miércoles, 20 de agosto de 2014

Integral Alayos (Sierra Nevada - Dílar - Granada)

Casi en el  límite superior de los pinos, en la falda ya de Picacho Alto se unen los dos senderos. 

A media subida, buena panorámica de Dílar pueblo y su vega.

Sierra del Manar con la Silleta al fondo.

Puros Alayos.

El collado de Picacho Alto donde comienzo el recorrido circular. De regreso pasaré de nuevo por él.

Coronado el primer hito importante me voy girando para apreciar el entorno.

De nuevo toda la depresión de Granada y su cinturón de pueblos.

Sierra del Manar. Cerrando las Sierras de Almijara, Tejeda y Alhama. 

Visualizando lo que me queda.

Algunas cimas de los Alayos que quedan fuera de mi recorrido.

La loma del Caballo cerrando el horizonte ya sin restos níveos.

De vez en cuando me gusta volver la vista atrás y ver mis progresos.

Curiosidades pétreas modeladas por la erosión.

Aquí se aprecia con nitidez el recorrido de parte del recorrido.

Enmarcando el rey de la media montaña: Trevenque.

Rápidamente apreciamos que tanto la cuerda del Trevenque como los Alayos pertenecen a la misma unidad.

Cima del Corazón de la Sandía, el pico intermedio.

El sol hacía brillar los matojos en la línea del horizonte. 

Los especialistas saben aprovechar cualquier oportunidad.

Hasta un amplio prado de alta montaña en medio de estas tierras calcinadas.

La vertiente norte de la cuerda de los Alayos, ya de regreso y a menor altura.

Panorámica de parte del recorrido de regreso.

El sendero en su primer tramo corre paralelo a este tapial, (finca que en su día perteneció al Marquesado de Dílar). 

Cuerda del Trevenque. Tres niveles: sendero y acequia, mas arriba la pista.




Fecha:13-8-2014                                                                                 Ermita Nueva                                     7’30h.
M.I.D.E.:2,3,3,4.                                                                                   Picacho Alto                                      9’15h.
Duración: 9h.  Semicircular                                                             Corazón de la Sandía                     10’15h.                
Desnivel en subida: 1.800 metros                                                    Castillejos                                  11’15-11’30h.
Rangos de temperatura: de 17’5ºC a los 31’5ºC                           Bifurc. Cuesta del Pino                 12’30h.C        
                                                                                                                Coll. Picacho Alto                           14’50h.
                                                                                                                Ermita Nueva                                   16’30h.

Alayos – ¿Galayos?:  Cada una de las prominencias agudas de roca desnuda que sobresalen de una montaña.

Para hoy había imaginado un recorrido semicircular que incluyera una integral de los Alayos, uniendo las cimas más emblemáticas a la ida  y un regreso que los recorriera igualmente a una cota más baja (media loma por su cara norte), consciente de que el regreso iba a ser, si cabe, más duro que la ida.

Los Alayos de Dílar son una formación dolomítica que al igual que la cuerda del Trevenque, se formaron a la par que los Pirineos y los Alpes durante el Triásico Superior (30 o 40 millones de años). Entre ambas formaciones discurre el río Dílar por un profundo barranco. Estos profundos barrancos conservan una vegetación específica y autóctona de gran valor. Además de las encinas y los pinos se desarrollan otra serie de plantas que se han adaptado a estos suelos ricos en magnesio como la vulneraria y erodium, las acompañan otras más frecuentes como aromáticas y propias de la media montaña nevadense.   

Todos estos picos culminan en llamativas aristas alpinas desde los que arrancan innumerables ramblas y barranqueras arenosas. Las lluvias erosionan estas rocas deshaciéndolas y las torrenteras las arrastran hasta los profundos barrancos donde acaban formando verdaderos ríos de arena.

Se me ocurren dos posibles inicios para realizar una integral de los Alayos. Una desde el Collado Sevilla, bajando hasta el río Dílar para remontar por la cara norte del Picacho Alto. La otra desde Ermita Nueva y rambla seca acceder hasta el Picacho. Yo me he decidido por esta segunda.

Hay que atravesar la población de Dílar en su totalidad, buscando la zona alta donde se ubica la Ermita Nueva. Junto a ella hay espacio suficiente para dejar el vehículo sin molestar a nadie. A la izquierda de la construcción un carril terrero se prolonga por más de un kilómetro que voy a seguir para acercarme hasta la línea de bosque por donde transcurre el primer tramo de sendero.

Discurre paralelo al tapial que delimitaba una finca privada. Es una pared confeccionada con piedra del lugar, apilada en seco y que debió tener una altura cercana a los dos metros. Hoy, muy deteriorada, presenta multitud de derrumbes e incluso falta en algunos largos tramos. Junto a ella, en paralelo discurre el sendero en suave pendiente hasta confluir con la carretera que asciende hasta Ermita Vieja, a partir de aquí el sendero aprovecha una reseca rambla arenosa para seguir ascendiendo hasta acercarme a los pies de Picacho Alto.

Pero antes, a medio camino me he topado con una numerosa familia de jabalíes. Han cruzado perpendicularmente el sendero, loma arriba. Abrían el desfile los dos adultos para enseguida aparecer en retahíla hasta cinco jabatos. Una vez que han cruzado todos y yo había reanudado mi caminar ha cruzado, como una exhalación, un sexto rezagado -debía ser el independiente de la familia-.

La primera subida es al Picacho Alto, una de las cimas emblemáticas de los Alayos y la situada más al oeste que eleva sus 1.776 metros sobre una relativa planicie donde se asienta la población de Dílar. El ascenso a primeras horas de la mañana se hace de forma “cómoda” por un sendero de piedra suelta y arena que va a ser el piso permanente durante toda la jornada. Una vez llegado al collado que hay algo por debajo del Picacho, acabo el tramo lineal para comenzar el tramo circular de la excursión de hoy.

Hay que remontar los escasos y pendientes metros que me separan de su puntiaguda cima, con apenas espacio y desde donde ya se abarcan amplias panorámicas. Desde arriba se domina buena parte de la vega de Granada, toda la cadena de montes que forman la Sierra del Manar con la Silleta al fondo y por supuesto la larga cuerda de los propios Alayos que voy a recorrer hoy. Apenas me encuentro con alguna dificultad en los primeros metros de bajada para no volver a aparecer durante el resto de jornada.

Enlazar, por las crestas, siguiendo un minúsculo sendero los siguientes hitos: el Corazón de la Sandía con sus 1.887 metros y terminar con el que ocupa el otro extremo de la cuerda, Castillejos que con sus 1.978 metros ostenta el techo de esta formación. En medio innumerables collaos, picos menores, e incluso algún prado de alta montaña extraño de ver en medio de estas formaciones que en algún momento se separan de la línea de crestas desviándose siempre hacia el sur.

El recorrido entre los picos extremos se hace mayoritariamente por la misma cresta excepto las escasas excepciones en que el sendero se descuelga unos metros, siempre por la cara sur, para esquivar algún accidente in-andable. Me llama la atención las numerosas “manchas blancas” que salpican toda la ladera. La todavía oblicua luz solar las hacer brillar aparentando espejos: son las miríadas de trampas elaboradas por las arañas al objeto de capturar el sustento, con preferencia sobre los piornos. Cuando el sol se eleve perderán esta llamativa y romántica imagen que ahora muestran.

Al llegar a la falda del último de las cimas (Castillejos) me despisto siguiendo el sendero y cuando quiero acordar me doy cuenta de que estoy descendiendo en demasía. Opto por abandonarlo y remontar monte a través para acercarme hasta la cumbre. Arriba aprovecho que la hora es propicia para comer algo y recrearme visualmente ya que se abarcan los dos barrancos: ríos Dílar y Dúrcal, toda la línea de crestas desde el Caballo hasta el Veleta y la imponente mole de la Loma de Dílar que trazando un amplio semicírculo en ascensión llega hasta las mismas puertas del embalse de las Yeguas.

Hacia el norte y enfrentada tengo la cuerda del Trevenque y algunas de las cimas que se levantan en la otra vertiente del arroyo Hüenes: Pico de la Carne, del Tesoro y los Pollos, por mencionar los cercanos. Desde la cumbre localizo el sendero que me va a servir de enlace, tras bajar buena parte de la Cuesta del Pino, hasta enlazar con otro sendero que de nuevo se adentra en los Alayos para recorrerlos en su totalidad, pero esta vez a media altura.

Larguísimo y hoy tedioso, por el calor, recorrido que me ha ocupado cerca de tres horas con un sol de justicia y un paisaje de piedra o arena blanca que no ayudaba al reverberar el calor y la luz. A su longitud hay que añadir las innumerables subidas y bajadas para salvar ramblas, esquivar zonas de pequeños tajos y otros accidentes.

No lo recordaba. Cuando ya aburrido de recorrer lomas pierde cota alarmantemente a la busca de enlazar con otro sendero que asciende por la cara norte y que comenté como la otra alternativa de acercamiento al inicio del relato, me ha pillado de sorpresa. Cuanto más se baja, más amplias son las lomas y junto al mayor recorrido, como al final tengo que desembocar en el Collado de Picacho Alto me veré, siguiendo el sendero, obligado a recuperar todos los metros perdidos.   

De regreso en el collado y cerrado el tramo circular del recorrido de hoy, comienzo definitivamente el descenso para repetir el tramo lineal que ya realicé a primeras horas de esta mañana, ahora más cómodo por ser en su totalidad en bajada y con más cansancio acumulado del previsto debido a las altas temperaturas y a los más de 25 kilómetros que he caminado hoy.

Si sólo se busca recorrer los Alayos, sin extras añadidos, recomiendo programar la salida a primeros de primavera o en el otoño tardío, ya que el calor en estas sierras es un factor a tener en cuenta y tan importante como el desnivel acumulado o la propia dureza del recorrido. En cualquier caso no olvidar llevar bebida suficiente, ya que no la encontraremos en todo el camino, a mi hoy no me ha sobrado nada de los casi tres litros que portaba.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.