jueves, 15 de mayo de 2014

Jabalcón (Zújar - Granada)

Desde el coche, en las proximidades de Venta Vicario, el terreno presentaba este aspecto.

Foto de archivo, una mañana bastante mas soleada que la de hoy.

Inicio de la excursión.

Poco más arriba cruzamos el canal usado para el trasvase Negratín - Almanzora.

A media subida nos desviamos un centenar de metros hasta la caseta, por las vistas.

El pantano, cuando le daba el sol, mostraba infinidad de matices.

Una de las cuevas que nos encontramos durante la subida.

El frío hacía que el agua filtrada desde el techo formara carámbanos.

A partir de la cota 1.000 el suelo blanqueaba debido a la granizada caida. (Cedida por Antonio M.)

Al fondo divisamos la caseta, objeto de nuestra primera parada. (Cedida por Antonio M.)

El frío y ventoso día no nos ha dejado disfrutar plenamente.

A ratos, incluso temíamos que nos cayera un chaparrón y con aire frío y fuerte no es muy recomendable.

Nos acercamos a la cima, pero antes hay que soslayar algunos escarpados.

Mirador del Jabalcón


Vista del pantano de Negratín desde la cima

Junto al mirador las chaparras presentaban este aspecto totalmente congelado.

Original arquitectura de la Ermita para soportar mejor los vientos.

La población de Zújar al pié del Jabalcón.

Zona de "tierras malas" (badlands) a las orillas del pantano.

Descendiendo pasamos junto a esta peña a la que se le quieren ver similitudes: Oso

Entre el viento y la agilidad de las cabras desplazándose la foto no salió todo lo nítida que era de desear.

Casi acabado el descenso, junto a dos enormes balsas, aparecen los campos de almendros.

De nuevo en la carretera, camino de Zújar, nos despedidos del objetivo de hoy.



Fecha:26-3-2014                                                   Balneario                                8'00h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                      Caseta vigilancia                    9’15h
Duración: 5’30h. (Circular)                                    Mirador                                 10'30h
Desnivel en subida: 1.200 metros                          Ermita Ntra. Sra. Cabeza     11’00h.
Rangos de temperatura: de 5ºC a los 10ºC           Balneario                              13’30h.
                                                                                

Cada vez que atravesaba la amplia depresión en los que se asienta la población de Baza (Hoya de Baza), me llamaba poderosamente la atención un cerro: Jabalcón. Ubicado en medio de una relativa planicie donde abundan las pequeñas y redondeadas colinas, destaca la potente mole del cerro por altura y volumen. Si a ello añadimos que es frecuente verlo con un sombrero de nubes asentado en su cima, la llamada a la curiosidad, cual tótem gigantesco y natural estaba servida.

No he encontrado información sobre la procedencia del apelativo Jabalcón para este cerro, nombre del que yo hasta ahora sólo conocía su acepción como pieza de madera o metal utilizada en la construcción de techumbres, que evidentemente no es el caso.

Se eleva en el altiplano bastetano más de setecientos metros sobre su entorno, asemejando una isla caliza dolomitizada, sobre todo cuando la niebla extendida a ras de suelo sólo nos muestra la media montaña superior; o iluminada su cima a primeras horas de la mañana por los primerizos rayos del sol. Verlo solitario, alejado de la madre Sierra de Baza, cual hijo crecido con ansias de libertad, aparenta como si se hubiera desgajado de ella. Confundido antiguamente como extinto volcán por manar a sus pies diversos manantiales termales, está ubicado en el término municipal de Zújar y rodeado en su zona noroeste por el imponente pantano del Negratín.

Siempre me ha llamado la atención su majestuosa presencia pero hasta ahora no me había decidido a dedicarle en exclusividad mi interés durante una jornada serrana. Hoy acompañado por mi amigo Antonio M. vamos a intentar, si el tiempo nos lo permite, recorrerlo para a la vez que conociéndolo disfrutar, primero desde sus laderas y más tarde desde su cima las ya anticipadas y majestuosas panorámicas que seguro nos va a brindar.

Para ello tenemos que recorrer los 120 kilómetros, en su mayoría de autovía, que separan Granada, del balneario de Zújar, edificio moderno asentado casi en la misma orilla del pantano. Una vez llegados, lo sobrepasamos hasta llegar a un ensanche en la pista que circunda el pantano. Aparcado el coche y enfundados previamente en las ropas que llevamos, ya que aunque la temperatura no es excesivamente baja, las fuertes rachas de viento norteño, hacen que la sensación térmica sea bastante menor, iniciamos la marcha.

Habíamos acordado hacer un recorrido circular ascendiendo por ésta cara, hasta el extremo norte del Jabalcón, para recorrida toda la cumbre bajar por la ladera sureste, y tras circundar buena parte del cerro, acabar en el punto de partida. En total están previstos algo menos de 19 kilómetros y un desnivel acumulado que el gps ha evaluado en más de 1.200 metros, (desnivel que personalmente considero excesivo ya que el propio cerro sólo se eleva sobre su entorno unos 700 metros, aunque es cierto que hay tramos de rompepiernas durante el recorrido).

Junto a la explanada donde aparcamos arranca un carril en subida que deja a la izquierda una finca vallada con una llamativa hilera de palmeras, a la derecha y algo más arriba un gran invernadero. Una vez pasados ambos así como un amplio canal, hay que ir atento porque el sendero abandona el carril de forma muy discreta por nuestra derecha señalizado por un modesto apilamiento de piedras, justo antes de atravesar un pequeño barranco.

Al principio el sendero es poco visible aunque se puede seguir intuitivamente ascendiendo por la margen izquierda del barranco, al que acompañará hasta bien arriba. Vamos a caminar bajo un asentado bosque de pinos de repoblación de mediados del siglo XX, que ocupa toda esta cara norte de la montaña, con algunos ejemplares aislados de encinas y algunas chaparras (éstas ganarán relevancia cuando superemos la cota 1.000). La humedad del suelo favorece la aparición frecuente y extensa de zonas de musgos, allí donde las rocas afloran o la vegetación escasea, dejando claros.

Antes de cumplir la hora de camino y tras cortar el sendero varias veces una pista, alcanzamos un collado donde su ubica la caseta de vigilancia contra incendios. Hay que desviarse un centenar de metros por una rampa cementada, hasta llegar a ella. Cerrada y con cartel informativo de prohibido entrar, la rodeamos para admirar una bella y amplia panorámica de la base del cerro que hemos abandonado hace un rato y la impactante franja azul del embalse que se extiende a nuestros pies, ocupando y adentrándose como dedos en los diferentes barrancos adyacentes.

Desde aquí ya se domina buena parte del embalse del Negratín, tercero por capacidad de Andalucía (567 hm. cúbicos), que nos muestra un amplio espectro de tonalidades que van desde el verde al turquesa con infinidad de matices intermedios. Las fuertes y frías rachas de aire además de irisar fuertemente la lámina de agua allá abajo, no nos hace muy agradable la estancia aquí arriba, por lo que abreviamos y retomamos la subida buscando la protección de la montaña.

Justo en la curva del collado arranca de nuevo el sendero (muy visible desde la bajada de la caseta) para, en dirección norte, salvar unos majestuosos tajos que dominan esta parte del cerro. Aparecen los restos de una reciente granizada que el frío reinante no ha permitido fundirse, ni siquiera compactarse. Pasamos junto a unos cortados que contienen pequeñas cuevas utilizadas por los pastores como rediles, de ello da fe la composición del suelo, y de cuyas techumbres logran filtrarse finos hilos de agua que hoy formaban algunos carámbanos. En este punto (¿cueva de los almendros?), perdemos temporalmente el sendero y ascendemos según nuestro criterio durante un trecho. Una vez alcanzado el collado nos reencontramos con el sendero que a partir de aquí, además de cambiar diametralmente de dirección, llanea.

Aunque desde abajo apenas se aprecia, estamos en el extremo norte de la larga loma que conforma el Jabalcón. Ahora caminamos hacia el sur con los diferentes grupos de antenas (singularidad más llamativa de la cima), a la vista. Son una sucesión de antenas de telefonía, radio y televisión que ocupan la larga línea de cresta de la cima del Cerro. Altos postes de fuerte impacto visual, ya que algunos de ellos llegan a tener colgada toda la “vajilla” (hasta veinte receptores-emisores), por lo que rápidamente nos cuestionamos la extrema dificultad que debe suponer aunar y compartir recursos e imagino que ahorrar gastos (algo que en este país parece impensable).

En medio de la línea de antenas un circular mirador sobre entarimado de madera (hoy intransitable por estar húmedo y helado, una pista de patinaje) y un par de amplios paneles explicativos del terreno que desde aquí se divisa. Las rachas de viento incrementan su velocidad superando los ochenta kilómetros, lo que hace la estancia muy molesta. Toda la larga cresta blanquea por los restos de granizo, que cobran mayor presencia por la superior cota en la que nos movemos. Junto al Mirador unas chaparras, totalmente heladas, soportan estoicamente los embates del viento y nosotros con ellas.

Pero tenemos que seguir, al menos hasta el extremo sureste del Jabalcón (1.481 m.) y punto más alto de este promontorio ocupado, como no podía ser menos, por otro grupo de antenas y el edificio modernista de la Ermita de Nuestra Señora de la Cabeza. Edificio construido por un arquitecto local que le dio su original forma para mejor soportar los fuertes vientos reinantes en esta cima. Hasta aquí el último domingo de abril, desde el siglo XVI, ascienden los devotos en romería. Dada su orientación y el permanecer cerrada impide que apenas nos brinde resguardo contra el aire, por lo que decidimos iniciar la bajada en busca de abrigo.

Tras descender unos metros por la empinada pista de servicio llegamos a una zona de aparcamiento, donde nace una, llamemos carretera de tierra, que soportando unos desniveles bestiales y curvas imposibles, se desliza aprovechando un desfiladero natural para perder cota de forma vertiginosa hasta acercarnos a dos enormes balsas que azulean ya en la base del Cerro, junto a extensos campos de almendros que van dejando caer la flor, hoy de forma acelerada, ayudados por las fuertes rachas de viento.

A partir de aquí seguimos una carretera en sus primeros metros asfaltada, para optar enseguida por un carril de tierra que aparentemente es el que presta servicio al canal que trasvasa agua desde el Pantano Negratín al Almanzora, ya en la provincia de Almería. Esta carretera va a ir circunvalando, a media loma, todo el Cerro en su vertiente suroeste.

Al principio divisamos la población de Zújar lejos y abajo, pero conforme vamos avanzando nos vamos acercando a ella hasta sobrepasarla y dejarla atrás. Esta circunvalación de casi cinco kilómetros es bastante llana hasta llegar junto a un enorme cilindro de hormigón. Aquí tras acercarnos hasta su base, enlazamos con otra pista que en un par de bruscas bajadas pierde cerca de 100 metros. Fuerte pendiente con piso de grava suelta y pequeña que a punto ha estado en varias ocasiones de provocarnos una “culetá”, ya que el agarre de las botas se mostraba insuficiente.

Sólo resta proseguir hasta llegar, junto al canal, ahora descubierto, salvarlo por un puente y acabar de descender por el único y corto tramo lineal del sendero hasta el aparcamiento. Ya junto a los coches y sin el molesto aire que nos ha acompañado buena parte de la mañana, aprovechamos para tomarnos el bocadillo antes de reiniciar el regreso hasta Granada.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.