jueves, 26 de abril de 2012

Alguacil-Picón de Jérez-Cerro Pelao (Sierra Nevada - Granada)

A primera hora cuando el sol acaricia las cumbres.

Las cimas de la Alcazaba y el Mulhacén son las primeras.

Poco después el pico del Veleta se suma también.

Desde la loma Alguacil se tienen buenas vistas de las sierras de Viznar y Arana.

Panorámica de los Lavaderos de la Reina con el Picón de Jérez a la izquierda.

Cabras pastando en la loma del Mirador Alto.

Más cabras que se van apartando a mi paso.

Buena parte del recorrido hecho hoy a través de la cuerda.

Las huellas del caminante permanecen en los ventisqueros.

Una vez llegado al collado tengo a la vista la línea de crestas que descienden hasta el Puetro de la Ragua.

Desde el collado estudio la mejor forma de acceder al Picón de Jérez.

Una vez en el Horcajo tengo vistas distintas de los tres grandes.

En la cima de Cerro Pelao, mirando hacia atrás, el camino de vuelta.

El autor en la cima del Picón con Cerro Pelao al fondo.

Ya de regreso las nubes van ganando espacio.

El Mulhacén y el Puntal de la Caldera.

El Veleta y los Machos delimitando la cabecera del Guarnón.

Güejar Sierra, paso obligado para la ruta de hoy.



Fecha: 28-3-2012                                                   Tiempos empleados en el recorrido de ida:
M.I.D.E.:2,3,4,4                                                        Collado Alguacil                         7’30h.    
Duración: 12h  (49.700p)                                          Cruzo el Sulayr                          10,00h
Desnivel en subida: 1.200 metros                            Corono Picón de Jérez             11,35h
Temperatura: de 2’5ºC a los 12’5ºC                         Culmino en Cerro Pelao          12,30h

El camino es un elogio del espacio. Cada tramo del camino tiene sentido en sí mismo y nos invita a detenernos. La carretera, en cambio, es la victoriosa desvalorización del espacio, que gracias a ella no es hoy más que un simple obstáculo para el movimiento humano y una pérdida de tiempo.
Antes de que los caminos desaparecieran del paisaje, desaparecieron del alma humana; el hombre perdió el deseo de andar, de caminar con sus piernas y disfrutar con ello”. Milan Kundera.

Es curioso lo distinto que se puede apreciar algo, aunque sea relativamente bien conocido, si se mira desde un punto de vista distinto, un ángulo inusual. Durante el mes de marzo se expusieron una serie de fotografías de Sierra Nevada en la sala Zaida (Granada), tomadas por Andrés Castillo, exposición que aparte de captar la belleza intrínseca que posee esta sierra, independientemente de lo cercanos que nos sintamos cada uno de nosotros en relación a ese entorno, ha conseguido reflejar un espacio que tiene un especial encanto para mí y al que en mi caso particular habría que sumar el idilio permanente que mantengo con ella.

Yo que me considero un aceptable conocedor de nuestra sierra por haberla pateado extensa e intensamente a lo largo de los años, tuve alguna dificultad en ubicar algunas de las fotos expuestas, porque realmente intentaban responder al título asignado a la misma: “otra mirada”. Aunque algunas de las tomas eran aéreas con lo que era normal que resultaran “extrañas” a los que nos movemos a ras de suelo, había otras que aunque tomadas a nivel del suelo, por presentar rincones o perspectivas originales resultaban entretenidas de ubicar.

Al hilo de lo expuesto hoy quiero en mi salida semanal hacer un recorrido, al menos para mí, original. Trataré de iniciar la salida recorriendo la Cuerda del Alguacil, para atravesar la Loma de Jacho e intentar terminar coronando el Picón de Jérez. Estas son las intenciones, a lo largo de la jornada veré cuales consigo convertir en realidades.

Voy a usar de aparcamiento la vaguada existente entre dos cerros: Alto de Miguelejos (2.017 m) y  Cerro Alguacil (2.004 m), para caminando por las crestas rodear por el sureste la cabecera de la Dehesa de Camarate hasta llegar al Cerro del Mirador Alto (2.674 m) y finalizar en el Picón de Jérez (3.090 m).

Como la caminata de hoy era además de exigente, larga, estaba preparando la mochila en el Collado Alguacil a las 7’30 de la mañana. En el mismo collado arranca un sendero que dejando los diferentes picos siempre a la izquierda, recorre las lomas un poco por debajo de las cumbres hasta acercarme al pie de Picón de Jerez. Es un largo recorrido de casi tres horas que aunque no requiere excesivo esfuerzo ya que su desnivel es suave y está perfectamente marcado, su longitud lo convierte en tedioso.

Ayuda y mucho las vistas que me ofrece durante todo el recorrido de la línea de los tres mil a mi derecha, veo casi en todo momento desde el Veleta hasta el propio Picón. Como he madrugado bastante aprecio cuando bañan los primeros rayos del sol las tres cumbres principales. Poco después es a mí a quien ciega el sol no dejándome ver casi nada ya que lo tengo justo enfrente y muy bajo. Es un rato que lo paso mal, obligándome a esforzarme, ya que no conozco el recorrido por no equivocar el destino por algún ramal  inadecuado. No ocurre ya que el sendero está durante todo el recorrido muy marcado y no propicia en ningún momento vacilaciones para su seguimiento.

Cuando llego a la cabecera de la Dehesa de Camarate el sendero que llevo cruza en perpendicular el tramo del Sulair: Postrero Alto-Refugio Peña Partida. Esta última media hora de camino el sendero discurre paralelo a una antigua cerca ganadera de la que quedan multitud de palos y algunos restos de alambre espinoso caídos en el suelo, con el peligro que puede acarrear a personas y animales, entendiendo que deberían haberlos retirado. El Sulayr atraviesa la cerca por un portillo y mi sendero sigue paralelo a la valla loma arriba.

Hasta llegar al portillo el sendero era llano e incluso mostraba algo de bajada por lo que el ritmo que traía era alto. Al llegar al inicio de la loma se empina y yo cometo el error de querer seguir manteniendo el mismo ritmo que traía. Rápidamente el cuerpo me da un par de avisos mostrado su disgusto: excesivo sudor y los latidos del corazón se disparan de tal forma que los siento potentes dentro del pecho. Me doy por enterado y parándome me despojo de la sudadera quedándome en camiseta de manga corta. El sol ya más alto y la falta de brisa no me exigen más abrigo y la subida que me espera sacará las calorías necesarias del cuerpo; por otro lado al reiniciar la marcha acorto sensiblemente los pasos a la vez que los ralentizo. Enseguida se reorganiza mi cuerpo y me da a entender que: así sí.

Sigo un rato el sendero marcado junto a la valla ascendiendo en dirección a la Piedra de los Soldados (por sus formas peculiares asimilando a estos en posición firme). A media loma percibiendo que me estoy desviando excesivamente de mi trayectoria, decido abandonar la cercanía de la valla, así como el trazado del senderillo que la acompaña, redirigiéndome más a la derecha; primero porque la posición del Picón lo aconseja así y segundo porque evitaré tener que cruzar un par de largos ventisqueros que a esta hora están helados y me obligarían a calzarme los crampones. No hay sendero aquí por lo que subo monte a través intentando escoger la mejor trayectoria.

Esta subida engañosa desde abajo, se divide en dos tramos de unos cuatrocientos metros de desnivel cada uno, ya que partiendo de alrededor de los 2.200 m. en el portillo he de llegar a los 3.090 m. del Picón. El primero tras pasar junto a la Piedra de los Soldados, acaba en un collado a la izquierda del Picón. Es una dura y exigente subida sin sendero que me guíe, por lo que el zigzag lo tengo que elaborar yo, en que remonto alrededor de cuatrocientos metros en algo más de una hora de marcha. Una vez llegado al collado me enfrento con la segunda subida, ya por la propia loma del Picón en la que, quizás con mayor pendiente tengo que remontar los otros cuatrocientos metros que me separan de la cima con algunos repechos muy exigentes. Es la primera vez que acometo la subida por esta cara noreste y el segundo tramo se ha hecho especialmente duro y largo.

Una vez en la cima (3.090 m) me encuentro con tres excursionistas que han salido desde el refugio Postrero Alto y han coronado momentos antes que yo. Tras los saludos pertinentes y el intercambio de las intenciones montañeras de cada uno, ellos se quedan para comer algo por las inmediaciones, mientras que yo considero que tengo fuerzas suficientes para proseguir algo más. Poco más adelante me cruzo con una docena de montañeros que ascienden desde el Puerto de Trevélez, con estos no hablo por la distancia que nos separa y nos limitamos a saludarnos con la mano.

Tras coronar el Puntal de Juntillas (3.139 m), me dirijo hacia Cerro Pelao (3.181 m) para proseguir hasta el Horcajo donde doy por finalizada mi incursión de hoy en Sierra Nevada, aquí decido aprovechar para comer a la vez que disfruto de la vista de la loma de la Alcazaba tapando parcialmente la del Mulhacén situada detrás. Desde mi posición accedo a una vista diferente de estas dos moles menos habitual y reconocible que las clásicas. La lámina de agua de la laguna de Juntillas no se ve, tapada totalmente por la nieve, sólo se aprecia la hondonada que la contiene. Este año la nieve, excepto en vaguadas donde el aire la ha acumulado, es escasa.

Después del descanso merecido sólo queda retroceder para repitiendo itinerario regresar al punto de partida. Esto que se describe en poco más de un renglón me ha costado casi cinco horas de marcha y casi toda ella a buen paso, no en vano he conseguido una media de más de 4.000 pasos por hora, que si tenemos en cuenta la diferencia de cota que he superado es un resultado más que encomiable.

De nuevo en el portillo de la valla por el que me cruzo con el sendero Sulayr me detengo para comerme un par de mandarinas y beber algo de agua en previsión de las tres horas de marcha que me restan, cuando examinando la loma del Cerro del Mirador Alto (2.674 m), que acabo de descender descubro a un solitario excursionista que se aproxima hasta donde yo estoy. Decido esperarlo por si compartimos recorrido hacerlo juntos y así es. Estas últimas tres horas de caminata se harán bastante más entretenidas gracias a la animada charla que sostenemos a la vez que conseguimos que pasen más desapercibidas para nuestras piernas a pesar del cansancio acumulado.

Lo que en principio iba a ser una etapa con final en el Picón se ha prolongado en casi tres horas más por mi decisión de acercarme a Cerro Pelao. Este alargamiento de la jornada y el desgaste consiguiente se ha hecho patente a la vuelta, ya que el sendero de regreso recorriendo las lomas de la Cuerda Alguacil se me ha hecho interminable. Gracias a la grata y amena compañía de Pepe, lo hemos superado los dos sin gran detrimento.

Estos excursionistas (me refiero a mi acompañante casual de hoy) que simultanean amores con la sierra y la fotografía merecen un homenaje en toda regla. Lo digo porque además de llevar la mochila con todos los pertrechos que se suponen que nos pueden hacer falta en una de estas salidas a la alta montaña, algunos optan por llevar la bolsa con la cámara réflex e incluso con varios objetivos. Yo que por experiencia propia lo he hecho en algunas ocasiones, rápidamente opté por la compacta digital. Se pierde calidad en las tomas pero se gana movilidad eliminando peso, factor muy a tener en cuenta en nuestras largas salidas.  

Aunque en un principio, por el recorrido descrito cabe pensar que sería necesaria la ayuda de los crampones y previsoramente los había añadido a la mochila, no los he usado en todo el día. A la poca nieve que queda en estas laderas, en parte por su posición soleada y en parte por su escasez debido a las exiguas precipitaciones de este invierno hay que sumar que he tratado de esquivar los pocos ventisqueros que me he encontrado en la ascensión, helados durante las primeras horas de la mañana, porque he preferido rodearlos a demorarme con la puesta de los crampones. Otro día que he portado un peso que no me ha hecho falta utilizar.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.