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miércoles, 20 de enero de 2016

Purche, circular (Sierra Nevada - Granada).





Circular por El Purche.
Amplia alberca, fuera de uso, que ocupa la cima de una minúscula colina.

El Cerrajón cierra por el sur la depresión y vamos a recorrerlo de oeste a este en su totalidad.


Queremos recorrerlo empezando por su extremo oeste, ocupado por un complejo de antenas. 



Desde arriba, destaca a esta hora más que la vista de la vega de Granada, la sombra de los cerros por los que andamos.

Abajo y aun en sombra la población de Monachil.

Granada capital, al fondo Sierra Elvira y más al fondo aun Sierra de Parapanda.

Caminando por la cresta del Cerrajón hemos dejado ya atrás las antenas.

Mi acompañante de hoy con el pico Veleta a sus espaldas.

El profundo barranco labrado por el río Monachil centenares de metros más abajo.


Esta cresta, por cuya cima caminamos, presenta frecuentes tajos en su cara sur. 

El Trevenque destaca con su forma piramidal y al fondo izquierda el Caballo.

El extremo este del Cerrajón cobijó en su día un gran cortijo hoy abandonado, es la solana.

De nuevo mi hijo Carlos antes de iniciar la bajada.

Majano de conejos algo abandonado aunque la caza sigue vigente en toda la depresión.

Junto a una charca intentando visualizar batracios.

A pesar de lo tardío de la temporada esta alberca tenía entrada permanente de agua.

La única zona con árboles no cultivada que presenta el Purche en su extremo sureste.

Filigranas de la erosión. 

Aprovecha la existencia de un pequeño arroyo para asentarse la vegetación y un cortijo ganadero.

La carretera que se dirige hacia la central de Diechar atraviesa esta chopera.

Juegos de luz y color. 


Vista casi completa de la depresión del Purche.

Cuando el río se libera del encierro de Los Cahorros se expresa así. 

Arriba e izquierda las crestas del Cerrajón por las que hemos caminado hace unas horas.



Fecha: 15-10-2015                                                           Aparcamiento                                   8’15h.
M.I.D.E.:2,2,2,2.                                                                Chopera                                              11’00h. 
Duración: 4h (Circular)                                                  Aparcamiento                                   12’30h.
Desnivel en subida: 300 metros                                    Monachil                                            13’00h.                
Rangos de temperatura: de 12ºC a los 23ºC             


La zona denominada “El Purche” es una alargada depresión de unos cinco por un kilómetro. Presenta dos pendientes principales, la mayor coincidiendo con el eje largo de este a oeste y la secundaria de sur a norte. A ambos lados está cerrada por largas lomas aunque no con excesiva altura, siendo la principal la que lo cierra por el sur denominada Cerrajón que alcanza los 1.679 metros. La altura media de la depresión en su cubeta oscila entre los 1.400 y 1.500 metros.

Tradicionalmente esta depresión ha sido dedicada a la explotación agrícola y ganadera, aunque en la primera mitad del pasado siglo llegó a soportar hasta una veintena de explotaciones mineras, mayoritariamente en su zona sur en las faldas del Cerrajón. Se extraía plomo y cinc pero las vetas de mineral eran poco potentes y cortas, no aportando riquezas superiores al 5% por lo que tuvieron cortas vidas. Actualmente no hay ninguna activa, aunque todavía se aprecian muchas de las escombreras a pie de explotación.

Esta depresión ha sido acceso obligado tradicionalmente para todos los que han querido acceder a Sierra Nevada cuando no había carreteras; desde los que subían para recoger nieve y su posterior venta en la ciudad (Camino de los Neveros), como para los que queríamos acercarnos a las altas cumbres atendiendo a la imperiosa llamada de la montaña. No en vano la atraviesa el mítico sendero de "Los Neveros". Se podría afirmar aquí que un sendero es solamente una cinta que marca la ruta y hombres y animales la siguen imperturbablemente, entre el crujir de guijarros, independientemente de que haga sol, lluvia o sombra.

Personalmente a pesar de haberlo atravesado longitudinalmente en multitud de ocasiones, nunca lo había hecho objeto exclusivo de alguna de mis salidas. Hoy había programado un recorrido circular por él aprovechando su escaso recorrido y prácticamente nula dificultad. Me acompaña mi hijo Carlos aunque no es terreno de su agrado, mucho más inclinado a recorrer bosques o zonas húmedas, pero en esta sierra fuera de las repoblaciones de pinos y algunos robledales, los parajes de su gusto escasean.

Alrededor del kilómetros 25 de la carretera de la sierra, arranca una estrecha desviación que en seguida nos acerca hasta el Purche abordándolo por su zona alta. Antes de iniciar la bajada hay un espacio donde estacionar, espacio compartido con un par de mesas y bancos de piedra. Decidimos hacer el recorrido en sentido contrario a las agujas del reloj: de derecha a izquierda. Por lo que por la misma carretera que traíamos descendemos, ya caminando, hasta la zona baja de la depresión donde encontramos un bar y el camping.

Aquí tomamos un carril que se dirige hacia el sur que tras una suave y corta subida y pasando junto a algunos cortijos (terrenos todos vallados), nos acerca hasta una amplia aunque somera balsa circular, actualmente fuera de servicio, que ocupa la cima de una pequeña colina. Tenemos que abandonar el carril para iniciar un sendero que se dirige hacia el extremo oeste del Cerrajón donde se divisan una serie de antenas ocupando la cima.

Con vegetación arbórea nula caminamos por entre matorral típico de esta sierra: piornos, algún esparto, romeros, etc., donde los arbustos se aplastan contra el suelo, al parecer sin más tarea que la de extender sus “zarpas” contra el caminante, de modo que un incipiente sol nos acompaña durante toda la subida.

Estamos ascendiendo a uno de los laterales de Los Cahorros (cara norte), profundo barranco por el que discurre el río Monachil y en cuanto llegamos arriba divisamos la imponente garganta, de la que no llegamos a ver el fondo, que ha labrado el río antes de salir a terrenos más amplios y menos abruptos en las cercanías del pueblo.

Caminamos la línea del Cerrajón de oeste a este por la cima de la loma. Siempre a nuestra derecha el profundo desnivel y abajo el río, a nuestra izquierda la amplia depresión del Purche que desde esta altura se domina al completo. No tiene este caminar dificultad ninguna y si belleza continuada. Al llegar al extremo este desciende bruscamente por acabarse la loma de forma repentina. Abajo la carretera que conduce a la central eléctrica de Diechar y hacia ella nos dirigimos en busca de una cinta verde: una estrecha franja de chopos que se asientan a los lados de un exiguo arroyo. Durante todo el recorrido nos hemos encontrado con multitud de cartuchos de cazadores, e incluso un majano conejil que en su momento hasta estuvo vallado.

Solo nos queda retroceder recorriendo el carril terrero que en alrededor de media hora nos acercará hasta el aparcamiento. Es la hora, o al menos eso nos hacen saber nuestros estómagos, de comer. Tras la parada del bocadillo decidimos retornar hasta Granada recorriendo la carretera que une este paraje con el pueblo de Monachil. Este recorrido sinuoso, estrecho y de gran pendiente, divulgado hasta por televisión ya que ha sido objeto de alguna etapa de la vuelta ciclista a España, nosotros lo recorremos hacia abajo, para los ciclistas lo programaban en subida.

Todavía nos paramos por encima de la población para tomar un par de fotos del valle, que mucho mas abierto y vivificado por el río, aparece exultante de verdor.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

miércoles, 21 de enero de 2015

Camino de los Neveros (Sierra Nevada - Granada)





Fecha:3-12-2014                                                                    Rest. Las Perdices              7’45h.
M.I.D.E.:2,2,3,4.                                                                   Cerro de los Majojos          9’00h.
Duración: 8h30’  (33 km. lineal)                                           Purche                                  9’46h.        
Desnivel en subida: 1.455 metros                                        Dornajo                               11’30h.
Rangos de temperatura: de 6ºC a los 12º                            Cerro Ahí de Cara             12’00h.
                                                                                                Fuente del Purche              14’00h.
                                                                                                Rest. Las Perdices              16’15h.




En plena madrugada suena el despertador. Cuesta en la adolescencia levantarse, sobre todo si no se han dormido suficientes horas debido a los nervios por afrontar tan gran empresa. La mochila quedó preparada anoche a falta del pan que compraré –de paso-  en un horno por detrás de Santo Domingo. Lavarse la cara y tomar algo de desayuno para estar listo para las cuatro.

Procurando no hacer ruido para no despertar a los mayores, cosa que no siempre consigo, me dispongo a salir para atravesando toda la ciudad comenzar la subida por la Avenida Cervantes. Era obligado escoger noches de buena luna ya que la empresa de subir y bajar hasta el Veleta en la misma jornada requería de muchas horas. Parecía un objetivo imposible y hasta ahora lo había sido, quizás por eso mismo tenía que volverlo a intentar.

El amplio y muy marcado sendero de arenisca blanca se mostraba iluminado por la luna. Estas primeras horas nocturnas eran especiales en sensaciones y emociones. La bisoñez de los pocos años enfrentada a los importantes retos autoimpuestos creaban un estado de ánimo peculiar. Atravesar la ciudad en completa soledad, silencio y oscuridad; abandonar las últimas casas, el monótono caminar sin apenas paisaje iba serenando el ánimo y haciéndome consciente de lo mucho que faltaba para culminar la epopeya.


Hace casi un año subí a este blog un recorrido en que incluía, ya en bajada, la parte alta del Camino de los Neveros, abandonándolo en el Dornajo con el comentario de que el resto lo reservaba para otra ocasión. Hoy he decidido intentar subir desde Granada hasta el propio Dornajo, para así completar un trayecto emblemático para los asiduos de esta sierra.

En Rebites, zona alta de Hüetor Vega está el inicio de este largo y ascendente sendero que ha sido uno de las tradicionales accesos a las cumbres de Sierra Nevada cuando todavía los vehículos no eran asequibles para muchos de nosotros. El otro era siguiendo el curso del río Genil hasta pasado Maitena (Güejar Sierra), ayudado por el Tranvía de la Sierra que me dejaba en las cercanías del río San Juan. Más tarde los medios me posibilitaban comenzar mucho más alto y por lo tanto gozar de mayor autonomía.

Vienen a mi memoria recuerdos de mediados de los años 60 cuando ascendíamos las primeras veces por este sendero en busca de las cotas altas. El camino ha cambiado radicalmente a lo largo de estos años. Irreconocible durante las dos primeras horas, ya que se ha convertido en una carretera terrera, que ha parasitado casi en su totalidad el trazado del antiguo sendero. Apenas quedan algunos -escasos y cortos- tramos para recortar alguna curva y poco más.

Una vez alcanzado el Purche, (tras recorrer el último kilómetro por la asfaltada carretera que accede desde Monachil), cede la fuerte pendiente, llaneo e incluso desciendo un corto tramo para volver a subir hasta cortar otra pista que da servicio a algunos cortijos de la parte alta. 

 Aquí sí que comienza el sendero que yo recuerdo, recorre hasta tres colinas que cierran la depresión del Purche por el noreste. 
Fuera ya de la ciudad el cielo mostraba su grandiosidad, la inmensa cantidad de estrellas, el camino indicado por el reguero de la Vía Láctea era un espectáculo, ya imposible en las noches urbanas, que siempre me emociona. Las primeras rampas de subida, caminando por la divisoria entre las cuencas de los ríos: Genil y Monachil hasta sobrepasar Cenes. El camino se endurece, la arboleda desaparece ocupando el espacio la vegetación baja (aulagas, retamas…), he iniciado la Cuesta del Desmayo. El objetivo al frente casi siempre va a permanecer visible.





A la vez que vadea las tres colinas va ganando cota hasta enlazar, cortándola perpendicularmente, con la carretera de San Jerónimo.

Hasta ahora las señales que indicaban dirección eran las de la via pecuaria (balizas plásticas verdes con las siglas V.P.).

Comienzo a ascender hacia el dornajo ubicado en la cota 2.000. Aparecen los pinos, de repoblación, como todos los de esta sierra y por ello muy espesos. 

A media subida tengo que cruzar la carretera asfaltada, el tramo nuevo que lleva a Pradollano, el tráfico es abundante y la continuación al otro lado no la veo clara. Una vez encontrada termino la ascensión hasta la cota 2.000 con lo que cumplo el objetivo prefijado: terminar todo el recorrido que dejé inconcluso en una anterior caminata. 

Aquí aparece el primer poste indicador que he visto durante toda la mañana. Aunque la dirección que me interesa la tengo clara.

El extenso Purche queda a mi derecha ya que el sendero asciende por una sucesión de colinas que lo cierran por el norte (las Tres Colinas). En continua, larga y moderada subida dejo los campos cultivados de cereales y los distintos cortijos a mis pies hasta enlazar con el carril de acceso a la residencia veraniega de San Jerónimo (Collado de las Vívoras). Tras cruzarlo inicio una dura rampa para alcanzar el Dornajo, ya en la cota 2.000. Pero a media subida debo desviarme unos metros para buscar la fuente, ubicada a los pies de una columna pétrea, donde aflora un escaso caudal de agua por lo que hay que demorarse un rato para beber y llenar la cantimplora.

Alcanzado el Dornajo, se alternan tramos de sendero con otros de carretera, siempre en subida, hasta alcanzar, primero el Collado de las Sabinas (2.175) y después el del Diablo. La vereda tras cruzar la pista que baja hasta el refugio de San Francisco, continúa por la cuerda hasta los Peñones de San Francisco para hacer el último tramo por la propia carretera hasta alcanzar la zona de los Albergues.


Aparecen los pinos, de repoblación, como todos los de esta sierra y por ello muy espesos.
En la cota 2000 (objetivo cumplido) me vuelvo para contemplar el paraje conocido como "Las Vívoras".

Poco más arriba descubro una manada de cabras y  mi afán por fotografiarlas me hace seguirlas, carretera adelante. Conscientes de las fechas ¿quisieron posar asumiendo la tradición catalana?. 

Al final, después de perdida de vista el pequeño rebaño, me animo a seguir ascendiendo hasta alcanzar el mirador que culmina el cerro Ahí de Cara, techo de mi salida de hoy (2.105 m.).

Las nubes cada vez más densas y el aire cada vez más frío me empujan rápido de nuevo hacia abajo. 

Pero antes de abandonar la cima, como todavía esta zona serrana está libre de nubes, tomo unas fotos de las cabeceras de los ríos Vadillo y Maitena.

Falta el último esfuerzo, los ochocientos metros de subida más continuada y exigente. En este tramo el aire o el cansancio han malogrado diversos intentos anteriores. No quiero pensar en la agónica bajada, me basta con soñar en poder con el resto de la subida. Las Posiciones y por fin la cima del Veleta. Sentado en el borde de la construcción del observatorio que ocupa la cima, extasiado con las vistas, añorando no tener tiempo y fuerzas para seguir adelante, para perderme entre majestuosas montañas que me llaman poderosamente.

Ahora ya puedo comer con la sola limitación de mis vituallas. Para bajar no importa que el estómago esté más lleno y el cuerpo necesita calorías para recuperarse del desgaste y asumir el esfuerzo al que todavía tengo que someterlo. Aunque todo ahora es bajada, no dejan de ser exigentes horas de caminar, que aunque haga trabajar otros músculos de las piernas a estas alturas ya duelen los usados y los nuevos.

Al final el cansancio es intenso, se pierde buena parte de la noción de la realidad que me rodea , tras 16 horas de esfuerzo continuado, recuperarme físicamente me costará dos o tres días, movilidad dolorosa y muy limitada pero la satisfacción de haberlo conseguido queda grabada a fuego tanto en mi voluntad como en mi orgullo: se puede y yo he podido.






De nuevo bajo la protección de los pinos la temperatura se suaviza y la cobertura de nubes no parece contener amenaza de lluvia. Me lo tomo con calma. Aprecio la gran diferencia entre talar árboles por una tarea de "aclare" y lo que me encontraré más abajo.

Me desvío para acercarme a la antigua fuente “del muerto” la llamábamos así por su forma –simplemente era un abrevadero-, hoy totalmente seca y colmatada de piedras y basura.

Ruinas de un antiguo cortijo que estaba a la entrada de la depresión del Purche, incluso poseía cochera a pie de carretera.
No se qué es más llamativo, si la ubicuidad de los grafiteros o su constante necesidad de pintar cualquier espacio.
Fuente de los Castaños, aunque curiosamente ahora solo le da sombra un solitario majuelo. No habrá mas detenciones hasta bien abajo, cuando alcanzo la zona quemada enfrentada a Cenes.

En su trazado construyeron bancos de piedra estratégicamente ubicados para sentarse y disfrutar del paisaje, hoy sólo se podía disfrutar de la destrucción y desolación producida por la quema. ¿Y cabe preguntarse: qué penitencia redimen estos pecados?. 


El pasado agosto se quemaron 200 hectáreas por actuaciones imprudentes. Hoy me he detenido a charlar con una de las brigadas que están actuando en la zona, sobre todo tala y retiro de los pies quemados y que no tienen posibilidades de recuperarse. Presupuestado mas de millón y medio de euros.

He asistido a la tala de varios ejemplares casi centenarios y verlos caer me ha producido una honda tristeza. 


La pista delimita prácticamente la zona quemada por su zona alta (sur), actuando aparentemente de cortafuegos, o fue simplemente que a partir de ella la falta de bosque detuvo el incendio.

Lo que recuerdo vivamente de mis primeras subidas era la fuerte tentación que estas viñas despertaban en nuestros regresos, tentación difícil de evitar.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.