jueves, 10 de mayo de 2012

Pico del Cielo (Parque Natural Sierra de Alhama, Tejeda y Almijara - Málaga)

Avanzando por la pista de tierra.

Mezcla de vegetación y montañas, la esencia de estas sierras.

En cuanto ganamos altura divisamos la línea costera.

Las jaras blancas, aunque sus flores renieguen del nombre.

Ruinas del cortijo de la Civila.

Desde el collado ya diviso el Cielo.

De nuevo subiendo con la población de Nerja al fondo.

Caprichos de la naturaleza.

Sucesión de lomas hasta la misma orilla del mar.

Lo extinto junto a lo nuevo.

Ya diviso la cumbre lo que me da ánimos.

Que envidia, sesteando y relajado me miraba pasar indolente.

La cima la comparten el hito, la señal y la cruz.

Sólo seis kilómetros, hasta la línea de la playa.

Compañeros compartiendo la cima.

La vegetación que cubre todas estas laderas.

Despidiéndome del Pico del Cielo.

De regreso, las playas desiertas.

Serán capaces de terminarla?.

La primavera coloreando los campos.





Fecha: 11-4-2012                                                                             Tiempos empleados en el recorrido de ida:
M.I.D.E.:2,3,4,4                                                                                     Salida de Granada                    7’00h.     
Duración: 7h  (33.200p)                                                                      Cueva de Nerja (aparco)          8,15h
Desnivel en subida: 1.356 metros                                                     Collado Romero                        9,15h
   Cortijo de la Civila                   9,45h
Rangos de temperatura: de 15ºC a los 19’5ºC                                 Pico del Cielo                          11,30h


Hoy he decidido hacer de nuevo otra incursión en el Parque Natural de las sierras de Alhama, Tejeda y Almijara, concretamente en la de Alhama para subir al Pico del Cielo (1.508 m.), en la vertiente malagueña de esta sierra. Este pico está situado a sólo seis kilómetros de la línea costera mediterránea, por lo que en muy poco espacio hay que remontar una buena subida. Espero que el esfuerzo se vea recompensado, tanto por el recorrido como con las vistas “celestiales” que desde arriba seguro podré admirar.

Para iniciar este recorrido tengo que desplazarme hasta las inmediaciones del pueblo malagueño de Nerja (alrededor de 100 kilómetros, algo menos por la Sierra de la Cabra), para casi desde la misma puerta de las archiconocidas cuevas tomar el inicio del sendero. Cada vez me cuesta más los desplazamientos previos a las caminatas, sobre todo si son largos como el de hoy, pero es la única forma de ir ampliando las salidas hacia espacios poco o nada visitados. 

Según la información consultada, es un trazado lineal de alrededor de 10 kilómetros que voy a recorrer por carril primero y senda en su segunda mitad y me aseguran que la dificultad de la subida se va a ver compensada suficientemente con la satisfacción de las extensas vistas de la Axarquía y del mar entre las costas españolas y africanas con posibilidad, si el día lo permite, de avistar algunos relieves de la costa africana.

Me encamino hacia Maro para tomar la dirección que me avisa de la cercanía de la cueva de Nerja, justo al lado de la cancela negra de acceso a la propia cueva sale una pista a la izquierda, anunciada con los correspondientes carteles, donde comienza el sendero elegido para hoy. Tras dejar atrás la urbanización y un tendido de alta tensión, paso junto a unas canteras. Al otro lado del barranco por el que asciendo sube asimismo un histórico camino: la vereda de las minas.

Este primer tramo de carretera asciende de forma suave paralelo al barranco, por entre pinos de repoblación. A ambos lados de la carretera han limpiado una franja de unos 20 metros para minimizar los posibles riesgos de incendio cara al próximo verano. Este hecho favorece el avistamiento continuo de conejos, que a mi paso se escabullen en el límite con el sotobosque.

Si observo a mi izquierda diviso un angosto desfiladero plagado de cuevas y atestado de plantas que buscan el frescor: enebros, bojes, aladiernos, etc. Las laderas las ocupan un pinar con densidad dispar y un amplio sotobosque de matorral mediterráneo: aulagas en plena floración, romeros, boj y abundancia de jaras.

Me desviaré de la carretera por la que camino que lleva al área recreativa del Pinarillo, para tomar una pista a mi derecha, en el sentido de la marcha, por la que emprender la ascensión en dirección a la cuesta del Cielo. Este tramo se puede hacer bien por la pista o por un sendero que avanza por la izquierda, aunque los dos me acercan hasta el collado Pinillo, Romero, el Viento, o el Aire (para que no quede innombrado).

Esta subida a la ida la hago entera por la pista como ya es costumbre en recorridos que no conozco. Ya habrá tiempo en la bajada de recortar algunas de las innumerables curvas de las que éste tramo está plagado. Una vez arriba en el collado comienzo una suave bajada dejando a mi izquierda un pequeño abrigo rocoso útil en tiempos revueltos, para tras atravesar el arroyo Romero acercarme hasta el cortijo de la Civila.

El Pico del Cielo no se deja ver desde Nerja, ni aun cuando llevamos algunos kilómetros de pista. Prácticamente no es hasta poco antes del collado cuando se muestra, no sé si con la pretensión de desanimarme o al contrario, avistándolo darme ánimos para seguir. Pero realmente es en las proximidades del Collado Pinillo cuando se presenta en toda su plenitud e incluso se perciben partes del recorrido que hace el sendero ascendiendo por las laderas.

He probado a mover la montaña con la fe, pero no debo tenerla muy fuerte y he optado por aprovechar la fe para mover las piernas hasta alcanzar el objetivo en la cima. Realmente el avistamiento es majestuoso, verlo relativamente cerca y su cima casi un kilómetro por encima impone. Se ocultará de nuevo cuando llego a las cercanías del Cortijo de la Civila (ruinas) para dejarse ver de nuevo, ya bastante arriba cuando me muestra el fuerte repecho final.   

Conforme subía he ido dejando atrás la arboleda y ahora camino en la compañía de los romeros y las aulagas. Tras zigzaguear un rato alcanzo un collado en la cota 1.090 m. desde el que ya distinguimos espacios granadinos. Siguiendo la línea que marca la costa avistamos La Herradura, Almuñecar, Motril e incluso el Cabo Sacratif, también se amplía el horizonte por poniente e irá ampliándose aun más conforme gane altitud.

A partir de aquí abunda el romero, esparto y las aulagas, no faltando las jaras blancas ya en flor reclamando el concurso de las múltiples abejas para la fecundación, notándose asimismo los efectos de un antiguo incendio del que consiguieron sobrevivir algunos ejemplares de pino carrasco retorcidos y del que permanece algún que otro tronco calcinado.

El último tramo de subida es repentina y dura, a lo que hay que añadir que el sendero es difícil de seguir, aunque ya no importa, los metros que restan hasta coronar se pueden afrontar por cualquier lado. En la cima me encuentro un vértice geodésico, una cruz y un voluminoso hito de piedras apiladas para representar los distintos significados del nombre de la cima, además de proporcionar “amplias panorámicas y horizontes sorprendentes”. Domino prácticamente todo el eje montañoso de las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, los distintos barrancos que desembocan en la costa, las poblaciones ribereñas, Sierra Nevada y el mar Mediterráneo y hoy a pesar de no estar el día totalmente claro, he podido avistar la costa africana.

A pesar de la aparente inocencia de los 1.500 metros de cota que ostenta este pico, no puedo olvidar que arranca prácticamente del nivel del mar, por los que casi todos y cada uno de esos metros son reales. No ocurre como en las laderas granadinas que comienzo la subida desde la cota 700 m. o incluso la 1000 m. Las vertientes malagueñas de estas sierras son bastante más exigentes que las granadinas porque además de las distintas cotas de las cimas que hay que superar, se suma la cercanía de la mayoría de ellas a la costa.

Una vez arriba, ciertamente algo más cerca del cielo, de lo que sí soy plenamente consciente es de la directa relación que existe entre el esfuerzo desarrollado para alcanzar las metas y la satisfacción obtenida al conseguirlas. Las ilusiones alimentadas por la información leída previamente, augurando un recorrido ameno y excelentes panorámicas, independientemente de que se adecúen o no a mi realidad percibida, una vez arriba de la cima, son aliciente añadido que ayudan a proseguir. En la cima del Pico del Cielo, al menos me he acercado algo más al mismo, si no geográficamente, desde luego si emocionalmente, tras olvidar cualquier otra sensación que no sea la “beatífica” contemplación de todo el entorno, incluida parte de la costa africana.

Una vez descansado y disfrutado durante un rato en la cima, en el descenso voy a intentar un recorrido distinto por las crestas, ya que me ha parecido vislumbrar un sendero que las recorre. Falsa ilusión, porque aunque está indicado mediante un hito su inicio, casi arriba del todo, no he conseguido seguirlo durante mucho trecho perdiéndolo, o sencillamente se lo ha comido la maleza, o incluso la altura me ha producido espejismos visuales, y el terreno no me ha parecido el más propicio para expediciones, por lo que muy a mi pesar he tenido que retornar al realizado para la subida atravesando el amplio barranco que ya me separaba de él.

Durante la bajada, alrededor de las 13 h. me he cruzado con diferentes grupos de senderistas que ascendían hacia la cima. Sigo sin entender como en un día soleado y caluroso como hoy la gente no prefiere madrugar un poco y evitarse el sofocón de subir con el sol tan alto. Alguno de ellos iba totalmente encendido, deshidratándose fuertemente (sudando a chorros) y mascullando entre dientes, dudo que todos consiguieran coronar. Después de un calentón así no conseguir llegar a la cima debe dejar un desagradable “sabor de boca”.





Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.