viernes, 15 de noviembre de 2013

Cabeceras de tres ríos: Monachil, Dílar y Dúrcal (Sierra Nevada - Granada)

Cabecera del río Monachil.

Borreguiles que dan nacimiento al río.

Cabecera del río Dílar.

Cabecera del río Dúrcal.

Laguna/Embalse de Las Yeguas.

Formas que adquieren los neveros.

Lagunillos de la Virgen.

Alguno se ve casi rodeado de nieve todavía.

Aquí comienzo a descender.

Rosario de lagunillos en la cota 2.740 m. (De la Ermita).

Espejismo verde.

Nacimientos ferruginosos.

Uno de los manantiales que nacen en la cabecera del río Dúrcal.

Pequeña laguna del Puesto del Cura.

También los animales eligen verdes prados para su final.

En busca de referencias visuales.

Terreno por el que a trechos tengo que caminar.

Lagunillo  Misterioso (en la cabecera del Dílar).

Aguas cristalinas.

Cuando van creciendo los arroyos.

Aquí los arroyos pierden altura rápidamente.

Observatorio Sierra Nevada  coronando la Loma de Dílar divisoria de las cuencas de los ríos Monachil y Dílar.



Fecha:21-8-2013                                                                    Hoya de la Mora 7'30h.
M.I.D.E.:3,3,3,4.                                                                       Lag. Yeguas 8'45h
Duración: 8h. (Semicircular)                                                   Lag. de la Ermita 9'45h.
Desnivel en subida: 800 metros                                              Lag. Puesto del Cura 11'30h-12h.
Rangos de temperatura: de 13'5ºC a los 23ºC                       Lagunillo Misterioso 13'30h.
                                                                                                  Radiotelescopio 14'35h.
                                                                                                  Hoya de la Mora 16h.


Hay un dicho montañero que afirma:
hay que subir como un viejo para llegar como un joven”
Pero yo os aseguro que es mejor ser joven que viejo para comprobar la veracidad de la afirmación.

Hace unas semanas estuve recorriendo la cara este de la sucesión de cimas que unen La Carihuela con El Elorrieta. Hoy voy a visitar en mi excursión la cara oeste de los Tajos de la Virgen y el Tozal del Cartujo. En realidad lo que voy a recorrer son las cabeceras de tres de los ríos que nacen en la cara oeste de Sierra Nevada: Monachil, Dílar y Dúrcal. Aprovecharé para visitar las lagunas y lagunillos que están en mi recorrido: Yeguas, Lagunillos de la Virgen (4), De la Ermita (4), Misterioso, Carnero y Puesto del Cura ya que la de La Mula hace semanas que está seca.

Para ello me acerco con el coche hasta el Albergue Hoya de la Mora donde lo dejo en el aparcamiento para iniciar la jornada. A menos de media hora se bifurca el camino que hasta ahora era común para la subida al Veleta. Avanzo cien metros escasos por la carretera de Borreguiles para coger el sendero que dejando el complejo a la derecha remonta hasta el collado (en la cabecera de la Loma de Dílar, donde se encuentra el Observatorio de Sierra Nevada (2.896 m).

Todo este recorrido de una hora aproximadamente lo hago por la cabecera del río Monachil. Las primeras aguas que forman este río nacen a los pies de la gran loma del Veleta. Aunque dispersos en su cabecera y mermados por el acopio que se hace de su agua para llenar las lagunas artificiales de la estación de esquí. En este recorrido de subida voy atravesando diversos borreguiles con sus respectivos arroyos que más abajo, ya unidos, formarán el río que recibirá el nombre a partir de Pradollano.

Es de los tres que voy a recorrer hoy el que tiene un nacimiento a cota más baja coincidente con la zona ocupada por las pistas de esquí y el complejo de construcciones más altas dedicadas a restaurantes e infraestructura de telesillas y telecabinas. Sembrado de postes para los remontes y cañones para la producción de nieve artificial se ve surcada por numerosas vallas y señales indicadores de las pistas.

Una vez que traspaso la Loma de Dílar, cambio de cuenca para adentrarme en la del del río Dílar. La propia loma hace de divisoria entre ambos. Al igual que la anterior son amplias cañadas que nacen muy arriba, cerca de la cota 3.000, a los pies de la línea de crestas que se prolongan hasta el Cerro del Caballo. Cuando el río acumula suficiente caudal irá formando el acostumbrado barranco en V típico de los ríos de alta montaña que veremos algo más abajo. Esta segunda cabecera si tiene nacimientos definidos como son los desagües de la Laguna/Embalse de las Yeguas y el de los Lagunillos de la Virgen, punto más alto de mi caminar hoy (2.900 m).

A partir de aquí toca descender porque esta cara oeste de la sierra es abrupta y altamente escarpada, se precipita perdiendo altura rápidamente formando grandes tajos, afilados espolones y extensos cascajales difíciles de transitar. Como hoy no era de mi interés hacerlo difícil he de perder altura rápidamente a los pies de los Tajos de la Virgen para acercarme a un cuarteto de lagunillos que entre grandes borreguiles y algunos ventisqueros que se resisten a dasaparecer se asientan muy juntos entre sí en la cota 2.560 m.

La cabecera del río Dílar es amplísima por lo que en su recorrido me voy a encontrar diferentes afloramientos con sus pastizales correspondientes, algunos de ellos ferruginosos, aportando al suelo que recorren su típico color rojizo, antes de diluirse en algún otro arroyo mayor. El continuo subir y bajar está asumido desde el principio porque hay que atravesar varios espolones con sus llamativas crestas afiladas que rápidamente recuerdan a los Crestones o Raspones de la pasada semana, son formaciones típicas de la acción glaciar a la que se vió sometida toda esta sierra en épocas anteriores.

Termina esta cuenca en la Cuerda de la Dehesa que a su vez es continuación de la Loma de Peñamadura. Contrasta esta Cuerda de la Dehesa por sus formas redondeadas, con menos rocas superficiales y bastante más tierra a la vista. Aquí, si la época de visita no es muy avanzada podemos visitar diversos encharcamientos, muy someros y efímeros a los pies de los extensos ventisqueros que permaneces, estas charcas no tienen nombres asignados. Una vez alcanzado el collado correspondiente vuelve a cambiar drásticamente el paisaje: las rocas vuelven a aflorar y los cascajales se vuelven a mostrar en todo su esplendor. De nuevo me toca descender para ya en la cuenca del río Dúrcal salvar algunos tajillos. Ya desde el collado aprecio el nacimiento de la acequia de Los Hechos que tras recorrer mas de diez kilómetros llevará su agua a la cuenca del río Torrente.

Pero yo me voy a mover casi doscientos metros más alto, intentando no perder la cota conseguida ya que pretendo recorrer toda la cabecera para terminar, si lo encuentro, en el lagunillo del Puesto del Cura, final planificado para la excursión de hoy. Pero desde el collado la amplitud del recorrido casi echa para atrás. No ayuda a emprenderlo ver que el tramo de vereda (por fin un tramo visible) pierde altura alegremente para salvar por debajo unos tajos.

Una vez tomada la decisión me lanzo a recorrerlo para terminado el tramo de bajada adentrarme en un pequeño barranco donde me encuentro uno de los nacimientos más abundantes de agua de toda la mañana. Justo al lado del sendero antes de perderse para el resto del recorrido, me sorprende una de las fuentes del río Dúrcal. Más adelante cruzaré el barranco central todavía no muy marcado del cauce y mas adelante aun tendré que hacer de equilibrista en un tramo de rocas sueltas que me obligan a pasar apoyandome en sus aristas.

Al final lo encuentro. La laguna es muy difícil de encontrar si previamente no se ha sabido ubicar, por su pequeñez, por estar situada en una cubeta encerrada entra grandes bloques pétreos que la ocultan hasta que estoy justo a su lado y porque por el lateral por el que me aproximo no se divisa el arroyo que forma su desagüe. Engañosa ésta pequeña laguna que en su juventud tuvo que tener bastante más entidad.

La baja cota a la que se encuentra (2.550 m) no le hubiera permitido subsistir sin aportes importantes de agua que actualmente no se aprecian por ningún lado debiendo ser todos ellos subterráneos. Su ubicación bajo los Tajos Altos (3000 m.) es seguramente lo que le salva aportándole el agua necesaria. La he rodeado saltando de peña en peña para comprobarlo, lo que si he visto es que bajo las piedras se extiende la lámina de agua bastante más de lo que a primera vista aparenta. Los grandes bloques de piedra desprendidos de la ladera le han debido restar buena parte de su espacio original y me temo que cualquier otro desplome la oculte definitivamente y candidatos rocosos medio sueltos en la ladera no faltan.

Aquí decido parar media hora para descansar y tomarme el bocadillo. Aprovecho para descalzarme y que los pies se estiren. El caminar sobre las aristas de las piedras acaban, a pesar de las botas, haciendo mella en mis pies maltratados. No se me ocurre mojarlos ya que se reblandecería la piel, con lo que el remedio sería peor que la enfermedad para el regreso. Tras el rato de descanso hay que retomar el caminar ya que como mínimo me quedan otras cuatro horas hasta regresar al punto de inicio.

Dado que apenas si visualizo sendero y que los hitos son escasos decido improvisar y regresar allá por donde mi criterio me aconseje sin tener en cuenta el recorrido de la ida. En ocasiones asciendo bastante más que ésta mañana y en otras me dejo caer para visitar algún prado o zona encharcada que por su verdor, estos pequeños “oasis” ademas de alegrar la vista son un refugio dentro de la aridez extrema circundante para muchos insectos y aves. Así me encuentro un par de charcas junto a unos ventisqueros o una extensa colección de blancos huesos en unos pradillos que atravieso.

Me acerco al Lagunillo Misterioso (2.550 m.) no visitada en la ida por haber transitado por otra cota. Pequeña y escondida laguna también entre bloques pétreos, con peligro también de desaparición ya que los desprendimientos le van comiendo espacio en su cabecera; protegida por la Arista del Cartujo, espolón pétreo que desciende desde la cima y que tengo de él malos recuerdos ya que en alguna visita anterior lo subí y me dejó marca perdurable por el sufrimiento que acumulé.

Desde aquí, teniendo de nuevo a la vista la antena y el Observatorio trato de hacer un recorrido lo más cercano a la línea recta posible. Quiero acabar junto al Observatorio porque desde su altura puedo apreciar casi en su totalidad las dos cuencas: Monachil y Dílar a derecha e izquierda respectivamente, dado que estoy justo en la cima de la loma divisoria. Sólo queda descolgarme monte a través buscando enlazar con el sendero que me conducirá hasta los albergues para dar final a la jornada.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.