miércoles, 10 de diciembre de 2014

La Morra o Puntal de Haza Mesa (Sierra Nevada - Granada)





Fecha:13-11-2014                                                         Mesón San Juan               7’30h.
M.I.D.E.:2,2,3,4.                                                           Cortijo Hoyo                     9’00h.
Duración: 9h (Semicircular)                                          Haza Mesa                       9’40h.   
Desnivel en subida: 1.100 metros (22 Km.)                 Puntal “La Morra”         10’30h.    
Rangos de temperatura: de 11ºC a los 15ºC               Río San Juan                   11’15h.
                                                                                        La Hortichuela               14’00h.    
                                                                                        Mesón San Juan            14’30h.                    


Hoy he decidido ascender a Sierra Nevada. Pensando que estos días atrás ha nevado y que la cota puede estar baja, me he decantado por acceder al Barranco de San Juan por Güejar Sierra y remontar por la cuerda de San Juan, por lo que inicio el caminar por el Sendero de la Estrella para abandonarlo en el primer desvío que sale a la derecha, camino de la Hortichuela. El objetivo de hoy es coronar el Puntal de Haza Mesa o de La Morra.

Una vez alcanzado decidiré si prosigo subiendo buscando pisar nieve (cota alrededor de los 2.500 metros) o reorientar el recorrido. Sabedor de que en temporada de otoño las condiciones climáticas son muy cambiantes yo ni quiero ni necesito arriesgar nada. Aunque soy consciente de que voy a caminar por senderos trillados, las primeras horas de la mañana, cuando todavía nadie los ha transitado, cuando el silencio y la soledad son abrumadoras y el espíritu se muestra resuelto, la ilusión es de novedad.

Hoy voy a variar el formato cambiando el largo texto explicativo por pies de fotos más extensos. Si alguno de vosotros queréis opinar, tendré en cuenta los comentarios.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.




Junto al Mesón San Juan, en la unión de los ríos San Juan y Genil, hay una explanada para los clientes que yo -entre semana- aprovecho para dejar el coche. Estoy en la cota 1.170 metros.

En las cercanías del cortijo de la Hortichuela, bajo bosque de robles melojos, las piedras debido a la humedad, presentan siempre una capa de musgos y líquenes que dependiendo de la estación se mostrarán verdes o en las gamas de los marrones.

Durante las primeras horas de la mañana las nubes han tenido mucho protagonismo, aunque siempre me han ido a la zaga en mi ascensión: no acababa de verlo "claro"

Conforme asciendo por la loma de San Juan el sendero, cuando se acerca a la cornisa, me ofrece vistas del profundo barranco por el que discurre el río. La nieve calculo que está en la cota 2.500 metros. 

A media loma en una de las paradas para recuperar -la pendiente es fuerte-, me vuelvo y coincide que el sol, abriéndose paso entre las nubes, ilumina el pueblo de Güejar Sierra anclado en la ladera derecha del río Genil. No puedo dejar pasar el momento. 

Cortijo del Hoyo, bifurcación de senderos. El del Hornillo a partir de aquí llanea, el de Haza Mesa sigue en pronunciada ascensión ganando metros. Es una pequeña depresión con otras zonas "llanas" en las inmediaciones donde se ubicó el cortijo, del que hoy apenas quedan algunos muros y restos de los rediles, aunque los antiguos terrenos de labor aun siguen libres de arboleda. 

Sigo pendiente del progreso de las nubes, muy compactas y que si consiguen alcanzarme me dificultarán sobremanera, no sólo proseguir, sino incluso regresar. Cada vez lo tengo menos claro, pero ¿falta tan poco para coronar el Puntal?. 

Cuando el aire despeja momentáneamente el barranco de San Juan descubro en cota algo superior a la mia, en la loma de enfrente, el pequeño refugio de San Francisco a los pies y en su cara norte de los Peñones de San Francisco. 

He abandonado el sendero que traía para acercarme hasta la balsa de Haza Mesa. La valla perimetral tumbada a tramos ya no cumple su misión de impedir que entren los animales. Y las pruebas de su acceso son patente en los muros con pisadas y piedras removidas. Si no se reparan los daños acabará la propia balsa por volver a desaparecer.

En las proximidades de la balsa me encuentro varios ejemplares de equinos. Uno de los potros, poco acostumbrado a la presencia humana enseguida buscó refugio junto a su madre y de camino aprovechó para darle unos chupetones a la teta.

El Puntal de Haza Mesa o La Morra era el objetivo de hoy. Aunque en principio no descartaba alcanzar la cota de nieve, postergo la decisión hasta coronar y desde arriba evaluar las posibilidades.

Desde la cima (2.256 metros), aunque aprecio "signos" de tregua, soy consciente del peligro de un cambio brusco del tiempo y decido variar el itinerario. En lugar de seguir subiendo voy a dedicar el resto de la jornada a caminar acequias. De hecho en la subida desde la balsa ya lo he hecho junto al trazado de la acequia Hoyo Puente. Ahora la continuaré hasta su toma en el propio río San Juan.  

Las volubles nubes dan un respiro y me enseñan el Veleta cerrando el largo barranco de San Juan. No parece que haya nevado en abundancia. 

Lo que si aprecio es que la ventisca ha tenido que ser imponente porque no es normal que con tan poca nieve caída la cara norte del Veleta esté tan cubierta. El aire ha debido soplar fuerte e insistente. 

Me encuentro en el río San Juan justo donde toma la acequia que he venido siguiendo durante las últimas dos horas: Hoyo Puente. Hoy no lleva agua y me temo que si no se trabaja duramente en ella no volverá a llevarla. El deterioro a lo largo de su recorrido es frecuente y grave.

De nuevo aparece el arco iris por lo que entiendo que debo dejar de preocuparme por las nubes y concentrarme solamente en disfrutar del resto de la jornada.

La toma de la segunda acequia, unos 100 metros más baja que la anterior, cuyo trazado se dibuja a lo largo de la loma bajo el Puntal de Haza Mesa, va a ser mi camino de regreso.

Esta acequia de unos 5 kilómetros de longitud si lleva agua durante las dos terceras partes primeras de su recorrido. Va menguando su caudal entre las filtraciones y alguna pérdida hasta quedarse seca antes de llegar a destino. 

De nuevo acercándome a Haza Mesa, aunque desde esta altura además de abarcar esta "haza"se abarca buena parte de la loma de enfrente: Maitena, por la que se accede a los Lavaderos de la Reina.

De nuevo tengo a la vista buena parte de la cuenca alta del río Genil, con Güejar Sierra abajo.

Por fin las nubes, esas que me han preocupado durante buena parte de la mañana, han acabando asentándose en la cota 2.500-3.000, dejando asomar por encima sólo las cumbres.

No dejaré de sorprenderme al ver la capacidad de adaptación de algunas especies vegetales a los escasos recursos de estas sierras. Este ha conseguido prosperar afianzándose en una grieta de la roca, firme sustento sí que lo es.

A mi regreso comparto mi tránsito por el Cortijo del Hoyo con un rebaño de ovejas del que no avisté ni perro ni pastor. Esta hondonada suele permanecer verde durante casi todo el año por lo que es muy visitada por los rebaños.

Los robles melojos han adquirido los tonos ocres y marrones típicos del otoño, los troncos decorados con los grises de los líquenes, y el suelo a trazos cubierto de verde forman una estampa que me ha parecido muy atractiva. 


Las oquedades de las rocas mantienen el agua incluso días después de haber llovido con lo que sirven de bebederos para multitud de pequeños habitantes de la zona.

Un emprendedor conquistando cotas solitarias. Hacer de avanzadilla en estos territorios tiene sus ventajas y sus inconvenientes; entre las primeras que la competencia es mínima, entre las segundas que tiene que soportar en soledad los envites del fuerte viento. 

Este otoño tan anómalo en cuanto a temperaturas confunde hasta las plantas más especialistas. Este rosal silvestre ha florecido en noviembre cuando ya no hay posibilidad de completar el ciclo.

Los trazados de las acequias en la sierra, generalmente requieren de mucha y especializada mano de obra. Hay que ser sabio para conseguir trasladar agua atravesando lomas y tajos con pérdida mínima de altura para conseguir llevarla al destino. Me decido a recorrerla hasta la toma, el desconocimiento total -para mí- de su recorrido es suficiente aliciente para caminarla.  

Río San Juan en la cota 1.655 donde nace esta acequia, de la que no he averiguado el nombre. Parado en el río junto a su nacimiento he decidido reponer fuerzas, totalmente abstraído por el rumor del agua y la belleza del paraje. 

El trazado de la acequia permite en sus orillas el desarrollo de especies con grandes necesidades hídricas, por ello es tan importante que ni se entuben ni se cementen los cauces.  

Río San Juan.

Trato de escamotear el sol tras el tronco para poder sacar la foto y evitar que me deslumbre. 

El contraste entre ambas lomas del Barranco de San Juan en este punto es espectacular

De nuevo descendiendo a pie por la carretera, camino de la cantera de serpentina, en las inmediaciones de la Hortichuela no puedo evitar volver a captar este suelo pedregoso tapizado con atractivos verdes.

Buscando el aparcamiento, decido bajar por la margen izquierda del río San Juan. Es una fuerte bajada con bastante agua, poco tránsito y algún desprendimiento por lo que la vereda está casi perdida en alguno de sus tramos. Recorre la loma bajo castaños buscando el cortijo del Corradero (ruinas) y acercándose al Barranco de las Ánimas. Aquí cualquier resbalón deja generosas huellas de barro en la ropa.

Ya junto al cauce del río Genil una de las casas de la Sevillana; ésta se encuentra todavía recuperable aunque últimamente no he visto actividad alguna en ella. La gemela -río abajo- permanece hace años en ruina total y sin embargo, por ubicación, serían ideales para iniciar actividades serranas o simplemente ofrecer días de estancia.

De regreso hacia Güejar Sierra todavía me detengo en el mirador para echarle una mirada a la vistosa loma de enfrente, donde los castaños aportan la nota de color distintiva.