Mostrando entradas con la etiqueta Río Verde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Río Verde. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de marzo de 2014

Río Verde (Sierra de Almijara - Granada)

Que mejor que empezar la jornada con un bonito amanecer.

Y si nos acercamos un poco para que las nubes adquieran más protagonismo?. 

Los colores predominantes de esta sierra: grises y blancos.

La carretera corta la línea de cimas de la sierra de Almijara.

A primera hora no tenía muy claro casi nada.

Amplia panorámica de esta sierra de Almijara.

Cascada de los árboles petrificados.

Río Verde.

Uno de los diques que se construyeron para frenar los arrastres.

Chorreras que forman el desagüe de la Pantaneta de Funes.

Lástima que no bajara más agua.

Imágenes que quedan en la memoria.

Profundo barranco por el que discurre  río Verde.

De nuevo junto al cauce.

Reflejos de mil soles.

Primero de los puentes colgantes que atravieso.

Jardines verticales escalan las paredes rocosas.

El color que le aporta el nombre al río.

Todas las laderas están colonizadas por la vegetación.

Uno de los miradores que jalonan el sendero (tercero y más bajo).

Totalmente encajonado durante este tramo. 

Poco más adelante de este segundo puente acaba mi progresión.

Pantaneta Cueva de Funes castigada por las fuertes rachas de viento.

Solo resta subir y subir.

Estas cimas las dejo para otro día. Motivos para volver...




Fecha:28-1-2014                                                 Collado de los Chortales              8'30h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                    Cascada Las Chorreras                 9’30h
Duración: 8h. (Lineal)                                          Río Verde                                 11'30-12’00h        
Desnivel en subida: 700 metros                          Pantaneta Cueva de Funes        13’45h.
Rangos de temperatura: de 1ºC a los 6ºC          Collado de los Chortales             16’30h.
                                                                                 


La Sierra de Almijara es el extremo sureste que junto a la de Tejeda y Alhama forman el conjunto de las sierras que se integran en el Parque Natural de su mismo nombre. Es un macizo calizo que ocupa la divisoria entre las provincias de Granada y Málaga a la vez que frontera física. La sierra de Almijara tiene su techo en el pico Matalascamas de 1.791 metros sobre el nivel del mar, cercano a la población de Nerja.

Durante mi recorrido de hoy van a tener una presencia permanente aunque con ejemplares aislados, debido a las excesivas talas y los incendios, diferentes especies de pinos, sabina rastrera, quejigos, encinas y carrascas con un matorral muy denso. Los espacios abiertos conquistado por plantas aromáticas: tomillos, lavandas y romeros compartiendo el terreno con los piornos. En las zonas más húmedas (segunda mitad del recorrido) abundan el boj y las adelfas. Y cuando la cota se acerca o baja de los seiscientos metros, aparecen los palmitos.

El río Verde es un sendero señalizado que se inicia en el kilómetro treinta de la carretera de La Cabra, en el paraje conocido como Collado de los Chortales. Aunque es bastante más conocido por desarrollarse actividades de barranquismo, el acceder andando y conocer buena parte de su recorrido alto es una opción muy interesante a la vez que atractiva, no excesivamente conocida ni utilizada y excelente oportunidad para adentrarse en éste extremo del Parque Natural.

Cien metros por encima del inicio del sendero hay un pequeño aparcamiento donde dejar los coches sin que molesten a nadie. A primera hora, cuando yo he llegado estaba totalmente vacío. Las ráfagas de aire muy violentas cimbreaban el coche y mucho más a mi cuando me he bajado para captar algunas instantáneas de las rojizas nubes iluminadas por el primer sol de la mañana. Empezar la jornada con un buen amanecer es una inmejorable forma de comenzar.

No me preocupan las fuertes rachas de viento porque sé que en cuanto baje durante unos minutos por el sendero estaré protegido. No obstante durante estos primeros minutos el frío aire y la baja temperatura me restan calor de forma alarmante. Antes de darme cuenta estoy tiritando a pesar de la mochila y el movimiento. Una vez que se aquieta el aire, recupero calor y reflejos rápidamente, alarmantemente adormecidos minutos antes.

Se tarda alrededor de una hora en bajar hasta la primera cascada del recorrido, tan atractiva como sugiere su propio nombre: de los Árboles Petrificados. Nombre que le aplican por haberse quedado olvidados algunos troncos en la cascada, donde el tiempo y los minerales disueltos en el agua los han calcificado. Bien visibles desde la base del pequeño salto, junto a la poza que recoge las aguas, llaman la atención por la originalidad. Aquí podemos optar por seguir el sendero que trepa unos metros para salvar un pequeño tajo o continuar por la pista forestal cercana hasta la Fuente de las Cabrerizas, junto al lecho del río.

Junto al cartelón que hay en la curva por encima de la fuente sigue el sendero acercándose hacia el río. Pero antes hay que detenerse frente a un conjunto de cascadas (si hay agua para formarlas), que han marcado toda una colina enfrentada ya que a través del tiempo han ido cambiando itinerarios, puliendo y decorando con distintos colores los diferentes recorridos. El agua baja desde la Pantaneta Cueva de Funes que está justo encima, aunque no es visible desde esta posición.

Sigo descendiendo para volver junto al cauce y cruzar el río para ascender bruscamente por la otra vertiente. El sendero, despechado, tiene que soslayar un profundo y prolongado cañón por lo que se eleva un centenar de metros. Discurre durante un tramo a media loma para dejarse caer nuevamente hasta las profundidades del barranco al encuentro de nuevo con el cauce. Todo el recorrido va a ser un juego obligado por lo orografía de acercamientos y alejamientos entre ambos. 

Cuando de nuevo se logran la reunificación sendero y río aparece un letrero: “fin de sendero”. Es un paraje con abundancia de pozas y pequeñas cascadas muy vistosas. En las pozas domina el profundo color verde que da nombre al curso. Yo prosigo, ignorando el cartel e intuyendo el escondido recorrido del sendero para primero, atravesar un pequeño puente colgante y después subir y bajar por las distintas vertientes, ya sin puentes (puesto que se los ha llevado la corriente), lo que me obliga a buscar lugares idóneos para cruzar (hoy el escaso caudal no me lo ha puesto demasiado difícil), hasta volver de nuevo a divorciarse sendero y cauce a causa de nuevos y estrechos desfiladeros.

De nuevo tengo que remontar, esta vez por la margen izquierda para tras llanear un rato volver a descender de nuevo al encuentro con el río. En mi nuevo acercamiento al cauce me asomo a una tríada de miradores escalonados, que situados estratégicamente permiten dominar buena parte del barranco que su estrechez no me ha permitido caminar. Para terminar cruzando de nuevo el río por otro puente colgante de mayor entidad que el anterior.

Poco después acaba mi avance por no encontrar sitio adecuado para volver a cruzar el cauce, lo que hace que abandone definitivamente mi seguimiento curso abajo. Debo estar muy cerca de la "Junta de los Ríos". Junto al último puente me detengo un rato para obtener unas fotografías y tomarme el bocadillo ya que lo hora así lo aconseja.

Desandar el camino hecho, ya que es un recorrido lineal, que sólo me permite pequeñísimas innovaciones. Alguna incluso debido a pequeños despistes propios que me obliga a vadear la corriente con alguna novedad respecto a la ida. Nada relevante si quiero retomar los tramos de sendero habilitados ya que salirme de ellos es muy problemático dada la espesura de la vegetación que lo inunda todo y que cuando lo intento me hace pagar un peaje nada despreciable entre pinchazos y arañazos.

Cuando regreso hasta la Fuente de las Cabrerizas decido acercarme hasta la Pantaneta, por lo que sigo la pista (dirección oeste) para tras superar una pequeña cuesta que no llega al kilómetro "darme de bruces" con ella. Vuelven a dejarse sentir las fuertes rachas de viento, mitigadas hasta ahora, que hacen esta hondonada muy molesta de caminar. El agua, muy rizada, da fe de la fuerza del aire. Esta pequeña lámina de agua alimentada por unas surgencias barranco arriba, sirve como hábitat permanente para una serie de aves que lo han adoptado como residencia, a las que puedo observar meciéndose en medio del “oleaje”.

Tras circundarla casi en su totalidad, retorno sobre mis pasos para acercarme hasta la Cascada de los Árboles Petrificados, desde donde se inicia la subida, larga y pronunciada, hasta la carretera donde abandoné el coche ésta mañana. Aquí coincido con un par de senderistas que había oído y avistado anteriormente, pero que por llevarles bastante ventaja no había creído conveniente esperar.

Me los encuentro en pleno avituallamiento. Tras los saludos y presentaciones de rigor decido esperar para hacer la subida aprovechando su compañía. Son dos maestros ya fuera de las labores docentes que pueden, al igual que yo, dedicar un día entre semana a estos menesteres. Iniciamos la ascensión con las paradas pertinentes, con la excusa de apreciar el paisaje o hacer alguna foto y la real de recobrar el “resuello”, ya que los repechones, que son varios, se las traen.

Algo más de una hora tardamos en alcanzar la bifurcación, casi arriba del todo. A la izquierda el sendero hasta su inicio. A la derecha el ramal que nos conduce hasta el pequeño aparcamiento donde esperan los vehículos. Algo antes de llegar me despido de José Luis y Antonio, ya que ellos han decidido no castigar más sus piernas. Yo, todavía con pasos por gastar en las mías, he decidido explorar un senderillo que avisté esta mañana y que el fuerte aire reinante a esas horas no recomendaba recorrer. Sin grandes ascensiones transita a media loma dirigiéndose hacia el sur.

Tras media hora de andar por él, prácticamente perdido entre la vegetación y entrecortado por algunos pequeños desprendimientos llego a una zona en que se sumerge, desapareciendo, entre la vegetación y aunque vuelve a mostrarse algo más lejos, no me quedan fuerzas ni ganas para seguirlo por lo que decido abandonar y dejar las ansias exploratorias para mejor ocasión. Así siempre tendré una excusa para volver.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

jueves, 1 de diciembre de 2011

La "Sexi" Almuñecar (Granada)

Entrada al acuario en el sótano primero.

Anémonas en uno de los primeros acuarios del recinto.

Acuario con pequeños peces de gran colorido.

Los peces payaso.


Apacible morena  que no se movió durante toda la observación.

Unos de los ejemplares de tiburón que posee el acuario.

Parque El Majuelo.

Múltiples estatuas comparten espacio con las plantas en el parque.

Restos de la fábrica de salazón.

Vistoso palacete donde se ubica la Oficina de Turismo.

Una de las playas de Almuñecar.

Desde el Peñón del Santo, vista de parte de la ciudad.

Otra de las playas con que cuenta la ciudad por debajo del Castillo.

Reflejos.

Puente en la autovía inconclusa.

Los cultivos de frutas tropicales escalan las laderas de las colinas a ambos lados del rio.

Otívar.

Sierra de Almijara.


La “Sexi” ALMUÑECAR

Fecha: 26-12-2010



Teníamos hace días dos entradas para el acuario de Almuñecar y este sábado decidimos que era el día idóneo para bajar a la costa y hacerle una visita a esta ciudad de la ribera granadina. De antiguo conocimiento por los distintos pueblos que se aventuraban por las costas mediterráneas, siempre ha sido una localidad ambicionada como residencia por variadas culturas. Ya cuando los fenicios se asentaron en ella encontraron habitantes anteriores. Desde el 1.500 a.C no ha dejado indiferente a nadie, así primero disfrutada por la cultura argárica, para posteriormente dar cobijo a fenicios, romanos y árabes, que durante su ocupación la convirtieron en la más importante ciudad costera de Granada hasta que a finales de l.489 se rindió a las tropas cristianas.

Ciudad que habitualmente doy de lado durante la época estival dada la gran afluencia de visitantes de diferentes países que la ocupan, se convierte en muy atractiva durante el invierno. El clima sumamente agradable durante todo el invierno si además la visita coincide con un día soleado la hacen muy atrayente. Hicimos el viaje de ida por la autovía de Motril para hacer los últimos kilómetros por la transitada carretera de la costa. Ya como granadinos dudamos de que algún día lleguemos a usar la autovía que recorre todo el litoral del mediterráneo por nuestra provincia o quizás cuando llegue ese momento se nos hayan acabado las ganas de viajar por el paso de los años.

Cuando no hay excesivo tráfico y la atención exclusiva a la conducción no es obligada, éste tramo de carretera que discurre bordeando la costa, un poco por encima de la playa, ofrece panorámicas atractivas. Dado que la sierra muere en la misma playa en la mayoría del recorrido, el serpentear de la carretera por las diferentes lomas anima a parar para poder apreciar rincones visualmente muy bellos siempre aderezados con el amplio horizonte del mar.

El acuario, aunque puede parecer algo pequeño, si se han visitado otros de grandes ciudades, no deja de tener un gran atractivo. En la visita que hicimos el pasado sábado, a una hora temprana, tuvimos la suerte de disfrutarlo prácticamente en soledad. Sólo coincidimos con un padre y su hija pequeña que nos precedieron casi durante todo el recorrido, por lo que apenas compartimos espacio con ellos en alguna sala. Ello nos permitió demorarnos en aquellos acuarios que nos parecieron más atractivos sin tener que esperar el desalojo de otros visitantes. Está ubicado en el subsuelo de una plaza del pueblo.

Arriba están situadas las taquillas junto con la tienda de recuerdos como punto de partida donde comienza la bajada para acceder al recinto. Tras una puerta, ya en el sótano, comienza una galería que recorre en espiral los distintos niveles para terminar con un llamativo pasaje por debajo y dentro del acuario mayor de la exposición. La habitual galería acristalada que atraviesa el tanque mayor del recinto donde disfrutamos de la visión de peces por todos lados. Aquí se encuentran los siempre intrigantes tiburones.

Como curiosidad comentar que la mayoría de las especies representadas son mediterráneas lo que lo hace cercano. Es el acuario mayor de Andalucía y en su interior están dispuestas los diferentes ejemplares en veinte acuarios con una capacidad total de 1,5 millones de litros de agua marina. Destaca el Oceanario con más de 100 especies distintas y se acerca a los 2000 ejemplares,  donde se acumulan las dos terceras partes del agua total, atravesado por el túnel de cristal mencionado de 17 metros de longitud.

Una vez visitado el acuario nos dedicamos a pasear por la ciudad para llegar hasta el Parque del Majuelo. Jardín botánico con multitud de especies, la mayoría tropicales donde ocupan especial lugar todo tipo de palmeras, jalonado con numerosas estatuas. Este parque engloba las ruinas de la Fábrica de Salazones que crearon los fenicios y engrandecieron los romanos. En nuestro deambular por la ciudad encontramos la Oficina de Turismo, a la que nos acercamos no para pedir información, sino porque nos llamó la atención el palacete en el que está ubicado, invitaba a su visita el jardín de la entrada con unos bancos bajo las esbeltas palmeras o el inmenso ficus que ocupa toda una esquina del mismo. A la salida siempre en sentido descendente acabamos en una amplia avenida a orillas del mar por el que paseamos en dirección al Peñón del Santo al que ascendemos para disfrutar de unas amplias vistas de las diferentes playas con que cuenta la ciudad.

Aunque las playas granadinas no son de arena de gran calidad, ya que están formadas por piedras de diferentes tamaños, no por ello dejan de ser muy visitadas por propios y foráneos. Aquí no encontraremos la fina arena de las playas onubenses, ni siquiera la de las malagueñas, pero el clima subtropical del que goza compensa esas carencias.

Después de amplios paseos en mangas de camisa por el paseo marítimo, llegó la hora de comer. Así que localizado un local a pié de playa nos dispusimos a saciar el apetito con vistas al mar. Una vez terminado el trámite culinario y tras un nuevo recorrido por la ciudad buscando el coche, decidimos hacer el camino de regreso atravesando el valle del rio Verde cubierto de exuberante vegetación.

La bonanza del clima ha permitido que todo el valle y las laderas colindantes hasta bien alto estén tapizadas de árboles frutales, el gran tesoro de la zona: aguacates, chirimoyos, nísperos, plátanos, mangos, etc. La carretera es estrecha y llanea recorriendo todo el valle del rió hasta llegar poco antes de Jete en que comienza a ascender. Todo el trayecto está jalonado con naves dedicadas a la venta de los productos y la mayoría de los pobladores de estas localidades viven de la exuberante riqueza agrícola.

Tras Jete, la carretera siempre custodiada por las plantaciones llega a Otívar, dedicado al igual que el anterior a la agricultura de los productos tropicales. Más arriba y para el que hay que desviarse si se quiere visitar está Lentegí, el más alto de los tres y colgado casi arriba del todo en la ladera. La visita a éste último ha quedado aplazada para otro día y hemos seguido el trazado de la carretera de “La Cabra” (A-4050) que recorriendo con incesante curveo las lomas de la Sierra de Almijara para ganando altura encaminarse hacia Granada.

Durante el recorrido mientras ascendíamos disfrutamos de inmejorables vistas de los diferentes picos de la sierra calcárea que aunque en apariencia seca y árida, tiene la virtud de acumular el agua procedente de la lluvia como una esponja para dejarla escapar lentamente en cotas más bajas y alimentar los diferentes manantiales que darán origen a los ríos Verde y Seco.

Un poco más adelante pasamos por la entrada a la zona de campamentos “Huerto Alegre” disfrutados tradicionalmente por los críos granadinos. Establecimiento regentado por el ayuntamiento de la capital, algo abandonado en su acceso, ya que las farolas que iluminaban el carril de entrada están en lamentable estado e incluso los dos centenares de metros que tiene la carretera de entrada está muy descuidada con numerosos baches. De puertas adentro del perímetro vallado el aspecto cambia radicalmente, como si de otra cosa se tratara, se mantiene la limpieza y los edificios en perfecto estado e incluso en mi visita pude apreciar que están recién pintadas sus fachadas.

Transcurridos una decena de kilómetros por entre las lomas con escasa visibilidad de grandes panorámicas, comenzamos la bajada ya con la Sierra Nevada permanentemente visible, para llegados al Suspiro del Moro, entrar en los dominios de la ciudad de Granada.





Nota: Perdonad la mala calidad de las fotos de interior ya que no se podía utilizar flash, yo no llevaba el trípode  y las vidrieras de los acuarios distorsionan las imágenes.