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miércoles, 26 de febrero de 2014

Peñón de la Mata (Sierra de Cogollos) Granada

Tras esperar, casi aterido, se inició el espectáculo.

Creo que mereció la pena la espera, como siempre cuando se trata de la naturaleza.

Arroyo que cruza el área recreativa. 

Recorrido del sendero junto a la Acequia Fardes.

Majalijar techo de este Parque, al que me acercaré más tarde, desde la fuente de las Chorreras.

Buscando el sendero al pie del Majalijar.

Parque Natural de la Sierra de Huétor.

Ya avisto el Peñón de la Mata.

Peñón de la Mata tapando Sierra Elvira y Pantano Cubillas.

Sólo me separan 150 metros verticales y un montón de pasos.

Vega de Granada desde el Peñón.

En la cumbre del Peñón de la Mata. ¿De dónde vendrá la costumbre...?

Entrada a la trinchera que permanece en la cima.

Otros restos de trincheras ubicadas en el Peñón.

Y quien les tira de las orejas a los cazadores si ellos portan la escopeta...?

Restos de trincheras en el Collado de San Agustín.

Izquierda: Peñón del Jorobado. Derecha: extremo suroeste del Majalijar.

Manchas verdes sobre rocosas y verticales paredes grises.

Sierra Nevada desde la Cueva de las Palomas.

Hay tramos de la acequia Fardes muy abandonados.



Fecha:8-1-2014                                                      Las Mimbres                                  8'30h.
M.I.D.E.:2,2,3,4.                                                      Fuente de  Las Chorreras              9’00h
Duración: 7’30h. (Semicircular)                            Pié Majalijar                                  9'30h     
Desnivel en subida: 600 metros                             Peñón de La Mata                   11’30 – 12’00h.
Rangos de temperatura: de 0ºC a los 15ºC           Cueva de Las Palomas                14’30h.
                                                                                 Las Mimbres                                 16’00h.


Hoy para empezar la excursión tenía que desplazarme algo más de treinta y cinco kilómetros, ya que tenía intención de aparcar en el área recreativa de Las Mimbres, en el Parque Natural de la Sierra de Hüetor, desde donde empezaría a caminar con la firme intención de alcanzar la cima del Peñón de la Mata (1.700 m.). No lo tenía fácil después del parón navideño ya que he permanecido en “dique seco” todo el mes de Diciembre, y estos prolongados descansos, a mi edad, se dejan sentir.

Pero antes de llegar hasta las Mimbres me detengo en la entrada de la estrecha carretera que me tiene que acercar. Son las ocho de la mañana, las nubes han hecho acto de presencia por el este y el sol, a pocos minutos de su aparición, comienza a iluminarlas aportándoles esos tonos naranjas y rojizos que las convertirán en todo un espectáculo visual. Soy conocedor de que la magia apenas dura unos diez minutos, así que me dispongo a esperar y disfrutarlo.

La espera, soportando los cero grados reinantes después de la estancia en el agradable espacio del coche, han dejado mis manos, descubiertas para el manejo de la cámara, heladas. Cuando llego al aparcamiento, diez minutos después, lo primero que hago es ponerme los guantes, para enseguida iniciar la marcha. El objetivo de hoy es “El Peñón de la Mata”. Éste peñón es una subida mítica para todos los granadinos, pues a pesar de su reducida cota, soporta un aura de inaccesibilidad desde nuestra última guerra civil. No en vano fue bastión codiciado por ambos bandos y pasó en sucesivas ocasiones al poder de uno u otro. Ello ocasionó muchísimas bajas, aunque pensándolo bien una sola baja por un peñón ya es muchísimo.

Esta ascensión al “peñón” se puede atacar desde varios inicios. El más cercano es desde Cogollos Vega, población que se asienta prácticamente a sus pies en la cara sur. Pero yo quería hacer algo más de recorrido, por lo que pensé en iniciar la caminata en ésta área recreativa. Al principio hay que hacer una corta subida para acercarme al trazado de la acequia Fardes, que transcurre a media loma recorriendo buena parte de la Cuerda de la Gallega.

Tras ascender hasta la cota de la acequia (que durante su recorrido apenas pierde 100 metros de desnivel), me limito, ya llaneando a seguirla durante casi tres kilómetros hasta la Fuente de las Chorreras. Este tramo tradicionalmente ameno por ir junto al cauce de la acequia, hoy ha perdido bastante de su encanto ya que actualmente el agua no consigue progresar mucho por ella. Apenas unos centenares de metros más adelante el caudal ha quedado reducido a nada, entre desbordes, filtraciones y derramas. Lástima, pero me parece que la dirección del Parque ha decidido dejar perder esta hermosa acequia, herencia árabe, que daba vida a lo largo de su original recorrido que se prolongaba por encima de los quince kilómetros.

Hace algunos años hice este itinerario y el agua progresaba por la acequia al menos hasta el cortijo de Las Minas, alrededor de ocho kilómetros. Poco más adelante el terreno no permitía que siguiera su curso en superficie y se soterró el cauce por lo que no puedo asegurar si llegaba el agua a su destino final o no. De estos ocho kilómetros, hoy en superficie apenas consigue recorrer uno.

De origen árabe nace en Fuente Grande (Prado Negro) y con una pérdida de cota mínima llevaba su agua hasta la población de Cogollos, posibilitando mantener muchas más parcelas de las que la propia de lluvia permitía, atravesando de norte a sur todo lo que actualmente es el Parque Natural. Un legado que ha perdurado durante varios siglos y que en los últimos cincuenta años, por falta de mantenimiento e interés ha reducido drásticamente su recorrido por lo que no es difícil que desaparezca en breve plazo y conste que deseo equivocarme fervientemente.

Una vez llegado a la fuente de Las Chorreras, dejo el acompañamiento de la acequia para retomar la subida. Voy a seguir el trazado de la tubería que desde bastante arriba surte a la balsa habilitada para casos de incendio. Asciendo ya por las faldas del Majalijar (1.878 m.) techo de este Parque. El objetivo no es subir hasta su cima, sino ganar cota hasta enlazar con un sendero que la atraviesa de norte a sur y que es el que voy a usar para acercarme hasta mi meta.

La ida la voy a hacer bastante alto (casi a los 1.700 m), acercándome bastante a las crestas, primero del propio Majalijar, después del Peñón del Jorobado, para a partir de aquí y ya visualizando el objetivo, crestear con sus múltiples subidas y bajadas hasta el Collado de San Agustín, al pie del Peñón de la Mata. Sólo me queda ascender los 150 metros verticales que me separan de la cima, recorriendo toda su cara norte en que tras esquivar la potente pared cortada en vertical que presenta en esta orientación, introducirme en un canuto, donde tengo que sortear peñas y maleza junto con algún arbusto en una fuerte subida antes de alcanzar los metros finales en que la piedra viva, fuertemente erosionada y sin vegetación alguna me conduce hasta un estrecho desfiladero entre dos rocas, dando paso a una pequeña vaguada donde me encuentro las ruinas (sólo las paredes) de una pequeña construcción perteneciente también a la época de la contienda.

Sólo quedan escasos metros para acceder, ya de manera más cómoda hasta la cima. A pesar de su escasa altitud, este peñón, al estar aislado permite desde su cima abarcar unas amplias panorámicas, tanto de la vega como de las sierras cercanas y por supuesto quedan a la vista todos los tres miles de Sierra Nevada como inmejorable telón de fondo ocupando todo el este.

Arriba me demoro alrededor de media hora repartida entre la ingesta del bocadillo, las fotos de rigor y la visita a otra construcción, ésta en bastante mejor estado, también de la misma época. Es una pequeña estancia abovedada con paredes de piedra que tuvo su uso también durante la guerra, ya que este enclave tenía gran importancia estratégica por la gran extensión que desde aquí arriba se podía controlar.

La bajada la realizo por el mismo itinerario que la subida hasta el Collado de San Agustín. Pero me detengo en el propio collado visitando otros restos de trincheras que ocupan una pequeña elevación rocosa. A decir verdad toda la elevación se habilitó como trinchera. Todavía algo más adelante volveré a avistar restos de muros de otras trincheras desconocidas para mí, lo que verifica la importancia del lugar como sitio codiciado por ambos bandos durante la guerra y a cuya conquista dedicaron importantes esfuerzos con sus innumerables víctimas.

El regreso lo hago por un sendero que discurre unos 100 o 150 metros por debajo del camino utilizado a la ida. La pérdida de altura lo alarga algo más pero a cambio el efecto ”rompe-piernas” se suaviza ya que consigue mantener una cota mucho más constante. Al menos hasta llegar de nuevo hasta la mole pétrea del Majalijar donde de golpe recupera la altura perdida para enlazar con el sendero más alto.

Todavía me desvío unos metros hacia arriba para acercarme hasta la Cueva de las Palomas (de nuevo en los 1.700 m.), para aprovechando su sombra recuperarme un poco y hacer algunas fotos a Sierra Nevada que se abarca ampliamente, visualizada en toda su extensión al menos en su parte granadina. Desde el Pico del Caballo al sur hasta el Picón de Jérez al norte con buena parte de las cimas emblemáticas (tres miles) destacadas para aquellos que sabemos reconocerlas por su contornos.

Ahora sí, bajar de nuevo hasta la Fuente de Las Chorreras para tras refrescarme y lavarme retomar el curso de la acequia hasta la vertical de Las Mimbres. De nuevo el mismo recorrido ensombrado en su mayor parte, dada la abundancia de encinas que cubren todas estas laderas. Echo de menos nuevamente, en buena parte del recorrido, el rumor del agua transitando por la acequia, ya que ésta por aquí está seca. Se aprecia en sus márgenes que han estado trabajando las brigadas limpiando y podando. También se aprecia que no han tenido el más mínimo cuidado para que no cayeran los restos en el cauce cegándolo en su totalidad en algunos puntos.

Cuando llego al tramo en que sí circula agua, el sendero gana enteros de forma automática. El ir andando con el curso de agua siempre a la vista, a la vez que refresca, ameniza el recorrido. Pienso en la primavera cuando además los animales que hacen de ella su hábitat, bien para vivir o para alimentarse (ranas, ratones, lagartijas, lagartos, culebras y todo tipo de aves) ha de ser mucho más interesante y gratificante. Apreciar todo lo que aporta un curso de agua estable en estas sierras calcáreas que demuestran tener gran capacidad para recoger toda la lluvia caída, para aflorarla en cotas mucho más bajas dejando la zona intermedia prácticamente seca durante muchos meses al año, será una lección perdida si se deja desaparecer.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.



miércoles, 26 de diciembre de 2012

Majalijar: techo del Parque (Sierra de Huetor - Granada)

La acequia, falta de mantenimiento, pierde gran parte de su caudal.

Aun se pueden disfrutar los colores otoñales.

El verde de la vegetación salpicada por las pequeñas manchas de nieve que persisten.

El frío se dejaba sentir a primera hora.

Primer tramo de recorrido junto al cauce.

Desde la fuente de las Chorreras vista del Majalijar.

En las umbrías se mantiene bastante bien la nieve.

A media ladera junto al afloramiento acuífero en las faldas del Majalijar.

Enfrentados a Sierra Nevada, aparece en toda su extensión.

En la cima no duramos mucho, el frío aire nos aconsejaba dejarla.

Las brumas ocupaban los valles dando este aspecto a las montañas.

Gran era justo por encima del cortijo del Collado del Agua.

Junto a Fuente Grande el río ha decidido ir por otro lado.

A falta de la fauna autoctona, las domésticas.

El valle que recorre el río Fardes.

Parque, Autovía y Sierra Nevada.

A pesar de la mejoría en las temperaturas, seguía sin apetecer un baño a la vuelta.



Fecha:3-12-2012                                                                 Área R. Fuente Potros 8h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                                    Fuente Las Chorreras 9'00h
Duración: 6h (30.800p)                                                       Majalijar 10'45h.
Desnivel en subida: 550 metros                                          Fuente Majalijar 11’45h
Rangos de temperatura: de -6ºC a los 9ºC                         Área R, Fuente Potros 14'00h.


La emoción es vida. Es fluida. No nos enseñan a reconocerlas y a gestionarlas y eso desconcierta al cerebro, que quiere permanencia. En los escáneres cerebrales vemos además que es fugaz. Somos lo que sentimos y lo que hacemos sentir. La gente olvidará tus acciones, lo que haces, pero jamás lo que le haces sentir. (Elsa Punset).

De nuevo vuelvo a disfrutar de la compañía de mi hijo Carlos para la salida de hoy. En realidad el destino lo ha elegido él, ciertamente empujado en cierto sentido por mí, ya que como gran amante del espacio natural de Sierra de Huetor, no había tenido la oportunidad de subir a la cima del Parque: Majalijar (1.878 metros).

Esta cima perteneciente a la cuerda de la Gallega se encuentra en el límite oeste del Parque. En realidad el Majalijar es una cima triple aunque con escasa diferencia de cota entre ellas: 1.823, 1.878 y 1.887 metros, de norte a sur respectivamente y muy próximas las tres. Curiosidades de las acotaciones y delimitaciones, las dos primeras definen el límite del Parque quedando la tercera ya fuera del mismo.

Esta montaña tiene diversas vías para acercarse a ella. Yo he escogido hoy la ascensión por la cara este, así nos dará el sol por la mañana que con estos días de frío es de agradecer, para una vez arriba descolgarnos por la norte buscando, primero los Prados de Majalijar (1.796 m) y posteriormente la fuente del mismo nombre, para terminar recorriendo el trazado de la acequia Fardes en su recorrido entubado. La intención como siempre que el terreno me lo permita es elaborar un recorrido lo más circular posible.

Aparcamos en el área recreativa de la Fuente de los Potros (Mimbres), para comenzar subiendo unos metros hasta encontrar el trazado de la acequia Fardes. A partir de aquí nos limitaremos a seguirla en su dirección sur, lo que significa ir llaneando por toda la loma durante cerca de una hora hasta llegar al cortijo y fuente de Las Chorreras. Este primer tramo de recorrido se hace muy ameno por llevar el curso de agua siempre a nuestra derecha y por las impresionantes vistas, que cuando la vegetación lo permite, tenemos tanto de buena parte del parque como de Sierra Nevada de la que no podremos disfrutar en totalidad hasta que el sol suba más y deje de deslumbrarnos.

El recorrido es un estrecho sendero que obliga a caminar en fila india justo al borde de la acequia. Nos movemos por entre encinas fundamentalmente y algunos pinos que ocupan la ladera a ambos lados sin apenas dejar espacios vacíos, y los pocos que se producen ahora están ocupados por verdes y acogedores prados. La nieve ha desaparecido por encontrarnos en la solana pero la humedad se aprecia aun y la vegetación da fe de su abundancia.

Este tramo de acequia debido a la falta de mantenimiento se queda seca a medio recorrido, si a esto sumamos que están entubando trozos del mismo, mi impresión es que va a perder el encanto que la caracteriza además de menguar drásticamente la fauna que la habita: multitud de pequeñas ranas y algunas serpientes, además de los numerosos roedores que construyen sus madrigueras en las inmediaciones.

Una pequeña parada en la fuente de Las Chorreras para prepararnos para iniciar la ascensión, a partir de aquí solo nos queda subir (550 metros) hasta coronar. Aunque la temperatura sigue siendo fría, la sensación térmica no se corresponde, siendo la apreciación varios grados por encima de la real, por lo que me despojo de algo de abrigo ya que a partir de ahora, aunque la subida discurre bajo arboleda, la cuesta la va a hacer innecesaria.

La ascensión la hacemos por el sendero que discurre por encima de la propia canalización que recogiendo el agua bastante arriba alimenta el embalse del Infoca ubicado junto al cortijo. Recuerdo que la primera vez que realicé esta ascensión apenas si se podía seguir sendero alguno por su falta y la abundancia de maleza. Hoy estaba perfectamente marcado hasta la pequeña meseta a medio camino en que haremos una breve parada que nos servirá para reponernos y atacar la parte más dura y última de la montaña. Aquí no hay sendero y la ascensión hay que hacerla usando el buen criterio de cada cual y su estado de forma, lo que rápidamente nos dispersa ya que algunos necesitan zigzaguear más que otros que alardeando de osadía escogen la línea recta por ser más corta asumiendo el mayor desgaste.

Antes de afrontar el último tramo de ascensión y el más duro, espantamos algunos ejemplares de ganado vacuno que se alimentan por esta loma. Junto a ellos encontramos los restos (piel y huesos) de una vaca que no ha resistido el invierno. Sólo queda la osamenta cubierta a retazos por la dura piel, y un fémur roto de forma brutal asomando llamativo entre los restos, lo que sugiere una caída fatal. Los buitres han hecho el resto dándose un festín ininterrumpido hasta acabar con lo comestible. Ahora el tiempo y otros comensales se ocuparán de acabar con lo que queda y dispersar los huesos.

El último tramo de ascensión lo hacemos ya por la cara norte y eso hace que pisemos la nieve que aquí, resguardada por la umbría, se mantiene formando una capa de unos cinco centímetros cubriendo toda la ladera. Dadas las temperaturas temía que estuviera helada, pero no nos da problemas ya que es polvo y se deja pisar sin complicaciones. Si esto es útil subiendo lo será mucho más bajando ya que va a ser nuestro recorrido descendente.

Arriba a pesar de haber hecho acto de presencia el sol y notar su cálido aporte, el aire, aunque no muy fuerte, si está lo suficientemente frío como no hacer aconsejable la permanencia prolongada. Decidimos acercarnos a la cima gemela, lo que nos lleva unos diez minutos y emprender la bajada. Hemos acordado dejar el bocadillo para la fuente de Majalijar acomodados sobre unas piedras junto a las ruinas de una pequeña construcción y intentando resguardarnos del aire a la vez que tomar el sol, que se agradece.

Aparecen dos senderistas que afirman que es la primera vez que andan por estos lares, por lo que nos preguntan todo aquello que desconocen, picos, itinerarios; tras satisfacer su curiosidad en la medida de nuestros conocimientos, allí los dejamos mitigando el hambre cuando nosotros reiniciamos la andadura. Con el objeto de alargar algo la caminata nos dirigimos a media loma por un sendero que el sol ha convertido ya en un barrizal hacia un collado, para dejando a nuestra derecha el Tajo de las Buitreras (1.751 m) encaminarnos hasta el Cortijo del Collado del Agua.

A partir de aquí siguiendo el carril de bajada acercarnos a Prado Negro para un poco antes de llegar, junto a la Fuente Grande y a la toma de la acequia Fardes cruzar el arroyo y caminar casi todo el tramo que nos resta sobre el trazado, por aquí entubado, de la acequia. Embarrado en las solanas con lo que el caminar se hace sigiloso por la facilidad de los resbalones y pisando nieve en las umbrías en poco menos de una hora cerramos el recorrido circular previsto llegando a las abundantes derramas de la acequia que al haber acumulado en su cauce multitud de restos vegetales y algunas piedras, pierde en este punto casi la mitad de su caudal.

Éstas pérdidas que hacen este punto atractivo fotográficamente va a impedir que el agua circule durante mucho tramo por la acequia. Entre la falta de conservación, las pérdidas normales de esta construcción el agua apenas tiene fuerza para recorrer un par de kilómetros. Hace un par de años recuerdo haber visto llegar el agua hasta el Cortijo Linillos, triplicando el recorrido actual. Lo achacaremos como casi todo en estos días a la falta de presupuesto, ya que no quiero pensar en dejadez y desidia por parte de los responsables del Parque.

Sólo nos resta descender las pequeñas rampas que nos separan del aparcamiento de la Fuente de los Potros donde dejamos el coche esta mañana y retornar a Granada a hora inusualmente temprana ya que hay algunos compromisos por la tarde que hay que atender.






Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.



miércoles, 30 de noviembre de 2011

Rio Blanco desde el Cortijo La Tejera (Sierra Harana).


Área recreativa Fuente  de Los Potros.


A pesar de los pronosticos favorables la mañana empezó así.


Prado Negro entre brumas matinales.


Y por fin el sol salió.


Cortijo Collado de las Aguas, donde comienza el sendero que he decidido seguir hoy.


Desde el Collado de las Buitreras me detengo para admirar el mar de nubes.


Las nubes bajas ocupaban toda la depresión de las Mimbres.


Por la mañana una moderada escarcha cubría toda la vegetación.


Cortijo La Tejera junto al que nace el río Blanco.


Peñón del Jorobado y de la Mata, al fondo. 


Bajos estos gigantes nace el rio Blanco, al pie del Cerro Arana, del que se alimenta.


El río, recien nacido, todavía lleva poca agua, mas tarde sumará otros arroyos.


Estado ruinoso del cortijo La Tejera, al pie del Harana.


Tres campando a sus anchas.


La cabra que nunca falta a su cita conmigo en la Sierra de Harana


Por este collado, entre moles, sube el carril.


Ya de regreso, desde la acequia Fardes, vista de los de siempre.


Fecha: 23-11-2011
M.I.D.E.:2,2,3,4
Duración: 8h (33.900p.)
Desnivel en subida: 800 metros
Rangos de temperatura: de 0ºC a 10ºC


Hoy ha sido un día de transición, en lugar de tener un objetivo claro al que ir me he propuesto merodear por una zona de la Sierra de Harana que aunque entrevista, no la había pisado, sobre todo quería hacer el recorrido del río Blanco, desde el nacimiento que si lo tenía ubicado por haber pasado cerca y las claras indicaciones de los mapas, para seguir su curso rio abajo hasta donde me lo permitiera el terreno o la maleza.

Por otro lado durante toda la semana he tenido dudas por la meteorología hasta que ayer por la noche, haciéndole caso a Maldonado, que me está demostrando que acierta más que nadie, me decidí a salir aun con el temor de mojarme. Siempre, en ésta época llevo la capa en la mochila, porque los chaparrones en las sierras son bastante impredecibles. No ha sido así hoy y aunque mientras subía por la carretera (Puerto de la Mora) las nubes lo cubrían todo y estaban muy bajas, una vez llegado al aparcamiento se comenzaron a abrir claros hasta despejarse casi del todo poco después cuando gané altura.

Poco antes de las ocho de la mañana estaba aparcando el coche en el área recreativa “Fuente de los Potros”. El día era frío, después de echarle una mirada al termómetro del coche y comprobar que marcaba 0ºC, las ganas de salir al exterior se difuminaron, en absoluto me apetecía abandonarlo, pero la voluntad se impuso y una vez dado el primer paso todo lo demás es más fácil. Mientras preparaba la mochila, la cámara, los bastones, se me quedaron las manos heladas. Puestos los guantes y una vez en marcha el cuerpo entra en calor rápidamente y ya sólo me tengo que preocupar de disfrutar.

Junto a la zona de los columpios de los más pequeños (a la derecha del arrollo pero sin cruzarlo), arranca un sendero que asciende entre los pinos para en unos diez minutos escasos acercarme hasta la acequia Fardes, aproximadamente una centena escasa de metros más arriba en la loma. Una vez en ella la sigo en dirección norte, este tramo por la acequia hasta su nacimiento y el siguiente hasta los primeros cortijos es común con el largo sendero de 32 km que saliendo de Puerto Lobo acaba en el Sotillo. A la vez que voy recorriendo la loma, sin apenas desnivel alguno voy viendo cómo todo el valle de las Mimbres se va cubriendo de nubes, se resisten a abandonarlo para lo que se pegan al suelo y se espesan, mientras más alto el sol ya ha hecho acto de presencia y comienza el duelo: hoy me parece que va a ganar el sol.

Una vez llegado a la Fuente Grande (Prado Negro) donde tiene el nacimiento la acequia, cruzo el río Fardes, muy joven todavía y tras un pequeño repecho enlazo con la pista de tierra que sube toda la loma dirección Collado del Agua de los Pozos y Sotillo (Iznalloz). Este tramo de carril sirve de límite al Parque de la Sierra de Huetor por este lado norte. El carril también da servicio a una serie de cortijos que están un poco más arriba (1.500 m). Cuando llego a ellos (Cortijo Collado del Agua, Cortijo Los Castores, etc.), tengo que abandonar el carril por lo que cruzo el curso del río Prado Negro por un puente de cemento junto a una de las construcciones, para iniciar un sendero que sale a la izquierda. Por los prados la senda no es visible pero me ayuda para la orientación unos arbustos que hay por encima y recuerdo que el camino los atravesaba para acercarse a una espléndida era que hay más arriba, a partir de este punto el sendero se muestra ya claro.

Voy a ascender entre el Cerro de los Tejos a mi derecha y el Tajo de las Buitreras a la izquierda, hasta llegar al collado. Este tramo de sendero es molesto de caminar por la cantidad de piedra suelta que lo ocupa, lo que hace que la atención se tenga que centrar en los apoyos de los pies. Yo siempre les digo a mis acompañantes que en los recorridos por las sierras, sobre todo cuando transitamos por las veredas: cuando se mira, no se anda y viceversa. Yo al menos no soy capaz de atender a la observación del paisaje y caminar y cuando lo he hecho en más de una ocasión me ha costado un traspiés, cuando menos.  Es preferible pararse.

Una vez arriba miro hacia las Mimbres y las veo totalmente cubiertas de nubes bajas, pero el último cerro de las Buitreras (1.751 m) me estorba la panorámica. No lo pienso mucho y me lanzo a subirlo imaginando las impresionantes vistas de las que disfrutaré una vez llegue a la cumbre. Una vez arriba el espectáculo visual del “mar de nubes” compensa sobradamente el esfuerzo de la subida, ahora vosotros valorareis si las fotos corresponden o no. Como no es plan de quedarse arriba hasta que el sol consiga diluir las nubes, aparte de que el frio aire de la mañana, activado por la inversión térmica, sumado a que estoy en una zona de umbría, acaba haciendo mella en mi persona, decido dar por finalizado el espectáculo y bajar para proseguir la ruta.

Si la subida con el suelo fuertemente helado y con una apreciable capa de escarcha dificultaba el agarre, la bajada es bastante más delicada, no hay sendero y el campo a través con tanta piedra suelta es un evidente peligro. Con el frío, el cuerpo se entumece y se insensibiliza, aletargando las reacciones por lo que cualquier resbalón puede terminar es torcedura cuando menos, así que aumento la atención por lo que la bajada se prolonga algo más de lo debido. De nuevo en el collado recupero la zona soleada a la vez que el sendero se bifurca, un ramal desciende junto al barranquillo dirección al río y el otro prosigue a media loma en dirección oeste hacia donde está ubicado el Cortijo de la Tejera, junto al que nace el río Blanco, mi objetivo de hoy.

Así que rodeando el Cerro de los Tejos (1.837 m) me encamino hacia el Cortijo. Cuando llego constato que sufre abandono visible desde hace años, los techos de algunas dependencias están hundidos, cascotes y tejas rotas por todos lados, las vigas esparcidas por el terreno, ignoro si los animales disfrutan del don de la intuición ya que se atreven a resguardarse dentro del cortijo con el claro peligro de derrumbe que entraña, la mayoría de las dependencias tienen los techos rotos y alguna de ellas muestra el cielo totalmente.

Un poco por encima del cortijo hay un venero que mana durante todo el año, seguramente es el del que se surtiría el cortijo en su época habitada. Hoy la balsa que recogía el agua esta desecha y el nacimiento riega libremente parte de la loma por la que se derrama en bajada libre. Junto al cortijo, un poco por debajo, hay una hilera de grandes árboles y al pié de éstos ven la luz las primeras aguas que formarán el río Blanco. Es una isla de verdes prados que contiene los únicos árboles de gran porte de la zona. El agua permanece durante todo el año, no en vano rezuma de la gran mole del Cerro Arana (1.975 m), aunque variando bastante el caudal dependiendo de la época en que lo visitemos. Rápidamente comienza el descenso, barranco abajo y yo lo sigo, a ratos apaciblemente por senderos lindantes, a ratos casi por el mismo cauce, cuando la vegetación me lo permite. Ya en los primeros pasos va ganando caudal por los diferentes aportes laterales que recibe, ya que el cerro destila agua por doquier.

Desconozco los criterios que se tuvieron en cuenta para la delimitación del Parque, pero viendo los contornos en el mapa, presupongo multitud de intereses de los distintos municipios implicados. Todo el curso del río Blanco transcurre por territorio externo al Parque Natural. Rodea, primero el Cerro de las Víboras (1.824 m), para tras sinuoso recorrido encaminarse a regar los primeros cultivos del pueblo de Cogollos, dejando a su izquierda el Collado de las Cuevas de Rota (1.739 m), más tarde el Peñón del Jorobado (1.742 m) y por último el Peñón de la Mata (1.669 m). No consigo yo llegar por su cauce tan abajo porque acaba echándome el denso y espinoso matorral que alimenta y que cada vez es más frondoso. Harto de pinchazos y arañazos asumo el desapego que me muestra y decido remontar un poco loma arriba para vislumbrar algún recorrido válido para mis intereses, ya cerca del Cortijo del Moralejo.

Enfrente aparece una posible salida, hay un estrecho carril que se retuerce por la loma de enfrente. Decido buscar un sitio donde la maleza me permita primero acercarme al cauce para después seguir buscando un paso suficientemente falto de vegetación como para poder cruzar a la otra orilla sin gran deterioro de mi ropa y piel, no es campaña fácil ya que aquí, a la sombra del Peñón del Jorobado, se espesa si cabe, aun más la vegetación. Cuando por fin consigo acercarme y cruzar, tras acceder al carril, me percato que más que un carril parece un desafío, con rampas de más del 30% y 40% de desnivel. Imagino que los constructores tuvieron excesiva prisa por llegar arriba o acaso fuera el presupuesto algo escaso. No ostenta rodadas, salvo la del agua de las tormentas en su búsqueda rápida del punto más bajo y no aprecio señales de ningún tránsito rodado por lo que parece que escasos vehículos lo hayan transitado y con estas rampas no me extraña, seguramente los posibles usuarios prefieran hacer más kilómetros y opten por algún otro algo más transitable.

A mí me sirve ya que me acerca, a ratos en las zonas de umbría crujiendo el suelo escarchado bajo cada pisada y en otros, ya soleados, acumulando barro a cada paso haciendo que las botas aumenten de peso exageradamente a la vez que gano algunos centímetros de altura, por lo que veo obligado a sacudir las botas de vez en cuando, para al final, una vez llegado al collado, asomarme a una amplia vaguada, a espaldas y base del Majalijar (cara noroeste). Después de descansar un poco junto a una fuente en la parte más baja de esta depresión al pie de la mayor altura del Parque Natural de la Sierra de Huetor, con amplios prados y donde habitualmente hay ganado suelto. (El Majalijar, techo del Parque, lo forman dos montes gemelos con alturas igualmente pareadas 1.887 m. y 1.878 m. uno dentro del parque y el otro fuera y eso que distan entre sí escasos 100 metros lineales). El nombre parece derivar de la unión de dos palabras: Maja – de majada, lugar de descanso de los rebaños en su tránsito por las sierras y Lijar – lija en relación a la multitud de piedra suelta de forma y tamaños diferentes que cubren prácticamente toda la loma por asociación a los granos del papel.

Tras bordear un par de lomas por senderos adivinados más que seguidos, dado que la fuerte presencia de animales merodeando por aquí hacen que los ramales de las veredas sean más que suficientes para no saber cual escoger, acabando por situar un punto de referencia en la lejanía e intentar llegar a él con el menor desgaste posible. Después de retornar de nuevo al cortijo Collado del Agua y antes de seguir bajando, me acerco a la Majada Redonda ya que me ha llamado la atención mientras que descendía, un grupo de chopos con sus coloridas hojas aislados junto al barranco, así que a media bajada cruzo el arroyo por un decrépito puente de tablas y tras un centenar de metros llego a una explanada de terreno cultivada con los chopos en sus márgenes. Como está delimitada y vallada me conformo con mirar y tomar unas fotos a sus coloridos árboles antes de retroceder.

Ahora sí reanudo definitivamente la bajada por la pista hasta Fuente Grande (Prado Negro) y por el mismo recorrido que hace la acequia, por encima de ella ya que durante este tramos está entubada, atravesar la Majada y Cañada del Moro primero, con las casas de Prado Negro siempre a la vista y a la izquierda, para seguir bordeando el Tajo de las Garduñas, Tajo de los Halcones y acabar finalmente accediendo a la explanada de las Mimbres donde tengo el coche esperándome. Hoy en lugar de regresar por la autovía he decidido, ya que hace años que no lo hago, retornar atravesando todo el Parque para salir por Alfacar. Son unos diez kilómetros, los dos o tres primeros asfaltados, los siguientes de tierra, pero muy cuidado el carril lo que permite disfrutar del recorrido sin tener que estar excesivamente atento a la conducción para esquivar los habituales baches de estos trazados.