algunas dolinas apenas me entretengo. Desde el Collado hasta los abrevaderos me he dejado guiar por media docena de equinos, que al verme casi arriba del todo, no han querido cederme el sendero. Quizás hartos de soledad y tras deambular por las alturas con escasez de pasto, han decidido bajar siempre delante y ellos sí conocían perfectamente el sendero bueno, por lo que totalmente despreocupado sólo me he limitado a seguirlos hasta la fuente donde tras compartir rato de bebida, allí han quedado indecisos entre seguir acompañándome o remolonear por los alrededores.

Durante el resto de bajada he tenido que ir bastante más atento al haberme abandonado “los guías”, pero el recuerdo de la mañana me ha servido para no equivocar recorrido, sabiendo escoger entre las muchas opciones que se me presentaban, las más idóneas consiguiendo bajar de forma directa. Durante mi nueva travesía del pueblo me lo vuelvo a encontrar prácticamente desierto: quizás los habitantes han encontrado la forma de descansar entre los gruesos muros dejando que "las caras" ejerzan la vigilancia de las casas, o lo más probable: era la hora de la siesta.

Reproduzco aquí una estrofa de una canción popular que por su sencillez y picardía me llamó la atención a la vez que me provocaba una sonrisa mientras buscaba información sobre esta salida y sobre Bélmez de la Moraleda. 

“Una niña en un baile
dio una caída: ¡Catapón!.
Se le vieron las ligas
y el canastillo del carbón”.


A vosotros ¿también os la ha provocado?.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.