miércoles, 26 de febrero de 2014

Peñón de la Mata (Sierra de Cogollos) Granada

Tras esperar, casi aterido, se inició el espectáculo.

Creo que mereció la pena la espera, como siempre cuando se trata de la naturaleza.

Arroyo que cruza el área recreativa. 

Recorrido del sendero junto a la Acequia Fardes.

Majalijar techo de este Parque, al que me acercaré más tarde, desde la fuente de las Chorreras.

Buscando el sendero al pie del Majalijar.

Parque Natural de la Sierra de Huétor.

Ya avisto el Peñón de la Mata.

Peñón de la Mata tapando Sierra Elvira y Pantano Cubillas.

Sólo me separan 150 metros verticales y un montón de pasos.

Vega de Granada desde el Peñón.

En la cumbre del Peñón de la Mata. ¿De dónde vendrá la costumbre...?

Entrada a la trinchera que permanece en la cima.

Otros restos de trincheras ubicadas en el Peñón.

Y quien les tira de las orejas a los cazadores si ellos portan la escopeta...?

Restos de trincheras en el Collado de San Agustín.

Izquierda: Peñón del Jorobado. Derecha: extremo suroeste del Majalijar.

Manchas verdes sobre rocosas y verticales paredes grises.

Sierra Nevada desde la Cueva de las Palomas.

Hay tramos de la acequia Fardes muy abandonados.



Fecha:8-1-2014                                                      Las Mimbres                                  8'30h.
M.I.D.E.:2,2,3,4.                                                      Fuente de  Las Chorreras              9’00h
Duración: 7’30h. (Semicircular)                            Pié Majalijar                                  9'30h     
Desnivel en subida: 600 metros                             Peñón de La Mata                   11’30 – 12’00h.
Rangos de temperatura: de 0ºC a los 15ºC           Cueva de Las Palomas                14’30h.
                                                                                 Las Mimbres                                 16’00h.


Hoy para empezar la excursión tenía que desplazarme algo más de treinta y cinco kilómetros, ya que tenía intención de aparcar en el área recreativa de Las Mimbres, en el Parque Natural de la Sierra de Hüetor, desde donde empezaría a caminar con la firme intención de alcanzar la cima del Peñón de la Mata (1.700 m.). No lo tenía fácil después del parón navideño ya que he permanecido en “dique seco” todo el mes de Diciembre, y estos prolongados descansos, a mi edad, se dejan sentir.

Pero antes de llegar hasta las Mimbres me detengo en la entrada de la estrecha carretera que me tiene que acercar. Son las ocho de la mañana, las nubes han hecho acto de presencia por el este y el sol, a pocos minutos de su aparición, comienza a iluminarlas aportándoles esos tonos naranjas y rojizos que las convertirán en todo un espectáculo visual. Soy conocedor de que la magia apenas dura unos diez minutos, así que me dispongo a esperar y disfrutarlo.

La espera, soportando los cero grados reinantes después de la estancia en el agradable espacio del coche, han dejado mis manos, descubiertas para el manejo de la cámara, heladas. Cuando llego al aparcamiento, diez minutos después, lo primero que hago es ponerme los guantes, para enseguida iniciar la marcha. El objetivo de hoy es “El Peñón de la Mata”. Éste peñón es una subida mítica para todos los granadinos, pues a pesar de su reducida cota, soporta un aura de inaccesibilidad desde nuestra última guerra civil. No en vano fue bastión codiciado por ambos bandos y pasó en sucesivas ocasiones al poder de uno u otro. Ello ocasionó muchísimas bajas, aunque pensándolo bien una sola baja por un peñón ya es muchísimo.

Esta ascensión al “peñón” se puede atacar desde varios inicios. El más cercano es desde Cogollos Vega, población que se asienta prácticamente a sus pies en la cara sur. Pero yo quería hacer algo más de recorrido, por lo que pensé en iniciar la caminata en ésta área recreativa. Al principio hay que hacer una corta subida para acercarme al trazado de la acequia Fardes, que transcurre a media loma recorriendo buena parte de la Cuerda de la Gallega.

Tras ascender hasta la cota de la acequia (que durante su recorrido apenas pierde 100 metros de desnivel), me limito, ya llaneando a seguirla durante casi tres kilómetros hasta la Fuente de las Chorreras. Este tramo tradicionalmente ameno por ir junto al cauce de la acequia, hoy ha perdido bastante de su encanto ya que actualmente el agua no consigue progresar mucho por ella. Apenas unos centenares de metros más adelante el caudal ha quedado reducido a nada, entre desbordes, filtraciones y derramas. Lástima, pero me parece que la dirección del Parque ha decidido dejar perder esta hermosa acequia, herencia árabe, que daba vida a lo largo de su original recorrido que se prolongaba por encima de los quince kilómetros.

Hace algunos años hice este itinerario y el agua progresaba por la acequia al menos hasta el cortijo de Las Minas, alrededor de ocho kilómetros. Poco más adelante el terreno no permitía que siguiera su curso en superficie y se soterró el cauce por lo que no puedo asegurar si llegaba el agua a su destino final o no. De estos ocho kilómetros, hoy en superficie apenas consigue recorrer uno.

De origen árabe nace en Fuente Grande (Prado Negro) y con una pérdida de cota mínima llevaba su agua hasta la población de Cogollos, posibilitando mantener muchas más parcelas de las que la propia de lluvia permitía, atravesando de norte a sur todo lo que actualmente es el Parque Natural. Un legado que ha perdurado durante varios siglos y que en los últimos cincuenta años, por falta de mantenimiento e interés ha reducido drásticamente su recorrido por lo que no es difícil que desaparezca en breve plazo y conste que deseo equivocarme fervientemente.

Una vez llegado a la fuente de Las Chorreras, dejo el acompañamiento de la acequia para retomar la subida. Voy a seguir el trazado de la tubería que desde bastante arriba surte a la balsa habilitada para casos de incendio. Asciendo ya por las faldas del Majalijar (1.878 m.) techo de este Parque. El objetivo no es subir hasta su cima, sino ganar cota hasta enlazar con un sendero que la atraviesa de norte a sur y que es el que voy a usar para acercarme hasta mi meta.

La ida la voy a hacer bastante alto (casi a los 1.700 m), acercándome bastante a las crestas, primero del propio Majalijar, después del Peñón del Jorobado, para a partir de aquí y ya visualizando el objetivo, crestear con sus múltiples subidas y bajadas hasta el Collado de San Agustín, al pie del Peñón de la Mata. Sólo me queda ascender los 150 metros verticales que me separan de la cima, recorriendo toda su cara norte en que tras esquivar la potente pared cortada en vertical que presenta en esta orientación, introducirme en un canuto, donde tengo que sortear peñas y maleza junto con algún arbusto en una fuerte subida antes de alcanzar los metros finales en que la piedra viva, fuertemente erosionada y sin vegetación alguna me conduce hasta un estrecho desfiladero entre dos rocas, dando paso a una pequeña vaguada donde me encuentro las ruinas (sólo las paredes) de una pequeña construcción perteneciente también a la época de la contienda.

Sólo quedan escasos metros para acceder, ya de manera más cómoda hasta la cima. A pesar de su escasa altitud, este peñón, al estar aislado permite desde su cima abarcar unas amplias panorámicas, tanto de la vega como de las sierras cercanas y por supuesto quedan a la vista todos los tres miles de Sierra Nevada como inmejorable telón de fondo ocupando todo el este.

Arriba me demoro alrededor de media hora repartida entre la ingesta del bocadillo, las fotos de rigor y la visita a otra construcción, ésta en bastante mejor estado, también de la misma época. Es una pequeña estancia abovedada con paredes de piedra que tuvo su uso también durante la guerra, ya que este enclave tenía gran importancia estratégica por la gran extensión que desde aquí arriba se podía controlar.

La bajada la realizo por el mismo itinerario que la subida hasta el Collado de San Agustín. Pero me detengo en el propio collado visitando otros restos de trincheras que ocupan una pequeña elevación rocosa. A decir verdad toda la elevación se habilitó como trinchera. Todavía algo más adelante volveré a avistar restos de muros de otras trincheras desconocidas para mí, lo que verifica la importancia del lugar como sitio codiciado por ambos bandos durante la guerra y a cuya conquista dedicaron importantes esfuerzos con sus innumerables víctimas.

El regreso lo hago por un sendero que discurre unos 100 o 150 metros por debajo del camino utilizado a la ida. La pérdida de altura lo alarga algo más pero a cambio el efecto ”rompe-piernas” se suaviza ya que consigue mantener una cota mucho más constante. Al menos hasta llegar de nuevo hasta la mole pétrea del Majalijar donde de golpe recupera la altura perdida para enlazar con el sendero más alto.

Todavía me desvío unos metros hacia arriba para acercarme hasta la Cueva de las Palomas (de nuevo en los 1.700 m.), para aprovechando su sombra recuperarme un poco y hacer algunas fotos a Sierra Nevada que se abarca ampliamente, visualizada en toda su extensión al menos en su parte granadina. Desde el Pico del Caballo al sur hasta el Picón de Jérez al norte con buena parte de las cimas emblemáticas (tres miles) destacadas para aquellos que sabemos reconocerlas por su contornos.

Ahora sí, bajar de nuevo hasta la Fuente de Las Chorreras para tras refrescarme y lavarme retomar el curso de la acequia hasta la vertical de Las Mimbres. De nuevo el mismo recorrido ensombrado en su mayor parte, dada la abundancia de encinas que cubren todas estas laderas. Echo de menos nuevamente, en buena parte del recorrido, el rumor del agua transitando por la acequia, ya que ésta por aquí está seca. Se aprecia en sus márgenes que han estado trabajando las brigadas limpiando y podando. También se aprecia que no han tenido el más mínimo cuidado para que no cayeran los restos en el cauce cegándolo en su totalidad en algunos puntos.

Cuando llego al tramo en que sí circula agua, el sendero gana enteros de forma automática. El ir andando con el curso de agua siempre a la vista, a la vez que refresca, ameniza el recorrido. Pienso en la primavera cuando además los animales que hacen de ella su hábitat, bien para vivir o para alimentarse (ranas, ratones, lagartijas, lagartos, culebras y todo tipo de aves) ha de ser mucho más interesante y gratificante. Apreciar todo lo que aporta un curso de agua estable en estas sierras calcáreas que demuestran tener gran capacidad para recoger toda la lluvia caída, para aflorarla en cotas mucho más bajas dejando la zona intermedia prácticamente seca durante muchos meses al año, será una lección perdida si se deja desaparecer.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.