miércoles, 1 de mayo de 2013

Rio Darro hasta Jesús del Valle (Granada)

Torres de Santa Ana y Vela.

Donde el río Darro se sumerge bajo la ciudad.

Uno de los puentes del Paseo de los Tristes.

Paseo de los Tristes.

Ermita al pié de la Abadía del Sacromonte.

Una de las últimas construcciones.

Cuando la valle se abre aparecen las huertas.

Acequias semi-abandonadas.

Restos de molinos junto al río.

Impetuoso hoy río Darro.

Disfrutando la libertad.

Adentrándome en los dominios de la hacienda.

Primer avistamiento de Jesús del Valle.

Lo que fue entrada principal del edificio agrícola.

Zona residencial de los jesuitas,

Estado actual de algunas zonas.

Reliquias de un pasado glorioso.

Junto al río: perdido en la selva.

Camino de regreso.

Uno de los barrancos adyacentes al río Darro.

Bocamina de la acequia.

Compartiendo recorridos.

Abadía del Sacromonte.

Fuente del Avellano.

Barranco del Valparaiso desde la Fuente del Avellano.

Puente del Aljibillo al inicio de la Cuesta Chapiz.



RÍO DARRO (Desde Plaza Nueva hasta Jesús del Valle - Granada)

Fecha: 03-04-2013


Aunque parece exagerada la afirmación de Nietzsche “no confíes en una idea que no haya aparecido mientras caminabas”, lo que si es cierto es que cuando uno camina sale al encuentro de las musas.

Aprovechando que el tiempo ha dado un respiro esta mañana, tras largos días con lluvia, he aprovechado la mañana para dar un largo paseo (unas cinco horas) remontando el río Darro hasta llegar al paraje denominado Jesús del Valle. No me he atrevido a hacer mi excursión larga habitual ya que las previsiones metereológicas sólo aseguraban falta de lluvia durante la mañana, a posteriori he comprobado que no se han equivocado.

Este enclave junto al curso del río Darro ha sido un paseo habitual para los granadinos a través del tiempo. Incluso se hacía y se sigue haciendo un recorrido circular, para a la ida o a la vuelta, enlazar con el Llano de la Perdiz. Personalmente hacía bastante años que no me aventuraba por estos lares y hoy aprovechando la mañana soleada he querido rememorar tiempos pasados.

He acometido el paseo empezando por Plaza Nueva, porque mi objetivo era seguir el curso del río hasta llegar a la Hacienda. Una vez llegado a la Cuesta del Chapiz, he optado por hacer el acercamiento por el Camino del Monte, calle Santo Sepulcro del Sacromonte y Camino de Beas, que aunque algo separado del propio río, al menos en su primer tramo, permite ir avistando buena parte del barranco por el que discurre (Valparaiso).

Pasada la zona de mayor aglomeración de casas y cuevas, ya casi por debajo de la Abadía del Sacromonte, se ensancha algo el valle permitiendo la existencia de zonas cultivadas. Me ha llamado poderosamente la atención el verde intenso alimentado por las insistentes y prolongadas lluvias de este mes pasado, de la vertiente contraria al itinerario que recorro, es una verdadera lástima que esta cara norte no esté ocupada por bosque mediterráneo lo que sin duda daría una mayor vistosidad a las laderas a la vez que impediría los pequeños pero numerosos desprendimientos que estos días se han producido.

Una vez terminadas las viviendas que serpentean junto a la carretera y llegado a la última parada del pequeño autobús que hace el recorrido (el 35), la carretera que se ha ido estrechando conforme se adentraba en el barranco acaba por convertirse en un carril de tierra. A la vez que la tierra aparece el barro. Terminada las casas el transito de vehículos es mínimo y solo algunos ciclistas o caminantes como yo lo recorren con cierta asiduidad.

De ello da fe el desprendimiento que ha taponado algo más adelante el camino en un trecho encajonado y que hay que salvar hundiendo las botas generosamente en el lodo. Totalmente impracticable para vehículos, me ha dado la impresión que su poco uso no ha propiciado su limpieza, ya que aparentemente lleva inutilizado algunos días.

A partir de aquí el valle se ensancha, desaparecen los espacios dedicados a huerta y aparecen los primeros bancales de olivos sobre un tapiz de generosa hierba que hoy solo aprovechaban una recua de caballos. Una docena de equinos sueltos y amigables, pequeños (ponis) y grandes que enseguida se acercan para recibir la caricia; al menos estos no pasan necesidad dentro de su aparente abandono.

Pronto dejo un antiguo y ruinoso cortijo a mi izquierda y tras varias curvas y alguna empinada subida visualizo algo más adelante el complejo de la Hacienda de Jesús del Valle. Imponente edifico rodeado de olivos y algunos viejos y enormes Castaños de Indias que a pesar de su total abandono y deterioro sigue insinuando lo que en su día fue.

Se asienta en el márgen derecho del río Darro con una extensión que ronda las 400 hectáreas. “Se compone esta finca de olivares de riego y de secano, viñedos, montes de encinas, dehesas para pastos, huertas, jardines y alamedas, y contiene una casa principal, otra casa cortijo con habitaciones para dependientes, graneros, pajares, cuadras, molino de aceite, lagar, bodega, almacén de efectos y demás dependencias necesarias para la labor, dos molinos harineros en las márgenes del río Darro, que atraviesa por esta finca, un tejar y un carmen denominado de la Concepción que se halla al extremo levante de la finca. Inscripción:Registro de la Porpiedad núm. 1 de Granada, tomo 1.713, libro 1.048,folio 157, finca 2.812. Valorada en su día en (año 2001) en 300.000.001 pesetas”.

Se distinguen dos áreas constructivas dentro de la hacienda. Una perteneciente a finales del siglo XVI y que se seguirá ampliando durante el XVII que corresponde propiamente a la hacienda sustentando los molinos de harina y aceite, lagar y corrales. Y una segunda perteneciente al siglo XVIII destinada a residencia de los jesuitas. Siendo esta segunda parte de mayor altura, formada por dos cuerpos perpendiculares configurando una L orientadas sus ventanas al este y asomadas a un gran patio rectangular que con sus tres plantas de altura aun hoy se pueden distinguir perfectamente.

Su catalogación en mayo del año 2005 como Bien de Iinterés Cultural y a pesar de ser ésta una figura jurídica de protección especial, no ha impedido que el abandono de su propietario y la dejación de las distintas administraciones lo hayan llevado al estado de ruina total en el que se encuentra actualmente. Los largos años de desidia han propiciado los distintos expolios a los que ha sido sometido haciendo desaparecer cualquier vestigio de su actividad agrícola. En su día totalmente equipado de maquinaria e incluso mobiliario a fecha actual literalmente no queda nada.

Terminada la inspección ocular de la antigua y factuosa hacienda emprendo el camino de regreso para una vez llegado a los primeros campos de olivos cruzar el río por un precario puente y ascender por la ladera norte buscando un sendero que discurre paralelo a una de las acequias de abastecimiento de los palacios nazaríes.

Tras una fuerte y resbaladiza subida por un senderillo apenas señalado gano altura hasta enlazar con la vereda que acompaña a la acequia. Acequia que va horadando la montaña y de la que solo se nos muestran las distintos galerías de acceso que aparecen coincidiendo con los numerosos barrancos que surcan la loma. Totalmente llana en su discurrir me aporta una visión de todo el camino realizado en la ida de esta mañana. La altura por la que discurre me permite apreciar una visión amplia de buena parte del valle del río disfrutando de los distintos verdes que aportan los cultivos junto con las encaladas casas que lo salpican.

Esta acequia hace su entrada al Generalife a la altura del Mirador Romántico. Vedada esa entrada al recinto, decido descolgarme por auténticos senderos de cabras, hoy resbaladizos en extremo por la humedad, para perdiendo altura, acabar unos metros más abajo en el Camino del Avellano.

Hace varios años que no hacia este recorrido. Corto paseo que por épocas se puso de moda en Granada para disfrute de unos y vandalismo de otros. Salpicado de placas inscritas con versos de poetas famosos, hoy pintarrajeadas y golpeadas apenas si se pueden leer. Lugar de reunión en su día por un grupo de amigos al estilo de la academia helénica, liderado por Angel Ganivet. Pregonada durante la primera mitad del siglo XX, el agua de esta fuente por los aguadores como la mejor de Granada, aunque también es verdad que nunca se dejó de sospechar que se reponían las existencias de las garrafas en los más cercanos caños del Pilar del Toro.

Recorro el corto trayecto, con el curso del río debajo y disfrutanto la vistosidad de las construcciones enfrentadas del Barranco del Sacromonte, cuevas, casas y zambras, escuelas y patios del Ave María, todas encaladas que cuando les da el sol de la mañana como hoy constrasta sobremanera su blancura con el ocre o verde de su entorno, hasta morir en la plaza del Rey Chico, al principio de la Cuesta del Chapiz, donde inicié el recorrido esta mañana. Volver a cruzar el río (puente del Aljibillo, del Rey Chico o de Ibn Rasiq), para adentrarme en la ciudad a través del Paseo de los Tristes, pero yo hoy no lo estaba en absoluto.


Casa escondida

Una casa sin dueño, perdida entre los álamos,
ha dejado que el agua de la lluvia incansable
habite sus estancias, derribe los aleros.


Un camino rodea la morada sin dueño:
desconchones y grietas, la polilla callada
que estará en algún sitio, y el estrago del tiempo
ocupándolo todo en la casa escondida.

Nadie busca la historia de tanta ruina inútil:
todos pasan de largo y alguien hace una foto,
sólo el agua queda sin hacerse preguntas.

José Carlos Rosales