miércoles, 23 de noviembre de 2011

Sierra de Baza II - Cortijo Narvaez, Prados del Rey (Sierra de Baza - Granada)

La mayor parte del sendero de hoy discurre entre pinares.

Volviendo la vista hacia el altiplano.

En los barrancos con vegetación de ribera se dan los colores mas llamativos.

Un pino, casi en la cota 2000, deformado por los vientos y el frio.

Una de las numerosas minas que se asientan en la Sierra de Baza

Desde el collado ya se ven las cumbres almerienses nevadas de Sierra Nevada.

En algunas explotaciones todavía quedan restos de las infraestructuras mineras.

En esta mina las galerías están pareadas.

Obras con sensibilidad. Todos los abrevaderos vistos hoy tienen una rampa para que puedan salir los pequeños animales antes de ahogarse.

Cabecera del barranco de la Fonfria.

A mitad de recorrido del Collado del Resinero, donde he parado hoy.

Esta ha sido toda la nieve que he visto hoy en la Sierra de Baza.

El Pozo de la Nieve, construido en los Prados del Rey.

Paraje denominado Prados del Rey, casi en el collado (2.000 m.).

Fuente en el área recreativa "Canaleja Alta". 

Panorámica del área recreativa de Canaleja Alta.

Ya de regreso, el sendero entre pinos.

En el fondo de un barranco junto al Cortijo de Narvaez.





Fecha: 16-11-2011
M.I.D.E.:2,2,3,4
Duración: 8’30 horas (41.700p.)
Desnivel en subida: 1.100 metros
Rangos de temperatura: de 4ºC a 10ºC



El Parque Natural de la Sierra de Baza ocupa una superficie de 53.649 has., situada entre dos amplias planicies como son la Hoya de Guadix, al norte y los Llanos del Marquesado al sur. Estas altiplanicies que rodean la sierra tienen un clima mediterráneo semiárido, pero en la propia sierra, dada su altitud, las precipitaciones son bastante superiores y las temperaturas algo inferiores, lo que le dota de atractivos paisajes, hábitats y especies de indudable interés.

Entre los distintos parajes que nos podemos encontrar representados en la sierra están los calares que en algunos lugares pueden superar los 2.000 metros, complejos kársticos y profundos valles con arroyos permanentes, lo que facilita que se dé una amplia vegetación mediterránea, aunque no hay que olvidar que la inmensa mayoría de la superficie está ocupada por pinares de repoblación.

En cuanto a la fauna, dada su gran extensión y el amplio abanico de especies forestales que sustenta favorece el asentamiento de diversas aves, siendo las rapaces quizás las mejores representadas con varias especies de águilas y el búho real. En las pequeñas islas de bosque natural nos podemos encontrar pequeños mamíferos como la garduña, zorro, gato montés o el tejón. En las riberas de los ríos, a pesar de su escasez, abundan las ranas comunes, las culebras de agua y viperina, musarañas, ruiseñores, entre otros. No podemos olvidar los más grandes como el ciervo, cabra montés y el jabalí.

Hoy voy a recorrer un tramo del sendero GR-7. Partiendo del Cortijo Narvaez (del que se terminaron los trabajos de acondicionamiento durante el año 1.996 y fue abierto al público en octubre del 1.999), de donde arrancan una multitud de posibles recorridos o lo atraviesan como es el caso, comienzo el tramo en dirección sur. Voy a dedicarle de cuatro a cinco horas en el recorrido de ida y algo menos en el de vuelta, ya que acumula algo menos de pendiente y se anda con más facilidad. Al ser un itinerario lineal me limitaré a comentar aquello que me llame la atención en el recorrido de ida.

He comenzado a caminar unos cien metros antes de llegar al Cortijo Narvaez por la misma carretera de acceso al complejo, junto a un pequeño puente arranca un sendero señalizado que nos va a acercar hasta el GR-7. Este sendero de recorrido internacional, ya que nace en Grecia, recorre todo el sur de Europa y atraviesa la península, desde Francia hasta Tarifa. Tras unos diez minutos de suave ascenso por el sendero junto al barranco llegamos a un abrevadero donde desemboca en una pista de tierra. Hacia la derecha está señalizado un corto sendero “Cortijo Casimiro”; hacia la izquierda nos acercamos al GR-7. Tras unos minutos por la pista llegamos a la fuente “El Olvido” y un poco más adelante comienza la subida ya por verdadero sendero.

Este primer tramo de subida, a ratos bastante empinada, serpentea en todo momento por un bosque de pinos con algunos ejemplares de encinas aislados. Salpicado en sus comienzos por bancos de piedra y madera, con algún mirador en cuanto coge la suficiente altura como para que las vistas merezcan la pena. A la media hora de ascensión nos encontramos con un cortafuegos por el que avanzaremos un centenar de metros para volver a dejarlo por la vereda. A partir de este momento ya hemos hecho toda la subida de este primer tramo, toca llanear e incluso descender, hasta desembocar de nuevo en una pista de tierra unos metros por debajo del área recreativa “Canaleja Alta” con múltiples bancos, algunas barbacoas e incluso servicios.

Dejamos el área a nuestra izquierda y retomamos el sendero en una curva de la pista, justo antes de un pequeño puente. A partir de ahora comienza de nuevo el ascenso bruscamente, sin descanso y a veces con tramos exageradamente empinados hasta alcanzar la cota 2.000. Seguimos serpenteando por entre pinares, casi todos de repoblación, las isletas de pino autóctono nos las vamos a encontrar bien arriba, casi en las cimas. A lo largo de la ascensión me encuentro algún ejemplar de arce granadino, especie que sólo se da en suelos profundos y fértiles con humedad abundante (precipitaciones anuales superiores a los 600 mm), especie muy delicada ya que si se deteriora no consigue recuperarse.

Tras casi una hora de exigente subida accedo de nuevo en la pista. En realidad el sendero me va a llevar al mismo sitio que la pista de tierra, sólo que sin el curveo característico, el ahorro de kilómetros se da a costa de ascender en mucho menos recorrido. De nuevo en la carretera, avanzo por ella hasta encontrar un mirador: Collado del Toro, donde me detengo para apreciar las vistas. Orientado hacia el embalse del Negratín con el impresionante cerro Jabalcón delante, un monte aislado de considerable altura en la cabecera del embalse y conocido por sus manantiales de aguas termales, disfrutadas tradicionalmente por los zujareños, como elementos más destacables y todo el altiplano a nuestros pies.

Una vez recuperado sigo carretera arriba hasta visualizar a mi derecha los Prados del Rey. El terreno se suaviza, la vegetación se abre y aparecen unos extensos prados húmedos que ocupan una buena parte de la ladera, ya junto al collado. El terreno es de material impermeable lo que facilita la acumulación del agua durante más tiempo consiguiendo que los prados permanezcan verdes. En estos prados se sitúa la Casa del Pozo de la Nieve cerrada a cal y canto y con bastante basura en su exterior y un poco más abajo en la misma ladera el famoso “Pozo de la Nieve”; estructura cilíndrica de unos diez metros de diámetro y otros tanto de altura con una bóveda semicircular, elaborado con piedras ensambladas con argamasa y que servía como depósito para la nieve recogida durante el invierno, en su base tenía una serie de canales de drenaje para expulsar el agua. Se iba acumulando en capas separadas por material vegetal recogida en la misma zona, se compactaba mediante presión a fin de que solidificara convirtiéndose en hielo. Al final de la temporada, ya convertida en hielo se bajaba por los neveros a Baza para su venta. Este depósito ya es citado en el catastro mandado elaborar por el Marqués de la Ensenada en el año 1.753, lo que nos da idea de su antigüedad e importancia.

Francisco Franco escribe un libro hablando del tema titulado: Tratado de la nieve y del uso della, (Sevilla,1569), del que transcribo un párrafo:
“Allá donde nieve y hielo no resisten todo el año y se funden, había que almacenarlos durante el invierno en edificios especialmente construidos para esta función. Son las neveras, cavas, pozos de hielo y de nieve o ventisqueros, generalmente ubicados en las montañas de las latitudes medias. Durante todo el año y, especialmente, durante el verano, se bajaba el preciado producto a las ciudades y pueblos, donde se consumía con deleite, siempre aprovechando las horas en que el sol menos daño hacía a esta delicada mercancía”.


Un poco más arriba coronamos ya al collado, estamos en la cota 2.000. Aquí la carretera comienza a descender por la ladera contraria, algo que a mí no me agrada por lo que decido no seguirla. Aprovechando que en el mismo collado y un poco más abajo diviso multitud de escombreras, lo que delata la intensa actividad minera de tiempos pasados, decido curiosear algunas de las minas. Encuentro algunas explotadas a cielo abierto, se limitaban a seguir las vetas de mineral y cuando éstas se sumergían las seguían mediante galerías para su extracción. Así me he encontrado con minas que parecen un barranco que serpentean por el terreno siguiendo la veta de mineral, convirtiéndose en galerías cuando estas se sumergían, incluso alguna de ellas con varias bocas. Otra situada en una ladera con bastante desnivel, de la que queda algo de infraestructura exterior como un armazón de troncos sujetando una voluminosa polea para, mediante capazos subir el mineral de un pozo vertical al que no he conseguido ver el fondo o un tramo de vías semisepultadas para sacar los minerales al filo de la carretera para su carga en camiones.

La minería en estas sierras es muy antigua, ya los fenicios y romanos comenzaron las explotaciones en busca de oro, plomo e hierro; ha tenido continuidad la extracción durante la dominación árabe para ampliarse posteriormente durante el siglo XIX y XX ayudado con el descubrimiento de cinabrio. A lo largo de los siglos, hasta bien mediado el siglo pasado, ha sido una de las actividades más documentadas de toda la Sierra de Baza hasta que alrededor de los años cincuenta del siglo pasado, en que la dificultad y carestía del transporte para acercar el mineral hasta el ferrocarril y las subidas de los sueldos las hicieron inviables, no obstante alguna de ellas mantuvo la producción hasta los pasados años 80. Actualmente las sabinas y los enebros vuelven a colonizar las antiguas escombreras a las puertas de las minas.

Después de un buen rato de curiosear por varias de las explotaciones he decidido hacer un sendero que arranca en el mismo collado denominado: Sendero “Collado del Resinero”. Es un corto sendero de una hora de duración para la ida y con un desnivel suave que discurre en su totalidad por una pista de tierra. En la ida, excepto la corta subida del inicio, voy perdiendo altura durante todo el recorrido, aunque de forma suave pero constante, desnivel que habrá que recuperar a la vuelta. Este sendero nos acerca hasta la cabecera del Barranco de la Fonfría lo que me permite disfrutar de una de las zonas más especiales y sensibles de toda la sierra. Atravieso uno de los bosques de pinares autóctonos de alta montaña mejores conservados de toda Andalucía, reliquia de tiempos más húmedos, destacando el pino silvestre, junto con enebros y sabinas que sirven de cobijo a otras pequeñas plantas y animales, lo que lo hace merecedor de la mayor protección. En un cortado lateral del barranco podemos divisar también la Cueva del Zanahorial usada tradicionalmente como refugio para el ganado. En este paraje se encuentra también el “Pino de la Señora”, descrito como el mayor de toda la sierra con un perímetro de su tronco superior a los seis metros.

A medio camino del recorrido nos encontramos con unos bebederos para animales bastante deteriorados pero con agua y junto a ellos e invisible si no nos acercamos, una pequeña fuente donde me he detenido para comerme el bocadillo. El agua aunque escasa, sólo caía un hilo, me ha sabido a exquisitez y muy fresca. He estado observando pinos en ambas laderas con unos troncos más que apreciables, posiblemente algunos de ellos con más de trescientos años. Además del uso tradicional de la madera y la extracción de la resina de los pinos “resineros” para elaborar productos industriales, del mismo tronco se cortaban trozos de madera para las “teas” ya que la abundancia de resina las hacía duraderas.

Acostumbrado en mis salidas por Sierra Nevada a conseguir primeros planos de cabras casi habitualmente, me ha extrañado la suma esquivez de los ciervos residentes en la Sierra de Baza. Algunos de ellos han salido en estampida aun a pesar de divisarme a mas de cien metros de distancia y con un barranco de por medio, luego en la charla con el personal de mantenimiento he entendido las extremas precauciones que toman estos animales para evitar los encuentros con el hombre. Sufren batidas para regular su número o para eliminar ejemplares enfermos, sufren el acoso y derribo de las partidas de caza legales y sufren el asedio de los furtivos. Me ha comentado mi interlocutor que no es infrecuente encontrar un cuerpo decapitado para la venta de la cabeza como trofeo y evidentemente están más cotizadas cuantas más puntas tenga la cornamenta.

El regreso ha sido repetir el recorrido de la subida, con una temperatura más agradable, ya que el día ha sido soleado, sólo demorada con una pequeña charla con personal de mantenimiento en el área recreativa Canaleja Alta, que estaba recogiendo todos los desperdicios que los domingueros: plásticos, botellas, papeles, etc., no hicieron en su momento a pesar de los varios contenedores que hay en la zona. El problema de siempre cuando la gente que sale a disfrutar del campo no hace lo que debe, siempre en la confianza de que algún otro lo hará por él.

Siempre me ha llamado poderosamente la atención la gran irresponsabilidad de que hacemos gala algunos de los “racionales” que a pesar de que no nos agrade nada encontrar parajes pintorescos o de esparcimiento que usamos los fines de semana sucios y llenos de residuos, hacemos casi todo lo posible para que estos se encuentren así, en algunos casos, alegando incluso que para eso pagamos impuestos, como si para el uso de los impuestos no hubiera multitud de tareas más perentorias. En alguna ocasión, transitando por un sendero cubierto de vegetación, he llegado a oir la queja: ¿porqué no se habilitaban brigadas para mantener los senderos limpios durante todo el año? y yo irremediablemente me preguntaba: dónde estará el límite para poder catalogar a un bípedo como ser inteligente.