miércoles, 22 de febrero de 2017

Sierra Lújar I: Lagos-Lújar-Lagos (Granada)





Fecha: 20-12-2016                                               Lagos                   9’30-15’45h.   (680 m.)
M.I.D.E.:2,3,3,3.                                                  Collado Lagos              10’15h. (1.000 m.)
Duración: 6’30h (Semicircular)                         Lújar pueblo                11’30h. (526 m.)
Desnivel en subida: 840 metros                         Cuerda aerogeneradores   15’00h. (1.040 m.)        
Rangos de temperatura: de 8ºC a los 15ºC       Lagos                            15’45 (680 m.)
                                                                                        
                                                                                        
Conocido el interés que la Sierra de Lújar despierta en mi hijo Carlos y ya que me acompaña hoy he querido diseñar un recorrido por ella que fuera novedoso para ambos. Había oído mencionar la existencia de un pequeño recorrido semicircular que unía dos pueblos que se asientan en las estribaciones de la sierra, ambos en la cara sur, encarada al mediterráneo: Lagos y Lújar.

Lo que no recordábamos ninguno de los dos era la noticia del fatal incendio que asoló estos parajes hace año y medio por lo que, al ver como está la zona todavía, nos hemos llevado una desagradable sorpresa. Posiblemente de haberlo recordado hubiéramos cambiado el destino, ya que pasear por terreno devastado recientemente por incendio no es plato de buen gusto.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

Iglesia de Lagos, junto a la que dejamos el vehículo por la mañana. Lagos, pequeña pedanía perteneciente a Vélez Benaudalla a la que hemos llegado por la antigua carretera de Granada a Motril, pasada la Gorgoracha; en total unos 68 kilómetros de los que los últimos cinco son sobre carretera asfaltada, estrecha y muy revirada.

En la misma plaza han querido dejar constancia de uno de los habitantes de esta sierra, aunque hoy no hemos vista ninguna; al parecer si no aprieta el frío o el calor campean exclusivamente por las cimas.

En una de las típicas construcciones antiguas de este pueblo han reciclado.

La sierra de Lújar por donde vamos a caminar durante todo el día, nos muestra en su cara sur los grandes barrancos que la surcan, algunos de ellos arrancando muy próximos a las cimas.

Antes de abandonar el pueblo para adentrarnos en las lomas, un pequeño recorrido por sus callejuelas.

Actualmente Lagos sólo mantiene a 15 o 16 habitantes de forma permanente. Los fines de semana se ve mucho más frecuentada según informaciones de uno de sus vecinos, ya que suben a comer y pasar el día.

Al principio tuvimos dudas y no había mucha gente a la que preguntar, al final encontramos a uno de los vecinos que nos informó detalladamente por dónde empezar.

Una vez iniciado el sendero ya no hubo problema alguno en seguirlo hasta las proximidades de Lújar, donde volvimos a tener algunas dudas.

Hasta tres de estas construcciones avistamos a lo largo de la jornada siendo esta la mejor conservada. No he podido encontrar información de su función: calera?

Ya bien remontados sobre la ladera apreciamos mejor la ubicación de Lagos incluido su cementerio. Todas los bancales de cultivo se encuentran entre las casas y el arroyo aunque en su mayoría abandonadas. Loma arriba algunos bancales de almendros. 

Siempre visibles y coronando la cuerda a cuyo collado nos dirigimos, una veintena de aerogeneradores que cuando giran se hacen oir permanentemente.

Las sierras de los Guájares en primer término y la de Alhama, Tejeda y Almijara cerrando el horizonte.

La extrema aridez de algunas de las laderas de la pequeña Sierra de Lújar llaman poderosamente la atención.

Alcanzado el collado, donde aparecen alineados hasta una veintena de "molinos", toca descender en busca de la otra población Lújar para  recordar, ante las vistas desoladoras, el importante incendio que se inició aquí el día 7 de julio de 2015.

Algunos de estos cortijos ya estaban abandonados y en ruinas; otros que se mantenían a duras penas el incendio los apuntilló definitivamente.

Atravesamos, por primera vez, la Rambla de Lújar, para encontrarnos junto a un bosquecillo de pinos calcinados, el nacimiento de un arroyo, que tras sumar otros caudales- recorrerá el barranco dando riego y vida a huertas en su recorrido hasta las llanuras costeras. 

Los primeros indicios del incendio están en estos almendros que muestran sus muñones. En la loma de enfrente, bajo los molinos los signos del siniestro son bastante más evidentes. Más abajo los efectos serían además de mas extensos más graves.

En este paraje nace el arroyo que recorrerá todo el barranco de Lújar.

La abundancia de humedad y lluvias (600 -1000 mm al año) o/y la cercanía de la costa y los vientos propicios disimulan la gravedad del incendio soportado por estas tierras.

Abajo, en la costa, los cultivos bajo plástico reflejan la luz del sol haciéndole la competencia al mar.

La Rambla de Lújar marca un antes y un después con la aparición del agua. Nace el arroyo junto al bosquete superior de pinos quemados por los que pasamos hace unos minutos y a partir de él los colores cambian.

Este último tramo del sendero, en las cercanías ya de Lújar, muestra un pavimento empedrado, muy eficaz para prevenir la erosión, muy molesto para el caminar.

Junto a la población una zona de abancalamientos en el terreno, paralelos a la propia carretera de acceso, totalmente tapizados de verdes prados denominados "la Llanada"

Todavía una mirada hacia atrás y arriba para apreciar el fuerte contraste que muestra esta pequeña sierra en tan poco espacio.

Las primeras casas de Lújar. Pueblo en el que no entraremos porque nuestro recorrido busca enseguida de nuevo la Rambla para remontar por la ladera derecha.

El arroyo que hemos visto nacer hace un rato en nuestra bajada, aquí muestra más vigor, y tras los últimos días de lluvia el agua no parece que escasee.

Sigue rambla abajo en busca de tierras más bajas y en definitiva el mar, si es que consigue llegar "vivo".

Junto a las casas de Lújar infinidad de pequeñas huertas, ganadas con trabajo y tesón a la ladera de la sierra.

Ya desde cierta distancia consigo, una vez ganada alguna altura, recoger todo el pueblo en una misma toma, junto con sus huertas y sus tajos.

Y de nuevo visitamos el semiabandonado cortijo de Mora. Alguna de las estancias aparenta seguir visitada ya que acumula una serie de "arreos" y utensilios. El resto mejor no entrar ya que la seguridad brilla por su ausencia.

En esta habitación del piso superior quedó olvidada la jaula de la perdiz cobijada aun por el medio techo que consigue aguantar.

Es en la zona baja donde parece que alguien utiliza las estancias para guardar algunos aperos de labranza junto con algunas pequeñas herramientas. 

No ofrece mucha confianza la estructura como para poder dormir tranquilo alguna noche.

Aspecto exterior donde resalta el "poyete" adosado a la pared que hace de banco. Estructura muy habitual en las construcciones de este tipo, donde se ejecutan buena parte de las labores caseras cuando hace buen tiempo. 

El terreno laboriosamente acondicionado para el cultivo mediante abancalamientos en pequeñas parcelas ganadas a la ladera mediante balates confeccionados con piedra apilada en seco.

Mi hijo Carlos me acompaña hoy y ha sufrido una fuerte desilusión ya que recordaba parte de estos lugares con un aspecto muy diferente. Por aquí hizo algunas prácticas de botánica cuando estos parajes eran un "vergel" de diversidad botánico favorecido por las condiciones climáticas que por altura, humedad y templanza auspiciadas por la cercanía de la costa y el régimen de brisas dominante.

Restos de alcornoques de más de 500 años que ardieron en el pasado incendia de julio de 2015. En la imagen vemos dos casos bien distintos: a la izquierda uno que ardió completamente, a la derecha otro que consiguió resistir y que ya muestra signos de recuperación.

En el barranco del Chorrillo, posible centro del incendio, han usado todos los troncos de los pinos quemados para formar barreras e impedir que las lluvias erosionen más el terreno. Desde aquí hasta la cima de la ladera ardió todo y entre ese todo un bosque centenario de alcornoques que era una reliquia por ubicación, antigüedad (la mayoría centenarios) y densidad. Éste alcornocal  junto con  el ubicado en La Haza del Lino son dos joyas botánicas del sur de Andalucía.

La Sierra de Lújar (perteneciente a las sierras Béticas Litorales), es a grandes rasgos un enorme domo calizo surcado por numerosos y profundos barrancos; algunos cortos y de mucha pendiente, otros más largos, donde todos laceran la sierra desde su base hasta las proximidades de sus cumbres (1.836 metros). Alguno de ellos como el Barranco del Alhayón, muy abierto y que es el único que mantiene fluyendo arroyo durante todo el año y por ende vegetación de ribera.

La protección de la cubierta de corcho impide que se queme el tronco, por lo que permite, si las circunstancias son favorables (humedad y temperatura) que en uno o dos años empiecen a regenerarse rebrotando como éste de la imagen.

Si este alcornocal hubiera estado en explotación, es decir descorchado, el fuego habría penetrado en los troncos quemándolos internamente, lo que no permitiría que resurgieran de entre sus cenizas.

Una de las terrazas del cortijo de Las Piedras. Quizás le venga el nombre por estas que adornaban esta terraza-mirador externa con amplias vistas que se prolongan hasta la propia costa.

En el interior de las estancias aun se pueden observar restos de la maquinaria que se utilizaron para el prensado del corcho, para la extracción del aceite o para otras tareas derivadas de la agricultura.

Contaba con distintas dependencias: vivienda principal, casa para los encargados y operarios, capilla con la fecha de 1903 en el dintel, cochera.

En el horno del fondo existe embutido aun un depósito donde se calentaba el agua que imagino hacía moverse toda la maquinaria. Tubos hay por doquier y al fondo y en alto un depósito de agua. A la izquierda una serie de ruedas conectadas todas al largo eje que recorre la pared de extremo a extremo.

Me llamó la atención el engarce de los tramos de las tirantas que atraviesan la estancia (de pared a pared) por debajo del techo para dar consistencia a las paredes ya que tenían que soportar el movimiento de la maquinaria. 

Es fácil imaginar una máquina de vapor moviendo el eje y transmitiendo el movimiento mediante correas a los diversos elementos.

Y en una desnuda pared exterior esta simple y ascendente yedra que trepa recta en busca de luz.

El retablo de la pequeña capilla que aun se puede identificar.


De los pocos detalles ornamentales que quedan en la fachada del cortijo.

En el interior, además de una galería cubierta entre dependencias y protegida con ventanales corridos adornados con vidrieras de colores, este otro resto de alicatado en una de las dependencias de lo que fue casa principal. 

 En la entrada, gran puerta de hoja doble con dos ventanales a los lados casi tan grandes como la gran puerta, y fuera abarcando toda la longitud de la fachada un amplio parral arcado soportado por pilares metálicos.

Fuera de estos detalles todo lo demás ruinas.

Aun queda identificable una pequeña alberca protegida por balaustrada metálica doble.

Poco más adelante una casa rural muy frecuentada por extranjeros que durante el incendio tuvieron que ser desalojados al igual que la totalidad de los vecinos del pueblo de Lújar.

Y al final de la rambla el mosaico de plásticos de los invernaderos antes de avistar el mar.

Si bajamos la vista y prestamos atención sólo a nuestro entorno más próximo es prácticamente imposible imaginar que hace algo más de un año todo esto era fuego y cenizas.

En este corte de una rama de alcornoque se aprecia la gruesa capa de corcho que en caso de incendio protege lo importante.

A pesar de las fechas y dada la bonanza de la temperatura no faltaron durante todo la jornada las alegres mariposas como esta Arlequín que no quería estarse posada mientras intentaba fotografiarla.

Tirando de objetivo recojo en una misma imagen a Motril y Salobreña.

Base militar de vigilancia aérea coronando el monte Conjuro.

De nuevo la zona de invernaderos que ocupan los llanos adyacentes a Motril. Al fondo y derecha se identifica el espigón del puerto.

Esta sierra, minera y ganadera tradicionalmente, se ha explotado en tiempos más recientes, excavando kilómetros de túneles a la busca de plomo y fluorita. La mayoría de estas galerías están cerradas o selladas, pero quedan algunas abiertas por lo que sirven de refugio e invernada a varias especies de murciélagos. Es relativamente fácil observar pozos verticales de ventilación, algunos de ellos a ras de suelo y sin protección e indicación ninguna. Actualmente esta sierra no goza de figura protectora alguna, siendo en casi su totalidad coto de caza. En diferentes ocasiones se ha solicitado y recomendado hacerla objeto de protección bajo la figura de Parque Natural. Curiosamente, apenas unas horas después de presentar la última petición en este sentido por un colectivo se produjo el fatal incendio.

El regreso lo hacemos por la cuerda que ocupan la veintena de aerogeneradores hasta acercarnos de nuevo hasta el collado, cerrando el tramo circular del recorrido y dispuestos ya en bajada a volver a recorrer el tramo lineal.

A primeras horas de la tarde comenzó a soplar viento por lo que todos los aerogeneradores se pusieron en movimiento con lo que el ruido (muy similar al producido por los aviones) era intenso y continuado. Ruido de fondo que nos acompañaría hasta después de llegar al pueblo: Lagos.

Uno de los indicadores de la bonanza del clima de estas laderas durante todo el año es la relativa abundancia de palmitos.

Y no podía despedir la entrada sin los dos elementos más llamativos en el paisaje, por su brillantez, a lo largo de la jornada: el mar y las cubiertas plásticas de los invernaderos.

Lagos, 20 de diciembre de 2016.