sábado, 28 de septiembre de 2013

Cañadas del Goterón y Calderetas II. (Sierra Nevada - Granada)

Desde la lejanía se aprecian las chorreras.

El emplazamiento elegido para pasar la noche.

Mirando barranco abajo.

Un nuevo día.

De nuevo en  Siete Lagunas.

Múltiples arroyos recorren la cañada de Siete Lagunas.

Ventisqueros erosionados por el agua.

Lagunillo de Peñón Negro.

Laguna de Peñón Negro

Su poca profundidad permite una temperatura ideal para el desarrollo de las algas.

Recorrida en todo su perímetro no avisto aportes superficiales relevantes.

En la orilla de la laguna de Peñón Negro pasamos un par de horas.

Pilladas "in fraganti" (familia lycaenidae)

Estos pequeños saltamontes se encontraban a miriadas en la ribera de la laguna.

Apolo muy deteriorada por los constantes vientos que tiene que soportar.

Curioseando.


Fecha:10/11-7-2013                                                        Capileira 8'40h.
M.I.D.E.:3,3,3,3.                                                                 Alto del Corrillo 9'35h
Duración: 7h30' (31.300p) (Lineal)                                Siete Lagunas 11'40h.
Desnivel en subida: 500 metros                                       Goterón 14h
Rangos de temperatura: de 19ºC a los 31ºC                   Calderetas 15 a 18h.


Actualmente, solo vivimos buscando el máximo rendimiento a todo. Lo que no aporta beneficios inmediatos acaba por ser eliminado.Generalmente no se toleran ni la diversidad ni la sencillez. Mas allá del consumo materialista, no encontramos elementos que den significado a la existencia. Pero no somos solo materia; necesitamos incorporar también la belleza, el asombro, la humilde capacidad de emocionarnos (Susanna Tamaro).
Cenar algo y preparar la tienda para cuando no haya luz, quedamos a la espera de que anochezca y poder apreciar el cielo estrellado, nuestro segundo objetivo de esta excursión. El sol va escalando posiciones en la colina que se encuentra a nuestras espaldas y nosotros con ella buscando los últimos rayos de sol. Aunque poco antes de las siete de la tarde el sol deja de calentar en nuestra ubicación no se hace de noche hasta bien pasadas las diez. El tiempo se hace largo porque además una vez oculto el sol por la mole de la Alcazaba la temperatura desciende rápidamente aunque no de forma drástica. Apenas si corre una suave brisa.

En una de nuestras inspecciones del grado de oscuridad reinante divisamos a contraluz un solitario murciélago revoloteando por el entorno, algo extraño a esta altura y con temperaturas presumiblemente muy frescas pasadas unas horas. Por fin, alrededor de las once de la noche, el firmamento “luce” con todo su esplendor. Nos llama la atención no sólo la cantidad de estrellas visibles, posiblemente duplique o triplique las observables desde Granada, sino su nitidez e incluso nos parece apreciar profundidad y por supuesto el brazo espiral de la galaxia donde estamos, la Vía Láctea como una estrecha mancha nubosa más clara que de suroeste a noreste se dibuja nítidamente en el firmamento.

Este espectáculo, difícilmente observable desde las ciudades por la contaminación lumínica ya de por sí hubiera justificado la excursión. Esta visión ha despertado la imaginación a través del tiempo en los distintos pueblos por lo que han surgido diversas leyendas en torno a ella: la columna vertebral de la noche para los habitantes del Kalahari; para los chinos rio por el que viajan las almas de los muertos; el Nilo que continuaba hasta el cielo para regar las moradas de los dioses; río que subía hasta el cielo las aguas para formar las lluvias, según los incas; reguero de leche de la diosa Hera desparramada al negarse a amamantar a Hércules niño; aparición del apóstol Santiago a Carlomagno indicándole la Vía Láctea como guía para llegar a Compostela; serpientes, otros caminos, etc.

La noche ha sido muy larga e incómoda. Definitivamente no estamos acostumbrados a las molestias e incidencias que supone el dormir sobre el suelo directamente, los viejos huesos son difíciles de acomodar en un terreno duro, todo ello aunado con un constante rumor del agua del riachuelo que pasa a pocos metros y los roces de las telas de la tienda movidas por la brisa racheada de la noche. Todo han sido vueltas y revueltas dentro de un estrecho saco con el brazo por almohada a la espera de apreciar las primeras luces del amanecer mientras vamos acumulando el dolor en todo el cuerpo. Lo positivo, que cansados de estar a duermevela buena parte de la noche, al amanecer te “vence” el cansancio y acabamos disfrutando un buen rato de sueño.

Poco después de las ocho de la mañana el sol ya calienta nuestra ubicación y cuando nos asomamos al exterior percibimos con sorpresa, que se está fuera mejor que dentro. Es la señal de activarse y empezar la jornada. Un ligero lavado en el arroyo con el agua helada nos ayuda a despertar. Comer algo, recoger la tienda, conseguir meter todos los pertrechos en las mochilas, asegurarse de no dejar nada, ni útil ni inútil en el entorno y comenzar el regreso.

Por la mañana, después de una mala noche, conviene comenzar a andar despacio, sobre todo por entre los canchales donde el correcto apoyo es vital para el equilibrio y para la integridad. Aunque nosotros estemos despiertos, el cuerpo cargado, después de largas horas de inactividad, cansancio y musculatura aun laxa solicita mimos o al menos no excesivo maltrato.

Rápidamente vamos ganando agilidad, tensión muscular y seguridad en el caminar. Ayuda la buena cuesta que tenemos que afrontar hasta coronar el collado, ya en la loma de la Alcazaba, donde acaba la subida y comienza el llaneo con suaves descensos hasta Siete Lagunas. De nuevo en el amplio circo glaciar de Siete Lagunas y dado que no tenemos prisas, nos demoramos recreándonos con los múltiples riachuelos que unen las diversas lagunas, los ventisqueros horadados por los cursos de agua, los verdes prados y borreguiles que circundan las lagunas.

Hoy está concurrida la laguna Hondera. Frente a nosotros hay un grupo numeroso de excursionistas, rápidamente se distinguen los chavales, mayoría dentro del grupo, por el bullicio que aportan y sus desplazamientos, siempre corriendo para cualquier sitio. Cada vez me maravilla, o ¿será envidia?, la capacidad que ostentan los crios para recuperarse después de un esfuerzo. Luego cuando pasamos junto a ellos nos enteramos de que ya llevan dos días por la sierra y tienen programado permanecer otros cuatro. No puedo evitar acordarme de mis prolongadas estancias en la sierra en mis años juveniles.

Ahora sí tomamos el sendero correcto para volver hasta el Chorrillo. En nuestro caminar divisamos, algo por debajo del sendero, el lagunillo del Peñón Negro muy escaso en superficie y profundidad a pesar del par de hermosos ventisqueros que lo alimentan, lo que indica que está prácticamente colmatado y no le queda una larga existencia, sin detenernos proseguimos hasta acercarnos a la laguna de Peñón Negro (2.750 m.) donde pensamos quedarnos hasta que se aproxime la hora de volver al microbús que nos ha de bajar hasta Capileira.

De esta laguna Negra guardo recuerdos lejanos ya que sin tener conocimiento de ella me la “encontré” uno de esos días que salí a la sierra sin objetivos fijados y me dediqué a rodear la amplia loma del Mulhacén. Debido a su relativa baja cota, la poca profundidad de la lámina de agua y a pesar de los generosos aportes que recibe, casi todos ellos subterráneos, disfruta de una temperatura más templada lo que se traduce en una amplia gama de algas que ocupan buena parte del contorno. Los prados de su perímetro están ocupados por miríadas de pequeños saltamontes, grillos, al menos una docena de mariposas, multitud de escarabajos, abejas, avispas, distintas especies de aves, etc.

A falta de poco más de una hora para la salida del autobús nos ponemos en marcha que a pesar de la cercanía se nos queda casi escasa dado el tiempo que dedica mi hijo en sus reiterados intentos en captar buenas tomas de la mariposa Apolo (Parnasius apollo nevadensis) ya que estamos en la franja de altura donde abundan los ejemplares adultos. Algunas ya visiblemente castigadas por el constante aire que tienen que soportar presentan los perímetros alares bastante dañados.

Los minutos de demora hasta que llega el microbús en el que vamos a descender se hacen notar porque el sol calienta bien y no hay sombra alguna en la que resguardarse. Cuando llegamos nosotros apenas había un par de parejas ya a la espera, pero en apenas cinco minutos vamos congregándonos hasta los veinte que ocuparemos el microbús casi en su totalidad. Hoy hemos hecho todos gala de esa escasa virtud llamada puntualidad.

Se agradece el aire acondicionado del vehículo que hace que no notemos el aumento de temperatura que se va produciendo conforme perdemos altura. Ya en Capileira apreciaremos al salir el salto termométrico drásticamente. Cambiar de coche y bajarnos hasta Granada para terminar una distinta y bonita experiencia rememorando viejos tiempos en que ni el suelo estaba tan duro ni el cansancio hacía tanta mella, quizás porque la ilusión lo invadía todo.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.