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miércoles, 31 de agosto de 2016

Granada, un paseo por la ciudad.

https://www.youtube.com/watch?v=lY2_eAZo4Lk
"Para embellecer una ciudad no basta con crear una comisión, hay que afinar al público, hay que tener criterio estético, hay que gestar ideas". A. Ganivet.




La Gran Vía es una de las principales arterias de Granada, aunque bastante ruidosa, los festivos se deja pasear. Hoy la hemos recorrido para acercarnos hasta  Plaza Nueva.

En nuestro caminar dejamos -casi al principio- y a nuestra izquierda Puerta Elvira, la que fue principal puerta de acceso a la ciudad árabe.

La iluminación que en su día se eligió para esta Gran Vía y que levantó controversia, hoy está totalmente aceptada.

Algunos de los edificios de esta arteria granadina mantienen el esplendor de sus orígenes de primeros del siglo pasado.

Los días festivos la ciudad se llena de artistas callejeros que intentan recabar unas monedas.

Las enormes pompas de jabón que son capaces de crear asemejan a la de los políticos en plena campaña electoral.

Techumbres del Museo Arqueológico de Granada, cerrado desde hace ...ni me acuerdo. Siempre se ha esgrimido la falta de presupuesto para reparar las grandes grietas que aparecieron en su día.

Este brujo "levitador" al que su compañera ha abandonado y tiene que esperarla si quiere bajar ya que desplazó el taburete.

El comienzo de la "Cuesta de los Chinos" (imagino que por el empedrado de su base), es una de las posibles subidas hasta la Alhambra, que por su belleza cada vez es más usada por los visitantes.

Este acceso deja todas las edificaciones de la Alhambra a la derecha. A la izquierda los jardines y pabellones del Generalife.

Nada mas iniciarlo dejamos a la derecha estos restos de muralla y la puerta junto a los restos de un antiguo molino harinero. A su derecha hay una lápida de mármol gris que no he  conseguido leer.

La cuesta recorre todo el barranco de la Aikibía, se inicia junto al río Darro y era el acceso que comunicaba el barrio del Albaicín con los recintos de la Alhambra. Buena parte de la subida está amenizada por el arroyo que forman las aguas sobrantes de los riegos, vertida a través de la muralla a medio recorrido.

Durante toda la subida tenemos las murallas delimitadoras de los recintos palaciegos a nuestra derecha y un talud de considerable altura que soportan las huertas del Generalife. 

El Albaicín, barrio que ocupa la colina enfrentada a la Alhambra y que si a media subida nos volvemos, nos proporciona una visión muy atractiva. Hoy había parejas sentadas en medio de la cuesta contemplando la estampa o quizás aprovechaban para disimular el cansancio.

"El agua es como el alma de la ciudad. Vigila su sueño, y al oído del silencio le cuenta, las leyendas que viven a pesar del olvido". Fco. Villaespesa. (Arrollo que acompaña buena parte de la Cuesta del Rey Chico).

Entre olivos nos acercamos hasta uno de los miradores de la ciudad más olvidados: Alixares. Enfrentado a los aparcamientos oficiales del recinto y separado de la carretera de acceso unos doscientos metros.

Panorámica del extremo sureste de la ciudad desde el mirador de los Alixares, con el río Genil en el centro. 

Esta otra vista desde el Mirador recoge la Torre de la Vela y Sierra Elvira acotando la extensa vega de Granada.

Hacia el este sobresale la blanca y majestuosa sierra por encima de los olivos.

Abriendo el objetivo de la cámara acojo más edificaciones en la toma.

Mi acompañante -más inteligente- disfruta del momento y lugar mientras yo trajino arriba y abajo buscando encuadres.

A nuestros pies uno de los barrios tradicionalmente olvidados de la ciudad: Barranco del Abogado. Parte alta del barrio.

Mirador Alixares.

A nuestros pies la barriada que se alarga acompañando la antigua carretera de la sierra.

Las construcciones más altas del barrio que remontan la loma hasta alcanzar casi las puertas del cementerio.

A media bajada esta pequeña ermita dedicada a la Virgen. Muy "sentida" por los pobladores del barrio. A sus pies un pequeño altar. 

Las viviendas se apilan alrededor de la carretera de acceso escalando la colina.

Desde el Carril de San Cecilio divisamos la fachada sur del Hotel Alhambra Palace, inconfundible por su característico color.

Algo más abajo la torre de la iglesia de San Cecilio ya en pleno barrio del Realejo. Tras la restauración decidieron "pintarla"

De nuevo la fachada sur del hotel que se eleva muchos metros por encima de las casas residenciales que ocupan toda esta ladera.

Portada de la iglesia de San Cecilio. Construida en la primera mitad del siglo XVI. En el incendio sufrido en el año 1969 se perdieron obras de gran valor. En su día era la iglesia que frecuentaba Manuel de Falla, ya que su casa estaba algo más arriba.

Llamativa fachada de este hostal que ocupa una de las esquinas (norte) de la Plaza Campo del Príncipe.

En nuestro caminar recorriendo el barrio, camino de casa, algunos de los cierres que todavía adornan las fachadas de algún edificio.

Parte superior y espadaña de la iglesia de Santo Domingo. En su construcción se mezclaron los estilos barroco, gótico tardío y renacentista, de ahí su llamativa fachada principal

En nuestro deambular, siempre buscando calles menos recorridas, invado (fotográficamente) este fresco y recoleto patio interior.

Ya en la Plaza Bib-Rambla enlazo fuente neptuniana y torre mocha de la Catedral.

Detalle de la taza de la fuente de la plaza.

Parte de la plaza de la Trinidad, un pequeño pulmón verde en el centro de la ciudad.

Granada, 3 de abril de 2016.

miércoles, 24 de abril de 2013

Granada desde sus miradores III: Silla del Moro, Barranco del Abogado.

Silla del Moro desde San Miguel Alto.

Acceso al mirador Silla del Moro.

Vista general del mirador.

Escalinatas de acceso al recinto.

La Alhambra desde el mirador.

Abadía del Sacromonte.

Parte de la ciudad a nuestros pies.

Muralla zirí y Ermita de San Miguel Alto.

Mi acompañante extasiada.

Cuatro iglesias del Albayzín.

Mirador del Barranco del Abogado.

Las casas que ocupan la zona más elevada del barranco. 

Tejados y chimeneas escalando la ladera.

Mirando la ciudad.

Aledaños de la antigua carretera de la sierra.

Vergeles.

Antigua casa cueva.

Junto a las construcciones, las chumberas.

Acapara gran devoción en el barrio.

Desarrollando la creatividad.

Reciclando.

Exuberancia en el abandono.

Viejas ventanas que aparentan cuadros.

Cristo de los Faroles en el Realejo.



GRANADA. Mirando la ciudad desde sus miradores III: Silla del Moro y Barranco del Abogado.

Fecha: 21-03-2013

En esta tercera entrada a los miradores de Granada me voy a acercar a dos de ellos, ambos situados al sur de la ciudad y quizás los más alejados.


Silla del Moro. Conocido también como Castillo de Santa Elena. Concebido como fortificación con la doble misión de vigilar y proteger por un lado al Generalife, espacio que al estar fuera del recinto amurallado de la Alhambra era mucho más vulnerable sobre todo en época veraniega a donde acudía la familia reinante en busca de relax durante los días de primavera o verano y, por otro la vigilancia de la Acequia Real que suministraba el agua a los dos recintos aportando el elemento indispensable tanto para el riego de las amplias huertas que ocupaban buena parte de la colina, como para el abastecimiento de personas y fuentes.

Hasta la segunda mitad del pasado siglo XX no se le dio importancia al conjunto permaneciendo en estado ruinoso. Fue a partir de 1.929 con Torres Balbás cuando se despierta el interés por esta construcción descubriendo las escaleras de acceso y la gran torre. Basta acercarse al enclave para compartir el alto valor estratégico de su ubicación, no en vano los franceses durante su permanencia en Granada también lo utilizaron para su ejército.

Si es cierto su carácter defensivo se le suponen ciertos enlaces amurallados tanto con el Generalife como con el propio recorrido de la acequia, e incluso con los construcciones que existen más elevadas escalando el Cerro del Sol, murallas de las que no quedan restos ninguno.

Desde este mirador se pueden contemplar amplias, inigualables y poco convencionales vistas de la ciudad de Granada. A la derecha podemos seguir durante un buen trecho el recorrido del río Darro encajonado en su barranco (Valparaiso), del que beben las acequias que traen el agua a los diferentes recintos palaciegos. En las laderas de las colinas la Abadía del Sacromonte o la Ermita de San Miguel coronando el cerro del Aceituno, así como buena parte del recorrido amurallado que cerraba el Albayzín por el norte.

Actualmente abierta al público los sábados y domingos de 10 a 18 horas. La subida peatonal desde el cementerio es un corto recorrido en suave pendiente delimitada por cipreses y otras coníferas en las que no es extraño divisar alguna ágil ardilla, que por las mañanas de los dias primaverales es una delicia. Una vez llegados extasiarse con las vistas hacia los distintos edificios de la Alhambra desde arriba, visión inusual, del Generalife a nuestros pies y parte de sus huertas y mas bajo gran parte de la ciudad recompensan sobradamente el rato echado en su visita.

Dada su posición elevada no sólo permite dominar buena parte de la ciudad y palacios nazaríes sino que la vista alcanza hasta la sierra de Elvira y los montes de Loja cerrando el curso natural del río Genil. Pero también buena parte de Sierra Nevada a nuestras espaldas. Hay que imaginar el enclave sin la vegetación boscosa que cubre algunas de sus laderas y que actualmente limitan la visibilidad, inconcebible en tiempos árabes dada su función de vigilancia y defensiva.


Barranco del Abogado. Este mirador corona una colina situada al sur de la ocupada por la Alhambra. Quizás una de las zonas más desconocidas de la ciudad, sin embargo posee una larga historia ya que proviene de la época musulmana en Granada. Para el llamativo apelativo “del Abogado” hay dos versiones. Una por ser el lugar donde asesinaron a un letrado perteneciente a la Chancillería (abogado veinticuatro). La otra defiende que en 1.623 estos terrenos fueron ganados por un abogado tras largo y mas que ruinoso proceso.

Aunque hoy lo habitan cerca de cuatro mil personas, al asentarse sobre terreno inestable escalando la colina ha sufrido tradicionalmente deslizamientos de tierra favorecidos por la falta de vegetación. Figuran como años catastróficos los de 1949, 1954, 1955, pero sobre todo el de 1963, calificado como el año más lluvioso del siglo en Granada, ya que el hundimientos de cuevas obligó al desalojo del 90% de la población quedando practicamente deshabitado.

Olvidado tradicionalmente por las administraciones locales ha empezado a “existir” a primeros de este siglo; sirva como ejemplo que hasta el año 2001 no tuvo agua potable en las casas abasteciendose de un pilar único para la zona. Apenas posee comercios por lo que los vecinos tienen que desplazarse para hacer las compras diarias, sin ambargo posee infraestructuras hoteleras y restaurantes. Por otro lado hay grandes contrastes, por un lado viven gentes con alto poder adquisitivo junto a vecinos con muchos menos recursos.

En palabras de su presidenta: “de este modo, entre pitas, chumberas, cuevas, grutas y la luz de un sol que parece ser más intenso en lo alto de este barrio, sus vecinos tienen el privilegio de vivir en lo que no dudan en llamar -la habitación con las mejores vistas de Granada-”.

Yo después de tomar las fotos de rigor desde su mirador voy a bajar recorriéndolo en su totalidad hasta enlazar con la Cuesta Escoriaza después de recorrer buena parte del barrio. Aprovechando mi recorrido os voy a dejar aquellas imágenes que más me han llamado la atención, aunque sólo sea como pequeña oportación para dar a conocer un barrio que merece la pena visitar aunque esté desaparecido de todos los recorridos recomendados de Granada.

Bajando por el Camino Nuevo del Cementerio me encuentro rincones sugestivos junto con algunas viviendas que se asemejan más a las de los pueblos que a las de las ciudades, algunas escalando la ladera del barranco presentan las habitaciones abigarradas y escalonadas unas sobre otras. Merece la pena detenerse en la Cuesta de la Glicinia, estrecha calle que en su ascensión durante una cincuentena de metros da servicio a una docena de casas.

Aquí se siguen adornando las calles y balcones con macetas y jardineras e incluso alguna chimenea deja ver la iniciativa personal del propietario aportando un toque original y dificilmente repetible. Otros detalles, como una botella incrustada en el techo de una vivienda con su tapón de corcho puesto a la que no he encontrado respuesta, ¿será ese su significado?, ¿obligarnos a preguntarnos por ella?.

A medio camino me encuentro la gruta que protege la imagen de la Virgen de Lourdes con su altar al pié. Y casi todo el recorrido salteado de jaramagos, margaritas silvestres y multitud de chumberas o pitas alternando con el blanco de las fachadas.