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miércoles, 7 de mayo de 2014

Subbéticas II: Río Bailón (Cabra - Zuheros) Córdoba

Revirada carretera de ascenso hasta el Picacho recorriendo el Lapiaz de los Lanchares.

Buen ejemplo de las formas que el agua ha labrado en las rocas calizas de toda esta sierra (Lapiaz de los Lanchares).

Primera vista de la Nava de Cabra.

El agua encharcada en un terreno previamente impermeabilizado por ella. 

Me produjo pena ver  clavados los carteles en estos gigantes: ¿ y la sensibilidad?.

Esta pequeña ha pagado caro el temprano despertar de su letargo.

Amplias praderas salpicadas de isletas de encinas. Terrenos propicios para el ganado.

Profusión de lirios silvestres coloreando todo el recorrido.

La cinta plateada del río Bailón atravesando el polje.

Quizás por timidez se oculta entre encinas.

Pequeña cascada que forma el arroyo Fuenseca.

Durante el recorrido abundaban los restos de antiguos asentamientos humanos.

Cortijo de Pedro Rebola.

 Fuenfría.

Fuente de La Mora.

"El Fraile" a la entrada de su cueva.

Zuheros avistado a través de su cañón (entalladura del Cañón de Charco Hondo).

Zuheros desde el primer collado del cañón.

Aquí se remansa el río antes de continuar su descenso de nuevo sumergido. 

El recuerdo grabado en piedra, por su belleza y sencillez, transmite mucho cariño. 

Junto a  Fuenfría este curioso grupo de esqueletos.

Como acertadamente comentó mi compañero: mientras nosotros zizagueamos subiendo, el agua lo hace llaneando.

..."Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas"... 

El color, sin duda, lo aportaron los lirios. 

Patio porticado interior de la ermita Virgen de la Sierra.

En la cara sur del Picacho construcciones pétreas aparentando un castro celta. (Toriles de la Viñuela con formas poligonales).



Fecha:12-3-2014                                                   Inicio sendero                               8'00h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                      Polje de la Nava                           8’15h
Duración: 7’30h. (Lineal)                                       Fuenfría                                      10'45h    
Desnivel en subida: 450 metros                             Zuheros                                   12’00 – 12’15h.
Rangos de temperatura: de 0ºC a los 15ºC           Fuenfría                                   13’30 - 14’00h.
                                                                                 Iniciio sendero                            15’45h.
                                                                                 Balcón de Andalucía                16h. – 16’30h 
   

Hoy en la segunda incursión en las Sierras Subbéticas me acompaña Antonio M. Hemos decidido hacer un sendero señalizado para el que hace falta gestionar permiso que recorre buena parte del itinerario que sigue el río Bailón hasta llegar a las mismas puertas de la población de Zuheros. Considerado como el recorrido más emblemático del Parque por la diversidad geológica de los parajes que atraviesa. Junto con el realizado la semana pasada (subida a La Tiñosa) son los dos únicos de este Geoparque para los que se exige autorización. 

Entre esta diversidad, la propia donde nace el río (polje), una llanura alta generalmente rodeada de montañas: la Nava de Cabra. Es un cerrado valle en el que ha tenido una importancia básica la disolución de las calizas. Su fondo plano es debido a las frecuentes inundaciones. Entre los elementos frecuentes en los poljes están: hums, afloramientos rocosos aislados; dolinas, depresiones circulares debidas a colapsos de antiguas cuevas subterráneas; manantiales; y los ponors, sumideros que drenan las aguas superficiales.

Y uno de estos ponors apareció en noviembre de 2012. Un curioso caminante de Cabra al descubrir que el río no bajaba con caudal, remontó el cauce hasta descubrir que se había abierto un agujero por el que se perdía en majestuosa cascada toda el agua del río. Esto corrobora que éste geoparque es un lugar vivo que puede brindar procesos geológicos actuales que nos indican que la actividad es permanente aunque por su lentitud generalmente pasa desapercibida. Un atractivo más a sumar a los muchos con que cuenta el Parque.

El río recibe su nombre por los muchos meandros que dibuja en su curso alto, en la altiplanicie de la Nava de Cabra. Nosotros vamos a iniciar el recorrido algo antes, en la propia carretera que asciende hasta la Ermita de la Virgen de la Sierra ubicada en el Picacho de Cabra (1.200 m.) y que si nos queda tiempo a la vuelta nos acercaremos hasta él, ya que apellidado como Balcón de Andalucía, quiero cerciorarme si hace honor al apelativo.

Pero antes y durante la subida, ya habremos atravesado un amplio paraje rocoso singular: el Lapiaz de los Lanchares. Durante el Cuaternario, las abundantes lluvias labraron estos parajes con desfiladeros y crestas cortantes, que al abrirse paso formaron pequeños laberintos. Son rocas de un llamativo color gris superficial formadas por pequeñas esferas de carbonato, que indican una gestación bajo mar tropical. Restos de un mar jurásico de hace 170 millones de años que ahora se nos va a mostrar a lo largo de casi todo el trayecto.

Aparcamos donde nace el sendero, en la propia falda del Picacho (1.028 m). Es un pequeño carril muy cuidado que tras bajar haciendo un par de amplias eses y superar un cortijo ganadero se adentra definitivamente en la muy amplia planicie del Polje de la Nava. Esta sorpresiva planicie ubicada en medio del amplio macizo calcáreo formada a partir de una zona hundida en la montaña debido a la constante erosión que le ocasiona el agua produciendo una lenta e inexorable disolución de la caliza, a la vez que acumula sedimentos muy finos que la van impermeabilizando. Es el lugar del nacimiento del río Bailón, río que va a servir de hilo conductor para nuestro recorrido de hoy.

Antes de atravesar el río por un pequeño puente, el sendero se separa del mismo por su margen derecha bordeando una construcción rectangular (posible era) que queda algo a nuestra derecha y elevada. Hoy se nos mostraba cubierta de pequeños lirios en flor, lo que le daba un espectacular encanto. Junto a ella, pastando, un indolente burro cual Platero literario.

Tras atravesar uno de los varios portichuelos que nos vamos a encontrar en el camino (cuidar de volver a cerrar a nuestras espaldas), y tras disfrutar de algunos meandros del río nos acercamos hasta un poste indicador vertical que nos invita a desviarnos hacia la derecha para visitar las Chorreras. No excede de los doscientos metros el desvío necesario para acercarnos a una sugerente cascada, en principio velada tras algunas encinas.

Es un salto de una decena de metros que se ve obligado a efectuar el arroyo Fuenseca antes de fundirse con el río Bailón ya que proviene de una zona algo más alta (llanos de Navazuelo). Nos ha parecido, dentro de la belleza de todo el recorrido, quizás el rincón con más encanto visitado durante la jornada. Me quedo con las ganas de recorrerlo en su totalidad, para enseguida alcanzar la certeza de que aprovecharé esa recien nacida curiosidad, para justificar otra visita.

Durante nuestro recorrido vamos a pasar junto a diferentes cortijos en ruinas, de los que alguno nos atraerá la atención con suficiente fuerza como para desviarnos y recorrerlo (cortijo de Pedro Rebola). Por su altas y gruesas paredes que en su día delimitaban el espacio habitado y por la amplitud de los apriscos colindantes cerrados, todo ello confeccionado con piedra local en seco e incluso solados alguno de ellos, que ayudan a mimetizarlos con su entorno. De todo el conjunto solo quedan ruinas de algunos muros y los restos de algunas vigas que sustentaron la segunda planta.  

Comienza de nuevo la bajada para tras unos minutos sorprendernos la existencia de algunos árboles frutales junto a un abundante manantial que llena un par de abrevaderos. Alguna pequeña construcción y algo más retiradas, volvemos a divisar ruinas de otro cortijo que comparte nombre con el manantial: Fuenfría. Generoso y muy fresco nacimiento de agua que obliga a aflorar el contacto entre la capa de calizas y la compuesta de margas y arcillas, lo que las hace impermeables.

Acompañamos unos metros al recién nacido arroyo para tras cruzarlo, adentrarnos en un espeso encinar. Son algo más de quince minutos, de caminar sumidos en un paraje idílico, los que transitamos bajo la tupida sombra del espeso bosque, por un zizagueante sendero que va perdiendo cota de forma suave pero continua hasta introducirnos en una zona más despejada, donde se va cerrando el barranco entre altas laderas rocosas (tajos del Cerro de Zumacal), paredes salpicadas de oquedades, hábitat ideal para las aves, tanto rapaces como grajas e imagino que en verano seguro que también aprovecharán las golondrinas, vencejos y abejarucos.

Definitivamente nos adentramos en un profundo cañón que ha labrado el río Bailón a lo largo de su milenaria existencia. En su fondo, a tramos seco, se van acumulando gran cantidad de rocas de distintos tamaños que se han ido desprendiendo, con las lluvias, de las casi verticales paredes. En la margen izquierda del cañón y a media loma, destaca una amplia cueva con una figura en su entrada “el Fraile”: una estalagmita que ha quedado a la vista debido a la erosión en la entrada de la cueva.

Conforme nos acercamos al final de la etapa el cañón acumula espectacularidad y pendiente, pero todavía un poco antes de iniciar la bajada final para acercarse a los pies de Zuheros, en un falso y pequeño llano junto a unas paratas ocupadas por olivos y delimitadas por almendros en flor, nos encontramos aun otra fuente (Fuente de la Mora). Alimentada por las aguas que proceden del Cerro del Zumacal, es una pila rectangular adosada a la propia pared de piedra de la que mana a través de un caño de hierro el agua de forma permanente durante todo el año.

Una corta pero fuerte bajada nos deposita junto a la carretera, a la salida del pueblo de Zuheros, junto a un área recreativa. Aunque por aquí el río viaja oculto y no aflorará de nuevo hasta llegar más al norte, las pintorescas imágenes las propone el original encuadre entre las laderas del cañón en V conteniendo en su interior parte de las encaladas casas del pueblo. Primer avistamiento de la población que quedará gratamente grabada en las retinas y por supuesto en las cámaras fotográficas.

Más abajo, ya soslayado el encuadre del cañón, descendemos el último tramo con todo el pueblo, incluido su castillo, a la vista, para acabar junto al área recreativa (Las Cruces), donde termina el sendero o donde empieza, porque aparece el mismo cartel de nuestro inicio pero con las explicaciones alteradas en su orden. Decidimos iniciar la ascensión, para regresando, acercarnos de nuevo a la fuente Fuenfría, donde hemos acordado degustar nuestros bocadillos.

Poco antes de acabar la ingesta aparecen tres jóvenes que tras saludar ni se detienen en la fuente continuando su recorrido. A escasos minutos aparece toda una tropa de chavales con tres de sus profesores que invaden ruidosamente el paraje dispersándose a la vez que buscan acomodo para comer también. Rápidamente se distribuyen en pequeños grupos afines, alguno de ellos encaramado en el propio tejado de una pequeña construcción algo superior. La paz desapareció y con ellos llegó el jolgorio y las risas. Nos despedimos de ellos y tras remontar unos metros dejamos atrás las voces volviendo a la tranquilidad de la montaña.

Una vez alcanzado el coche en nuestro regreso, después de haber caminado más de 25 kilómetros, decidimos terminar de ascender hasta el Picacho de Cabra (lugar que comparte el centro geográfico de Andalucía, junto a Antequera, según criterios); singularidad geológica, declarado sitio de interés nacional en el año 1.927 (sí, no me he equivocado en el año), donde su ubica la ermita de la Virgen de la Sierra, patrona de Cabra. Rodeado de diferentes miradores, no en vano se le denomina el mirador de Andalucía, ya que en días propicios se llegan a avistar tierras de cinco provincias, hoy las abundantes nubes que se han ido acumulando a lo largo de la tarde no nos han permitido comprobar la veracidad del apelativo. Aun así, la situación estratégica y sus 1.217 metros de altitud a la que nos eleva nos permiten dominar amplios horizontes.

En una de sus laderas se halla una imponente sima vertical (sima de Cabra) con más de 116 metros de profundidad y unos veinte de ancho, que hace algunos milenios pudo ser el aliviadero de esta planicie cuando ostentaba mayor altura y recibía más lluvias, altura que ha ido perdiendo conforme la erosión ha hecho su labor. El conocimiento de esta profunda sima viene de muy atrás siendo mencionada ya en la celebérrima obra de Miguel de Cervantes.

Estando en la cima el tiempo va estropeándose y se levanta un más que fresco aire que cada vez invita más a dar por terminada la jornada, cosa a la que nos prestamos de buen grado, entre otras razones por el cansancio acumulado, ya que presentimos que hasta la hora larga de traslado que nos queda hasta Granada será un merecido descanso para nuestras piernas.

  

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.



miércoles, 19 de marzo de 2014

Río Verde (Sierra de Almijara - Granada)

Que mejor que empezar la jornada con un bonito amanecer.

Y si nos acercamos un poco para que las nubes adquieran más protagonismo?. 

Los colores predominantes de esta sierra: grises y blancos.

La carretera corta la línea de cimas de la sierra de Almijara.

A primera hora no tenía muy claro casi nada.

Amplia panorámica de esta sierra de Almijara.

Cascada de los árboles petrificados.

Río Verde.

Uno de los diques que se construyeron para frenar los arrastres.

Chorreras que forman el desagüe de la Pantaneta de Funes.

Lástima que no bajara más agua.

Imágenes que quedan en la memoria.

Profundo barranco por el que discurre  río Verde.

De nuevo junto al cauce.

Reflejos de mil soles.

Primero de los puentes colgantes que atravieso.

Jardines verticales escalan las paredes rocosas.

El color que le aporta el nombre al río.

Todas las laderas están colonizadas por la vegetación.

Uno de los miradores que jalonan el sendero (tercero y más bajo).

Totalmente encajonado durante este tramo. 

Poco más adelante de este segundo puente acaba mi progresión.

Pantaneta Cueva de Funes castigada por las fuertes rachas de viento.

Solo resta subir y subir.

Estas cimas las dejo para otro día. Motivos para volver...




Fecha:28-1-2014                                                 Collado de los Chortales              8'30h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                    Cascada Las Chorreras                 9’30h
Duración: 8h. (Lineal)                                          Río Verde                                 11'30-12’00h        
Desnivel en subida: 700 metros                          Pantaneta Cueva de Funes        13’45h.
Rangos de temperatura: de 1ºC a los 6ºC          Collado de los Chortales             16’30h.
                                                                                 


La Sierra de Almijara es el extremo sureste que junto a la de Tejeda y Alhama forman el conjunto de las sierras que se integran en el Parque Natural de su mismo nombre. Es un macizo calizo que ocupa la divisoria entre las provincias de Granada y Málaga a la vez que frontera física. La sierra de Almijara tiene su techo en el pico Matalascamas de 1.791 metros sobre el nivel del mar, cercano a la población de Nerja.

Durante mi recorrido de hoy van a tener una presencia permanente aunque con ejemplares aislados, debido a las excesivas talas y los incendios, diferentes especies de pinos, sabina rastrera, quejigos, encinas y carrascas con un matorral muy denso. Los espacios abiertos conquistado por plantas aromáticas: tomillos, lavandas y romeros compartiendo el terreno con los piornos. En las zonas más húmedas (segunda mitad del recorrido) abundan el boj y las adelfas. Y cuando la cota se acerca o baja de los seiscientos metros, aparecen los palmitos.

El río Verde es un sendero señalizado que se inicia en el kilómetro treinta de la carretera de La Cabra, en el paraje conocido como Collado de los Chortales. Aunque es bastante más conocido por desarrollarse actividades de barranquismo, el acceder andando y conocer buena parte de su recorrido alto es una opción muy interesante a la vez que atractiva, no excesivamente conocida ni utilizada y excelente oportunidad para adentrarse en éste extremo del Parque Natural.

Cien metros por encima del inicio del sendero hay un pequeño aparcamiento donde dejar los coches sin que molesten a nadie. A primera hora, cuando yo he llegado estaba totalmente vacío. Las ráfagas de aire muy violentas cimbreaban el coche y mucho más a mi cuando me he bajado para captar algunas instantáneas de las rojizas nubes iluminadas por el primer sol de la mañana. Empezar la jornada con un buen amanecer es una inmejorable forma de comenzar.

No me preocupan las fuertes rachas de viento porque sé que en cuanto baje durante unos minutos por el sendero estaré protegido. No obstante durante estos primeros minutos el frío aire y la baja temperatura me restan calor de forma alarmante. Antes de darme cuenta estoy tiritando a pesar de la mochila y el movimiento. Una vez que se aquieta el aire, recupero calor y reflejos rápidamente, alarmantemente adormecidos minutos antes.

Se tarda alrededor de una hora en bajar hasta la primera cascada del recorrido, tan atractiva como sugiere su propio nombre: de los Árboles Petrificados. Nombre que le aplican por haberse quedado olvidados algunos troncos en la cascada, donde el tiempo y los minerales disueltos en el agua los han calcificado. Bien visibles desde la base del pequeño salto, junto a la poza que recoge las aguas, llaman la atención por la originalidad. Aquí podemos optar por seguir el sendero que trepa unos metros para salvar un pequeño tajo o continuar por la pista forestal cercana hasta la Fuente de las Cabrerizas, junto al lecho del río.

Junto al cartelón que hay en la curva por encima de la fuente sigue el sendero acercándose hacia el río. Pero antes hay que detenerse frente a un conjunto de cascadas (si hay agua para formarlas), que han marcado toda una colina enfrentada ya que a través del tiempo han ido cambiando itinerarios, puliendo y decorando con distintos colores los diferentes recorridos. El agua baja desde la Pantaneta Cueva de Funes que está justo encima, aunque no es visible desde esta posición.

Sigo descendiendo para volver junto al cauce y cruzar el río para ascender bruscamente por la otra vertiente. El sendero, despechado, tiene que soslayar un profundo y prolongado cañón por lo que se eleva un centenar de metros. Discurre durante un tramo a media loma para dejarse caer nuevamente hasta las profundidades del barranco al encuentro de nuevo con el cauce. Todo el recorrido va a ser un juego obligado por lo orografía de acercamientos y alejamientos entre ambos. 

Cuando de nuevo se logran la reunificación sendero y río aparece un letrero: “fin de sendero”. Es un paraje con abundancia de pozas y pequeñas cascadas muy vistosas. En las pozas domina el profundo color verde que da nombre al curso. Yo prosigo, ignorando el cartel e intuyendo el escondido recorrido del sendero para primero, atravesar un pequeño puente colgante y después subir y bajar por las distintas vertientes, ya sin puentes (puesto que se los ha llevado la corriente), lo que me obliga a buscar lugares idóneos para cruzar (hoy el escaso caudal no me lo ha puesto demasiado difícil), hasta volver de nuevo a divorciarse sendero y cauce a causa de nuevos y estrechos desfiladeros.

De nuevo tengo que remontar, esta vez por la margen izquierda para tras llanear un rato volver a descender de nuevo al encuentro con el río. En mi nuevo acercamiento al cauce me asomo a una tríada de miradores escalonados, que situados estratégicamente permiten dominar buena parte del barranco que su estrechez no me ha permitido caminar. Para terminar cruzando de nuevo el río por otro puente colgante de mayor entidad que el anterior.

Poco después acaba mi avance por no encontrar sitio adecuado para volver a cruzar el cauce, lo que hace que abandone definitivamente mi seguimiento curso abajo. Debo estar muy cerca de la "Junta de los Ríos". Junto al último puente me detengo un rato para obtener unas fotografías y tomarme el bocadillo ya que lo hora así lo aconseja.

Desandar el camino hecho, ya que es un recorrido lineal, que sólo me permite pequeñísimas innovaciones. Alguna incluso debido a pequeños despistes propios que me obliga a vadear la corriente con alguna novedad respecto a la ida. Nada relevante si quiero retomar los tramos de sendero habilitados ya que salirme de ellos es muy problemático dada la espesura de la vegetación que lo inunda todo y que cuando lo intento me hace pagar un peaje nada despreciable entre pinchazos y arañazos.

Cuando regreso hasta la Fuente de las Cabrerizas decido acercarme hasta la Pantaneta, por lo que sigo la pista (dirección oeste) para tras superar una pequeña cuesta que no llega al kilómetro "darme de bruces" con ella. Vuelven a dejarse sentir las fuertes rachas de viento, mitigadas hasta ahora, que hacen esta hondonada muy molesta de caminar. El agua, muy rizada, da fe de la fuerza del aire. Esta pequeña lámina de agua alimentada por unas surgencias barranco arriba, sirve como hábitat permanente para una serie de aves que lo han adoptado como residencia, a las que puedo observar meciéndose en medio del “oleaje”.

Tras circundarla casi en su totalidad, retorno sobre mis pasos para acercarme hasta la Cascada de los Árboles Petrificados, desde donde se inicia la subida, larga y pronunciada, hasta la carretera donde abandoné el coche ésta mañana. Aquí coincido con un par de senderistas que había oído y avistado anteriormente, pero que por llevarles bastante ventaja no había creído conveniente esperar.

Me los encuentro en pleno avituallamiento. Tras los saludos y presentaciones de rigor decido esperar para hacer la subida aprovechando su compañía. Son dos maestros ya fuera de las labores docentes que pueden, al igual que yo, dedicar un día entre semana a estos menesteres. Iniciamos la ascensión con las paradas pertinentes, con la excusa de apreciar el paisaje o hacer alguna foto y la real de recobrar el “resuello”, ya que los repechones, que son varios, se las traen.

Algo más de una hora tardamos en alcanzar la bifurcación, casi arriba del todo. A la izquierda el sendero hasta su inicio. A la derecha el ramal que nos conduce hasta el pequeño aparcamiento donde esperan los vehículos. Algo antes de llegar me despido de José Luis y Antonio, ya que ellos han decidido no castigar más sus piernas. Yo, todavía con pasos por gastar en las mías, he decidido explorar un senderillo que avisté esta mañana y que el fuerte aire reinante a esas horas no recomendaba recorrer. Sin grandes ascensiones transita a media loma dirigiéndose hacia el sur.

Tras media hora de andar por él, prácticamente perdido entre la vegetación y entrecortado por algunos pequeños desprendimientos llego a una zona en que se sumerge, desapareciendo, entre la vegetación y aunque vuelve a mostrarse algo más lejos, no me quedan fuerzas ni ganas para seguirlo por lo que decido abandonar y dejar las ansias exploratorias para mejor ocasión. Así siempre tendré una excusa para volver.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.