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sábado, 2 de marzo de 2019

Picacho Alto (Sierra del Manar - Alayos de Dílar - Granada)

Nuestro objetivo al fondo y a la derecha:  Picacho Alto 1.750 metros.

A medio camino entre Ermitas.

Ermita Vieja.

Estanque unos metros por encima de la Ermita Vieja.

Reflejos.

Por encima de la Ermita entre pinares.

Mirando hacia la vega.

Indicador en Montellano.

En plena subida.

Las rocas, si sabemos mirarlas, nos hablan de su pasado.

El cauce del río Dílar junto al pueblo, detrás del humo.

Eran tan esquivas que casi se escapan de la foto.

Desde el collado empezamos a dominar este terreno.

Toda esta sierra dolomítica presenta estampas similares.

El Trevenque (izquierda) y el Corazón de la Sandía (derecha).

Desde la cima de Picacho Alto se puede seguir el senderillo que transita por las crestas.

Desde arriba hoy no nos ayudaba el día para captar amplias panorámicas.

Típicas formaciones en esta sierra: crestas de roca algo más dura que se resisten a la erosión. 


Barranco de Poca Leña. Nombres muy descriptivos.

Tapial junto al que discurre en paralelo un buen tramo del sendero en nuestra bajada.

Ermita nueva

Nota: Las fotos 8 y última pertenecen al recorrido pero están tomadas otro día con muy distinto cielo.




Fecha:23-10-2013                                                                 Ermita Nueva 8'30h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                                      Ermita vieja 9'40h.
Duración: 4'30h. (Semicircular)                                            Picacho Alto 10'30h.
Desnivel en subida: 750 metros                                             
Rangos de temperatura: de 13ºC a los 18ºC                         Ermita nueva 13'00h

Hoy he realizado en compañía de uno de mis hermanos una corta excursión recorriendo parajes a caballo entre dos sierras. Por un lado la Sierra del Manar y por otro Los Alayos de Dílar. La brevedad de la salida de hoy ha venido condicionada por mi estreno de unas plantillas para intentar corregir los defectos en la pisada que últimamente se venían agravando, lo que me ocasionaba frecuentes dolores y por tanto me estaban limitando durante los últimos meses ya que no me dejaban ni disfrutar en mis salidas ni conseguir mis objetivos.

Hoy quería probar la bondad de las soluciones y tras un resultado más que aceptable me he autoconvencido de que podré retomar la actividad en próximas semanas con la intensidad con la que la venía ejerciendo antes de las incidencias.

Habíamos programado para hoy la subida hasta el Picacho Alto (1.750 metros). Al no ser una subida excesivamente dura ni larga habíamos calculado que para las primeras horas de la tarde estaríamos de regreso y eso sin tener que madrugar excesivamente. Hemos iniciado la actividad, una vez aparcados en las inmediaciones de Ermita Nueva a las 8'30. El cielo prácticamente cubierto de nubes no nos ha permitido disfrutar de un bello amanecer como en otras ocasiones. La suave temperatura ha sido durante toda la jornada buena compañera de viaje.

Justo a las espaldas de la Ermita arranca (de la carretera asfaltada que se dirige hacia Otura) un carril terrero que junto a un seco cauce de un arroyo se dirige en dirección este entre campos dedicados al cultivo del almendro y el olivo hasta acercarnos a la línea de pinos que se divisan al fondo al pie de la ladera.

Precisamente en la entrada del sendero en el bosque de pinos de repoblación se inicia la subida para tras unos veinte minutos alcanzar un collado donde comienza a llanear y posteriormente a descender buscando una estrecha cañada arenosa por la que tendremos que remontar durante unos quinientos metros. Tras alcanzar una señal doble que nos indica que llevamos promediado el camino entre Ermitas, el sendero retoma la subida bruscamente por un tramo muy marcado y con mucha piedra pequeña y suelta. Empiezan los primeros sudores a pesar de ir en camiseta de manga corta.

Atravesamos la carretera perimetral del Parque, para tras otro tramo de sendero volver a encontrarnos con ella algo más arriba. A partir de aquí hay que seguirla durante unos minutos ya que nos va a acercar hasta Ermita Vieja (está totalmente reconstruida y en muy buen estado), cerrada y junto a ella unas higueras y algunos nogales rodeando una balsa preparada para abastecimiento de helicópteros en caso de incendio, todo ello en un recinto vallado al que no se tiene acceso. Unos metros por encima una antigua alberca con una fuente que la alimenta.

Aquí abandonamos la pista para retomar la senda que de nuevo atravesando los pinares salpicados de alguna encina y chaparras nos ayuda a recortar el curveo de la carretera a la que nos volveremos a integrar poco más arriba (Montellano). Ya tenemos enfrente la mole del Picacho Alto, pero aun nos queda alrededor de una hora para poder pisar su cima.

El terreno es el mismo que conocemos de las distintas subidas al Trevenque y de los Alayos, quizás con más vegetación a pesar de estar orientado predominantemente hacia el suroeste. Tendremos que atravesar algunas ramblas de arena antes de que el sinuoso sendero se encamine y nosotros con él, hacia la cima. Es una subida que no ofrece mayor dificultad que la de tomársela con tranquilidad, apreciando los distintos salientes picudos rocosos que logran destacar en las laderas por ser compuestos algo más compactos y duros que los de su entorno y aguantar mejor la erosión.

Estamos atravesando un arrecife formado hace algunos millones de años cuando este terreno estaba sumergido. Es difícil verlo pero en algunas de las muy fracturadas rocas que pisamos durante la subida se pueden ver los restos de su origen marino. Nos encontramos entre cotas 1.500 - 1.600 y con la colaboración de mi hermano localizamos algunas rocas con vestigios marinos.

Siempre me ha admirado la agilidad y capacidad de agarre que ostentan las cabras monteses en estos parajes tan complicados con paredes de más de 60 grados de desnivel sin soportes aparentes y con un terreno suelto. Hoy nos han dado una nueva muestra al salir desde debajo de unas chaparras, imagino que en busca de bellotas, asustadas por nuestro paso por el sendero algo por encima de ellas. Una docena de cabras han salido rapidísimas para en unos segundos poner más de trescientos metros de separación con nosotros antes de aminorar en su carrera y recobrar la tranquilidad.

Enseguida llegamos al collado quedando la cima del Picacho a nuestra derecha, sólo falta seguir el senderillo para coronar en escasos minutos y desde la cima dominar prácticamente toda la línea de crestas de los Alayos y la inconfundible silueta del Trevenque al noreste. De Sierra Nevada apenas podemos ver hasta la cota 2.800 (Radiotelescopio) porque todo lo que está por encima lo oculta la densa capa de nubes.

Iniciamos el descenso que hasta casi Montellano va a ser por el mismo itinerario usado para la subida. Ya abajo si tomamos un ramal a la derecha (hay que ir atentos porque esta marcado por un pequeño hito de piedras apiladas que pasa bastante desapercibido) que desciende por el Barranco de Poca Leña y Cuesta Blanca. Aprovecha en su primer tramo una rambla de arena suelta que en bajada moderada va perdiendo altura a la vez que nos lleva hacia el suroeste.

Acabada la cañada al llegar a la carretera aparece de nuevo el sendero que llaneando durante más de dos kilómetros por entre pinares discurre paralelo a un largo tapial fabricado con piedra local en seco que en su día servía para delimitar una finca privada del monte superior. Muy deteriorada y desecha a tramos, aun deja ver que en su día se elevaba alrededor de metro y medio delimitando la propiedad de una finca perteneciente al Marquesado de Dílar otorgado por el rey Alfonso XIII a favor de Pablo Díaz y Jiménez, Senador del reino (1.886).

Una vez divorciadas la muralla y el sendero estamos prácticamente abajo, solo nos resta unos centenares de metros para retornar junto al edificio de la Ermita Nueva dando por finalizado el recorrido de hoy.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.





miércoles, 23 de abril de 2014

Sierra del Manar (Padul - Granada)

Panel informativo del primer sendero.

Al principio de la subida, apenas superados los almendros.

La intensa parcelación de toda la depresión del Padul.

Cerrado bosque de pinos de repoblación.

La humedad ayuda a prosperar a los más pequeños.

Homenaje a un paduleño.

Mirador del Padul.

Cima del pico de la Atalaya, actualmente ocupada por una cruz.

Las nubes no cabían en la ladera norte y acabaron desbordando la sierra.

Un pequeño anticipo.

Despedida y a correr; hay que trabajar.

Hoy desde la Silleta no había mucho que admirar.

Ermita Vieja.

El día ya mucho más amigable.

Largos, profundos y accidentados barrancos: la esencia de esta sierra.

Todos tratan de subsistir.

Grandes contrastes en poco espacio.

De nuevo junto a Ermita Vieja.

Dos versiones de una realidad.

Al final un día espléndido.

Piedra ventana.

Minas del tío Agustín.

Explotación de áridos.

Las Lagunas del Padul.



Fecha:26-2-2014                                                       Padul                                  8'00h.
M.I.D.E.:2,2,3,4.                                                          Mirador Padul                    9’15h
Duración: 8h. (Semicircular)                                     Silleta                               10'30h     
Desnivel en subida: 950 metros                                Ermita Vieja                     11’45h.
Rangos de temperatura: de 6ºC a los 13’5ºC           Final etapa                       12’15h.
                                                                                     Ermita Vieja                     13’30h.
                                                                                     Piedra Ventana                14’30h.
                                                                                     Padul                                16’00h.


La vertiente noroeste de la Sierra del Manar ya la conocía por haber realizado un par de ascensiones, tanto a la Silleta del Padul como a Picacho Alto, pero su cara sur me era totalmente desconocida, así que hoy había decidido remediar, al menos parcialmente, mi ignorancia. Como la subida a la Atalaya (1.240 m.), e incluso continuar hasta la Silleta (1.520 m.) me parecían que no tenían entidad suficiente para toda una jornada de marcha, he decidido recorrer toda la Sierra del Manar longitudinalmente, de sur a norte.

Había decidido que el inicio de la jornada fuera en la población de Padul (este año me he decantado por esta depresión cercana a Granada y que tenía bastante olvidada). En la misma población se inicia un sendero denominado PR-A 376 calificado con dureza media-alta (Padre Ferrer, Circular de la Atalaya) que me ha venido muy bien para iniciar mi recorrido. Seguir con la ascensión hasta la Silleta y prolongar la marcha hasta Ermita Vieja, base de Picacho Alto y proseguir un buen rato por la carretera que bordea los Alayos de Dílar por su cara sur.

Éste primer tramo, también denominado sendero de los gudaris (soldados prisioneros con base en la Casa Grande del Padul), porque fueron presos vascos los que estuvieron trabajando por toda esta zona. Durante catorce meses estuvieron “rehabilitándose” de sol a sol abriendo estos senderos a pico y pala durante el año 1937. El sendero se desvía sin ascender demasiado hasta casi la vertical de la Urb. El Puntal, para ahora sí, comenzar la ascensión de forma seria y constante. Estos primeros tramos hay que estar muy pendiente a la señalización porque, aunque hay hitos verticales, es fácil equivocarse de ramal, los bruscos quiebros pueden despistarnos.

Casi todo el recorrido transita bajo pinar de repoblación, protegiendo los típicos espartos y aromáticas propios de estas sierras: oréganos, tomillos, jaras. Me llama la atención que allí donde las espículas de los pinos no recubren el suelo y debido a la prolongada humedad han aparecido los musgos de intenso verde que me traen a la memoria recuerdos invernales de mi niñez cuando salíamos a recolectarlos para decorar el belén.

Cuando el sendero queda desprotegido de los pinos, el aire, más que apreciable, no sólo se deja oir meciendo las copas de los árboles, sino que lo siento yo a ras de tierra, fresco y a rachas impetuoso, lo que me hace dudar si me permitirá completar el resto de jornada. Se abre el paisaje y corono un collado donde enseguida diviso un monolito instalado a la memoria del Padre Ferrer; unos metros más bajo un amplio mirador desde se domina toda la depresión: Mirador del Padul.

Cuando me giro para apreciar el entorno distingo algo más arriba la cruz blanca que corona el Cerro de la Atalaya. Se afirma que la cruz actual ocupa los anteriores cimientos de una antigua atalaya árabe que señalizaba las novedades, ya que desde ella se domina tanto la entrada a este extensa depresión desde Granada como la salida hacia la costa. Situada apenas unos metros más arriba de mi cota actual y a escasos minutos de distancia. Justo en la cima de la Atalaya, mientras disfruto los retazos de espacio que me permiten las pertinaces nubes que recorren la laguna y sufro los embates del viento, me alcanzan un par de paduleñas a las que no había visto hasta ahora.

Iniciamos, tras los saludos de rigor, una amena charla y aprovecho que son experimentadas visitantes de estos lugares para informarme de la mejor forma de continuar hasta la Silleta. Compartimos unos centenares de metros y sorpresivamente se despiden de mí, junto a un abrevadero, ya que se les hace tarde para bajar al pueblo y abrir el negocio que regentan: "ahora nos toca correr cuesta abajo", me comentan. Si no quieren retrasarse en la apertura tendrán que hacer la bajada en algo menos de una hora.

Sigo ya con mi recuperada soledad intentando seguir las instrucciones recibidas. Al principio sin dudas ya que los senderos y las indicaciones eran precisas. Más tarde echaré en falta alguna explicación más amplia o una atención más eficiente. A ello se suman las nubes que empeñadas y ayudadas por las fuertes rachas de viento, están coronando la sierra del Manar por su punto más alto para derramarse, una vez superada, ladera abajo hacia la depresión. El último tramo no consigo encontrar sendero ni “senderillo” y me limito a caminar por la cresta hasta alcanzar la Silleta. Arriba, junto al hito, apenas si tengo 10 metros de visibilidad. Me planteo si seguir o volver. Como conozco ya el entorno decido intentar seguir por si mejora la climatología. Aquí comienza el tramo lineal, al enlazar con otro sendero balizado como PR-A 73 (ascensión de Dílar a la Silleta por Barranco Hondo).

Apenas llevo diez minutos andados cuando se abren las nubes y comienza a reinar el sol, por fin el insistente aire ha ganado la partida y las nubes se retiran o desaparecen y yo feliz por el resultado sigo con mi itinerario. Primero me acerco hasta Ermita Vieja para tras echar un trago en la fuente junto a la alberca proseguir hasta la base de Picacho Alto. Hoy no tengo intención de subirlo, sino que voy a continuar por la carretera que recorre Los Alayos por su cara sur hasta adentrarme en unos barrancos que desde la distancia me parecían atractivos.

Se empina la carretera más de lo que yo quisiera, alcanzando en algunos tramos un desnivel cercano al 25%, rampas que se hacen duras. La carretera serpentea salvando lomas y evitando barrancos, ascendiendo paralela a una rambla de arena que se divisa bien baja. Pero es engañoso, en minutos el barranco se estrecha y obliga a rambla y carretera casi a solaparse para acercarse hasta un collado. En esta zona de pinos más dispersos y viejos, decido abandonar el avance, llevo más de cuatro horas caminando y todavía me queda el regreso. Estoy en el punto más alto del recorrido de hoy, alrededor de los 1.600 m., donde aparecen algunos restos de nieve en las umbrías.

Tomo algo de fruta, me hidrato e inicio, ahora sí, la fuerte bajada que salvo algún pequeño repecho va a ser continuada hasta llegar de nuevo a Ermita Vieja, desandando el camino. Volver sobre mis pasos hasta la falda de la Silleta, que ahora no subo, para continuando por el sendero acercarme hasta Piedra Ventana, retomando el tramo circular del sendero inicial.

Piedra Ventana es un saliente rocoso en medio de una ladera a la que la erosión le ha hecho un buen boquete en medio. Ubicada junto al sendero que desde la Silleta desciende hasta el Padul, es muy conocida por todos los andadores de sierras que hacemos estos recorridos además de tener el encanto especial que le da la naturaleza a algunas formaciones rocosas. Tras las fotos de rigor inicio la prolongada e ininterrumpida bajada que de nuevo, entre denso pinar de repoblación, al que por la proximidad de sus troncos no parece que se le haya hecho limpieza en ningún momento, me va a acercar hasta el inicio del recorrido.

Aunque todavía, ya bien bajo, me detengo de nuevo en unos miradores habilitados junto a una de las canteras de grava (conocida como cantera del millón cuarenta y ocho, por ser esas sus coordenadas). Desde ellos aprecio los buenos bocados que se le han dado a estos cerros para extraer la grava que después se utilizará en la fabricación de bloques, firmes de carreteras y otros elementos constructivos. A pesar de la relativa cercanía, las grandes palas mecánicas que en ella trabajan asemejan miniaturas jugueteras de los niños, aunque seguramente cargarán varios metros cúbicos cada una.

Al final la jornada, amplia en su espectro climatológico y metereológico, ha sido gratificante. Lo que si me ha dejado patente esta sierra es que no son aconsejables las visitas veraniegas, ya que su sequedad y blancura deben hacerla extremadamente dura. Incluso hoy, cuando al final se ha impuesto el sol y sin subir en ningún momento la temperatura de los quince grados, por su dureza y su agresividad, se me ha mostrado recia. Pero había que conocerla y hoy ha menguado un poco mi desconocimiento sobre esta vertiente de la Sierra del Manar añadiendo a su vez, en mi haber algo de sabiduría.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

jueves, 17 de enero de 2013

Silleta (Padul - Dílar) Sierra del Manar- Granada

Ermita nueva, junto a la que hay un aparcamiento.

Panel informativo de inicio del recorrido.

Las labores agrícolas de la recogida de la aceituna en plena apogeo.

Enseguida el sendero se adentra por bosque de pinos.

Indicadores de las dos ermitas y casi en medio del camino.

Precioso y recoleto edificio que fue la Ermita Vieja, hoy refugio.

Algo por encima de la Ermita Vieja está esta fuente que alimenta la alberca.

No es la cima del punto geodésico pero se puede llegar cresteando por aquí.

Una vez arriba de la cima en su extremo este se abren panorámicas amplias hoy deslucidas por la bruma.

El hito que señala la cima de la Silleta.

Sierra Nevada de telón de fondo, desde el Veleta hasta el Caballo.

La amplia vega de Granada con Dílar en primer término.

La aparente regularidad  visual de la Silleta desde Granada es puro espejismo aquí arriba.

Lástima que la bruma no nos dejara apreciar con claridad la hoya y lagunas de Padul.

Terminado el recorrido circular volvemos al punto de partida.





Fecha:13-12-2012                                                           Ermita nueva                    8h.
M.I.D.E.:2,2,2,2.                                                               Ermita vieja                     9'45h
Duración: 7h 15' (38.800p)                                            Puerto Mala Mujer           10'45h. 
Desnivel en subida: 600 metros                                    Silleta                              12’00h
Rangos de temperatura: de 3'5ºC a los 15'5ºC          Ermita nueva                  15'15h.


Hoy, de nuevo, he contado con la compañía de mi hijo Carlos y casi como siempre que salimos juntos ha sido él el que ha elegido el destino de la excursión: La Silleta. Lo dejo así para no incrementar la polémica entre “paduleños” y “dilareños” que se disputan el nombre del cerro por estar a caballo entre ambos términos municipales.

La Sierra del Manar por la que vamos a movernos durante casi todo el día, está situada en la parte occidental del Parque Natural de Sierra Nevada y ostenta una altitud máxima de 1.520 metros en el Cerro de La Silleta. Integrada en la formación carbonatada del Trevenque, formando parte de un gran acuífero, un gran almacén subterráneo de agua que aflora por distintos manantiales: Mina de la Purísima, Agüadero, Fuente de la Zorra y otros, abasteciendo también a las Lagunas del Padul.

Por su riqueza biológica e interés geológico, este humedal está considerado como uno de los importantes ubicados en el sureste peninsular, con una extensión aproximada de unas 60 Has. encharcadas que da vida a una rica población lacustre, aunque en épocas lluviosas esta extensión se ve ampliamente superada. Esta zona húmeda tiene especial relevancia por ser la única natural en la provincia de Granada y por ser lugar de paso y asentamiento de multitud de aves, habiéndose llegado a contabilizar hasta 158 especies distintas. Hacer notar además que todo el subsuelo de la antigua laguna, está ocupado por una turbera, la mas meridional de Europa.

La vegetación autóctona la representan los sabinares y matorral principalmente de aromáticas como romeros, tomillos, lavandas y distintas especies de jaras, mezclado con pinares de repoblación (mayoritariamente carrasco), fácilmente identificables por su mayor densidad; plantaciones realizadas alrededor de los años 50 del siglo pasado de forma manual por lo que se respetó sobremanera el suelo original. Las arenas dolomíticas que componen estos suelos son muy pobres en nutrientes a la vez que de escasa capacidad de retención de agua, si a ello sumamos la presencia de magnesio ( el magnesio es un nutriente esencial para las plantas) pero en elevadas concentraciones es venenoso para la mayoría de las especies vegetales, lo que provoca una alta especialización y por ello endemismos locales que le dan un gran valor a esta sierra (endemismos de dolomías).

Esta sierra está comprendida geográficamente entre los Alayos de Dílar y el Suspiro del Moro y en ese sentido la vamos a recorrer. Aunque la parte más alta es la cima del Cerro de la Silleta (1.532 metros) el punto geodésico está situado en el otro extremo de la cresta ostentando una altitud de 1.520 metros. Entre ambos hay una pequeña depresión que se le quiere asemejar a la de una silla de montar, de lo que puede provenir el nombre.

Para llegar hay que acercarse y atravesar toda la población de Dílar (población llamativa por la forma del territorio que ocupa, una larga franja de terreno de más de 25 kilómetros de larga por sólo algo más de 5 km de ancha, que se prolonga desde el Suspiro del Moro (850 metros) hasta la cima del Veleta (3.394 metros). Guiándonos por los indicadores que nos acercan hasta la Ermita Nueva, muy por encima y fuera del casco urbano; aunque quizás nos se de mayor utilidad seguir los indicadores anunciadores del Hotel Zerbívetta, ubicado en sus proximidades, bastante más visibles y mejor conservados.

Otro acceso se puede hacer a través de la población de Otura. A medias del recorrido que hace la carretera que une las poblaciones de Otura y Dílar, frente a unas urbanizaciones nace una carretera asfaltada que serpenteando por las lomas nos acerca directamente hasta Ermita Nueva sin tener que atravesar la población de Dílar ya que la deja por debajo en su recorrido. 

Por detrás de la Ermita arranca una pista que será el inicio del recorrido. Un centenar de metros y ya estamos junto a un panel informativo del circuito circular que nos proponemos realizar. El primer tramo, bordeando terrenos de cultivo (almendros y olivos) es un carril que se dirige sin vacilaciones hasta el pie de las primeras lomas claramente delimitadas por el verde de los pinos. Son poco más de las ocho de la mañana y ya saludamos a algún “cosechador de aceitunas”, que con su máquina envuelve el tronco de las olivas y tras desplegar un manto de forma automática le da un buen meneo al árbol para que se desprenda de su fruto.

Justa al llegar al límite de los pinos comienza la ascensión que se prolongará durante un buen rato para darnos un descanso llaneando una vez alcanzada la cima de la loma e incluso un poco de bajada posteriormente hasta enlazar con una arenosa rambla por la que vamos a ascender durante un trecho hasta encontrar de nuevo a nuestra izquierda el sendero que vuelve a empinarse. Tras un buen rato de subida bajo la protección de los pinos en todo el recorrido llagamos a un carril que atravesamos porque el sendero sigue justo enfrente, para volver a él unas curvas más arriba. Aquí abandonamos el itinerario que nos acercaría hasta nuestro destino.

Tomamos a la izquierda para acercarnos a la Ermita Vieja, ahora refugio reconstruido. Pequeño y bonito edificio junto a un recinto vallado que protege en su interior un gran depósito de agua utilizado por el servicio de extinción de incendios. Un poco por encima y junto a un gran nogal encontramos una fuente que alimenta un estanque de generosas dimensiones. Hoy fuente y estanque rebosantes de agua. Después de esparcirnos un rato en el paraje, toca regresar sobre nuestros pasos para retomar de nuevo el carril (en sentido contrario) que nos acercará a la Silleta.

Tras caminar de nuevo un rato por él, hay que ir atentos porque pasa casi desapercibido un desvío por el que hay que abandonar el carril (Puerto de Mala Mujer) para retomar un sendero (izquierda) que ya debajo de la cima más noreste de la loma, la va a rodear para llegar a la cresta situada mas al sur, para terminar de ascender por su cara este, donde se ubica el punto geodésico. Podemos obviar éste último tramo de recorrido y tomando un sendero de grava suelta muy visible y marcado, ascender a esta primera cima de la larga loma de la Silleta y a partir de ella, cresteando, acabar en la última.

Esta es la opción elegida por nosotros. Aunque a media loma, junto a los restos de un redil se pierde el sendero, el frecuente paso de los visitantes permite ascender "cómodamente" hasta la cima y una vez en ella, basta limitarse a seguir literalmente por la cresta, salvando algún pequeño tajo mediante rodea, para llegar hasta la cima que ostenta el punto geodésico, situada en el extremo sur de la loma. A partir la Silleta pierde rápidamente altura hasta morir por encima de las urbanizaciones de la población del Padul.

Durante el tránsito por la cresta tenemos una amplias vistas, por un lado de toda la depresión del Padul y Dúrcal con Nigüelas al fondo; por otro la amplia vega de Granada donde es difícil delimitar los límites de las distintas poblaciones que la ocupan ya que sus construcciones están tan juntas que aparece visualmente una continuidad de construcción.

Llegado al hito sólo resta iniciar el regreso. Podemos descender hacia Padul que no es el itinerario escogido por nosotros. No es nuestro caso porque el vehículo lo abandonamos esta mañana junto a la Ermita Nueva y hacia allí hemos de dirigirnos. Para los conocedores del terreno aconsejo hacer el recorrido circular por Barranco Hondo, el sendero arranca justo a los pies de la última cima visitada y comienza con una fuerte bajada dirección oeste.. A los que no dominen la geografía local les aconsejo regresar por el mismo itinerario que se hace subiendo, ya que la falta de indicadores hace muy probable la pérdida.

Así como para la subida las indicaciones son suficientes, no ocurre lo mismo en la bajada ya que en las faldas de la Silleta y junto a un cortijo (cortijo del Manar), o faltan las señales o se dan por sabidas, lo que crea gran incertidumbre a los no conocedores, provocando, como me consta que en algunos casos haber tenido que desandar lo andado y este tramo último era de fuerte bajada.






Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.