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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Sulayr tramo 6: Capileira - Trevélez (Sierra Nevada - Granada)




SULAYR TRAMO 6: Capileira - Trevélez.


Control de acceso en Hoya del Portillo.

Primeros pasos bajo bosque de pinos. 

Los tramos por bosque y por terreno despejado se alternan.

Amplia ladera que llama mi atención por su carencia total de árboles. 

Reflejo cegador del sol en una balsa. 

Primera balsa en mi recorrido. No consigo avistar las ruinas del cortijo.

Balsa de Cortijo Toro.

Uno de los arroyos que cruzo en mi bajada.

Con la carretera asfaltada ya a la vista, cortijos abandonados.

La montaña se cubre de pinos y robles.

Primer vistazo a Trevélez.

La población casi al completo.

Barrio Alto a donde va a morir el sendero que llevo.

Rio Chico de Trevélez.

Primeras casas del Barrio Alto.

Asoleando pimientos.

En mi paseo por el barrio no me encontré con nadie y sólo eran las 12h.

Junto al río esta fuente que aproveché para comer.

De regreso se agradecían los tramos ensombrados.

De nuevo junto a la balsa de Cortijo Toro. En absoluto me apetecía abandonarla para seguir la ascensión, pero... 

Restos de construcciones pertenecientes a la Guerra Civil

Las flores del "falso azafrán" (Colchicum autumnale) me acompañan durante buena parte del recorrido.

Estos otros inquilinos tampoco faltan. Unas veces mostrando su presencia, otras dejándose oir.

Los distintos arroyos se salvan mediante pequeños puentes de madera.

Paraje de "Las Alberquillas" donde carretera y sendero se separan. 

Original arquitectura la del Área Recreativa Hoya del Portillo, junto al puesto de control.

Nunca había avistado tanto buitre junto.

Capìleira, principio y final de la etapa del Sulayr recorrido hoy.

Fecha:20-10-2014                                                         Hoya del Portillo                              8’15h.
M.I.D.E.:3,2,3,4.                                                           Prado Morazo                                  9’00h.
Duración: 7h (lineal)  (23km.)                                  Trevélez                                          11’30h.      Desnivel en subida: 1.100 metros                               El Agujero                                       12’30h.    
Rangos de temperatura: de 8ºC a los 13’5ºC            Balsa de Cortijo Toro                     13’15h.
                                                                                       Hoya del Portillo                              15’15h.



Ésta  etapa del Sulayr es la continuación a la que hice y reflejé hace unos días. El tramo sexto del sendero Sulayr une los dos pueblos más altos de la Alpujarra, situados ambos rondando los 1.500 metros y asentados en las laderas sur de Sierra Nevada.

La Alpujarra fue intensamente ocupada tras la Toma de Granada, permaneciendo sus pobladores en ella casi 80 años. Aunque obligados a bautizarse para evitar la expulsión, los moriscos granadinos conservaron sus costumbres, su religión y su lengua. Tras las revueltas (1568-1571) vino la expulsión final quedando buena parte de la Alpujarra prácticamente despoblada, por lo que se incentivó a familias gallegas para que las ocuparan, ofreciéndoles tierras en todos estos pueblos de las faldas de la sierra, por ello no es infrecuente encontrarse con nombres provenientes de su lengua, e incluso el apellido "gallego" o "gallegos" extendidos por la zona.

“… A medida que iba subiendo crecía la intensidad del silencio que silbaba en mis oídos. Cuando al fin divisé el valle del Poqueira me quedé anonadada: era el paisaje más bello que yo había visto en mi vida”. Adelaida García (Silencio de las Sirenas).

Esta etapa sexta se inicia en la parte alta de Capileira, concretamente en la carretera de la sierra. Los seis primeros kilómetros de ella, a tramos por el propio carril, a tramos por sendero recortando las numerosas curvas por el que el trazado de la carretera salva los 700 metros de desnivel que separan el pueblo del Puesto de Control.

Para los que se quieran ahorrar esta subida fuerte y continuada, el carril está accesible para vehículos hasta el mismo control. Yo he escogido hoy esta opción porque mis caminatas por el Sulayr son de ida y vuelta, por lo que decido ahorrarme esos primeros kilómetros a sabiendas de que a pesar de todo tendré que caminar 23. Así que  utilizo el coche para solventar este primer tramo.

Junto a la barrera hay espacio para una veintena de coches, (los fines de semana claramente insuficiente para todos los excursionistas que deciden usarlo como punto de partida). Hoy no es el caso ya que apenas estábamos cuatro a primera hora y siete a mi regreso, evidentemente se percibe que estamos “fuera de temporada”. Una vez sobrepasado el control hay que continuar por la pista algo más de un kilómetro antes de enlazar con el sendero en el paraje denominado de “Las Alberquillas”. Aquí se alcanza la cota máxima del tramo con 2.240 m. de altitud, dato positivo, si de ir se trata, y yo ahora quiero olvidarme de que también he de volver.

Cuando, por la pista, se llega junto a unas corraletas que dejamos a nuestra derecha algo por debajo de la pista y a la izquierda una construcción de piedra en semicírculo junto al propio carril, llega el momento de abandonando la carretera tomar el sendero, visible y señalizado a mi derecha. Atraviesa una loma despejada en primer lugar para adentrarse en un bosque de pinos más adelante. Cruzaré dos pequeños barrancos (Barranco del Manzano y Loma del Jabalí), ambos con agua, antes de llegar a un cortafuegos por el que descenderé unos centenares de metros, dejándome llevar por unas rodadas.

Este cortafuegos recorre la cima de la loma del Jabalí y junto a él y de forma paralela observo un largo parapeto defensivo de piedra local apilada en seco que une varias peñas que afloran. Entre éstas, restos de trincheras pertenecientes a la Guerra Civil, teniendo al fondo siempre la Contraviesa y la Sierra de Lújar, hoy la panorámica no alcanzaba a más por la bruma, aunque comentan que en días despejados se alcanza a ver el mar.

De repente terminan los pinos y el sendero atraviesa, en diagonal y constante bajada, una amplísima loma. Me sorprende que la coronan los pinos y la cierran por abajo chaparros, pero en medio no hay ningún vestigio arbustivo, sólo la vegetación de alta montaña pegada al suelo: el piornal con algunos ejemplares de espartos en zonas de escorrentía.

Tras la larga bajada me introduzco en zona arbolada de chaparros, endrinos y majuelos hasta llegar a una primera charca. Me tengo que desviar unos metros pero la presencia de agua me reclama. En medio de un amplio juncal hay un nacimiento que alimenta una pequeña balsa que llama la atención por los reflejos del sol desde bien arriba. Durante la bajada no serán estos reflejos los más fuertes que diviso. En un momento la propicia altitud del sol se refleja de forma poderosa, hasta tal punto que me deslumbra, en otra balsa mucho más amplia y baja, junto a un helipuerto.

De nuevo entre robles aparece una nueva balsa que se sostiene, al menos uno de sus laterales por las gruesas raíces de un gran nogal que crece a su orilla. Una agradable sorpresa al final de una monótona loma. Alimentado por un pequeño nacimiento de agua que mana entre unos juncos apenas un par de metros por encima y que el sendero salva mediante puentecillo de maderos: he llegado a la balsa del Cortijo Toro.

Algo más abajo el sendero desemboca en una carretera para encontrarme, justo enfrente, la señalización del sendero GR-7 y por él me lanzo olvidando el recorrido Sulayr que sigue pìsta adelante. En fuerte pendiente atravesando un frondoso bosque de robles se descuelga hasta el arroyo que discurre por el Barranco de la Bina para ascender por la ladera contraria entre cortijos y abundante ganado vacuno suelto.

Cualquiera de los abundantes cortijos de la zona cuentan con era. Espacio redondo y llano solado con piedra local en que se realizaban diversas tareas, especialmente la trilla y el aventar del grano. Además de ser elementos tradicionales que nos hablan de una forma de hacer las cosas, son excelentes miradores ya que habitualmente se sitúan en lugares despejados para aprovechar las brisas.

Ya sólo queda volver a descender, y esta vez de forma definitiva, con el pueblo de Trevélez a la vista hasta alcanzar y cruzar el río Chico (un nombre bastante socorrido en la Alpujarra para los ríos) y entrar enseguida en Trevélez (1.500 m) por su barrio alto. Es el más pequeño y mejor conservado de los tres que componen el pueblo –de ahí su nombre-, en cuanto a construcción y fisonomía. Apenas un puñado de casas físicamente separadas de los otros dos. Tras un breve recorrido por algunas de sus calles regreso junto al río Chico donde una fuente con teja árabe me espera para tomarme el bocadillo bajo fresca sombra.

Si en la ida prácticamente todo el camino era en descenso, me toca ahora sudar. Estas días en que la temperatura no quiere acompasarse con la estación, las subidas, sobre todo por zonas despejadas, sacan sudores abundantes. Los tramos que discurren bajo dosel vegetal pasan veloces, los que atraviesan lomas desarboladas se hacen tediosas e interminables.

Cuando alcanzo la bifurcación entre sendero Sylaur y GR-7 decido transitar por el Sulayr por lo que continúo por la pista aprovechando el lado en el que proyectan la sombra los ya maduros pinos que pueblan estas laderas. Hay una gran curva que se salva atravesando el bosque de pinos por un sendero balizado convenientemente. Son pinos de repoblación, siempre en forma de monocultivo, sembrados durante las décadas de los cuarenta y cincuenta. De nuevo en la carretera, tras una zona en suave bajada con muro de contención a la derecha para evitar el desplome de la ladera se llega a un barranco por el que discurre un diminuto arroyo.

Pequeño en ésta época, porque durante el invierno y la primavera con el deshielo debe ser bastante más fiero. Tanto es así que se ha llevado un centenar de metros de la pista no dejando ni rastro de ella. Ello obliga a descender hasta el lecho para volver a subir salvando el hoy pequeño reguerillo de agua ferruginosa.

Una nueva parada bajo el gran nogal junto a la balsa de Cortijo Toro tras un rato de nueva subida se agradece, sobre todo porque algo más arriba me adentraré de nuevo en la amplia loma sin vegetación arbórea en que el sol me va a caldear. Poblada de las especialistas plantas aclimatadas a los fríos invernales y a la insolación feroz del verano, apenas levantan 30 o 40 cm. del suelo para minimizar los efectos del viento, adquiriendo la forma almohadillada para soportar (aprovechando el efecto iglú) la cobertura nívea de los largos meses invernales.

Hoy no he avistado ni cabras monteses ni rapaces diurnas. Lo que si abundaba durante todo el recorrido han sido los saltamontes. Este año ha debido ser propicio para su desarrollo ya que a cada paso los iba levantando del sendero y no precisamente de uno en uno.

Alcanzo de nuevo la barrera de control de la Hoya del Portillo en la que se regula el paso de vehículos por la carretera de la sierra desde que se restringió el acceso con motivo de la declaración de Sierra Nevada como Parque Nacional (enero 1999). Junto a la caseta de control hay una pequeña Área Recreativa con algunos bancos y dos construcciones de arquitectura singular a los que me dirijo.

Aprovechando el desnivel de la ladera en la que se asienta el área, han elaborado dos plataformas voladas soportadas por columnas. En una de ellas –la más baja- han elegido soportes cilíndricos. Estas columnas redondas forradas con piedra local soportan el voladizo de la terraza superior. La más elevada sobre el terreno está soportada por columnas cuadradas. Al pie de la primera hay una charca, hoy seca, con fondo de piedras.

Ya en el coche inicio la bajada. La pista, aunque practicable, no deja de tener multitud de piedra suelta, algún reguero y muchos baches, por lo que es aconsejable simultanear atención y velocidad moderada. A media bajada me detengo en el mirador: Tajo del Ángel. Estando en él aparecen en el cielo una gran bandada de buitres que tras algunas circunvalaciones aéreas acaban desapareciendo tan súbitamente como aparecieron.

Sólo queda descender los tres kilómetros que me separan de Capileira, pero no sin antes atravesar –hay derramas que nos avisan- la acequia baja que tras dibujar una línea verde que atraviesa la ladera (su agua proviene del río Poqueira), formando todo un ecosistema lineal, llena una gran balsa ubicada en la Haza del Cerezo, ya perteneciente al término de La Taha, un municipio que engloba varias poblaciones: Pitres con su anejo Capilerilla, Ferreirola con su anejo Atalbéitar y Mecina Fondales compuesto a su vez de tres poblaciones: Mecina, Mecinilla y Fondales y que bien merecen una exclusiva y tranquila visita.

Esta etapa del Sulayr, púlcramente señalizada -al igual que la anterior-, sin embargo (debido a la abundancia de ganado vacuno en la zona que se “rasca” en los postes indicadores, tirándolos), echo en falta un mantenimiento más periódico. He notado también alguna carencia, o quizás ha sido despiste mío, señalizaciones más frecuentes en los puntos de solapamiento con el GR-7 (los últimos kilómetros, en las cercanías de Trevélez), nada que no se pueda corregir portando información suplementaria.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Sulayr Tramo 5: Puente Palo - Capileira (Sierra Nevada - Granada)




A primera hora sólo había una nube en el cielo.

Subiendo a Cáñar llegan los minutos mágicos.

Y el patito feo....

Área Recreativa Puente Palo, inicio del tramo 5 del sendero Sulayr. 

Río Chico.

Las cumbres de los tres miles ya cubiertas de nieve: Pico Tajo de los Machos

Junto a la acequia, el sendero.


Regalos que ofrece el bosque.

Ya veo mi destino.

Amplio rebaño ascendiendo por la loma que yo bajo, un recorrido más inteligente.

Barranco Poqueira con la loma del Mulhacén oculta por las nubes.

Uno de los numerosos cortijos que hay junto al recorrido.

Puente Chiscar sobre el río Poqueira.

Los barrancos donde no falta el agua desarrollan una exuberante vegetación.

Paseando por Capileira.

Fuente del Cerezo.

De fondo la amplia loma que tendré que ascender en mi regreso.

La abundancia de agua es patente por sus muchas fuentes.

Lavadero público bajo que han querido conservar.

Calles escalonadas y tinaos, dos soluciones arquitectónicas habituales de estos pueblos.

Río Poqueira.

Despidiéndome de Capileira.

Abundancia frutal.

Agua por doquier.

Interior de uno de los cortijos abandonados del recorrido.

Por fin las nubes liberaron a los colosos.

Consigo encerrar a los tres en la misma imagen.

Centenarios ejemplares de robles.

Balsa Almiar.

La población de Cáñar con el pantano de Rules de fondo.



Fecha:15-11-2014                                                                           Puente Palo                                         9’00h.
M.I.D.E.:2,2,2,3.                                                                               Balcón del Almiar                              9’30h.
Duración: 6h30’  Lineal  (23,1km.)                                             Loma de la Matanza                         10’00h.                     
Desnivel en subida: 1.065 metros                                                Barranco de Rosas                           11’00h
Rangos de temperatura: de 13ºC a los 24ºC                              Capileira                                             11’30h.
                                                                                                            Atalaya                                                14’00h.                      
                                                                                                            Puente Palo                                        15’30h.


El Área Recreativa Puente Palo, en donde comienza esta etapa cinco del sendero Sulayr, dista de la villa (título que le otorgó Felipe II por la ayuda prestada en la rebelión de los moriscos) de Cáñar unos 9 kilómetros. Tras atravesar el casco urbano, hay que remontar por una pista forestal casi 800 metros verticales que es el desnivel que separa ambos enclaves. Ésta área (bastante abandonada y desatendida) se asienta en el margen derecho del rio Chico.

En mi ascenso hasta el punto de inicio avisto dos grandes acequias que surten de agua a los campos de Cáñar. Primero, a la salida del pueblo, la Acequia Grande que más arriba mostrará su itinerario paralelo a la propia carretera. Más arriba la Acequia Barjas, restaurada recientemente mediante un proyecto sustentado básicamente por voluntarios.

Cáñar es uno de esos pequeños pueblos -apenas sobrepasa los 450 habitantes- pertenecientes a la Alpujarra granadina por los que no se pasa, hay que ir. La carretera lo deja al margen de los recorridos más frecuentados. Encaramado en la loma de su mismo nombre (1.014 m.), presta buena parte de su término municipal al Parque Nacional de Sierra Nevada.

Como dato curioso mencionar que posiblemente es el único de la zona que mantiene el juego del “frontón”. Deporte que introdujeron varias familias vascas cuando se produjo la repoblación de estas tierras tras la expulsión de los moriscos, utilizando como frontón la pared de su iglesia.

Se inicia la etapa en el área recreativa, junto al río Chico, el que enseguida cruzo. Es éste río propicio a las grandes crecidas arrastrando, debido a su fuerte desnivel, gran cantidad de aluviones. Para paliar los efectos de estas crecidas se construyeron hasta 24 diques a lo largo de su corto curso, siendo el último el ubicado a más altura y grande de todos (dique 24 Soportújar). Se terminó de construir en el año 1943, que con una altura de 30 metros permite que se forme una espectacular cascada cuando el caudal es abundante.

Se sigue por la carretera unos centenares de metros hasta llegar a una bifurcación en que elijo el ramal de la izquierda –el que sube- para enlazar enseguida con el trazado de la acequia “El Almiar”. El recorrido junto a la acequia transitando bajo un frondoso bosque de robles melojos va a durar alrededor de tres kilómetros. Hoy llevaba agua hasta casi su final, lo que ha hecho el recorrido muy ameno.

Es éste uno de los bosques más espectaculares de todo el Parque Nacional, con ejemplares centenarios que hoy ofrecían su generosa cosecha a todos los que quisieran disfrutarla (estos robledales son una reliquia de la Era Cuaternaria, cuando el clima era bastante más frío y sólo se mantienen en cotas altas de las sierras). Cuando el bosque me deja “ver” disfruto de amplias panorámicas. A mi izquierda alcanzo ver el Pico Tajo de los Machos (un tres mil) hoy cubierto por la nieve; a mi derecha todo el curso bajo del rio Guadalfeo, pantano de Rules incluido, hasta el Mediterráneo.

Por debajo de la acequia, en la que observo diferentes salidas de riego, están las antiguas parcelas de labor del Cortijo de Haza Llana y más adelante se ubica la gran Balsa del Almiar, con todos los elementos para su aprovechamiento: compuertas, aliviadero, conducciones. La vereda cambia de margen en varias ocasiones para lo que hay habilitadas pasarelas de madera.

Cuando la acequia pierde cota bruscamente, separándose del sendero, perdiendo también la poca agua que le quedaba, el sendero llanea saliendo del bosque de robles. He llegado a la Loma de la Matanza, aquí la vereda se descuelga unos metros usando el cortafuegos antes de enlazar con una pista. Voy a entrar en el valle del Poqueira y los tres blancos pueblos que lo ocupan se van a hacer presentes enseguida. Estoy en el carril de La Piuca, por el que caminaré un par de kilómetros en suave descendo al principio, algo más fuerte en su segunda mitad, flanqueado por chopos que dibujan una línea de color en medio de la ladera. En mi caminar lo abandonaré por otro secundario para al llegar al Barranco de Rosas y cambiarlo por un estrecho sendero que ya no abandonaré hasta Capileira.

Toca bajar y bajar mucho (350 metros). Durante esta prolongada bajada voy a pasar junto a cortijos abandonados, sus antiguas tierras de labor, sus eras e incluso sus coches abandonados. Durante el prolongado descenso los castaños, nogales y manzanos van a ser compañeros frecuentes. En algunos barrancos los arroyos fluyen alegres, debido a las lluvias de estos días pasados y a las nieves de las cumbres que la templanza del día consumen rápidamente.

Cerca del río me encuentro un poste vertical con multitud de direcciones, cruce de caminos con destinos a Capileira, Bubión y Pampaneira además del propio Sulayr, falta muy poco para alcanzar el cauce del río Poqueira que lo salva el puente Chiscar y enseguida en prolongada y exigente ascensión (casi 200 metros) el sendero se dirige al pueblo. El suelo está “sembrado” de nueces y castañas y  tengo que hacer un esfuerzo por no cogerlas. Tiempo habrá a la vuelta de ir recogiendo los frutos otoñales esparcidos tan generosamente por el recorrido.

Llegado a Capileira(*) recorro todo su barrio bajo, manteniéndome siempre por debajo de la Iglesia. Intrincadas, reviradas, escalonadas y estrechas calles con casas de una o dos plantas encaladas, generalmente con la puerta de entrada en alto por lo que hay que ayudarse de uno o varios escalones; los típicos terraos como cubierta por los que asoman multitud de chimeneas coronadas por la típica lasca y los tinaos para dar continuidad a las casas por arriba salvando las calles. Personalmente creo que es la zona del pueblo con mayor encanto. Hoy me ha servido de guía un minino que a cambio de acompañarme sólo me exigía que le permitiera restregarse con mi pierna a cada parada fotográfica.

Como el resto del pueblo lo conozco de otras estancias, decido comenzar el regreso, consciente de que perderé tiempo en la recogida de castañas y nueces, en la visita de alguno de los cortijos que me han llamado la atención durante la bajada y otros imprevistos. El día va despejándose por lo que el calor que no he sufrido durante la mañana empieza a cobrar su tributo ahora. Si a esta subida termométrica sumamos la de la ladera, mi cansancio y el progresivo mayor peso de la mochila por la frecuente adicción de nueces y castañas, tenemos todos los ingredientes para que esta recuperación de cota se haga bastante dura.

Una vez arriba decido acercarme hasta la Balsa de la Piuca y helipuerto adjunto que están algo más bajos que mi itinerario. Junto al conjunto, todo ello vallado, diviso una caseta de vigilancia contra incendios que ocupa la cima del cerro de La Atalaya al que también me acerco ya que presiento que desde él voy a disfrutar de excelentes vistas (en la misma loma de la Atalaya y algo más bajo se sitúa el centro budista “O Sel Ling”). Me entretengo unos minutos charlando con el vigilante que cubre el turno de mañana a la vez que hago algunas fotos y tras despedirme retomo la subida por el cortafuegos hasta enlazar de nuevo con el sendero.

El recorrido de vuelta junto a la acequia, ahora con los rayos del sol colándose por entre los robles aportan una imagen diametralmente distinta a la de ésta mañana, tanto del bosque como de la acequia con multitud de reflejos en el agua. Como es ya costumbre en mí el regreso me lo tomo con bastante más calma por lo que a estos tres kilómetros, incluido el recorrido perimetral de la balsa le voy a dedicar una hora.

De nuevo en la pista principal, en las proximidades del río Chico, sólo me faltan unos centenares de metros para alcanzar el punto de inicio: el área recreativa Puente Palo; tras dejar la pesada mochila en el coche regreso a la fuente del área: Fuente Fresca, para corroborar la veracidad de su nombre. Sólo me queda descender por la revirada carretera los diez kilómetros que me separan de Cáñar para alcanzada la carretera asfaltada retornar hasta Granada.

Ésta etapa del Sulayr está perfectamente balizada desde su inicio hasta el fin. El acompañamiento de la acequia -hoy con agua- y el caminar bajo la sombra del denso bosque de robles junto con la agradable temperatura, han sido elementos fundamentales para la bondad del trayecto, sin olvidar las magníficas vistas del barranco del Poqueira que han amenizado la segunda mitad del recorrido. En definitiva, hasta ahora ha sido el tramo del Sulayr que más me ha satisfecho de todos los que he andado. Merece la pena el largo desplazamiento hasta el inicio del mismo.

(*)  Capileira proviene del término latino “capillaria” –cabellera-, por ser el pueblo que ocupa la posición más alta de los tres asentados en el barranco del Poqueira.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.