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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Río San Juan, curso bajo (Sierra Nevada - Granada)



Tramo bajo del río San Juan.


Explotación de mármol verde (serpentina) por encima de la Hortichuela.

Enseguida el río San Juan.

Con no mucho caudal, estamos en septiembre.

El sol no inunda aun este profundo barranco.

La espesa vegetación me dificulta el progresar.

Por doquier restos de apriscos.

Cuando el barranco se abre....

Todos estos restos indican la anterior presencia humana.

Junto a otras presencias.

Si no escogía la orilla correcta lo lamentaba.

Me acerco a una angostura donde no podré seguir.

En la toma de una acequia desisto de mi empeño de continuar.

Al menos me consuelo con las abundantes y dulces moras. 

Aquí nacía una acequia de la que no he encontrado literatura.


mientras recojo moras disfruto del río.

La humedad y las buenas temperaturas permiten que el color verde lo ocupe casi todo. 

La vegetación me deja claro quien domina aquí.

De regreso sigo el trazado de la acequia.

A tramos tiene un sendero de mantenimiento junto a ella.

Apreciando la diferencia entre las lomas por orientación.

Aquí puedo apreciar el gran trabajo que supuso su construcción.

En algunos puntos se sustentaba con potentes balates.

Ahora es más fácil el caminar. Güejar al fondo.

Arriba, a la derecha, los Llanos de Otero.

Por aquí se perdía uno de los ramales de la acequia, entre los robles.

Una de las trincheras.

Desde una de ellas vista de las otras tres.


Desde el collado de las trincheras buena parte del barranco del bajo San Juan.

Terrenos donde se asienta el cortijo de la Hortichuela.

Los últimos centenares de metros del río son impracticables junto a su cauce.

Al fondo donde entrega sus aguas al Genil.

Justo el punto de encuentro entre los dos ríos: S. Juan al frente, Genil izquierda.


Fecha:2-9-2015                                                          Mesón San Juan                                8’00h.
M.I.D.E.:2,3,3,2.                                                       Minas Serpentina                              8’35h.
Duración: 6h (Circular)                                             Cabecera acequia                             10’30h. 
Desnivel en subida: 500 metros                               Fin acequia                                         11’30h.
Rangos de temperatura: de 14’5ºC a los 25ºC        Trincheras                                          12’45h.
                                                                                   Mesón San Juan                                14’00h.



La Dehesa de San Juan era una finca ganadera que explotaba tanto el barranco como el río del mismo nombre, junto con algunas de las laderas aledañas y acogía en su propiedad la totalidad del río, además del nacimiento del río Genil y las tres  cumbres más altas de la sierra: Mulhacén (3.482), Veleta (3.394) y Alcazaba (3.371); con un desnivel de 2.500 metros, lo que propiciaba una amplia diversidad de ecosistemas.

Esta vertiente de Sierra Nevada constituye uno de los reservorios de agua más importantes a nivel andaluz, por lo que dentro de la finca existe una amplia red de acequias, tanto de riego como de careo, que ya de por sí tienen un inmenso interés como patrimonio cultural. Si a ello unimos la variedad paisajística y la multitud de cortijos (hasta una cincuentena) que sustentó hasta los años cincuenta del siglo pasado, se entiende que fuera el primer germen para la declaración de Sierra Nevada como Parque Nacional.

La Dehesa de San Juan además de poseer la mayor representación de alta montaña europea cuenta con un 76% de los endemismos botánicos de la sierra y dentro de ella se encuentran restos de tres explotaciones mineras de calcopirita así como una cantera de serpentina.

Nace el río San Juan en los Panderones, por debajo de Las Posiciones, aunque es en la Hoya del Moro donde, entre prados, aparecen los primeros arroyos permanentes. Es una gran finca en la que se asentaban (hasta los años cincuenta del siglo pasado) hasta 50 cortijos que explotaban, además de los rebaños de ovejas y/o cabras, algunas pequeñas parcelas arrebatados a base de trabajo y muchos balates a las pendientes lomas de esta parcela serrana.

Es el río San juan –como otros muchos de esta sierra- de recorrido corto (menos de 8 kilómetros), que tras nacer en la cota 2.800, en la loma del Veleta, se despeña por el barranco de su mismo nombre hasta entregar sus aguas al río Genil.

Este río es el objetivo que me he propuesto recorrer en su parte inferior. Presenta hoy un caudal escaso, no en vano hace meses que su cuenca perdió los últimos neveros y sólo consigue mantenerse de las aguas subterráneas que aun manan a diferentes cotas.

Aparco el coche junto a su desembocadura en el Genil, y voy a iniciar mi andadura por la Vereda de la Estrella, para desviarme enseguida (10 minutos) hacia la Hortichuela. Caminar este primer tramo junto al cauce es imposible por la estrechez del mismo y por la abundante vegetación que lo cubre en su totalidad, además de la fuerte pendiente que remonta en escasos centenares de metros. Algo por encima del cortijo alcanzo la cantera de mármol verde o serpentina (ya junto de nuevo al cauce del río San Juan).

En alguna salida anterior divisé junto a su cauce algunas parcelas ocupando las zonas más anchas de su recorrido y me parecieron atractivas para andarlas. En busca de ellas voy. Sin embargo hoy no encuentro fácil acceso. Las parcelas mantienen algunos frutales, abundando los nogales; muchos restos de mangueras de riego, restos de vallas metálicas y total abandono por lo que los rosales, majuelos y zarzas son los dueños, o lo que es lo mismo: problemas para progresar.

Avanzar río arriba se presenta complicado. Cuando no cortan el paso los restos de antiguas vallas delimitadoras de bancales y parcelas, lo hace la abundante y cerrada maleza y cuando estos elementos escasean es porque el barranco se cierra, si es que no coinciden todos los elementos a una. Tengo que cambiar de orilla frecuentemente e incluso desviarme y remontar algún tramo ladera arriba para dejarme caer de nuevo poco más arriba.

Voy sumando arañazos y pinchazos en brazos y piernas que me recuerdan algo que debía ya saber hace mucho: a la sierra se sube más tapado aunque la temperatura sea buena y el sudor se presente copioso. Tras dos horas de dificultoso ascenso consigo alcanzar la cabecera de una acequia  conocida aunque  sin nombre. A partir de aquí la estrechez y la cerrazón de la vegetación no me permiten avanzar así que aprovecho el trazado de la acequia para el regreso.

En mapas no he encontrado referencia alguna a este acequia, incluso  no aparece ni dibujada, por lo que llamé al centro administrativo del Parque Nacional de Sierra Nevada para recabar información. A ellos tampoco les consta nombre para esta acequia así que me aseguraron que debe ser una acequia contemporánea a la repoblación con robles y cipreses de toda la loma por encima de la Hortichuela, en el sendero que une esta con el desaparecido Cortijo del Hoyo y que posiblemente se realizara a la vez que la repoblación mencionada.

Aprovecho para lavarme los brazos salpicados de puntos rojos sangrantes de los muchos pinchazos recibidos y largas líneas rojizas de los arañazos. Descanso un rato, como, hago unas fotos e inicio el regreso por el mismo trazado de la acequia. Siempre me ha extrañado el que se empleen muchas jornadas laborales, como ocurrió hace algunos años, en la recuperación de acequias como esta, para devolverlas al abandono severo después: actualmente está totalmente inutilizable por derrumbes.

Comparto la creencia de que son obras que tienen un alto interés natural e histórico, pero si no se puede prolongar el mantenimiento en el tiempo por escasez monetaria ¿por qué se hacen esas ingentes inversiones que todos sabemos que no pueden tener continuidad sin mantenimiento año tras año, para abandonarlas una vez realizadas?. ¿Será, pienso en mi ignorancia, para cumplir los formularios de las ayudas europeas y enseñar las fotos de lo bonita que ha quedado y una vez recibida la subvención y cumplimentado el papeleo, devolverlas al olvido?.

Desgraciadamente, y lo he comprobado en reiteradas ocasiones y lugares, las recuperaciones de acequias, ya sean de riego o careo y de las correspondientes balsas, sólo se hicieron para justificar las inversiones y/o las ayudas europeas y otras administraciones, pero sin compromiso de permanencia. Así casi todos los trabajos de recuperación realizados en años anteriores están perdidos y estoy hablando de un espacio declarado Parque Nacional, Reserva de la Biosfera y no se cuantas figuras de protección más.

El trazado de la acequia cruza perpendicularmente el sendero que asciende hasta el Cortijo del Hornillo. Sigo el trazado de la misma ya que tengo curiosidad por ver donde termina. Junto a unas grandes rocas se le habilitó un aliviadero, loma abajo, que se pierde entre los robles; por otro lado la propia acequia también se pierde, unos centenares de metros más adelante, o yo no he sabido seguirla entre la muchas hojarasca que cubre el suelo y la maleza que se ha desarrollado en el propio cauce.

De nuevo, abajo, junto a la cantera, decido seguir por la carretera hasta unas antiguas trincheras que ocupan ambos laterales en el collado. Son cuatro construcciones con plancha de hormigón como cubierta. Una de ellas muy deteriorada, las otras tres en relativo buen estado.      

Sólo me queda retroceder para junto al dique en el río, tomar un sendero semi-perdido que desciende por la margen izquierda del río. A tramos casi ha desaparecido por desprendimientos, a tramos casi intransitable porque el agua lo ha desecho y seguro que si se sigue sin hacer nada conseguirá acabar su tarea; pero que al final me conduce por encima de las casas que fueron de la Sevillana a la misma desembocadura del río San Juan en el Genil.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Castillo de Locubín (Jaén)


Castillo de Locubín. 

Uno de los cerros olivareros que hemos pateado hoy con escaso éxito.

Al principio caminamos separados para escudriñar más terreno, después la querencia nos puede.

Tras el fracaso rotundo en cuanto a fósiles durante las dos primeras horas decidimos acercarnos al nacimiento del río.

Eran pléyade los chiquillos que disfrutaban de la tarde en el "parque acuático".

Muy cuidados las diferentes balsas a distintos niveles salvadas por puentes.

 Tras la ultima piscina la cascada da salida al agua que formará el río.

Entre las diferentes balsas sugerentes cascadas.

Por debajo de las balsas el río San Juan.

El agua embalsada a diferentes niveles es sin duda la gran protagonista del espacio.

Donde nace el río San Juan se ha habilitado una amplia zona de recreo con grandes árboles que proveen sombra.

Paraje singular este del nacimiento que cuenta con aparcamiento y bar.

Hasta hubo tiempo para jugar un rato en el área del nacimiento del río San juan.

A falta de fósiles me entretengo con la flora.


El pueblo entre olivares. Abajo junto al río una tierra fecunda se cubre de cerezos.

Restos de la dominación árabe, algo común en los pueblos de Jaén.

Iglesia parroquial del pueblo



De regreso nos entretenemos en contemplar la puesta de sol.

A pesar de ser Junio se nos quedó corta la tarde en la búsqueda.



lo más llamativo de nuestra búsqueda, esta estrella de mar fosilizada.
Detalles de las impresiones que dejó el animal en la roca. 

Los brazos de la estrella se adivinan por los dibujos grabados.



Fecha:17-6-2015                                                                     Cerro de La Camorra 
Duración: 5h                                                                           Nacimiento del río San Juan
Desnivel en subida: 200 metros
Rangos de temperatura: 27ºC



He quedado con mi hermano Juan en Maracena, a las tres y cuarto, cuando sale de su trabajo para tras comer algo cambiar la moto por el coche. Tras el cambio de vehículo, recogeremos a mi sobrino, primero y a un amigo y nuestro guía hoy, después. Nuestro destino es la población de Castillo de Locubín. Pueblo de la provincia de Jaén, ubicado en las cercanías de la carretera de Córdoba y a unos 60 kilómetros de Granada.

Los "castilleros" habitan un pueblo que se ubica en el centro de la sierra sur de Jaén casi equidistante entre las provincias de Granada, Córdoba y la propia Jaén. El núcleo urbano se sitúa en una gran depresión rodeada de montes que alcanzan los mil metros de altura y junto al nacimiento del río San Juan.

A unos seis kilómetros de Castillo se encuentra la pedanía de Ventas del Carrizal y muy cerca de él se encuentra el yacimiento arqueológico de Encina Hermosa que muestra restos de las épocas comprendidas entre el siglo III a.C hasta el siglo II d.C.

El objetivo de hoy es andar montes, laderas entre olivares a la busca de fósiles pétreos entre tierras arcillosas rojas en lomas recalentadas por el implacable sol. El Cerro de la Camorra, donde las referencias  nos indican que es posible el encuentro de fósiles se sitúa en las cercanías de la población. Mi hermano ha hecho gala de manejo de internet y aunque le han fallado los medios impresores, no se ha achantado y ha realizado un esquema a mano orientativo.

Una vez llegado a destino nos encontramos con un pequeño contratiempo: todos los alrededores del pueblo están ocupados por olivares en laderas pendientes, salpicadas de parches de tierras arcillosas rojas: ¿por dónde empezar?

Una vez identificado nuestro “cerro” –larga loma orientada norte-sur con diferentes cimas que salpican su alargada cima- debemos decidir por donde caminarlo. Las dos primeras horas de intensa búsqueda y “pateo” resultan totalmente infructuosas, en cuanto a fósiles se refiere; muy fructíferas, sin embargo, en recogida de alcaparras ya que conseguimos coger varios kilos, que próximamente degustaremos, cuando el tratamiento a base de ácido ascético haga su trabajo sobre ellos.

Decidimos cambiar y nos acercamos hasta el nacimiento del río San Juan. Paraje atractivo a las afueras del pueblo y hoy totalmente inundado por chiquillería, ocupando las diferentes balsas habilitadas para el baño que muestran su regocijo entre risas, chillidos y chapuzones.

De nuevo en el casco urbano preguntamos por la ubicación del buscado "Cerro", por si hubiéramos errado en la interpretación de la geografía. Una vez confirmada su ubicación, decidimos atacarlos por su vertiente sur. De nuevo entre olivos primero y almendros después, iniciamos la ascensión en busca de “tesoros”.

Al final de la tarde y bien arriba de la loma, en el corte de una casi perdida pista empezamos a encontrar los restos pétreos ansiados presentando las características estrías de las conchas. Son sólo pequeños trozos, en ningún caso animales enteros. Más tarde aparecería la joya del día. Lo suficiente para que la sensación de fracaso se evapore y dar la tarde por fructífera.

Casi a las nueve de la tarde decidimos dar por terminada la búsqueda y tras un breve reconocimiento de nuestros hallazgos y posterior criba, decidimos dar por terminada la jornada paleontológica.


Nos quedan alrededor de sesenta kilómetros de regreso amenizados por charla, buena música, alguna lectura de trabajos escolares y excelente puesta de sol.