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miércoles, 23 de julio de 2014

Laguno (Sierra Nevada - Granada)

Por encima de los albergues, monumento a la V. de las Nieves

Llegando cerca del refugio de la Carihuela: embalse de las Yeguas y observatorios astronómicos.

Conjunto de Lagunillos de la Virgen.

Desde la cumbre de Loma Púa: Veleta y refugio de la Carihuela con su típico ventisquero.

Tramo alto del río Veleta.

Restos de trincheras en la cima del Puntal de Loma Púa (3.270 metros).

Tajos del Nevero con sus llamativos prados de alta montaña.

Terreno sumamente fracturado donde nacen los primeros arroyos que formarán el río Toril.

Mi objetivo está al fondo, bajo aquellas manchitas de nieve.

Estos prados sustentan diversos rebaños de ovejas que los visitan asiduamente.

Primer vistazo al emplazamiento de "El Laguno".

En su día esto fue una amplia cubeta glacial. 

El deshielo de los ventisqueros que permanecen en los tajos dan vida a estos parajes. 

La imponente pared rocosa que cierra el circo por el oeste y que yo tengo que subir para alcanzar el refugio Elorrieta.

En mi recorrido por el lecho del lagunillo: piedras que llaman mi atención.

Restos del refugio Elorrieta que han descendido mas de 400 metros.

El agua de las chorreras de los tajos reaparece en la cubeta del Laguno.

Aliviadero actual de la cubeta glacial.

Desde la cuerda del Elorrieta (cota 3.000) vista del emplazamiento de "El Laguno"

De nuevo superada la cota 3.000, llamativo encuadre del Mulhacén.

Laguna Lanjarón con el Cerro del Caballo cerrando la imagen por la izquierda.

Junto al refugio Elorrieta aparecen mis modelos de hoy.

Sin duda por paciencia y saber estar éste se convirtió en un auténtico profesional.

Aguantando primeros planos.

Construcciones exteriores del refugio Elorrieta.


Fecha:16-07-2014                                                                               Hoya de la Mora                                8’00h.
M.I.D.E.:2,3,4,4.                                                                                   Puntal Loma Púa                               9’30h
Duración: 8h  Circular                                                                      El Laguno                                    11h. -11’40h                     
Desnivel en subida: 1.300 metros                                                    Refugio Elorrieta                    13h. – 13’30h.
Rangos de temperatura: de 18ºC a los 27ºC                                  Lagunillos Virgen                            14’50h                                                                                                                                           Hoya de la Mora                              16’30h


Hace varias semanas me quedé con las ganas de visitar uno de los pocos lagunillos que me faltan por fotografiar, hoy después de la satisfactoria experiencia de la última salida, me he decidido a visitarlo. El recorrido, por intentar hacerlo circular se ha endurecido excesivamente para al final no obtener el resultado deseado: estaba seco.

Es éste uno de los múltiples lagunillos (nombre que le aplico a los que no aguantan todo el verano con agua), que se forman durante el deshielo por toda la sierra y que aguantan los envites del estío dependiendo de su ubicación y de las reservas níveas con que cuenten en sus alrededores.

Está ubicado en un antiguo y gran circo glacial al pie del Monte Elorrieta (cara sureste), rodeado de potentes paredes rocosas que llegan a alcanzar los 500 metros verticales en algún punto. Presenta la típica forma semicircular cerrada por la morrena frontal, que en este caso está rota en los dos extremos, por los que se produce el desagüe.

Pero voy muy deprisa. He dejado el coche en el aparcamiento de la cota 2.500 (aledaño a los albergues Hoya de la Mora y Universitario). Una gran explanada junto a la caseta de antenas de telefónica aporta el espacio suficiente para atender la demanda habitual de los usuarios veraniegos que optamos por ascender a estas cumbres usando medios propios.

Tras los preparativos de la mochila y bastones y un último repaso para asegurarme de que no olvido nada, comienzo la subida. En apenas una hora y media voy a ascender cerca de setecientos metros. En mi caso, el hábito me permite hacer toda esta remontada de un tirón, pero lo normal es tener que hacer paradas intermedias para que el ritmo respiratorio y el cardiaco vuelvan a valores aceptables.

En esto como en todo influyen diversos factores: la procedencia (los que habitan a nivel de mar lo pasan realmente mal si tratan de forzar al principio), el hábito de ascender si se tiene y, por supuesto, la forma física de la que disfrutemos el día de la subida. Dependiendo de ellos tendremos que adecuar el ritmo de ascensión para que la subida no nos supere.

Como el objetivo de hoy no es el Veleta, lo dejo a mi izquierda en la subida para dirigirme, por el carril que atraviesa la sierra hasta las proximidades del refugio de la Carihuela (3.205 metros), aunque también lo dejo hoy a un lado para acercarme y ascender hasta el Puntal de Loma Púa (3.270 metros).

Este Puntal, muy próximo al refugio, es la culminación de una larga y fatigosa loma que se descuelga hasta las cercanías de la Central Eléctrica de la Cebadilla (Capileira). En su cima quedan algunos restos de trincheras construidas durante la guerra civil española, de las que sólo aguanta algún muro ruinoso. Hacía varios años que no ascendía y hoy, aunque lo podía haber obviado, me he dado el capricho para refrescar la memoria.

Enseguida comienzo a descender recorriendo la escarpada y a veces bastante incómoda cresta para perder cota, antes de desviarme definitivamente hacia el sur en busca del objetivo de hoy. Durante años, en mis frecuentes visitas al Refugio Elorrieta, me había llamado la atención un pequeño lagunillo que destacaba al fondo del profundo tajo de su cara sureste, en la cabecera del río Toril.

Recuerdo haber hecho algún intento de acercamientoanterior frustrado por el cansancio y la lejanía. Hoy era objetivo único. Para llegar hasta él tengo que bajar un par de centenares de metros descendiendo por debajo de los Tajos del Nevero (dejándolos a mi derecha –oeste-). A los pies de estos tajos aparecen unos prados alimentados por los deshielos de los ventisqueros que aguantan protegidos del sol hasta bien avanzado el otoño, asentados en las diferentes repisas a media altura.

Sólo tengo que seguir avanzando a media loma, atravesando un terreno muy incómodo de caminar por la pendiente que acumula y por el material –piedras y terreras- que han ido formando los ventisqueros a lo largo del tiempo. Tengo que visualizar previamente el itinerario para soslayar algunos tajillos, lo que hago en ocasiones por arriba y otras por debajo, dependiendo de lo que mi intuición y experiencia me aconsejan. No he avistado ningún tipo de sendero durante todo el recorrido.

Después de una hora larga de camino aparezco en lo alto de un collado con la explanada del lagunillo (2.775 metros) a la vista. Tengo que volver a perder altura para alcanzar lo que en su día debió ser una amplia laguna glacial, hoy totalmente colmatada por los fuertes arrastres de los arroyos que se despeñan de las paredes verticales que lo rodean. Me he atrasado en demasía y me lo he encontrado seco. Sólo quedan los cauces de algunos pequeños arroyos y los borreguiles que aguantan mientras reciban aporte líquido.

Tras buscar acomodo junto a una gran roca para comer, he dedicado más de media hora a recorrer todo el perímetro y percatarme que debe mantener agua por posición e inclinación mientras algún ventisquero le cierre el desagüe natural. Cuando la temperatura funde la nieve el lagunillo acaba su existencia vertiendo el agua acumulada barranco abajo.

Sentado en una piedra localizo el Refugio Elorrieta (3.187 metros) más de 400 metros, allá arriba, una pequeña mancha blanca coronando los majestuosos tajos y comienzo a imaginar un recorrido de ascensión asumible, conjugando el salvar los potentes tajos que me cierran el acceso directo, junto con el menor desgaste posible, que seguro que en cualquier caso va a ser importante.

Una vez terminada la tarea, comienzo a andar. Es un terreno que no conozco y que carece totalmente de senderos, excepto los practicados por las cabras y esos no son aptos para mí. Recién iniciada la ascensión me encuentro con un joven pastor (Gabriel de Pampaneira) precedido de sus dos perros. Ni que decir tiene que me paro para charlar con él, a lo que él harto de soledades tampoco pone reparos.

En el transcurso de la conversación indago por el nombre del lagunillo (no aparece en mapas), a lo que me responde que todos ellos, los que frecuentan asiduamente estos parajes siempre le han llamado “El Laguno”. También me comenta que el año pasado hasta finales de mes mantuvo el agua ya que los ventisqueros eran bastante más abundantes que éste. Tras un rato de amena y fructífera conversación, decido continuar alegando que cuando más demore el mal trago que me falta, éste será más amargo.

La subida es suicida (no la recomiendo a nadie). Más de cuatrocientos metros de desnivel con porcentajes superiores al 40% y con un terreno de piedra suelta o lo que era peor, tierra compactada que no facilitaba el agarre sin sendero alguno; se me han hecho interminables a pesar de haberla solventado en poco más de una hora real de marcha. 

Una vez llegado al Refugio, del que desde abajo sólo se apreciaba una manchita blanca coronando el tajo, me esperaba una grata sorpresa. La cara sur abierta a los tajos que hace un rato admiraba desde abajo, con todas sus ventanas rotas, permite que la ventisca apile nieve inundando las distintas dependencias. Hoy esas habitaciones acumulaban grandes cantidades de nieve que resguardadas por la techumbre que les aporta sombra durante todo el día, retarda su fundición, hecho que aprovechan las cabras para beber y/o refrescarse. Tras la desbandada inicial por mi presencia, un precipitado salir corriendo todas por lo que en su día fue una de las ventanas, un precioso macho, más confiado, ha permanecido en las inmediaciones.

Mi quietud y mis intentos guturales por apaciguarlo han dado resultado y he comenzado una sesión fotográfica extensa e intensa. Nunca he tenido un ejemplar tan cerca (escasos dos metros), durante tanto tiempo (más de media hora) y en completa tranquilidad (no tenía ni la respiración agitada). Ni que decir tiene que he aprovechado intensamente la oportunidad haciéndole una serie larga de fotografías.

Ha sido muy gratificante compartir un reducido espacio (la repisa que compartíamos apenas tenía dos metros de ancha), con un animal salvaje sin recelos ni tensión por ambas partes: sólo había curiosidad entre ambos. Imagino que él esperaba recompensa alimenticia que yo no le he aportado: no se debe dar de comer nunca y yo lo cumplo a rajatabla. Al final he roto yo el encantamiento, el por estar en casa no tenía prisa alguna, consciente de que había que retomar el caminar.

El resto es ya bien conocido, bajar hasta los Lagunillos de la Virgen y Embalse de las Yeguas, para dejando el complejo invernal de Borreguiles a mi izquierda y algo por debajo, transitar por un sendero bien marcado que me lleva a la carretera asfaltada. Sólo falta recortar algunas curvas, para volver al punto de inicio matutino, donde tras sentarme en el coche apreciar el agradecimiento de mis piernas tras la exigente y calurosa jornada.           
     


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

martes, 8 de octubre de 2013

Tajos del Nevero y Veleta (Sierra Nevada - Granada)

Apenas iniciado el camino.

Durante la subida dejo a mi derecha el complejo de Borreguiles.

Una vez llegado a la Carihuela (3.250m.). 

En Loma Púa me vuelvo para apreciar la laguna de Aguas Verdes con el Veleta al fondo.

Destino de mi caminar para hoy.

Verdes prados alimentados por las chorreras de los Tajos del Nevero.

El arroyo cuando se libra de la nieve, se despeña loma abajo.

Buena parte de su recorrido lo hace bajo los neveros.

Someros encharcamientos.

Curiosas formas que adquiere la nieve.



Laguna Aguas Verdes.

Cima del Veleta (3.384 m).

A los pies del tajo de la cara norte del  Veleta, su laguna.

El día permitía divisar amplios horizontes.

Dos (de los cuatro) Lagunillos de la Virgen

Fuerte contraste de colores.

Alguno de los lagunillos aun permanecen abrazados por los neveros.

Laguna/Embalse de Las Yeguas.

Abundante ganado aprovecha los frescos prados.

Algunos prefieren que los suban.


Fecha:29-7-2013                                                                Hoya de la Mora 7'30h.
M.I.D.E.:3,3,3,4.                                                                   Posiciones 8'45h
Duración: 7'30h. (Semicircular)                                         Carihuela 9'15h.
Desnivel en subida: 1.440 metros                                      Lagun. Peñón Colorado 10h
Rangos de temperatura: de 10'5ºC a los 19'5ºC               Veleta 12'15h.
                                                                                              Lagun. De la Virgen 13'20h.
                                                                                              Hoya de la Mora 15h.



Cualquier colegial puede hacer experimentos durante la clase de física y comprobar si determinada hipótesis científica es cierta. Pero el hombre, dado que vive sólo una vida, nunca tiene la posibilidad de comprobar una hipótesis mediante un experimento y por eso nunca llega a averiguar si debía haber prestado oído a su sentimiento o no. (Milan Kundera)
Hay una zona de Sierra Nevada que por haberla avistado siempre muy avanzado el verano siempre la había asociado a sequedad y aridez y por lo mismo falta de interés. En los meses del estío apenas se ve humedad y sólo destacan los grandes pedregales y los altos tajos que la componen. Estoy hablando de los Tajos del Nevero (aunque en otros mapas lo mencionan como Tajo de Lagunillos) y el pequeño lagunillo que se forma cuando hay nieve bajo unas chorreras.

Para mí es una de las zonas más desconocidas de Sierra Nevada, esta vertiente sur que podemos atacar desde Capileira, siguiendo uno de los recorridos señalizados “sendero del río Toril” para ya bien altos abandonarlo para seguir el arroyo Peñón Colorado o el rio Lagunillos. No ha sido este mi trayecto de hoy, ya que he preferido acercarme a la Carihuela, para tras atravesar Loma Púa un poco por debajo del Puntal (3.224 m.), su zona más alta, dejarme caer hasta el arroyo en mi intento de no esforzarme en demasía.

Este recorrido afrontado por mi hoy es mucho mas suave que la ascensión por Capileira si a ello sumamos que el acceso en kilómetros es también más corto, aunaba todas las ventajas. Por otro lado la alergia lleva castigándome durante todo el mes por lo que no tenía mucha confianza en poder completar el recorrido y la seguridad de no poder hacerlo si lo endurecía.

Una vez aparcado el vehículo en los albergues (concretamente junto al Hoya de la Mora 2.500 m.), inicio la ascensión de forma pausada. Aun así, enseguida empiezan a dejarse oir múltiples ruiditos de mis bronquios, bastante castigados durante estos días (no quiero pensar que pasaría si fuera fumador). Espero que la forzada respiración profunda que exige el esfuerzo ayude a limpiarlos a lo largo de la jornada.

Ha amanecido un buen día de montañismo, la fresca temperatura ayuda a que las ascensiones sean más gratas y una suave brisa reconforta. El ser madrugador no me permite coincidir con otros excursionistas, que generalmente “arrancan” más tarde, por lo que toda la ascensión hasta las Posiciones ha sido en soledad. A partir de aquí si coincido ya con algún otro esforzado que se ha ayudado del microbús para ahorrar esfuerzos.

Ni que decir tiene que ya en el refugio de la Carihuela si coincido y saludo a algunos que han pernoctado, para enseguida, al apartarme del trillado recorrido hacia el Mulhacén, volverme a quedar solo. No suele aventurarse la gente fuera de los recorridos tradicionales, o bien por desconocimiento o por falta de interés, no parece que la “curiosidad” sea abundante en los visitantes a esta sierra.

Tengo que descender unos metros para salvando unos ventisqueros por debajo del refugio, saltar al otro lado de Loma Pua, justo por debajo del Puntal. Enseguida destacan, allá abajo, unas manchas verdes en medio de amplios ventisqueros que rodean lo que queda de un antiguo lagunillo, inexistente hoy en parte por estar invadido por los neveros, en parte por colmatación.

El circo glaciar que cierra todo este paraje es un rincón muy agreste y transmite claramente la imagen de salvaje. No es habitual en la vertiente sur de Sierra Nevada estos parajes tan abruptos ya que generalmnente ofrece espacios mucho mas suaves y alomados. En los basares entre altos tajos que acumulan mayor cantidad y grosor de nieve (lo que le da el nombre de Nevero) caen las chorreras que alimentan tanto los pradillos como los distintos encharcamientos.

Es una bajada de alrededor de 200 metros entre amplios cascajales formados de piedra de tamaño medio, muy incómoda de andar. Si a esto añadimos los frecuentes tajillos que salpican la bajada, nos podemos hacer una idea de lo molesto del terreno. Los amplios tajos de la derecha son la cara sur de las crestas que unen la Carihuela con el Elorrieta. Aquí nacen diversos arroyos, como el Lagunillos, objeto de mi visita, Peñón Colorado, tributarios ambos del río Toril que al unirse al Naute, allá muy abajo, junto a la central de la Cebadilla, da nombre al río Poqueira.

En las cercanías de los nacimientos de agua me llama la atención una vistosa mancha verde que en medio del blanco de la nieve y del marrón de la piedra destaca sobremanera. Estos prados, los más altos de esta cara sur son los que regados por los deshielos de los ventisqueros altos dan vida a unas charcas que acaban formando el arroyo.

Decido descolgarme junto al arroyo al menos una centena de metros apreciando los ventisqueros horadados y las pequeñas cascadas que forma en su precipitada caída. Aunque casi todo el trayecto discurre por debajo de largo y estrecho ventisquero que ocupa el fondo del barranco. No despierta excesivo interés el casi oculto arroyo entre amplios cascajales discurriendo entre tajos y dado que no tengo yo hoy un estado de forma idóneo, decido abandonar mi acompañamiento y comienzo la ascensión, (he bajado hasta la cota 2.700 m.).

De nuevo en Loma Púa decido descolgarme hasta la Laguna de Aguas Verdes, con un colorido espectacular debido a la incidencia oblícua de los rayos solares. Una vez abajo disfrutar de los diferentes matices que la diferente profundidad aporta a la laguna, para terminar volviendo a remontar hasta la antigua carretera ya que va a ser el camino más cómodo para recorrer los basares del Veleta y atravesar los ventisqueros por los más que señalados pasos ya elaborados.

Como me voy sintiendo cada vez mejor decido remontar hasta el Veleta para avistar la posible subida a los Machos en una o dos semanas. Este recorrido si está más frecuentado, entre otras cosas porque ya ha entrado en funcionando el telesilla que sube hasta la cota 3.000 m., facilitando el acceso a aquellos que no quieren o no pueden subir andando desde abajo.

Ahora sí, sólo queda bajar. Vuelvo a hacerlo por la cornisa hasta el refugio para buscar el paso que atraviesa el tajo desde el Cerro de los Machos ya que hace muchos años que no lo hago. Una vez encontrado lo señalizo con un hito, aunque creo haberlo memorizado suficientemente. Aquí atiendo las múltiples explicaciones solicitadas por un solitario excursionista que quiere ir al Mulhacén y ni siquiera lo identifica en el horizonte, posibilidades para pernoctar e itinerarios para bajar a la Alpujarra. Trato de darle la información de forma clara y concisa aunque le recomiendo que la contraste a lo largo de su andar con otros excursionistas a fin de evitar posibles pérdidas.

Llegado al refugio escojo la dura bajada hasta los Lagunillos de la Virgen, curiosamente me encuentro bastante más nieve abajo, junto a ellos, que en la propia bajada donde sólo tengo que atravesar uno. Además de pararme junto a uno de los Lagunillos para tomar algo, recorro los cuatro, todos con nieve, algunos incluso medio tapados por los ventisqueros perimetrales. Tras ellos la Laguna/Embalse de las Yeguas, hoy con bastantes visitantes ocupando buena parte de su contorno. Por aquí ya si me cruzo con otros senderistas, en ambos sentidos. Dada la concurrencia no me detengo mucho junto a la laguna. Estos espacios que por su accesibilidad se llenan de visitantes con su jolgorio, risas y voces son un repulsivo para mí que me gusta disfrutar de la sierra en silencio.

Por debajo de las Yeguas las habituales vacas ocupando los borreguiles y una vez traspasado el collado el personal de la estación con su incesante trasiego de coches atendiendo a las labores de mantenimiento de las instalaciones. Desde la Estación están promocionando los recorridos por esta zona intentando que las visitas sean numerosas también durante el verano: objetivo superar las 20.000 del verano pasado. Una vez que he bajado más acercándome al complejo de Borreguiles, ya no me detengo para nada. Es la zona de la sierra, junto a Pradollano más “humanizada” y por ello ha perdido el encanto que yo busco cuando asciendo a Sierra Nevada.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.




Los clásicos decían que los mitos y leyendas son las historias que no pasaron nunca y que son siempre.  Montero Glez.


La Dama de las Nieves

En los albores de los tiempos nacieron las leyendas en un intento de justificar hechos a los que no se encontraba explicación, entonces nació la que hablaba de la Dama de las Nieves que afirma que en los fríos inviernos la gente que se aventuraba en las cumbres nevadas y se perdían porque el hielo y la nieve ocultaba los senderos, acababan con ellos tras una larga agonía provocada por el hambre y el frío.

Para mitigar este duro y prolongado sufrimiento la Dama acogía entre sus brazos a los moribundos dándole cobijo hasta que la muerte se hacía con ellos. La dulce voz con que los arrullaba y la contemplación de su bello rostro los ayudaba a que olvidaran los duros momentos de su agonía.

Los ancianos afirmaban que habían visto a los que morían en las nevadas cumbres llevados de la mano por la blanca Dama hasta las puertas del inframundo; otros que los acurrucaba entre sus brazos para preservarlos de la nieve.

En mis muchas caminatas por las sierras no he podido confirmar la existencia de esta Dama de las Nieves, pero son muchos los que aseguran que han visto a la Dama caminar hacia las elevadas cumbres y tras seguirla han hallado el cuerpo de alguna persona que congelada en el hielo mostraba una sonrisa en sus labios.

El otro día en uno de mis recorridos por Sierra Nevada creí verla junto a un lagunillo, escondida entre los ventisqueros al pie de majestuosos tajos.