miércoles, 30 de julio de 2014

Vereda de la Estrella (Sierra Nevada - Güejar Sierra - Granada)

Llegando al Abuelo.

Desde el suelo, mirando su amplia cobertura.

La característica forma de un curso fluvial de alta montaña.

La dirección del sendero es clara: hacia los grandes tajos de la cara norte de la Alcazaba y Mulhacén.

Hoy nos hemos encontrado con una atareada residente.

Y con qué esmero envolvía sus futuras comidas.

Bocamina de "La  Probadora.

Restos de las construcciones de la explotación minera.

Por cualquier barranco que cruzamos desciende un arroyo. 

Estas otras ruinas de La Estrella, junto al Guarnón.

Río Guarnón en su cruce con la vereda.


Tras largos años sin él hoy me lo he encontrado instalado de nuevo.

De nuevo junto al río Guarnón donde aprovechamos para refrescarnos.

Dándole la espalda a los grandes.

Alguien quiso vislumbrar un Moai en Sierra Nevada.

Río Genil junto al aparcamiento.

Hasta el río remoloneaba disfrutando de la sombra.

Balsas junto al aparcamiento para refrescarse.

Desde el Mirador volado de Güejar Sierra.

Noria instalada a la entrada de Güejar Sierra.


Fecha: 22-7-2014                                                                           Barranco San Juan                         8’00h.
M.I.D.E.: 2,2,2,2.                                                                             Abuelo                                                8’35h
Duración: 7h  Lineal                                                                     Desvío Vadillo                                   9’10h                        
Desnivel en subida: 700 metros                                                  Río Guarnón                                   10’10h
Rangos de temperatura: de 15ºC a los 27ºC                             Junta de los ríos                       11’10h – 12h.
                                                                                                           Barranco de San Juan                  15’00h



La montaña como desafío, el lento respirar del que se encomienda  a sí mismo para sortear la prueba, la mirada hacia atrás lo tranquiliza, el guía lo acompaña.

El guía le proveerá de comida, de bebida, le indicará cuando ha de hacer un último esfuerzo, le descubrirá los detalles aprendidos tras largas caminatas, le aconsejará para el futuro, le sanará las heridas… cuán importante es tener un guía en la montaña, y en la vida…

Elogios de un hijo.


La salida de hoy va a estar más cerca del paseo que de la excursión, al menos en relación a lo que estoy acostumbrado a hacer en mis caminatas semanales. La razón es que me acompaña mi hijo Javier y precisamente, a petición suya hemos escogido este itinerario por la escasez de desnivel que hay que afrontar a la par que tiene la longitud suficiente como para dedicarle una jornada, ya que su estado de forma no es óptimo.

Es un sendero profusamente conocido tanto por locales como por foráneos, ya que no es inusual encontrarse transitando por él a extranjeros. Es la vía principal de acceso al corazón del Parque Nacional de Sierra Nevada, si a la cara norte de los grandes (Mulhacén y Alcazaba) queremos acercarnos. Construida a finales del siglo XIX para dar salida al mineral (galena y pirita) de las varias minas que vamos a visitar. Además en su tramo inicial coincide con la penúltima etapa del Sulayr, al menos parcialmente.

Pero antes hay que acercarse hasta Güejar Sierra, para tras atravesarla llegar a Maitena, estación final en su día del tranvía de la sierra, aunque en horarios específicos prolongaba algo más su recorrido llegando hasta el Charcón e incluso hasta el Mesón de San Juan junto a la confluencia de éste con el Genil. Al mismo mesón podemos acercarnos con el coche por una estrecha carretera, a tramos asfaltada, otros simplemente cementada, que da servicio a una serie de restaurantes de verano, y que muere en la junta de los ríos Genil y San Juan.

El mesón de San Juan ocupa el final de esta estrecha carretera, donde a sus puertas, se ensancha formando una explanada que aprovechamos para dejar el coche. Aunque la Vereda de la Estrella nace algo antes, nosotros la vamos a iniciar en este punto. Tras cruzar el río Genil (el San Juan lo dejamos a nuestra derecha) por un puente de madera iniciamos con una corta subida el sendero  que va a acompañar el río durante toda la jornada por su margen izquierda.

Es una corta subida que aprovecha para ganar una cincuentena de metros, distancia que con escasos altibajos va a mantener hasta el final. Una vez superada la corta ascensión la Vereda llanea entre algunos almendros asilvestrados, robles y sobre todo castaños, la mayoría aislados, otros formando pequeños bosquetes. Abajo, junto al cauce la típica población de ribera, con chopos, fresnos y siempre el pertinaz arrullo del agua del río, que con el paso de los minutos llega a pasar desapercibido aunque siempre esté presente.

Cuando llevamos alrededor de media hora de marcha (unos de 2.3 kilómetros) pasamos bajo un árbol emblemático para todos los que transitamos este camino: el Abuelo. Es un enorme castaño, considerado como el árbol más longevo del Sulayr. En un magnífico ejemplar que llega a medir 8 metros de circunferencia en su tronco y cubre con su sombra alrededor de 300 metros cuadrados.

Pasar bajo él, por otro lado obligado, detenerse junto a su tronco y elevar la mirada hasta el cielo para apreciar la majestuosidad de su ramaje que se abre a ambos lados de la vereda ocultando totalmente el sol, es transitar desde la luz y el calor a la sombra y el fresco, para enseguida volver a ser deslumbrados por los rayos de sol.

Otra media hora de camino y llegamos a un cruce: a la izquierda la bajada que sigue el Sulayr encaminándose hacia el refugio Peña Partida, al frente nuestra vereda que seguiremos. El curveo es continuo lo que impide abarcar con la vista el recorrido, solo apreciamos que seguimos el propio barranco del río, vadeando las diferentes lomas que se descuelgan de las cumbres.

De pronto, las primeras ruinas de una de las minas de las que hasta los años sesenta del siglo pasado se extraían los tesoros cautivos en sus extrañas: siderita, pirita y calcopiritas. Hemos llegado a la mina de La Probadora. Aunque realmente lo que daba valor a la extracción era la obtención de cobre y plata.

Había previsto la curiosidad de mi hijo por visitar la galería de esta explotación, así que indicándolo la bocamina, le alargo una linterna y le invito a penetrar. Yo permanezco a la espera en la entrada. Al rato lo veo salir semicerrando los ojos deslumbrado por la intensa luz del exterior. Proseguimos, para enseguida, tras una corta bajada atravesar el río Guarnón (aquel que baja desde el Corral del Veleta) por un puente de madera.

La vereda sigue circundando lomas, que a partir de aquí se estrecha, aunque todavía nos tiene que acercar hasta otras dos explotaciones mineras, coetáneas con la anterior, para “acabar” en la Junta de los Ríos. Este nombre lo recibe el paraje en que se unifican los cauces del Valdeinfierno y el Valdecasillas.

Enseguida me percato, y se lo comento a mi hijo, de la reposición del puente que hace cinco o seis años fue desplazado de su ubicación por un alud y hasta ahora ni había sido recolocado ni sustituido, lo que dificultaba sobremanera el cruce del río sobre todo cuando iba crecido. Ya luce un nuevo puente de fuerte construcción, con más elevación que el anterior y mejor anclado en ambos extremos, aunque tardía la actuación mi enhorabuena a quien corresponda. Hemos caminado cerca de trece kilómetros ascendiendo alrededor de 700 metros.

Aprovechamos las robustas vigas del anterior, colocados en las cercanías como asientos, bajo la sombra de unos arbustos, para descansar y comer. A mi hijo, quizás por el cansancio y pensando en el regreso no le seduce la idea de visitar Cueva Secreta, así que cuando terminamos iniciamos el regreso.

Las condiciones han cambiado drásticamente, la verticalidad del sol se hace notar calentando la cubeta del barranco y la falta de brisa ayuda a recalentar el aire que se mantiene estático, haciendo la transito de la sombra al sol muy drástico. Hoy quizás, más que la longitud del trazado y la subida inherente a cualquier recorrido, ha pesado la alta temperatura que hemos soportado durante todo al regreso. Regreso en el que hemos invertido el mismo tiempo que en la ida y eso que era en bajada.

Sobre todo los pies de mi hijo, menos acostumbrados a las apreturas del calzado y en absoluto al terreno serrano, han acabado rebelándose mediante alguna ampolla y bastantes molestias. En definitiva, nada que no tenga arreglo con unos días de descanso y remojo en la playa, para eso está de vacaciones.

Si en lugar de haber porfiado hubiéramos llegado a la apuesta, habría ganado yo ya que aseguraba que durante el regreso, a pesar del calor reinante y la hora tardía, nos encontraríamos a más de uno haciendo el camino de subida; mi hijo no daba crédito cuando nos hemos cruzado a tres parejas soportando los rigores del mediodía. A nosotros que no nos importa madrugar, recordábamos la sombra y la excelente temperatura de la que hemos disfrutado durante todo el trayecto de ida, sin llegar a entender estas tardías salidas.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.