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miércoles, 11 de mayo de 2016

Velillos o Frailes (Olivares - Moclín - Granada)

Moclín desde su castillo.





El desfiladero por el que discurre el río Velillos que vamos a recorrer.

Cuando nos encontramos con el río aparece la antigua "Fabrica de la Luz" en plena rehabilitación.

Alcanzada la orilla izquierda, el sendero presenta este aspecto.

Unos metros antes de alcanzar -el agua- la cámara de carga, se despeña loma abajo a la espera de la terminación de la central.

El desfiladero de "El Gollizno" empieza a invadirse por las nubes bajas.

La niebla, en días claros, siempre ofrece estampas muy sugerentes.  


Carlos, uno de mis hijos, que me acompaña hoy.

Junto al puente colgante, el tramo de sendero con una "olvidada" rueda de molino junto al camino.

Puente colgante y pasarela anclada al tajo derecho del río.

Tras una corta subida alcanzamos el inicio del puente. 

Puente colgante por el que salvamos el cauce.

La fresca mañana aun aconsejaba abrigar las manos a pesar del bamboleo del puente.

El cauce por debajo del puente acumula restos vegetales y muchas y grandes piedras.

Tramo de pasarela junto a la pantaneta construída para el inicio de la acequia que surte a la minicentral.

La niebla se espesa y la vegetación parece que ayuda a retenerla en el desfiladero.

Río y sendero, compartiendo el estrecho espacio entre potentes paredes verticales.

Alcanzamos el Área Recreativa Corcuela, pequeña y muy soleada a pesar de las apariencias.

Pileta con dos caños por debajo de la zona con mesas mesas. Arriba existen dos nacimientos más de agua.

Hay que ir atentos a las pequeñas obras de arte de la naturaleza porque ofrecen estampas deliciosas.

Por encima del área y con los torreones del castillo de Moclín a la vista, nos introducimos en pinar.

Antes de que el pinar nos cierre el horizonte me vuelvo para comprobar que la niebla sigue ocupando el valle.

El perímetro amurallado rodea todo el cerro ocupado por el castillo con doble línea defensiva.

Parece que finalmente el sol gana la batalla y comienza a diluir las nubes bajas que quedan. 

Alcanzado el collado -parte alta del pueblo- la ermita de San Antón.

A las puertas del Pósito del Pan (s.XVI), jardineras con mucha historia.

Fachada del edificio del Pósito donde nos asoleamos un rato sentados en sus bancos.

De regreso, nos acercamos hasta el "Abrigo de Corcuela" para ver las pinturas.

Están muy desdibujadas y bastante maltratadas.

Junto a una parcela de olivos ocupan un abrigo rocoso al pie de una vertical pared.

En el centro de interpretación se puede ver una representación del total de las pinturas y su distribución.

De nuevo en el Área Recreativa con un original desagüe para evacuar el agua.

Desde el mirador, colgado por encima de la angostura, admirando el desfiladero labrado por la constancia.

La escaleruela que nos permite alcanzar el nivel del cauce de forma rápida.

Y de nuevo entre el recoleto bosque que acompaña en este tramo llano al río.

En las zonas más umbrías la vegetación ocupa todo el espacio.

De nuevo en la pasarela junto a la presa.

La presa que se construyó para surtir de agua la acequia que transporta el agua hasta el salto de la central.

Junto a la pasarela y en primer plano el inicio de la acequia.

Siempre me han gustado los reflejos aunque el agua no está clara debido a las muchas disoluciones que transporta.

Fuente relacionada con escritores e historias de bandoleros.

Devolviendo, ahora con sol, el agua al cauce del río antes de alcanzar la cámara de carga de la central.

Por encima del sendero llama la atención esta formación de travertinos espectacular.

Cementado paso del cauce para vehículos. Para nosotros se ha habilitado un elevado puente.

Prácticamente finalizadas las obras, entrará de nuevo en funcionamiento dentro de unas fechas.


Fecha: 3-3-2016                                                       Olivares                                           8’30h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                     Trincheras y Cantera                      10’30h.
Duración: 9h (Lineal)                                              Castillo Moclín                                11’30h.
Desnivel en subida: 400 metros                             Olivares                                           15’30h.      
Rangos de temperatura: de 3ºC a los 17’5ºC           


El río Velillos o Frailes es un cauce que presenta grandes diferencias de caudal entre estaciones. Nace en las inmediaciones de la población de Frailes (Jaén) para hacerse granadino después hasta desembocar en el río Cubillas una vez alcanzada la vega granadina. De sus 38 kilómetros de longitud hoy vamos a caminar junto a él durante unos 3 kilómetros, los que lo separan desde Olivares hasta la vertical de Moclín.

Es la tercera vez que me adentro en éste PR-A84. La primera en solitario para descubrirlo (7-3-2012), ya que no lo conocía; la segunda en compañía de mi mujer (4-12-2013) aprovechando el tardío otoño, pensando que los coloridos lo iban a magnificar más si cabe; la tercera con mi hijo Carlos (hoy) en un final invernal que más parece una primavera.

Además, antes de programar la salida llamé al ayuntamiento de Moclín para interesarme por la posibilidad de incluir una visita al castillo ya que en anteriores ocasiones y debido a las obras –de construcción más que de reconstrucción- no me lo permitieron. Hoy hemos podido pasear por él y recorrerlo ampliamente.

Esta mañana la temperatura baja se hacía notar con intensidad, dada la umbría en que se encuentra el recorrido del río, encajonado entre altas paredes, recorriendo un estrecho barranco al que no alcanza el sol hasta bastante más tarde. Hoy, además a la altura del puente colgante por el que se cruza el río junto a una antigua presa de la que nace una acequia, las nubes bajas han invadido todo el barranco.

Al principio del recorrido, cuando la pista alcanza el río dejamos a un lado una pequeña central eléctrica que ha estado inactiva durante muchos años. Actualmente están trabajando en ella para devolverla a “la vida”. Ya han instalado las tuberías por las que bajará el agua para mover las turbinas. Como aún no está terminada el agua destinada a moverla se deja escapar unos metros antes de alcanzar la cámara de carga, desplomándose en bella cascada de una treintena de metros antes de reincorporarse al curso del río, formando otro atractivo a sumar a los muchos del recorrido.

Una vez cruzado el puente colgante (con excesivo bamboleo para el gusto de algunos) y la preciosa -aunque corta-, pasarela anclada a la pared rocosa en uno de los tajos laterales para salvar el estrecho desfiladero, volvemos a pisar suelo. La niebla rellena todo el barranco y aparece esa sensación rara: el hecho de sentir vida a nuestro alrededor y no tener de ella más noción que la del sonido.

La Naturaleza, además de contener campos verdes, frondosos bosques, manantiales cristalinos, cantos melodiosos de aves, o níveos ventisqueros que se deshacen en primavera, también enseña desiertos tórridos, calurosas tardes veraniegas o frías escarchas matinales, muchas fatigas y pesares para caminantes incansables, sed, algo de hambre, espesas nieblas a veces, oscuras y frescas cuevas, fuertes vientos que despejan las cumbres; viviendo todas estas circunstancias es como realmente se llega a conocer la Naturaleza.

Tras caminar unos minutos entre densa vegetación, junto al río, entre humedades, el sendero tiene que remontar una centena de metros porque evita otro estrecho desfiladero. Por una escaleruela balizada, busca la ubicación más amplia del Área Recreativa de Corcuela. Pero antes de alcanzarla se nos invita en un mirador semi-volado a admirar la labor erosiva del río abriéndose paso entre rocas unos 100 metros por debajo de nosotros. Hoy, a la ida, no hemos podido disfrutar de las vistas ya que las nubes bajas seguían enseñoreándose del barranco.

Ascendemos bordeando unas parcelas olivareras para adentrarnos en un pinar de repoblación, todo ello en cuesta, antes de alcanzar un collado donde desaparecen los pinos y aparecen algunos almendros (1), algo abandonados, teniendo ya a la vista las construcciones más altas del pueblo y las murallas del castillo de Moclín ocupando toda la zona superior del cerro.


Moclín a pesar de ocupar el quinto lugar por número de pobladores ha conseguido la capitalidad del municipio. Para apreciar su pequeñez sólo basta asomarse desde el collado, o remontar hasta la iglesia englobada ya en el recinto amurallado y mirar hacia abajo desde cualquiera de sus miradores. Apreciamos que cuando las defensas de las murallas ya no fueron necesarias, las casas abandonando las estrecheces a las que estaban sometidas intramuros comenzaron a descender colina abajo buscando espacios más llanos.

Tras hacer una visita a la ermita de San Antón y a la casa Pósito del Pan del siglo XVI regresamos atentos durante el descenso buscando por algunas señas difusas –no sé si a propósito lo de difusas- tratando de localizar la cueva de La Araña donde existen algunas pinturas rupestres, cueva que no conseguimos ubicar. Si reencontré la de Corcuela: un abrigo en el que aparecen numerosas pinturas rupestres esquemáticas, muy desvaídas e incluso algunas desconchadas, que cada vez cuesta más identificar.

En este territorio hay abundancia de cuevas por la geografía y geología de sus montes que fueron ampliamente aprovechadas por nuestros antepasados para plasmar sus concepciones, deseos o simplemente sus ansias creativas. Creo recordar haber oído en algún momento la intención de elaborar un recorrido por las cuevas con pinturas de la zona para darlas a conocer e incrementar, si cabe, los motivos para visitar este conjunto de pueblos que se engloban bajo el nombre de mancomunidad de Moclín: Puerto Lope, Olivares, Tiena, Tózar, Limones y Gumiel y el propio Moclín. 


(1)  Aquí arranca un senderillo que será necesario seguir para enlazar con la segunda entrada en el blog dedicado a este recorrido, si queremos encontrar otros puntos de interés cercanos.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

















miércoles, 7 de marzo de 2012

Gollizno, Hoz, Velillos (de Olivares a Moclín - Granada)

Hotel junto al que aparco



Río Velillos remansado

Primer contacto visual con el castillo de Moclín.

Fuente..... a ni me la dió con un día expléndido.

Los lirios del campo al menos tan antiguos como los mas antiguos textos.

La pasarela que cruza el río ocasiona algunos problemas de estabilidad a los transeuntes.

Pasarela volada sobre el lecho del río totalmente remozada.

En el área Corcuera donde los constructores idearon un labarinto, que el agua debe resolver para encontrar la salida

Ermita de San Antón haciendo de enlace entre el pueblo y el castillo.

Casa Pósito del Pan. Tanta fue su importancia que en su día llegó a prestar dinero al rey.

Torreón defensivo junto a la entrada del castillo

En un cerro anejo encuentro estas trincheras de la guerra civil.

Y junto a las trincheras también me encuentro con una "fábrica" de ruedas de molino con alguna casi acabada y abandonada.

Vista del castillo desde el sendero en pleno acercamiento.

Pinturas rupestres en un abrigo de la pared junto a una parcela de olivos.

El sendero zizaguea por la ladera para poder coronar el lado derecho del acantilado.

Recordando a unos, maltratada por otros.

Tres asomadas siguiendo mis movimientos ladera abajo.

Buscando parajes más llanos donde las prisas se diluyen.

Formaciones rocosas de travertinos, vestigios de épocas más húmedas.

Ya de regreso me paro para fotografiar la Sierra Arana desde el Pantano Cubillas.




Fecha: 8-2-2012
M.I.D.E.:2,2,2,2
Duración: 6’5 horas (23.000p)
Desnivel en subida: 400 metros
Rangos de temperatura: de 0’5ºC a los 5’5ºC


Era una fresca mañana de primeros de febrero en la que no tenía excesivas ganas de andar por lo que busqué una ruta que no fuera muy larga y tampoco muy dura. Después de ardua búsqueda encontré un posible recorrido, totalmente desconocido para mí, que seguía, al menos durante un rato parte del río Velillos, concretamente entre el pueblo de Olivares y el de Moclín, transitando junto al río la parte más estrecha del barranco por donde discurre. Este recorrido se conoce con diferentes nombres: la “Hoz”, “Gollizno” (estrechura de un paraje) o simplemente río Velillos

Olivares es un pequeño pueblo que no llega a los 1.050 habitantes, enclavado a una altitud de 695 metros, en el interior de la comarca granadina denominada  “montes occidentales”, dista unos 30 kilómetros de Granada y pertenece al municipio de Moclín. Este pequeño pueblo es un reino de silencio a lo que le ayuda el estar rodeado de grandes montañas con abruptos cortados por los que discurre el río Velillos que atraviesa la población.

Moclín se ubica a más altura que el anterior (1.065 m) y con algo más de 4.200 habitantes, ostenta la cabecera de la comarca que engloba a otros pequeños pueblos como son: Tiena, Olivares, Puerto Lope, Tozar, Limones y Gumiel, que suman en total alrededor de los 9.000 habitantes. En estos territorios ocupados ancestralmente por el hombre encontramos restos de las distintas épocas, desde pinturas rupestres en varias de sus cuevas, restos romanos y como no, construcciones defensivas heredadas del dominio árabe, como son las distintas torres que jalonan los cerros o el propio castillo de Moclín.

Como el sendero de hoy comienza en Olivares, hasta allí me desplazo con el vehículo. Desde Granada por la carretera de Córdoba para una vez en Pinos Puente, casi ya acabado el pueblo, tomar un desvío a la derecha en que nos anuncian la tríada de pueblos: Olivares, Tozar y Limones. La carretera aunque estrecha está en perfecto estado. Una vez llegado al pueblo dejarme llevar por los letreros que anuncian el sendero. Acabaré en un estrecho carril de tierra junto a lo que aparenta un hotel o establecimiento rural con indicios de que permanece cerrado y algo abandonado. Yo he aparcado un poco antes de llegar a este edificio en un ensanchamiento de la carretera, todavía en carretera asfaltada.

Se pasa por debajo del propio establecimiento y tras unos minutos de llaneo, transitando por un carril de tierra, por el margen derecho del rio Velillos (o Frailes) enseguida llegamos a lo que fue una Fábrica de Luz, en restauración actualmente. Por un pequeño y bastante nuevo puente de tablas cruzaremos por primera vez el río para iniciar realmente el sendero. Estos primeros pasos los hacemos dejando a ambos lados, parcelas aparatadas para el cultivo de hortalizas y algunos bancales dedicados al olivo (de aquí le debe venir el nombre al pueblo ya que es y con diferencia el monocultivo por excelencia de la zona), para después de ganar unos metros encontrarme con la fuente de la “Buena Ventura” a escasos metros por encima del propio cauce del rio. Procede esta agua de las surgencias a pie de los farallones pétreos que se divisan algo más arriba y que cierran por ambos lados el cauce.

Tras una corta subida en que el sendero, dada su pendiente, han tratado de protegerlo de las correntías con gruesos maderos transversales ancladas en el suelo, llegamos a un largo y cimbreante puente colgante que atraviesa de nuevo el río, salvando una caída de unos 10 metros, para ya en la otra orilla continuar por una pasarela de madera volada sobre el propio caudal y anclada a la vertical pared rocosa del desfiladero. Nos encontramos en la parte más angosta de la garganta. Tanto a izquierda como a derecha se levantan dos paredes verticales rocosas que deben superar la centena de metros.

En algunas entradas antiguas que he encontrado en internet sobre este recorrido hablaban del mal estado de la pasarela, hoy estaba en inmejorables condiciones después de sufrir una rehabilitación “total” hace dos o tres años. Me ha recordado el trayecto por el río Castril. Tanto el puente, la propia pasarela como todo el recorrido hasta Moclín está en perfecto estado, total y profusamente señalizado.

Toda la vegetación de ribera que acompaña al rio en este tramo esta pelada dada la época en que nos encontramos. En otoño (y tomo nota mental) debe ser un recorrido espectacular por la diversidad de colorido que mostrará. De todas formas aun en su desnudo total de hojas sigue ostentando belleza. La cinta de agua atravesando el desfiladero ribeteado por la vegetación a ambos lados, tiene mucho encanto. A ello ayuda la gran cantidad de aves que transitan por toda la garganta, sobre todo vandadas de palomas dueñas de los acantilados, las carreras de los asustadizos zorros y las omnipresentes cabras.

Terminada la pasarela se abre algo la garganta y transitamos por entre álamos hacia una subida que dibujada por los postes y las cuerdas aparece clara en la loma. Hay que remontar un buen puñado de metros para salvar uno de los lados del acantilado. El sendero zizaguea para ganar la parte alta del desfiladero. Han habilitado arriba un mirador con vistas al barranco desde donde aprecio cómo el rio vuelve a circular por unos estrechísimos cahorros aptos para el desarrollo del barranquismo, aquí no hay ayuda de puentes ni de pasarelas. Desde este mismo mirador divisamos a media loma, justo enfrente mía, el pueblo de Tózar. 

Mientras permanezco dentro del estrecho desfiladero me llama la atención el extraño eco que producen los ruidos de los reactores que lo atraviesan por encima. El tráfico es intenso, lo que hace que se repita el fenómeno varias veces mientras dura la estancia por la estrecha garganta.

Unos escasos cien metros más adelante me encuentro con una recoleta área recreativa que cuenta con unas cuantas mesas y sus correspondientes bancos y no menos de tres fuentes (Corcuera), alguna de ellas con un desagüe ciertamente original. Ubicada junto a un carril que da servicio a unos bancales de olivos que se encuentran poco más arriba. Aquí el sendero se sirve del carril escasos metros para separarse de nuevo enseguida y ahora ya por pinar de repoblación ascender decididamente al cerro donde se ubica el castillo de Moclín. Este sendero termina junto a las casas más altas del pueblo a las puertas de la ermita de San Antón, con una curiosa placa recogiendo versos dedicados a la memoria de uno de sus capellanes. A mi izquierda y en cascada acoplándose a la pendiente ladera las casas del pueblo; a mi derecha y en cuesta hasta coronar el cerro el castillo.

Me decido por el segundo para tras pasar por las cercanías del  Pósito del Pan, importante organismo fundado en el siglo XVI para almacenaje del trigo, seguir ascendiendo hasta alcanzar el Santuario del Cristo del Paño, construido sobre la antigua mezquita, hoy cerrado y ubicado ya “intra-muros” del castillo que al estar actualmente en reparación que me ha sido vedado un amplio recorrido. Sólo he podido ver algunos torreones de la cara oeste ya reconstruidos y abiertos a curiosos y visitantes. Ubicado coronando un cerro de cota 1.117 metros, permite el control de todas las depresiones que lo rodean. No en vano ejerció como llave de acceso a Granada, muestra de ello es que en cuanto cayó Moclín en el año 1.486 posibilitó que en sólo seis años se conquistara la ciudad de Granada.

Decido hacer el regreso por el mismo recorrido que a la sabida. Nada más iniciar la bajada llevado por mi insaciable curiosidad me adentro por un senderillo que, para sorpresa mía, me va a llevar tras atravesar unas parcelas dedicadas antaño al cultivo de almendros, actualmente en total abandono, a una zona de trincheras que jalonan un cerro al oeste del ocupado por el castillo. Quedan varias construcciones típicas de los asentamientos de vigilancia de la guerra civil, muy similares a los visitados en la sierra de Viznar y tantas otras zonas donde los prominencias geográficas eran codiciadas por ambos bandos, pasadizos soterrados y casamatas de hormigón aprovechando las formas del terreno parar ahorrar parte de la construcción a la vez que disimularlas lo máximo posible.

Pero la sorpresa es doble cuando en mi deambular por la zona descubro una “fábrica” (cantera) de ruedas de molino de las que aún quedan vestigios en la zona, como son algunos pilares con formas redondeadas a medio terminar de los que presumiblemente sacarían posteriormente las piedras e incluso algunas de éstas abandonadas sobre la propia cantera con algún ejemplar en avanzado estado de talla, otras a medio terminar, incluso alguna prácticamente lista para su transporte a destino.

Volver sobre mis pasos para retomar el sendero. Casi acabado de atravesar el pinar de repoblación y un poco por encima del área recreativa Corcuera, el camino pasa junto a un olivar delimitado por un alto paredón vertical rocoso con multitud de pequeñas cuevas y abrigos y siguiendo las indicaciones de los paneles informativos descubrir, tras atravesar los olivos que me separan de la pared, un pequeño abrigo con pinturas rupestres. La pintura está muy desvaída por lo que si no te ubicas casi encima son de difícil localización y aún así, las figuras aparecen desdibujadas perdiéndose los contornos, aunque pienso que a veces es bueno que así sea. El tiempo, algunas lamentables raspaduras y la falta de cuidado han hecho casi desaparecer estos vestigios de nuestros antepasados. Por estos contornos hay hasta seis cuevas-abrigos que pueden presumir de haber cobijado a nuestros ancnetros y prueba de ello es que muestran pinturas todas ellas, lo que da fe de las preferencias de nuestros antepasados por habitar estas laderas.

De nuevo bajar hasta encontrar la pasarela y el puente para reiniciar la subida en un ramal con poste indicador que anuncia camino de Tózar. Me percaté de su existencia durante la ida, pero consciente de que el trayecto de hoy era corto lo dejé para recorrerlo, al menos en parte, a la vuelta.

Es un sendero bastante menos frecuentado que el de Moclín, hecho visible por la cantidad de vegetación que lo va invadiendo, que tras innumerables eses loma arriba salva un par de centenares de metros para alcanzar un falso collado, y digo falso porque una vez en él me doy cuenta que he de subir algunos metros más para coronar definitivamente, hasta desembocar de nuevo en parcelas aparatadas de cultivos y enlazar poco después con una pista que se encamina al pueblo. No despierta mi interés la pista, por lo que decido volver sobre mis pasos y recuperar el sendero inicial junto al río. Esta subida al pie de una pared rocosa es el posadero de una amplia bandada de palomas y el sitio de pasto de un pequeño rebaño de cabras, a unas y otras espanto en la subida y no vuelven a ocupar sus posiciones hasta que me ven de nuevo bien bajo, ya junto al río.

De nuevo en Olivares decido hacer el camino de regreso hasta Granada por la carretera que lo une a Colomera, para lo que tengo que atravesar todo el pueblo y ascender por dirección contraria a la que usé para entrar esta mañana, simplemente por cambiar algo el recorrido y consciente de que la diferencia kilométrica va a ser escasa. Aprovecho en estos trayectos de acercamiento o retirada para descubrir, si los hay, senderos señalizados por la zona que me puedan servir para futuras escapadas.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.