miércoles, 3 de septiembre de 2014

Mulhacén: en busca del techo. (Sierra Nevada - Granada)

Entre sol y sombra, junto a la Carihuela.

Paso de los Guías. Una estrecha repisa que se pasa ayudado de una cadena.

Escarbando a la busca de sales y no quiso compartir su descubrimiento.

Cerro de Los Machos, cara este (3.329 m.). 

Asomado al Collado del Lobo: cabecera del río Valdeinfierno.

Joyas botánicas en la cota tres mil.

Desde el Collado del Lobo (3.149 m.).

Puntal de la Caldera, un tres mil olvidado (3.223 m.).

Laguna Caldera y Mulhacén, desde el collado de Loma Pelá.

En la cima (3.482 m).

Cabecera río Valdecasillas.

Desde el Mulhacén, circo glacial de la Caldera con el Veleta al fondo.

Amores que matan...

Me amenazaba con tirarse si no le daba migas de pan.

Laguna Hondera, la más baja del conjunto de Siete Lagunas.

Ruinas de edificaciones en la cima del Mulhacén.

Encrucijada de caminos a media subida del Mulhacén.

Asomado a los tajos del Mulhacén y la Alcazaba para concienciarme de mi pequeñez.
Refugio de La Caldera (3.065 m.).

Estos ángeles de la guardia sí tienen alas.

Refugio de Loma Pelá (3.120 m.).

Desde el refugio de Loma Pelá, Veleta y Machos.
Refugio de la Carihuela (3.205 m.).

Hasta la próxima...

Intentando captar la mejor cara del embalse de Las Yeguas.




Fecha: 27-08-2014                                                              Albergue Universitario                                    8’00h.
M.I.D.E.:2,2,3,4.                                                                   Posiciones                                                           8’30h
Duración: 7h30’  Lineal                                                    Collado Loma Pelá                                           10’10h                     
Desnivel en subida: 950 metros                                       Mulhacén                                                11’15-11’30h
Rangos de temperatura: de 15ºC a los 23ºC                  Refugio Loma Pelá                                 12’40-13’00h
                                                                                                Albergue Universitario                                     16’00h


Este año me he adelantado en la subida al Mulhacén, que se ha convertido en ”cuasi” hábito ya. En anteriores ocasiones la había postergado hasta mediados e incluso finales de otoño, pero éste, asaltado por las dudas de seguir con la actividad montañera semanal o irla espaciando, me he decidido a realizarla ya, por si acaso.

Hace un par de temporadas comentaba que cada año la subida me iba costando un poco más en fatiga y tiempo, este año no ha sido una excepción y consciente de ello he decidido aprovechar el microbús para ascender hasta las Posiciones, permutando una hora y media de andar por media de paseo y ahorrarme de camino medio kilómetro vertical.

Por ser miércoles y a primera hora había plazas de sobra, algo que no ocurre durante los fines de semana. Así que si alguno os animáis reservar con la máxima antelación posible (958480122), si de subir en sábado o domingo se trata. Me consta que a veces no bastan ni cinco días de antelación. Plazas vais a conseguir pero posiblemente no en el horario elegido.

Lo primero que me ha llamado la atención ya en el coche camino de los albergues ha sido, a pesar de ser noche cerrada todavía, el fuerte olor a quemado que he percibido cuando iniciaba la subida pasado Cenes. El incendio del pasado fin de semana, aunque no lo veía, me ha llegado nítido por su olor. Luego a la bajada ya si he percibido claramente el desastre.

Alrededor de las ocho y media, junto con otra decena de animosos excursionistas, una vez alcanzada Las Posiciones, rápidamente nos hemos repartido por la ladera del Veleta. La mayoría ascendiendo por la carretera en busca del refugio de la Carihuela con la intención de coronar la cima peninsular, alguno se ha introducido en el Corral del Veleta y algún otro, algo más adelante se ha decantado por subir a Los Machos, una vez sobrepasado el lagunillo. Los distintos ritmos a los que caminamos,  rápidamente nos han dispersado.

El paso de los Guías o por ser insuficientemente conocido o por la pequeña diferencia en tiempo que ahorra no anima a frecuentarlo, yo lo suelo hacer sistemáticamente a la ida dejando para el regreso las curvas de carretera y los metros de ascensión de  más, sobre todo si quiero ver las chorreras o el lagunillo.

Hoy tanto a la ida como a la vuelta he usado el paso, por lo que me he adelantado en el camino a mis ocasionales compañeros y sólo me he entretenido con algún caminante que desde el refugio Poqueira ascendía buscando llegar al Veleta, aprovechando mi cruce para solicitar alguna información desconocida o verificar la ya existente. A uno de ellos me lo volveré a encontrar a la vuelta, momento que aprovechará para indagar posibles recorridos para el día siguiente. Quiere aprovechar su estancia en el refugio para hacer las máximas visitas posibles.

Me detengo en el Collado del Lobo para, aparcando la mochila y los bastones, acercarme a la cornisa y disfrutar del espectáculo que a estas horas tempranas ofrecen las caras nortes del Mulhacén y la Alcazaba. A mis pies toda la cabecera del Valdeinfierno con lagunillos incluidos. A mi izquierda la cara este de los Machos con su dura presencia de piedras cuarteadas que parece imposible que sigan manteniendo el equilibrio en lugar de desplomarse cual arquitectura infantil.

Enseguida atravieso “la puerta”, tremendo bocado que le hicieron a la unión entre los Crestones y los Raspones para pasar la pista. Aquí la carretera inicia una suave pérdida de altura a la vez que se acerca hasta el grupo de lagunas de Rio Seco. Con dificultad las cuatro mantenían agua aunque una de ellas sin mucha esperanza de continuidad. La denominada "Baja" no se avistará hasta avanzados unos centenares de metros ya que queda oculta desde esta posición.

Tengo que decidir si continuar por la carretera y bordear toda Loma Pelá o atravesarla para remontar hasta el collado, desde donde se abarca visualmente el majestuoso circo glacial con la laguna Caldera ocupando su fondo. Opto por la segunda. El sendero muy marcado en esta época del año y sin restos níveos lo rodea por el norte, trazando un amplio semicírculo, siempre en descenso, se dirige hacia el refugio, pequeña construcción al pie del Mulhacén.

Antes de llegar al refugio e intentando mantener la máxima cota posible camino por la falda del Puntal de la Caldera (un tres mil ignorado por mi habitualmente y que tengo que corregir), para acercarme hasta el Collado del Ciervo, ya iniciada la loma del Mulhacén, donde se inicia la bajada a la Laguna de la Mosca (yo prefiero la denominación “del Mulhacén” mucho más adecuado por ubicación geográfica y bastante más bonita). Buen lugar también para asomarse al inicio del paso del tajo y apreciar unidas la grandiosidad y la verticalidad de estas caras nortes de los grandes.

He decidido seguir la ascensión por la misma arista del tajo, obviando el sendero que discurre surcando la loma algo más interior y que es la subida habitual. Apenas se dibuja a ratos un ridículo senderillo que desaparece en zona de rocas, tampoco hace falta, basta con seguir pegado lo máximo posible al tajo. El acceso es bastante más incómodo que el interior y no aconsejable en días de viento, pero a cambio se disfruta de las vistas permanentes hacia la laguna y todo el curso alto del río Valdecasillas, visión que se dilata hasta la junta de los ríos.

Una vez arriba, hoy casi en soledad, rememorar sensaciones ya sentidas aunque con matices diferentes, no en vano yo no soy el mismo que otros años ni la ascensión ha sido igual a otras. Me entretengo en localizar un par de chabolas, aun en pie, que me traen recuerdos juveniles de frías y largúisimas noches insomnes a la espera de amaneceres gloriosos.

Para el regreso me he propuesto acercarme a los tres refugios que en el transcurso de poco más de una hora voy a visitar. El primero a los pies del propio Mulhacén y junto a la laguna de la Caldera tiene una capacidad de 20 personas máximo. Hoy está limpio pero detrás de la puerta se acumula en una gran bolsa los residuos de muchas visitas y días. Sigo sin entender el porqué de dejar la basura casi a tres mil metros y no bajarla con nosotros. Compartir espacio con un montón de basura mientras se pernocta no me parece lo más saludable.

El segundo, allí donde la carretera corta Loma Pelá, es una pequeña construcción con cabida apenas para ocho personas. Me lo he encontrado limpio en el interior, no así su exterior en el que se hacen todo tipo de necesidades y sin alejarse mucho. La puerta tiene un par de bisagras descolgadas por lo que hay que mimar la apertura y el cierre si se quiere que siga cumpliendo su función. Su cercanía al anterior y su falta de visibilidad no ayudan a que sea muy frecuentado.

El tercero, La Carihuela, ocupa una privilegiada encrucijada de senderos, por altura y ubicación creo que es el más solicitado de los tres. En la propia loma y a los pies del Veleta se utiliza tanto para pernoctar como para descansar o comer. Al igual que el de la Caldera, acumula cierta cantidad de basura junto a la puerta en su interior. Desde su entrada se abarcan amplias panorámicas de las cumbres interiores, estamos contemplando el corazón de Sierra Nevada.

Dos de ellos, como podréis apreciar por las fotos tienen el mismo diseño, con una techumbre en semicírculo para facilitar la caída de la nieve que se va acumulando en su techumbre y con un poyato en su entrada que sirve a la vez de protección para la nieve como de asiento. El otro, bastante más pequeño, es de estructura rectangular y con la techumbre típica de las construcciones alpujarreñas: el terrao. Presenta también un largo escalón que ocupa toda su fachada.

La bajada decido hacerla por los Lagunillos de la Virgen. En mis regresos raramente me entretengo en Las Yeguas. Hoy decido hacerle algunas fotos al embalse, intentando captar su cara buena, conseguir esa imagen en que no se vean los diques que le construyeron intentando aumentar sus reservas para aprovechamiento del complejo de Borreguiles y que tan poco rendimiento aportaron. Sigue desaguando por filtración un centenar de metros por debajo del dique oeste, pero eso sí, con las obras mataron los amplios borreguiles que en esta laguna eran formidables.

Sólo me resta seguir descendiendo en busca del Albergue Universitario, junto al que dejé aparcado el vehículo antes de coger el microbús al iniciar la excursión, pero eso fue hace un montón de horas, de pasos, sensaciones y experiencias.

Leyenda del Mulhacén.

Cuenta la leyenda que el rey Mulay Hasan, padre de Boabdil, se enamoró de una cristiana capturada en una de las refriegas con los cristianos. Enseguida quedó enamorado de ella nombrándola favorita con el nombre de Zoraya -lucero del alba-, lo que relegó a la Sultana Aixa, madre de Boabdil a un segundo plano. Ésta no conforme, intentó levantar voluntades contra Mulay para que gobernara su hijo Granada. La avanzada edad del monarca junto al abandono de las tareas palaciegas ayudó a que fuera destronado por su hijo, refugiándose en el castillo de Mondújar.  

Vivía el monarca encerrado en una de las torres del castillo admirando permanentemente las cumbres de Xolair y escuchando historias sobre ella. Consciente de su cercana muerte manifestó su deseo de ser enterrado en el pico más alto de la sierra, lejos de los hombres y con la única compañía del estrellado cielo. Al morir, se dice que Zoraya, cumpliendo su deseo, le dio sepultura en lo mas alto de la sierra, entre las eternas nieves y rodeado por el silencio.

Desde entonces el pico más alto de la península lleva el nombre del rey nazarí que eligió perder un reino a cambio de un amor. A lo largo de los años se han hecho innumerables búsquedas de la tumba del rey en las altas cumbres de Sierra Nevada y de los supuestos tesoros enterrados junto a él, sin éxito hasta el momento.  


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.