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miércoles, 15 de abril de 2020

Desierto de Tabernas III (Almería)


Western


Desierto de Tabernas: visita a un verdadero desierto.

Los dos anteriores acercamientos (aquí y aquí) a este Parque Natural del Desierto de Tabernas, entre las sierras de Filabres y Alhamilla, las había hecho por la zona que queda a la derecha de la autovía (sentido Almería). Hoy me decanté por la zona ubicada a la izquierda y escogí esta rambla que limita el espacio del propio parque por el noreste.

Había leído que era frecuente que recorriera -la rambla- un pequeño arroyo casi en toda su longitud y por la superficie, lo que indica que el caudal es bastante continuo y suficiente. Sin duda han ayudado también los pasados días de lluvias tras el paso de una borrasca en tránsito por la región, así que se daban todas las condiciones para ver un arroyo fluyendo en el único y verdadero desierto de Europa.

En otras ocasiones he visto fluir otros arroyos por otras ramblas, pero eran artificiales para poder grabar algunas de las escenas de películas en que el guión lo exigía y las cubas estaban ayudando para permitir la continuidad en el rodaje.

El día luminoso, la temperatura agradable, la compañía excelente y el fluir del arroyo, han hecho que se reunieran todos los condicionantes para propiciar una jornada muy amena e instructiva.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.
  
Hoy nos dirigimos hacia el desierto de Tabernas. Abandonamos la autovía Granada Almería en la salida 368 para tomar la C-3326 y aparcar apenas recorridos un centenar de metros.

En una explanada frente a una balsa de llamativo color blanco.

Nos descolgamos hasta la rambla para comenzar la caminanta en dirección ascendente (norte).


Enseguida nos encontramos con el arroyo que hoy nos va a acompañar durante toda la jornada

Es habitual encontrar esta rambla Verdelecho con agua, aunque a tramos, debido al lecho arenoso, el agua opta por desaparecer. 

La rambla se estrecha y al poco rato nos niega el paso, lo que nos obliga a remontar para percibir que remontar el cauce va a ser imposible, por lo que optamos por retroceder y recorrerla en sentido descendente.

Algunos de los factores que ayudan a la desertización son: la deforestación masiva, quemas de rastrojos y matorral, exceso de pastoreo junto y               -paradójicamente-  el abandono de las actividades agrícolas y por supuesto la escasez de agua.

Sin embardo en las Ramblas se concentra la mayor parte de la vegetación: adelfas, taray, alguna higuera; en las laderas abundan los espartos, escobillas, artemisa, tomillos. 

En esta mi tercera incursión en el Parque Natural Desierto de Tabernas, me acompaña Antonio M. y he escogido esta rambla que hace de límite norte del parque por presumir que nos iba a sorprender con la existencia de agua, como así ha sido.


Conforme la descendíamos se iba ensanchando, abriéndose el barranco que la contiene.

Aunque en algunos meandros nos hemos encontrado paredes de decenas de metros cortadas en vertical.



Curiosas formas talladas en las rocas laterales, pero siempre dispuestas en estratos horizontales.


Fuerte contraste entre esta fotografía y la anterior: un espacio totalmente abierto y este otro encerrado por altos paredones.

Cuando la cubierta de los estratos superpuestos es de material más duro, se dan este tipo de figuras. 

Avistamos las techumbres de estas construcciones en nuestra bajada, pero es de regreso cuando decidimos acercarnos para visitarlas.

Es un poblado construido para el rodaje de películas del oeste denominado Western Leone, hoy dedicado a recibir visitas turísticas.

No podía faltar el campamento indio en sus inmediaciones.

Hemos recorrido diez kilómetros en sentido descendente y ahora toca hacerlos en sentido ascendente.

En nuestro caminar no dejamos de adentrarnos en alguna de las ramblas subsidiarias.

La frecuente figura de "mesa" cuando el estrato superior, por su mayor resistencia a la erosión protege al material que lo soporta.

Otras rocas simplemente llaman la atención por la distribución de los distintos materiales con distinta composición y colorido que la forman.



Junto al recorrido del agua abundancia de vegetación, aunque esta sea esteparia.


Para que el agua se abra paso por la superficie el terreno debe estar empapado más abajo.

Hemos avistado escasas aportaciones humanas al paisaje durante la jornada.


Este era un carril de acceso a la rambla que las tormentas han partido en dos literalmente, y que nosotros hemos usado para acceder a la explanada donde teníamos el vehículo hoy.


Desierto (Tabernas - Almería), 23 de enero de 2020.

miércoles, 9 de abril de 2014

Desierto de Tabernas: I (Almería)

Estos días es frecuente poder captar estos amaneceres.

Esta imágen puede ser representativa del desierto que voy a recorrer.

Un desprendimiento fue aprovechado como redil en su día.

La erosión va socavando las zonas más blandas provocando el colapso de grandes rocas.

Las zonas por donde discurre el agua, cuando la hay, destacan sobremanera sobre el resto.

El viento, los bruscos cambios de temperatura y el agua , hacen esto.

En las ramblas se asienta la vegetación más voluminosa del desierto.

Las tierras sin humedad no sustentan vegetación y la erosión se ensaña con ellas.

Hoy me he introducido por diferentes cárcavas hasta donde me dejaban subir.

La soledad y la desolación son permanentes aquí.

Cabecera de la rambla que he seguido durante casi tres horas.

Cualquier oportunidad es aprovechada por los especialistas.

Viendo los puestos para cazadores entiendo porqué las perdices huían desaforadamente.

Qué mejor testigo del remoto pasado marino de estas tierras?.

Imagen típica de una colina en este desierto de Tabernas.

Las plantas aceleran todas sus etapas para aprovechar las escasas lluvias. 

Los diferentes estratos desprendidos se deshojan.

Parecía que las nubes querían dar la réplica al atormentado terreno.

Inicio de la rambla que me llevaría a un largo, profundo y tortuoso desfiladero.

Seguro que esto lo hemos visto en alguna película americana o italiana.

Las múltiples oquedades de las paredes rocosas son bien aprovechadas por las aves.

La erosión trabaja consiguiendo formas impensables.

Una típica forma de "mesa" tan frecuente en este desierto.

A muchas de éstas las he hecho desplazarse por el desierto.

Oquedades como ésta han sido bien y largamente aprovechadas por el hombre.
Uno de los escasos vestigios de ocupación humana avistados durante la jornada.

Que mejor que terminar con una imagen parecida a la primera, no en vano todo el desierto es muy parecido a sí mismo.



Desierto de Tabernas (Almería)

Fecha: 11-2-2014                                                   
                                  
Rangos de temperatura: de 5ºC a los 15’5ºC

Yo hoy quería perderme y ¿qué mejor sitio para perderse que un desierto?.   


Puedo afirmar que hace cerca de treinta años que estoy visitando la provincia de Almería con más o menos asiduidad. En muchas de esas visitas me he acercado por la carretera del interior desde Granada (por Guadix), primero cuando no existía la autovía, más tarde, con ésta en construcción teniendo que alternar los tramos del nuevo trazado con el antiguo e incluso algunos de tierra y finalmente con la nueva carretera ya terminada.

En todas ellas, una vez sobrepasado el pueblo de Gérgal, se atraviesa parte del desierto de Tabernas y ese tránsito siempre ha captado mi atención despertando mi interés, asaltándome la idea de introducirme en él con tiempo para metafóricamente perderme. Hoy voy a hacer realidad una ensoñación macerada durante años. Aprovecho el mal tiempo en la provincia de Granada y Jaén que no me permiten mi salida semanal por las sierras de esas provincias con un mínimo de garantías climatológicas, para desplazarme hasta Almería en que parece que las predicciones son alagüeñas. No en vano voy a un desierto.

Con una extensión de 280 kilómetros cuadrados se ubica geográficamente entre las poblaciones de Gérgal y Tabernas por el norte y el río Andarax como límite sur, siendo el único desierto propio de todo el continente europeo. Enclavado entre las sierras de Alamilla y los Filabres, que le merman las posibilidades de lluvia a pesar de su cercanía al mar, por lo que recibe escasas aportaciones (alrededor de 250 mm. anuales de media) gozando, por el contrario de cerca de 3.000 horas de sol, que le hacen alcanzar una temperatura media superior a los 17 ºC.

Mediado el tramo de autovía (A-92), entre Gérgal y el desvío a Tabernas existe un cambio de dirección que yo aprovecho para abandonarla e ingresar en el carril de servicio, sólo unos metros antes de aparcar. El trazado de la carretera atraviesa el Parque Natural del Desierto de Tabernas longitudinalmente. Había pensado adentrarme en la zona suroeste del parque (a la derecha de la carretera en el sentido en que la hago).

Las escasas nubes que pintan el cielo me dicen que he escogido bien, la temperatura, algo baja a primera hora no me preocupa ya que sé que es cuestión de paciencia para que ascienda. Lo primero que me encuentro es un cortado de unas decenas de metros que tengo que salvar para acceder a una rambla que diviso más abajo. Tras varios intentos consigo salvar el primer obstáculo y ya en la rambla, con el piso de arena fina comienzo a caminar hacia el sur.

Enseguida (unos cien metros) desemboca en otra rambla, de mayor entidad, que tras pensármelo unos momentos decido recorrer, ahora en dirección oeste -ascendente- con el firme propósito de acabarla, progresando por ella hasta donde me lo permita. En este desierto tan erosionado, plagado por miles de cárcavas, ramblas, pendientes taludes y múltiples torrenteras y todas iguales, lo más prudente, si de andar se trata, es elegir una de ellas y seguirla fielmente.

Ello no evita que mi curiosidad me anime a adentrarme en mi caminar por otras más modestas y adyacentes que me resultan atractivas. Pero tras recorrerlas vuelvo sobre mis pasos y retomo mi camino original. Los restos de asentamientos humanos fuera de las cercanías de la antigua carretera son prácticamente inexistentes. Apenas descubro un aprisco enfrentado a donde dejo el coche y unos restos de diques en una torrentera, bien avanzada la jornada, nada más en todo el día.

Tardo en hacer el primer recorrido algo más de dos horas y media. Al final, ya en la cabecera de la cárcava, donde se unen pequeñas barranqueras para formarla con los distintos aportes que recogen de las escasas tormentas, decido remontar una colina para dominar más paisaje y orientarme. Hasta hora en mi caminar, hundido por el centro de la rambla con paredes que en ocasiones superan la cincuentena de metros, sólo me ha permitido intuir que camino en una dirección oeste. Una vez arriba confirmo que no andaba equivocado.

La pérdida de orientación en estos parajes, dada la escasa existencia de hitos destacables, por la uniformidad del terreno y su amplitud puede ocasionar problemas que yo en todo momento he querido evitar. Es la primera vez que me adentro en el interior del desierto y 280 kilómetros cuadrados son espacio más que suficiente para perderse y no precisamente de forma metafórica.

Al regresar he ido más pendiente de lo que ofrecía el suelo que pisaba. Así he podido constatar que estas “tierras malas” fueron en algún remoto pasado un lecho marino y las distintas cochas sueltas que he encontrado fosilizadas o formando parte de conglomerados así me lo ratifican. He encontrado llamativos cristales de yeso, distintas pepitas de hierro y otras curiosidades geológicas que a la ida, por ir pendiente de dirección y paisajes, me había perdido.

La escasa vegetación que se acumula en las cárcavas, hace que las escasas lluvias, que además suelen ser torrenciales, no consigan retener la humedad, sufriendo una fuerte erosión que ayuda a formar estos paisajes característicos de los badlands. Conjunto de cárcavas recorridos por auténticos ríos torrenciales de los desiertos (wadls) que sólo llevan agua, barro y piedras durante las escasas avenidas después de los fuertes y muy esporádicos chaparrones. A pesar de todo en los lechos de los secos arroyos abunda la vegetación entre la que destacan las adelfas por ser las plantas de mayor porte. En las laderas los espartos.

Unos centenares de metros antes de regresar a la bifurcación donde inicié mi caminar me encuentro otra rambla a la izquierda que promete. Sin dudarlo me animo a recorrerla ayudado ahora por el sol que ha conseguido liberarse, al menos parcialmente, de la barrera de nubes y porque mis piernas aún se muestran animosas.

Seguro que los que sobrepasamos los sesenta recordamos las películas de las décadas 60 y 70 del pasado siglo, donde los héroes y villanos a caballo recorrían misteriosos desfiladeros y desolados desiertos. Eran estos. Esta segunda cárcava que he iniciado se va encogiendo conforme avanzo por ella hasta convertirse en un estrecho, sinuoso y largo desfiladero a la que hoy solo le ha faltado algún indio apostado tras las rocas preparado para la emboscada de rigor.

Recorriendo territorios tan extraños afloran pensamientos que estos desiertos ayudan a elaborar. Al contemplar la inmensidad de colinas, tan envueltas en luz como escasas de vegetación, se me ocurre que la paz que a nivel personal anhelamos no se alcanza con consejos, ni con asignaturas académicas sino sólo con el lento aprendizaje del esfuerzo personal, esfuerzo para ir aprendiendo de los propios errores, para llegar a la conclusión de que nos movemos entre dos mundos tan reales el uno como el otro, el exterior como el interior; así si a la vez que pretendemos cambiar el entorno que nos rodea, me esfuerzo, nos esforzamos por mejorar el mundo interior, estoy convencido que puedo, podemos ayudar a mejorar la sociedad que habitamos.

En el día a día nos movemos y experimentamos desde la seguridad, en el desierto nos desnudamos de preocupaciones, nos quedamos a solas, con nosotros mismos, concediéndonos la posibilidad de buscarnos y quizás de encontrarnos. El desierto nos quema tanto por fuera como por dentro; aparecen sensaciones de incertidumbre, desasosiego y asombro y hoy todas ellas se han apoderado de mí.

Pero basta de disquisiciones y volvamos a la realidad. He echado de menos algo que me ha llegado tarde: la lluvia. Que espectáculo habría sido soportar un buen chapetón cuando caminaba entre altas paredes rocosas, recorriendo el desfiladero que tantos recuerdos fílmicos aportaba. Sin embargo había abandonado ya el embrujo del desierto y me había reincorporado al tráfico cuando ha hecho acto de presencia. En mi regreso aun me ha dado tiempo y he tenido ánimo para desviarme unos minutos y adentrándome en Gérgal pueblo, acercarme hasta su castillo.

Pequeño exponente del siglo XVI que permanece en manos privadas e incluso parece habitado lo que sin duda ayuda a su buen mantenimiento. Este castillo fue protagonista destacado en la rebelión de los moriscos del año 1.568, ya que se asesinó a la población cristiana del pueblo. Actualmente propiedad privada desde el año 1972. Ni que decir tiene que sólo he disfrutado de sus exteriores, el interior quizás, acondicionado para la habitabilidad, habrá perdido su carácter defensivo y sobrio.


Nota: Para mayor información sobre el Desierto de Tabernas adjunto éste enlace al estudio elaborado sobre él a petición de la Diputación de Almería, ya que me ha parecido altamente instructivo e interesante:

http://www.almeria.es/Servicios/Informacion/informacion.nsf/D6136ECB1F2B19F7C125780600617181/$file/Estudio.pdf



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.