martes, 7 de enero de 2014

Alcalá la Real (Jaén)

Fachada de la Iglesia de San Antón.

Todas las calles de acceso hacia la fortaleza ostentan fuerte pendiente.

Iglesia de San Juan con su atípica estructura.

Escalinatas para distintos largos de piernas.

Los viejos muros nos indican que nos acercamos.

Acceso al Rincón de los Poetas, espacio ajardinado.

Primera vista de la ciudad desde La Mota.

Puerta de las Lanzas y no será la única que atravesaremos.

Mazmorras.

Puerta de la Imágen, aunque ésta está por la otra cara.

Segunda mirada hacia la ciudad.

Ruinas de la primera iglesia de Alcalá: Santo Domingo de Silos.

Arco del Peso de la Harina (me trae recuerdos granadinos).

Uno de los accesos a la Iglesia Abacial del Cerro de la Mota.

Arrabal viejo.

Iglesia Mayor Abacial y torres defensivas.

Capilla Bautismal.

Suelo actual de la Iglesia Mayor.

Recreando la historia.

Torre del Homenaje.

Otra vista de la Iglesia Abacial.

Bodega.

Fachada del Convento del Rosario, S. XVI-XVII, ya bajando.

Fuente junto a la Iglesia de la Encarnación.

Pilar de los Álamos.

Una de las salas del Museo de la ciudad.

La ciudad vieja mirada desde la nueva.

Regresando.



Alcalá la Real (Jaén)
17-11-2013

Esta población de rancia historia está enclavada en la zona montañosa del sur de la provincia de Jaén, así en su término encontramos desde enclaves situados a los 400 metros como Fuente Álamo los 1553 m del pico de la Martina. Esta diversidad de alturas ayuda a que las temperaturas también cubran un amplio abanico: desde los -6ºC en invierno a los más de 35ºC del verano.

Esta población cuenta con casi 23.000 habitantes, que además agrupa hasta dieciséis aldeas repartidas por los más de 260 kilómetros cuadrados del municipio. Ubicado al sur de la provincia de Jaén, linda con Córdoba y Granada, fue durante años también frontera entre territorios al final de la estancia musulmana en el pais.

Mientras nos acercamos, al recorrer los poco más de 50 kilómetros que la separan de Granada, podemos apreciar en los montes aledaños, profusión de atalayas. El carácter defensivo, ya que fue frontera con el reino de Granada durante años todavía se hace notar en estos territorios. Son construcciones cilíndricas de alrededor de 11 metros de altura por 5 de diámetro, constan de una habitación interior cubierta por una bóveda y una escalera para subir a la terraza. Esta terraza además de punto de observación se utilizaba para quemar haces de esparto para comunicarse con enclaves limítrofes. Existieron hasta 15 de ellas de las que se conservan actualmente 12 que establecieron el círculo defensivo cuyo centro era la propia atalaya de la Mota.

La quema de esparto seco durante la noche para que las llamas tuvieron visibilidad desde las atalayas próximas y durante el día se quemaba haces de esparto húmedo para que la columna de humo fuera suficientemente visible. Era un eficaz sistema de alertar de incidencias y servía para comunicarse a grandes distancias. Las atalayas siempre estaban a la vista unas de otras, ocupando enclaves elevados y significativos.

Aunque cuenta con poblaciones datadas a finales del Neolítico, va a ser la ocupación islámica la que le da nombre y reconocimiento. Ocupada desde el siglo VIII hasta su conquista en 1341 por Alfonso XI, que le aplicó el apelativo de la Real por su privilegiada posición, lo que la convertiría posteriormente en “llave, guardia y defendimiento de los reinos de Granada”.

La ciudad fortificada ocupando el Cerro de la Mota perdió relevancia tras la toma de Granada por lo que la población, saliendo del recinto amurallado superior, comienza a descender de la colina para asentarse en las faldas de la montaña, aproximándose a las tierras de cultivo, perdiendo la fortaleza interés y cayendo paulatinamente en el abandono. En la retirada de las tropas napoleónicas le prendieron fuego calcinando prácticamente todo el enclave, como era costumbre de los franceses al abandonar un enclave estratégico.

Consta de tres áreas bien diferenciadas: por un lado la Iglesia Mayor Abacial. El espacio interior se reparte en tres naves con un gran coro a sus pies destacando la Capilla Bautismal con su doble portada renacentista, de origen gótico, fue remodelada tras la toma de Granada ya en el estilo imperante, el renacentista.

Alcazaba, recinto triangular con tres torres (del Homenaje, de la Campana y de la Vela) siendo la primera la mayor de ellas con casi 20 metros de altura desde cuya terraza se puede divisar Sierra Nevada. Las tres torres son excelentes miradores desde los que se abarca toda la comarca.

El entorno amurallado (siendo uno de los más amplios de toda Andalucía), está salpicado de puertas y pequeñas torres. Entre las puertas cabe destacar la Torre de la Cárcel y la Puerta de la Imagen junto a la que estaban las Carnicerías por arriba y las mazmorras por debajo aprovechando abrigos y cuevas de la propia pared rocosa en que se cimenta todo el conjunto. El resto del terreno está ocupado por los numerosos restos de las edificaciones que lo llenaron a través del tiempo: aljibes (imprescindibles para el sustento de la población), silos, molinos, bodegas, etc.

Ya en la ciudad no podemos dejar de visitar el Palacio Abacial. El actual corresponde al siglo XVIII, cuando la población abandona los asentamientos en la cima del cerro para ocupar los llanos a sus pies. Posee un claustro interior con patio cuadrangular y tres galerías que dan al mismo. Actualmente alberga el Museo de Alcalá la Real además de una oficina de información turística. Entre sus posesiones destaca por su perfección una pequeña talla de Hércules en mármol datado del siglo I.

Tras visitar estos dos enclaves recomiendo pasear por la ciudad. El centro de la ciudad se articula siguiendo lo que fue en su día la carretera nacional Granada – Córdoba (Pilar de la Mora y del Llanillo), concentrándose en sus alrededores edificios civiles y religiosos de interés: el Pilar de los Álamos, el mencionado Palacio Abacial, iglesia de la Encarnación (siglo XVII de las Hermanas Dominicas), con un llamativo artesonado o hacer un tranquilo paseo por el barrio de las Cruces.

En nuestra ascensión al Cerro de la Mota hemos partido de la Iglesia de San Antón para subir por la empinada calle Abad Moya, continuar por la de Veracruz, visitar la Iglesia de San Juan antes de acceder al Pilar de los Álamos ya junto a la oficina donde adquirimos los billetes de entrada a la fortaleza. Esta misma entrada incluye la visita al Palacio Abacial en la ciudad con su interesante museo. Antes de seguir subiendo nos podemos demorar paseando por el Rincón de los Poetas. Espacio ajardinado que recuerda a los personajes ilustres de la ciudad.

Tras atravesar las puertas de entrada y antes de llegar a la Torre de la Cárcel, dejamos a nuestra izquierda y en un plano más bajo las ruinas del Arrabal viejo y de lo que fue la primera iglesia de Alcalá la Real: Santo Domingo de Silos. Aunque junto a la entrada reparten un pequeño plano del conjunto junto con una auto-guía, nosotros preferimos ir por libre visitando los enclaves que nos llamaban la atención sin seguir rigurosamente el orden aconsejado.

En fácil perder la noción del tiempo dentro del recinto, cosa que no aconsejo si se quiere ver el audiovisual que proyectan a horas determinadas dentro de la Iglesia. Altamente interesante y de sólo quince minutos de duración con la posibilidad posterior de subir a un piso superior donde se ha habilitado un pequeño escenario histórico. Recomiendo no ubicarse cerca de los altavoces ya que el sonido de por sí está, para mi gusto, excesivamente alto.

Aprovechamos la estancia para buscar por el centro algún sitio donde comer, porque ya va siendo hora y porque el fresco día que hemos elegido para la visita nos tiene ya algo minados, pidiéndonos el cuerpo un rato de asueto. El frío aire se deja notar en toda la población y las calles que tienen orientación sur norte dejan notar su baja temperatura además de por las rachas que las recorren en total libertad, por permanecer buena parte de la jornada en umbría.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.