miércoles, 31 de julio de 2013

Sierra Castril IV: Castril (pueblo) y Pasarela (Granada)

Castril.

Río Castril al inicio del cañón.

La pasarela que permite apreciar el cañón.

Parte del recorrido con la entrada de la antigua central al fondo.

Hoy tanto el caudal como la velocidad eran apreciables.

Las pasarelas elevadas sobre los cauces tienen un encanto especial.

A mitad de recorrido nos encontramos este puente colgante.

Desde el mirador, a medio túnel,  divisamos este pequeño salto.

Mesas junto al bar elaboradas con ruedas de molino.

El castillo que ocupa la cima de la peña está en reconstrucción.

Antiguo molino, hoy restaurante y casa rural adornada con elementos mecánicos.

Tatuando hasta los árboles para que no nos perdamos.

Puente colgante que apenas se balancea.

El gran caudal ha convertido estos árboles en acuáticos.

Las múltiples oquedades de la pared rocosa son bien aprovechadas.

La fuerza del agua ha perforado esta oquedad en la roca.

Incluso en las duras y verticales paredes del cañón prospera la vida.

La volada pasarela es el mejor reclamo para la visita de Castril.

Así de remansado se mostraba justo antes de encañonarse.

Iglesia y Castillo las dos construcciones mas emblemáticas de Castril.

Los campos vestidos de primavera.



Castril y su pasarela sobre el río (Granada)

Fecha: 15-04-2013

Hoya hacemos una visita a la población de Castril y hablo en plural porque viene conmigo una grata compañía como es la de Cristóbal. No podemos irnos después de visitar el Parque Natural de la Sierra de Castril sin acercarnos hasta el propio pueblo que aunque ya fuera de los límites del parque no por ello deja de ser interesante un paseo por él. Por la propia población y por el recorrido habilitado por el profundo y estrecho cañón que ha labrado el propio río en la parte baja del pueblo.

Población ubicada en el extremo sur del Parque de la Sierra de Castril con casi 2.400 habitantes y rodeando una destacada peña que ya fue escogida por los romanos por su facilidad defensiva. Ubicado a 890 metros de altitud y distante de la capital 140 kilómetros, destaca por la abundancia de agua proveniente de las sierras karsticas que la circundan por el norte.

El casco urbano repleto de casas encaladas fue declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico. Darse un paseo por sus calles hasta la plaza Hernando de Zafra, visitar su iglesia del siglo XVI o subir hasta las ruinas del castillo árabe que coronan “La Peña”, es la mejor forma de disfrutar de esta localidad.

Sus primeros habitantes fueron los romanos que ya utilizaron su destacada Peña como asentamiento para un campamento militar, alrededor del cual se estructuraría la actual villa. Más tarde, durante la dominación árabe se convirtió en ciudad fortificada. No termina aquí su historia bélica ya que tras la invasión napoleónica fue incendiada en el año 1810, posteriormente durante la guerras carlistas, se libraron en su término la batalla del Llano de los Tubos (1838). Sus abundantes y frondosos bosques fueron esquilmados por la política maderera a partir de Felipe II.

No podemos irnos de este enclave sin bajar hasta el río para hacer el recorrido junto a él habilitado por pasarelas con piso formado con recias traviesas de ferrocarril sobre estructura metálica firmemente afianzada a las paredes rocosas del cañón labrado por el río. Si escogeis un día como hoy en que el caudal va pletórico, el espectáculo está asegurado. El tronar del agua ocupando todo el cauce entre paredes y la velocidad a la que circula bajo nuestros pies, bajo la pasarela es sencillamente impresionante.

Se inicia el recorrido atravesando el recoleto Parque de la Arboleda Perdida, ubicado en la margen izquierda del cauce. Pequeño espacio con algunos pequeños setos y una docena de frondosos árboles que van a proporcionar la imprescindible sombra tan ansiada en los meses del verano, para una vez terminado y tras bajar una corta rampa iniciar el caminar unos metros por encima del cauce por la mencionada pasarela. Pronto nos encontramos una fachada cerrando una oquedad excavada en la roca, es la “Fábrica de la Luz” actualmente en desuso y que ha tenido otras utilizaciones anteriores como la de museo.

Las pasarelas recorren este tramo del río por la izquierda hasta llegar a un puente colgante que lo cruza para a continuación introducirnos en una amplia galería horadada en la propia roca de casi setenta metros. A medio camino aparece a la izquierda una ventana o “balcón” sobre el río que nos permite disfrutar de una pequeña cascada provocada por una discreta presa donde nace una acequia. De nuevo volver a la oscuridad para terminar de recorrer los escasos metros de galería que nos quedan hasta salir por una puerta metálica de nuevo al exterior.

Las vertical pared rocosa que tenemos frente a la pasarela, llena de huecos de distintos tamaños y a distintas alturas han sido colonizados por aves de diferentes especies, mayoritariamente palomas que con sus nidos a nuestra propia altura casi nos dejan introducirnos en ellos. Abajo cuando el caudal es mucho más modesto, una vez avanzado el estío, es frecuente ver algún pescador rivalizando en astucia con los escurridizos habitantes del río, para tras la captura, si ha habido suerte, volver a liberar la trucha apresada.

El contraste entre la galería y el exterior, sobre todo si la visita se hace un día soleado como ha sido nuestro caso, es tremendo. La temperatura desciende bruscamente y el cambio lumínico del exterior con el interior te ciega tanto a la entrada como a la salida. La altura de la galería es suficiente como para no tener que preocuparnos de nuestras cabezas.

Una vez fuera hay que descender un poco para según indica una leyenda grabada en el tronco de un árbol y repintada encima, atravesar un puente con estructura de metal y acercarnos a una casa rural con bar y hospedaje, antiguo molino, que hoy estaba cerrada. Adornada en su exterior con diferentes elementos propios de su anterior uso: cigüeñales, tolvas, etc. Junto a él un pequeño parque con unos discretos columpios, algunas mesas formadas por gruesas ruedas de molino dispuestas en línea y un gallinero al fondo ocupan todo el espacio.

Por hoy hemos llegado al final del recorrido. Iniciamos el regreso deteniéndonos para fotografiar aquellos detalles que nos llaman la atención. A pesar de ser primeras horas de la tarde, cuando el sol calienta de verdad, la cercanía del agua y el propio rumor de la misma nos hacen olvidar la temperatura. En este estrecho cañón se crea un microclima muy agradable a la vez que muy distinto del que impera en el exterior, del que tomaremos verdadera conciencia cuando salgamos de él.

Unos metros, río arriba, se han habilitado las márgenes del río para poderse usar para el baño, habiéndose creado una zona de baño muy utilizada por los lugareños, que a falta de playa, disfrutan del agua de su río, ese bien tan abundante en Castril.