miércoles, 7 de agosto de 2013

Cerro del Caballo (Sierra Nevada - Granada)

Pista de aproximación a Cortijo Echevarría.

Mirador de la Rinconada de Nigüelas.

Desde el Mirador: barranco del río Torrente.

Alayos y Trevenque una vez iniciada la ascensión.

Recorrido que tenemos que hacer para coronar.

Mi hijo Carlos aguantando el tipo contra el aire.

Ya casi estamos arriba.

Desde la cima del Caballo: barranco del río Lanjarón.

Los dos en la cima algo helados.

Desde la cumbre el pantano de Rules y la costa.

Desde el collado: laguna y refugio del Caballo.

Los Alayos y el trevenque hacían de barrera a las nubes.

Río Torrente justo en el cruce con el Sulayr.

Cascada  tras salvar uno de los diques.

Pequeños habitantes que nos suelen pasar desapercibidos.

El río Torrente baja muy ráoido debido a la gran pendiente.

Bellezas botánicas de altura.

En su salsa (oruga de la mariposa ortiguera.)

El curso del río es muy accidentado.

Aprisco aprovechando un abrigo de las rocas.

Buscando vida en las charcas.

La cabra nuestra de cada día.



Fecha:7-6-2013                                                                         Ctjo. Echevarría 7'45h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                                         Mirador Rinconada 8'15h
Duración: 6h45' (30.000p) (Lineal)                                        Caballo 10'10h.                       
Desnivel en subida: 1.100 metros                                            Mirador 12'30h
Rangos de temperatura: de 8'5ºC a los 14ºC                           Río Torrente 13'15h.
                                                                                                    Mirador 14'00h
                                                                                                    Ctjo. Echevarría 14'30h.


Esta mañana, al levantarme, oigo los primeros cantos de los mirlos, inconfundibles por su variedad y sonoridad que aunque al principio tímidos y aislados, pasados algunos minutos se convertirán en toda una orgía sonora; se anima poco después alguna tórtola con sus repetidas y monótonas llamadas. Las demás aves guardan silencio todavía, aunque alguna ya cruza el cielo. Mientras desayuno, entre dos miradas por la ventana se ha producido el siempre sugerente amanecer, ese paso de la oscuridad a la primera claridad del “romper del alba”. Son las seis y media de la mañana.

De camino para recoger a mi hijo Carlos que va a ser mi acompañante en la salida de hoy, mientras me sumerjo en el ruidoso tráfico del “mundo exterior”, aparecen en el horizonte las primeras nubes altas teñidas de naranja, es el primer aviso de que el sol está ganando altura, pronto inundará todo con su luz. Hoy tenemos previsto subir al Caballo por la vertiente suroeste, es un deseo de mi hijo Carlos repetir la ascensión. Hace ya algunos años subimos por “verea cortá”. Para ello tenemos antes que acercarnos hasta Nigüelas, atravesar todo el pueblo buscando el río, para por una pista que asciende retorciéndose por el mismo barranco horadado por el río Torrente, remontar casi mil metros hasta llegar a los Cortijos de Echevarría, asentados en las altas faldas de la loma del Caballo, ya en la cota 2.000.

Aparcamos el vehículo en un ensanche de la pista, buscando no molestar a otros posibles usuarios e iniciamos la ascensión. Para ello tenemos que remontar todavía unos metros por la pista terrera para, tras atravesar un pequeño bosque, llegar junto al Mirador de la Rinconada de Nigüelas (2.100 metros), porque allí nace el sendero denominado de los Tres Mojones que es el que nos va a conducir hasta la cima. Junto al propio mirador desde el que se aprecia buena parte del barranco del río Torrente, barranco que cierra con su cima por arriba el Cerro del Caballo (3.015 metros) y por abajo cuando ya consigue remansarse la población de Nigüelas en la cota 980 metros. El Mirador y nosotros nos encontramos prácticamente a medio camino entre cima y pueblo.

El sendero nace del propio recorrido Sulayr (etapa 3 Rinconada – Tello), primero atravesando un pequeño bosque de pino laricio cuyos ejemplares visiblemente castigados por el frío y el viento apenas consiguen prosperar. Cuando salimos de él, acabada la protección que nos brindaban, nos empieza a azotar el viento, siempre del suroeste, a veces racheado pero todavía muy soportable. Este primer tramo de ascensión de apenas media hora es duro, encaramándose hasta coronar el primer mojón.

El aire va arreciando conforme vamos ganando altura. Sopla del sur o suroeste dependiendo de la dirección del sendero y éste a su vez va muy cerca, incluso a tramos por la cima de las mismas crestas buscando la divisoria entre las cuencas de los ríos Dúrcal y Torrente, por lo que lo sufrimos durante todo el recorrido. A veces las rachas de viento nos tambalean cuando coinciden en nuestro caminar con el apoyo de un sólo pie. No es solo fuerte sino que viene helado con lo que la sensación térmica que apreciamos ronda los cero grados. Se deja sentir en las manos y caras, zonas descubiertas que se nos van quedando heladas ayudando a perder calorías rápidamente.

Pero nuestra decisión es firme. Tras un corto “llaneo” acometemos otro fuerte tramo de pronunciada subida para alcanzar el segundo mojón. Empezamos a ver los primeros ventisqueros (2.500 metros) que al tantearlos con uno de mis bastones me informa de su extrema dureza, a esta hora están totalmente helados. No he querido cargar con los crampones porque considero que cuando se va en compañía hay que ir en igualdad de equipamiento. Así no hay mas remedio que acomodarse al más vulnerable. Esto nos obligará, algo más arriba, cuando los ventisqueros sean más frecuentes y extensos, a alargar la ascensión al tener que esquivar algunos.

Estos rodeos nos obligan a desviarnos bastaste hacia la derecha y encarar la subida final del Caballo por su cara sur, muy pegados a los tajillos que lo protegen. Un último esfuerzo y estamos arriba. Curiosamente el viento es menos fuerte que durante la ascensión, parece que estamos más altos que las ráfagas, aunque la menor velocidad del viento no lo hace más cálido. Apenas si hemos pisado nieve en nuestra subida.

Desde la cima dominamos el largo barranco por el que discurre el río Lanjarón prácticamente todo cubierto por la nieve todavía, tanto es así que la laguna Nájera no se aprecia y la propia del Caballo, literalmente a nuestros pies, está en casi su totalidad helada. Teníamos previsto bajar hasta ella y aprovechar el cobijo del refugio para comernos el bocadillo, pero vistos los amplios y duros neveros que cubren toda la bajada junto a la fuerte pendiente hemos considerado mas prudente no intentarlo siquiera. Nos conformamos con asomarnos al collado para hacer alguna foto y proseguir nuestra retirada.

Sólo llevamos descendiendo unos minutos cuando las ráfagas de aire vuelven a arreciar, lo que me corrobora una apreciación que había tenido durante la subida: las ráfagas de aire están circulando entre cotas definidas. A media loma con las manos ya algo insensibles decidimos parar al abrigo de unas rocas y refugiados entre ellas tomar el sol a la vez que nos comemos el bocadillo tratando de recuperar algunas de las calorías que llevamos perdidas. Con el estómago lleno y de nuevo en movimiento se soporta mejor el aire.

De vuelta de nuevo en el Mirador y dada la cortedad de la excursión (algo menos de cinco horas), decidimos acercarnos por la pista terrera (trazado de la etapa Sulayr), hasta el río Torrente. Este corto río es quizás uno de los que salva mayor pendiente en menor recorrido de toda Sierra Nevada. Tras nacer cerca de la cumbre del Cerro del Caballo (alrededor de los 3.000 metros) se despeña dos mil metros barranco abajo, para serenarse ya junto al pueblo de Nigüelas, tras haber hecho un recorrido de alrededor de cuatro kilómetros, para poco después diluirse al incorporar sus aguas al Pantano de Beznar.

Es un paseo por la pista en suave bajada de alrededor de media hora hasta llegar al cauce del río. El aire ya no nos castiga por estar protegidos por las lomas que cierran este amplio barranco (loma de las Tres Encinas) y el sol ya bien alto empieza a ejercer su dominio. Encajonado en un típico barranco en V, como todos los cursos de alta montaña, el río Torrente atraviesa la pista para proseguir su acelerado curso montaña abajo. Tanto por encima como por debajo de la pista se aprecian diques de piedras envueltos en malla metálica para retener los fuertes arrastres que su pendiente provoca, todos ellos hace tiempo colmatados.

En las estrechas márgenes del curso, en el poco espacio que queda entre el agua y las paredes rocosas han prosperado multitud de plantas: limoncillos, mentas y sobre todo amplias masas de ortigas que hacen de soporte y alimento para la oruga de la mariposa ortiguera. En las paredes rocosas anidan los vencejos y roqueros aprovechando las oquedades y la gran abundancia de moscas y mosquitos que proliferan en las escasas pozas laterales remansadas que el desnivel permite.

Regresar remontando la pista hasta el Mirador no sin antes descolgarnos unos metros ladera abajo para inspeccionar una charca junto a un pequeño cortijo nuevo y encalado y junto a él un largo y rústico aprisco ubicado bajo unas rocas aprovechando su abrigo, rodeado de numerosas paratas abancaladas y ganadas a la pendiente de la loma no presentaba hoy indicios de ocupación alguna. Todavía, ya en bajada con el coche, nos volvemos a detener junto a charcas en busca de inquilinos. O es pronto o no los hemos sabido detectar, ya que sólo hemos avistado algunos pequeños renacuajos junto con algún escarabajo buceador.

Definitivamente reiniciamos la fuerte bajada por un carril que no presenta su mejor aspecto: baches, hoyos y a ratos profundas rodadas obligan a una circulación atenta y tranquila para poder tener tiempo de ir esquivándolos o en su defecto poder afrontarlos muy suavemente. Durante la bajada se nos cruza una cabra que curiosa se detiene unos metros más adelante, lo que me permite fotografiarla como habitual protagonista de mis salidas por la sierra. Ya durante la subida se nos cruzaron algunos ejemplares pero con sus nerviosos desplazamientos habituales salieron de nuestro campo visual antes de darnos tiempo a reaccionar.

Volver a atravesar la población de Nigüelas y afrontar los escasos treinta kilómetros de autovía hasta Granada es lo único que nos queda para finalizar la salida de hoy.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.




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