miércoles, 1 de abril de 2015

Trincheras Sierra de Huétor VI: Cerro del Muerto (Huétor Santillán - Granada).



El campo de fútbol junto a la casa forestal "Los Peñoncillos" presentaba este aspecto.

Desde el Mirador de "Las Veguillas" se domina el barranco por el que discurre el río Darro.

La pista forestal que se adentra en el corazón del Parque y que va a ser mi recorrido durante la primera hora. 

En las lomas que delimitan el cauce del río se alternan los pinos y las rocas.

Y junto al cauce: alisos, sauces, álamos, juncos, zarzas e hiedras. 

A pesar de los restos níveos que permanecen, el caudal del río no es llamativo.

Emblemática Fuente de la Teja, en su día área recreativa, hoy en desuso.

Conforme voy ganando altura, los restos de la nevada se hacen cada vez más presentes.

El sendero circunda el pié del Cerro del Púlpito donde se asientan verdaderas joyas botánicas.

Oigo ruido y descubro la causa ramoneando en la cresta.

Cuando de nuevo llego a la pista forestal encuentro que está totalmente cubierta por la nieve.

Y todo el paisaje dominado por el blanco níveo ocultando los ocres terrosos.

Incluso algunos troncos retenían junto a los líquenes restos de la nevada.

Fuente de la Mora (cota: 1.500 metros) ocupando el centro de una amplia majada.

Juntos, la umbría y el cerrado y alto bosque de pinos, consiguen mantener la capa de nieve con un grosor considerable.

Curiosas huellas las que iba dejando yo tras mi caminar: ¿zarpazos humanos?.

Y por fin doy con las primeras trincheras, en las faldas del Cerro del Muerto, a media altura.

Tras la primera me resulta fácil localizar visualmente las siguientes.

Muchos pequeños puestos de tiro y observación unipersonales.

Algunas construcciones mayores para almacenaje o dormitorio.

Último tramo del sendero Cañada del Sereno que mantenía nieve.

Enfrentado al Cerro del Muerto, otro cerro: el del Corzo con su caseta de observación coronándolo.

El apelativo del "muerto" puede que le venga de esta roca añadiendo algo de imaginación.

Desciendo con Sierra Nevada siempre ocupando la más lejana línea del horizonte.

Atravieso la Loma de los Corrales por las edificaciones que para ese fin en ella existían.




Fecha:11-2-2015                                                              Casa Forestal  Los Peñoncillos     8’30h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                               Fuente de La Teja                             9’15h.
Duración: 7h (Semicircular)          17 Km.                  Cerro del Corzo                                10’15h
Desnivel en subida: 560 metros                                    Fuente de La Mora                           11’30h.                                
Rangos de temperatura: de 0ºC a los 9’5ºC               Trincheras Cerro del Muerto        13’45h.
Casa Forestal Los Peñoncillos      15’30h.


La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados,
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.
                                                                                                                             F.G.Lorca (Cuerpo presente).


Creo que por ahora esta va a ser la última entrada dedicada a las trincheras existentes en el Parque Natural de Sierra de Huétor, a no ser que nuevas referencias me lleven a algún otro lugar donde la magnitud de lo avistado, su excelente estado de conservación o su importancia subjetiva me contradigan.

El paraje al que me dirijo hoy se ubica en el corazón del propio Parque. He pasado reiteradas veces por sus inmediaciones, pero el desconocimiento de su existencia me ha impedido buscarlas con anterioridad. Hoy voy a dedicar la jornada, primero a su localización, ya -que como es habitual- las referencias que poseo son vagas, aunque me han llegado indicios de su gran importancia durante la contienda.

Voy a buscarlas en las inmediaciones del Cerro del Muerto (1.541 metros), -no podía tener nombre más alusivo-. Para no alterar mi proceder habitual alargaré la caminata hasta llenar una jornada de mínimo seis horas, como ya es mi costumbre. Voy a aparcar el coche junto a la Casa Forestal Los Peñoncillos (amplio lugar para el abandono de los vehículos, ya que es una de las puertas más utilizadas para los que nos acercamos hasta esta sierra), para desde allí iniciar el recorrido que intentaré que sea lo más circular posible.
 
Me acoplaré con bastante exactitud (en la parte circular) a uno de los recorridos más emblemáticos de esta sierra: Cañada del Sereno, pero lo recorreré en sentido horario, que no es el habitual, para así conseguir tener al frente, en buena parte de mi regreso, toda Sierra Nevada, a partir del mediodía, cuando el sol ya incide sobre ella de forma más vertical, lo que permite apreciar todos los matices del manto blanco, dejando resaltar incluso las zonas heladas, destacando por su diferente brillo.

A primera hora los restos de nieve que quedan en la carretera de acceso son hielo, hielo sucio. Por encima de la casa forestal se bifurca la carretera (ambas cortadas al tráfico por sendas cadenas); tomo el ramal de la derecha que tras unos centenares de metros en bajada me acerca hasta un mirador: el de Las Veguillas, donde me detengo unos minutos. Desde él se domina buena parte del barranco por el que discurre el joven río Darro, hasta abandonar el Parque.

A partir del mirador la carretera va ganando cota de forma suave hasta llegar, tras atravesar un estrecho cañón, primero a la altura de un depósito de agua habilitado para casos de incendio en el Parque, enseguida una fuente con el emblema de Infoca y unos metros más arriba el emblemático paraje de la Fuente de la Teja, junto a lo que fue –hoy totalmente abandonada y en desuso- área recreativa. Todo este último tramo de subida lo hago acompañando al cauce del río que en su curso alto no lleva gran caudal a pesar de las nieves que aún aguantan en las laderas colindantes. Cauce y pista forestal comparten el fondo de este estrecho barranco.

No quiero olvidar mencionar que el paraje de la Fuente de la Teja hoy aparecía bastante limpio, en relación a como me lo he encontrado en otras ocasiones. Los carteles a lo largo del sendero renovados y los indicadores del recorrido suficientes y con verticalidad.

Sigue el sendero solapándose con la carretera hasta que tras una doble curva pronunciada y tras cartel anunciador decide encaminarse, por la derecha, en soledad, a través de las lomas y siempre en ascenso. Avanza entre pinos y encinas, allá donde el suelo es algo más rico en sustrato incluso algún breve prado, mostrando las laderas pedregosas enanos ejemplares arbustivos, que introducen sus raíces entre las grietas buscando acomodo y humedad.

Buen ejemplo de esta capacidad de adecuarse a las condiciones diversas del terreno –siempre duras- la encontramos junto al Cerro del Púlpito y su compañero aún más pedregoso, si cabe. Merece la pena detenerse unos minutos y junto al panel explicativo, observar las diferentes poblaciones vegetales que consiguen extenderse por sus laderas.

Aun no consigo, dadas las escasas referencias que llevo, situar satisfactoriamente las trincheras que voy buscando, por lo que sigo recorriendo el trazo del sendero atento a los “signos”. Pronto alcanzo de nuevo otra pista terrera que da servicio a un par de cortijos, por un lado, y enlaza con la Fuente de la Mora por el otro.

Decido acercarme hasta la fuente. El trazado de la carretera es propicio, por su umbría, para mantener una generosa capa de nieve, que la va a tapizar hasta el final, mi final. Decido parar un momento antes de continuar la marcha para calzarme los crampones, no en vano los he paseado a lo largo de la mañana: los años me vuelven precavido, imaginando lugares en que predomina el hielo junto a que hoy no me apetece arriesgar.

Estoy bordeando el Cerro del Muerto por su base. Bastante incómodos para caminar por nieve blanda, muy eficaces para las láminas heladas. Llega la nieve a alcanzar un grosor de cerca de los 20 centímetros, sobretodo en el corto tramo de bajada hasta la fuente. La intensa protección que ofrecen los esbeltos –más de 20 metros- y apiñados pinos, junto a la orientación norteña del bosque en esa zona, favorece su conservación.

Junto a la fuente, durante los minutos que dedico a comerme el bocadillo me dejo acariciar por el sol. El regreso hasta enlazar de nuevo con la “Cañada del Sereno”, es volver a recorrer el tramo lineal de la caminata de hoy. Una vez alcanzado el sendero de nuevo, tengo que cruzar el arroyo helado que ocupa el barranco Polvorite antes de ascender por la umbría del mismo nombre. Aquí demuestran su agarre los crampones, ya que la pendiente es pronunciada y los tramos de hielo frecuentes.

Acabada la pendiente, comienza una zona de llaneo (a media cota), rodeando las faldas del Cerro del Muerto (1.541 metros); sigo atento a los laterales intentando descubrir ‘algo’ que me indique la ubicación de las buscadas trincheras. Entre la nieve y la poca información, casi me doy por vencido, pensando en dejar para otro día una búsqueda más intensiva. De pronto, decido desviarme del sendero y adentrarme en la ladera contigua porque considero que estratégicamente es buen lugar para la ubicación de lo buscado. No me equivoco, apenas andados unos metros aparece la primera construcción.

El resto es como seguir el hilo de la madeja. Basta caminar por la línea de trinchera cavada en la tierra, reforzada con muro de piedra apilada en seco (los republicanos apenas si usaron el hormigón en esta sierra), donde se intercalan diferentes puestos de tiro y observación o escucha (algunos de ellos con un corto pasillo de acceso en diagonal), que rodea buena parte de la cresta de la colina. En la cara norte varios pequeños refugios (almacenaje o dormitorios), a retaguardia de las trincheras, aprovechando la protección de las rocas existentes.

El cansancio y la abundante nieve me han hecho desistir de hacer un recorrido extenso e intenso por la zona para ver si existían más estructuras. También ha quedado para otra ocasión ascender hasta la cima del Cerro del Muerto, para cerciorarme si las edificaciones escalaban el cerro o sólo se quedaron a media loma, como las avistadas hoy.

El resto del recorrido, ya en bajada suave, continua y mayoritariamente soleada, ha sido un paseo gratificante. Terreno cómodo de andar, sendero ancho y bien marcado, estupendas vistas al frente con Sierra Nevada en el horizonte y un extenso bosque mediterráneo en primer plano. En el mirador alto ha sido repuesto el cartel explicativo de los enclaves más significativos que desde él se ven. Por el contrario, el mirador bajo sigue “desahuciado” desde hace años y no parece que haya interés en que cambie su situación.

Con mi habitual constancia e interés, creo que conseguiré “doctorarme” en la geografía de los conjuntos defensivos de la Sierra de Huétor. Conozco ya hasta diez enclaves de los que la mayoría están dentro de los límites del Parque Natural, y los que geográficamente se ubican fuera de él ocupan cerros cercanos a ellos. Aunque, para ser sinceros, la localización de las trincheras no deja de ser una excusa, ya que no alcanza a ser la razón, para lanzarme a recorrer nuevos parajes de esta próxima, muy "andable" y atractiva sierra.  
      


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.