miércoles, 2 de mayo de 2012

Cámara sepulcral de Toya y Hacienda de la Laguna (Jaén)

Rampa curva e inclinada de acceso a la Cámara

Vista general del cerro donde se ubica.

Entrada a la Cámara.

Sala central.

Originalidad en la construcción de las puertas.

Repisas y poyos para depositar el aguar.

Panorámica de la población de Peal de Becerro.

Torre del reloj.

Torre Mocha.

Calle adornada con macetas floridas junto a las torres.

De camino a la Hacienda de la Laguna.

Olivos centenarios.

Pilar-fuente que nos encontramos en el camino de acceso.

Laguna Grande de la Hacienda.

Carril por el que recorremos todo el perímetro lagunal.

Casetas habilitadas para la observación de aves.

El algunos tramos paseamos por verdaderos túneles vegetales.

El protagonista indiscutible, no sólo de la Hacienda, sino de toda la provincia.

Restos fabriles del complejo.

Paseando por las dependencias de la Hacienda.



Cámara sepulcral ibérica de Tugia (Toya, junto a Peal de Becerro, Jaén)
Hacienda de la Laguna (Puente del Obispo - Baeza, Jaén)

Fecha: 31-3-2012


Voy a finalizar el mes de marzo con una escapada a tierras jienenses para visitar dos enclaves muy distintos entre sí, histórica y culturalmente. Por un lado pretendo visitar la Cámara Sepulcral Ibérica de Toya para después acercarme a las inmediaciones de Puente del Obispo, población perteneciente a Baeza donde existe una charca que sirve de asentamiento a multitud de aves por tener un aporte permanente de agua del río Marcos. Como es sábado disfruto de la compañía de mi mujer y uno de mis hijos.

La Cámara Sepulcral de Toya salió a la luz en 1.908 cuando un campesino mientas labraba los campos encontró la entrada de una tumba subterránea en el paraje denominado Cerro de la Horca, perteneciente a Toya, anejo a su vez de Peal de Becerro. La cámara sepulcral de origen ibérico ha sido fechada entre los siglos V – IV a. C., siendo su estado de conservación bueno aunque ha tenido que sufrir  restauraciones en los últimos años del siglo XX. Estos lugares de Peal, Hornos y Toya sobre todo, hicieron de puente entre las zonas del alto Guadalquivir y la parte oriental de Granada, por lo que disfrutó de un poblamiento temprano y continuado en el tiempo, produciendo una enorme cantidad de restos arqueológicos pertenecientes a asentamientos fenicios, griegos, ibéricos, romanos, etc.

El hecho de haberse descubierto de forma casual sin conocimiento de las autoridades propició su rápido expolio y posterior venta a bajo precio tanto a coleccionistas locales como nacionales. Con el paso de los años se ha producido una enorme dispersión de restos pertenecientes a esta tumba por Jaén, Ganada, Madrid y colecciones particulares. No es hasta que pasan diez años de su descubrimiento, en el 1.918 cuando se declara Monumento Artístico Histórico habiéndose ocupado diferentes autores y estudios en ella, siendo relevante el titulado “El Sepulcro de Toya” de J.  Cabré publicado en “El Archivo Español de Arte y Arqueología”, Madrid, año 1.925. Por alguno de los autores que se han ocupado de estudiar y documentar éste monumento se afirma que de todos los restos de edificios ibéricos hallados hasta el presente, es esta cámara sepulcral de Toya el elemento más importante a nivel nacional.

Ubicada en la cima de un redondeado cerro en la pedanía de Toya rodeado de olivos, muy cerca de la población de Peal de Becerro (unos cuatro kilómetros), se puede visitar solicitando las llaves de la cancela que la cierra a la policía municipal de Peal, que a su vez informarán de cómo llegar si se desconoce el emplazamiento.

Una vez llegados al otero nos encontramos con un recinto circular vallado que delimita el terreno ocupado por la propia cámara y algo de espacio a su alrededor donde se ubican algunos paneles informativos. Para acceder a ella tenemos que bajar primero unos escalones para continuar recorriendo  la rampa que trazando una curva nos conduce hasta la puerta que da acceso a la propia cámara. Es la cámara un espacio cuadrado subterráneo de unos cinco metros de lado. Dividida en tres naves, la central corrida y las dos laterales subdividas a su vez en otros dos espacios. Cuenta con poyos y mesas que se usaron en su día para depositar los restos y las piezas cerámicas que componían el ajuar. A destacar  las puertas de acceso a las naves laterales que forman un arco que arrancando apuntado se trunca en su vertiente por un dintel, originalidad por la que adquiere un gran valor arquitectónico.

Construida con grandes piedras calizas traídas desde una cantera por detrás del cercano cerro que sustenta los restos del Castillo de Toya, se encuentran en buen estado de conservación general, estando colocadas unas sobre otras sin ningún tipo de argamasa, es decir  montadas en seco, aunque algunas de ellas han sido sustituidas por otras nuevas. Existe una réplica en el Museo Arqueológico de Jaén, pero nosotros hemos preferido desplazarnos un poco más para visitar la original.

Una vez concluida la visita a la Cámara sepulcral, debemos acercarnos de nuevo a Peal de Becerro para devolver las llaves a la vez que aprovechamos para hacer una visita a las dos torres que, desde la distancia, dan singularidad a la zona oeste de la silueta del pueblo. Tras la toma de Toya en el año 1.231 por Fernando III, recinto amurallado en esa ápoca, contaba con bastante más importancia que el pueblo actual de Peal. Tras la conquista castellana es cuando Peal adquiere relevancia por lo que se levantan las dos torres además de reforzar otras defensas. Actualmente se las conoce con los nombres de Torre Mocha y Torre del Reloj, ubicadas muy cerca la una de la otra y ambas junto a la iglesia y a la plaza principal (Cronista Cazabán) de la localidad, formaban parte de una fortaleza medieval. Ambas fueron declaradas Bien de Interés Cultural en el año 1.985.

Tras la visita a la población de Peal de Becerro nos dirigimos hacia Baeza para realizar la siguiente visita. En el trayecto atravesamos Torreperogil y Úbeda para una vez llegados a Baeza, y dada la hora, buscar sitio donde comer. Habitualmente en estas ocasiones se suele aprovechar la experiencia propia para recomendar algún establecimiento, yo no voy a ser menos, pero acogiéndome a mi faceta más original voy a recomendar no visitar un establecimiento ubicado en la Plaza de la Constitución y denominado Restaurante Asador El Trillo, de los otros muchos que llenan la plaza no puedo opinar,  por lo que os deseo mejor suerte que me ha tocado a mí.

Una vez terminado el hoy tedioso trámite alimentario nos dirigimos, dirección Jaén, hasta llegar a Puente del Obispo, que atravesamos, para una vez acabado el pueblo y pasada la gasolinera tomar una estrecha carretera asfaltada en no muy buen estado por sus múltiples baches, que tras unos tres kilómetros nos llevará a la Hacienda de la Laguna, sede hoy de un Museo de la cultura del Olivo, Hotel y Escuela de Hostelería y por supuesto la Laguna Grande, declarado todo el conjunto Bien de Interés Cultural en el año de 2.007.

Durante todo el tramo del  recorrido de acercamiento atravesamos fincas dedicadas al cultivo del olivo donde podemos apreciar ejemplares más que centenarios, aunque si nos paramos a observarlos de cerca podremos intuir su edad en los retorcidos y nudosos troncos, algunos de ellos con una belleza muy singular, como ya cantaba el poeta; alternando con grandes espacios dedicados al cultivo de cereales, donde en alguna de ellas pastan apaciblemente rebaños de ovejas asistidos por garzas que aupadas a sus lomos las desparasitan. Una vez llegados a la Hacienda sólo hay que seguir las indicaciones de las abundantes señales que nos marcan los recorridos.

                                                                 Andaluces de Jaén

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.
Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzo una mano
poderosa de cimiento.

Miguel Hernández



Hasta la Laguna se puede acceder, a pie o en el propio vehículo, por un carril terrero a través de los campos dedicados al cultivo intensivo del olivar. Es un corto paseo que si se hace a pié puede durar algo menos de una hora y que una vez llegados a la “Laguna”, enlaza con otro circular que la rodea completamente. Es la Laguna de Puente Obispo la mayor lámina de agua de toda la provincia, declarada en 1.989 Paraje Natural, cuenta con una extensión de 206 hectáreas protegidas por una franja de 500 metros en todo su perímetro.

Perteneciente en su día (1.641) a los Jesuitas como hacienda. En 1.767 con la expulsión de los jesuitas por el rey Carlos III, pasa a propiedad de la casa ducal de Alba, para  posteriormente a mediados del siglo XIX, producto de la “desamortización de Mendizabal”, pasar a manos de diferentes nobles que definitivamente le dieron el carácter agrícola con la plantación de hasta 100.000 olivos, trabajándose en las infraestructuras de riego y molturación, para lo que se construyeron diferentes acequias, acueductos, molinos aceiteros hidráulicos. Pero será durante los siglos XIX y primeros del XX cuando la hacienda adquiere su mayor esplendor al construirse diferentes edificios organizados en torno a cinco patios, así como otras construcciones auxiliares.

Ya en el siglo XX cae en decadencia llegándose a abandonar completamente y es cuando decide la Junta de Andalucía comprarla para ponerla en valor creando la escuela y el hotel que junto al museo le dan vida y actividad actualmente.

La llamada Laguna Grande es un embalse alimentado por el río Torres, cerrada en todo su perímetro, alternando diques de tierra con otros tramos de mampostería ocupando una forma rectangular de aproximadamente unos 540 metros por 470 metro, con el fin primordial de servir como estanque de riego del olivar implantado en la hacienda. Está rodeada por una franja, variada zona vegetal compuesta de especies propias de suelos húmedos como son el carrizo y la anea próximos al agua y especies arbóreas como el taray, el fresno y el álamo blanco o el algarrobo, formando un anillo de protección para las especies que ocupan la laguna, entre las que destacan la aves como la cerceta común, el pato cuchara, el porrón común, el rascón y el calamón entre otras, aves que encuentran aquí un buen refugio sobre todo durante la época invernal.

Sólo nos queda visitar el Museo tras lo que nos acercamos al restaurante del complejo para tomarnos un café, antes de decidir dar por finalizada la visita y reintegrándonos al tráfico, dirección Jaén, enlazar con la autovía que nos traerá de vuelta hasta Granada.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.