miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cañón del río Cacín. Arenas del Rey - Granada




CAÑÓN DEL RÍO CACÍN


Iglesia de la Inmaculada, en el Poblado Bermejales, inicio del recorrido.

Enseguida el sendero nos permite asomarnos al cañón.

Nos sorprendió verla encaramada en la pared. Asustada seguramente por nuestra presencia.

Finalmente el sendero logra acercarse lo suficiente al río.

Sin embargo la intrincada y abundante maleza impide el acceso al río durante buena parte del recorrido.

El río, tras milenios de paciente trabajo, ha conseguido escavar estos altos tajos que ahora delimitan su cauce.

La erosión ha tallado curiosas formas en las verticales paredes.

A pesar de la grandiosidad del entorno, seguimos fijándonos en lo muy pequeño.

La continua erosión provoca "frecuentes" desprendimientos en estas formaciones de conglomerados.

El protagonista de la salida disfrutando con las "aventurillas".

Durante la última parte del recorrido los extraesplomados son frecuentes.

En un lateral un estacional arroyo ha labrado esta caída.

Si buscamos en los cortados encontramos reliquias del remoto pasado.

Blandas formaciones rocosas que se dejan moldear con relativa facilidad.

Y junto a las paredes rocosas la exuberante vegetación de ribera.

Los imponentes cortados dejando a sus pies los trozos desprendidos.

Llegando al final del recorrido el barranco se abre.

Hemos llegado al final:  un "Puente Romano" de primeros del siglo XX.

No abandonamos el pantano sin acercarnos hasta el Dolmen de los Bermejales.

Aunque desubicado, al menos permanece hasta nuestros días.

Pantano de los Bermejales.


Fecha:8-11-2014                                                              Poblado Bermejales                         11’30h.
M.I.D.E.:2,2,2,3.                                                                Río Cacín                                           12’30h.
Duración: 5h (circular)                                                  Puente Romano                                 14’00h.
Desnivel en subida: 250 metros                                    Poblado Bermejales                         16’00h.
Rangos de temperatura: de 13ºC a los 15ºC               Dólmen                                               16’30h.



Cuando hace un par de años hice este mismo recorrido (recuerdo que además de disfrutarlo por su encanto y variedad), una de las cosas que se me ocurrieron mientras lo caminaba fue que debía ser ideal para los críos. Niños de 8 a 12 años. Yo estoy últimamente muy alejado de niños, por no tener todavía nietos y los más cercanos salen con sus padres.

Me acordé de uno de mis sobrinos que por carácter y movilidad creí que sería idóneo para pasearlo por estos parajes. Así que el año pasado, como uno de los regalos que recibió por reyes era la promesa de hacerle de guía por este recorrido. Fue un compromiso serio, escrito y firmado en que prometía sensaciones nuevas y aventuras a cambio de trabajo y ausencia de quejas.

Por unos motivos o por otros hasta hoy no se ha podido concretar el ofrecimiento. Pero todo llega y Él ha mostrado esta mañana mucha ilusión y cierto nerviosismo. Ahora tengo yo la papeleta en mi tejado, si no quiero desfraudarlo he de hacer que sienta todo aquello que le prometí y que seguro, ha ido imaginando durante este tiempo y ya conocemos la capacidad imaginativa de un niño.

A lo largo de mi historia montañera he sido guía de personas con alguna decena de años más que yo, he acompañado a compañeros laborales, he guiado a personas ciegas por la sierra, por supuesto a mi mujer e hijos, cuñadas y semicuñadas, pero nunca a un niño de 8 años. Espero no haber perdido las habilidades necesarias para despertad su curiosidad e imaginación y conseguir que la jornada le deje una huella positiva junto a un deseo de repetir, sería la mejor constancia de haberlo hecho bien.

Cacín es un corto río (60 Km.), que transcurre al suroeste de Granada y que acaba tributando sus aguas al río Genil por su margen izquierda. El recorrido de hoy comienza justo a mitad de su recorrido, algo por debajo de la presa del Pantano de los Bermejales. Los materiales que atraviesa sus aguas en éste tramo están formados por conglomerados, arenas y arcillas, es decir, terrenos fácilmente erosionables, lo que ha permitido que labre sobre ellos una larga y profunda garganta que es la parte del río que vamos a caminar por aunar espectacularidad y atractivo.

El sendero parte del Poblado que se erigió de forma paralela a la propia construcción del embalse. Desde el principio ha sido propiedad de la Confederación del Guadalquivir y perteneciente al término municipal de Arenas del Rey. En diciembre del año 2008, la Confederación cedió al ayuntamiento alguno de los edificios donde se instalaron diversos servicios: bar, hostal, un centro de salud y algún otro para uso y disfrute de la población.

Tras dejar el coche aparcado justo antes del embalse (sin cruzarlo) y tras subir una escalinata accedemos a la extensa plaza que da acceso a la Iglesia de la Inmaculada; desde esta explanada arranca una amplia senda dirección oeste que nos acercará en apenas 400 metros hasta un amplio mirador desde el que se comtempla la presa y las construcciones que se encuentran bajo ella, la arboleda que ocupa buena parte del fondo del cañón y por supuesto el río Cacín a la vez que nos ayuda a formarnos una primera idea de la magna construcción que este, ahora discreto río, ha sido capaz de elaborar a través de los milenios.

Llama poderosamente la atención la disparidad entre las tierras altas, dedicadas al cultivo del olivo y almendro, a la derecha y el extenso pinar de la izquierda con la frondosidad del interior del profundo cañón y separando ambos las verticales paredes que en algunos casos alcanzan el centenar de metros.

Comenzamos a bajar en zigzag por el sendero para perdiendo altura acercarnos hasta el nivel del río. Pero antes de llegar a cotas tan bajas ya encontramos los primeros vestigios de población. Los restos de muros amparados bajo los primeros cortados, totalmente cuarteados y que hoy los transitaba una ardilla, imagino que asustada por nuestra presencia.

El sendero no siempre puede acercarse al cauce lo suficiente como para tener a la vista el agua, lo que si permanece es su rumor. La exuberante vegetación, mayoritaria de zarzas, hace imposible que el sendero se acerque por lo que el ir a escasos metros del cauce, sin siquiera poder avistar el agua, va a ser una constante en este primer tramo del recorrido.

La intrincada vegetación, los numerosos desplomes, en algunas ocasiones de verdaderos colosos rocosos de las paredes, y el estrechamiento a tramos del cañón obligan a que el trazado del sendero sea un continuo sube y baja que en los lugares con más pendiente y sobre rampas rocosas resbaladizas se tengan que salvar mediante escalas o ayudándose de gruesas maromas para sujetarse y facilitar el tránsito. 

Sobre todo la escala metálica que salva un desnivel de unos cinco metros puede ser un obstáculo insalvable si nos acompaña alguna persona con algún grado de discapacidad e incluso un perro de tamaño medio o grande, por la imposibilidad de subirlo, detalle a tener en cuenta si no queremos volvernos casi antes de empezar.

Los continuos desprendimientos de grandes rocas de ambas paredes obligan en algún punto a pasar entre ellos por un estrecho desfiladero en fuerte pendiente, en que nos podemos acordar que esta zona forma parte de una extensa franja sísmica que sin duda ha ayudado en más de una ocasión a favorecer e incluso provocar directamente estos desprendimientos.

Tras una larga bajada rodeando una enorme roca desprendida llegamos a una zona del cañón denominada “la Encerrona”; vale la pena detenerse en cualquier lugar en que podamos avistar la alta pared vertical que se levanta frente a nosotros. El objetivo es localizar visualmente a media altura –alrededor de 50 metros- restos de paredes de antiguas viviendas encaramadas, aprovechando las oquedades de la propia pared, ésta ubicación actual inaccesible nos da idea de lo que ha trabajado el río en su labor erosiva en el curso de pocos milenios.

Más adelante, ya cuando el sendero coincide en su trazado con el cauce del río estamos obligados a caminar bajo amplios bloques extraplomados, siendo conscientes de que sobre nuestras cabezas tenemos toneladas de roca y cuya base, por la que caminamos es producto de la erosión del río. A partir de aquí, ya sin apenas desniveles que superar caminamos bajo la sombra del tupido bosque que ocupa ambos laterales del cauce del río.

Aun quedarán algunas “aventurillas” -como las definía mi sobrino- que superar. Hasta cuatro puentes para cambiar de margen otras tantas veces. Un par de ellos colgantes, en los que por haber cedido algo los cables de sujeción el bamboleo y la inclinación del piso de troncos ayudaban a hacer su travesía animada; y otro par de firmes y robustos puentes con pies de hormigón y piedra y suelo de gruesos tablones, nos trasladan alternativamente de orilla hasta dejarnos finalmente en la derecha –la misma en que iniciamos el recorrido-, antes de alcanzar el final del tramo que recorre el río junto a su cauce.

El sendero, ensanchándose de repente, mostrando incluso en algún tramo su base empedrada, abandona la cercanía del cauce para en dos zigzag superar un desnivel de una veintena de metros y elevarnos de nuevo ladera arriba, enlazando con un carril de servicio para los campos de cultivos y que tras seguir unos centenares de metros (dirección oeste) nos lleva hasta el denominado “Puente Romano” que aunque así se le conozca e incluso reza en el rótulo correspondiente es de construcción reciente: 1906.

El regreso decidimos hacerlo por la carretera antigua de acceso a la población de Cacín (pueblo) que desde el mismo puente nos va a conducir de nuevo hasta la presa del pantano. El cansancio ha hecho mella en las jóvenes piernas del pequeño y las quejas y los parones se hacen presentes. Hay que emplear recursos "drásticos", en este caso la promesa de una sorpresa si haciendo preguntas conseguía adivinarla. Con este entretenido juego logré que caminara los tres kilómetros que nos faltaban para alcanzar el coche sin volver a emitir ni una sola queja.

Antes de retornar definitivamente nos acercamos hasta el “dolmen” que perteneció a una necrópolis megalítica. El emplazamiento actual no es el original ya que se trasladó para salvarlo de quedar sumergido bajo las aguas del pantano tras su llenado. A cambio de perder su ubicación original -tan importante como la misma construcción-, se ha conseguido salvar el monumento para la posteridad.  



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.