martes, 9 de julio de 2013

Boca de la Pescá y río Dílar

Área recreativa Río Dílar.

Impetuoso Dílar el que bajaba hoy.

Serpenteante y brusca subida a la Boca de la Pescá.

Cámara de carga para la central eléctrica de Dílar.

De nuevo me he reencontrado con ellas.

Central eléctrica Dílar poco después de iniciar la subida.

El sendero se retorcía tratando de ganar cota por la loma.

Acercándome a la Boca de la Pescá.

Desde la caseta de vigilancia que ocupa su cima.

Cortijo Sevilla.

Fuente en los arenales de la cara sur del Trevenque.

Campando en el Collado Chaquetas.

Cortijo Chaquetas donde coincido con el Sulayr.

Bajada al encuentro con el río Dílar antes de remontar Peñamadura.

Desde el puente del Sulayr, el caudaloso Dílar.

Hoy casi todos los barrancos llevaban agua.

El sendero en su recorrido por Peñamadura.

Entre espartos con el Trevenque de fondo.

Caudaloso  río Dílar que me ha impedido hacer el recorrido programado.

Dílar desde la cima de la Boca de la Pescá.



Fecha:8-5-2013                                                          Área R. Río Dílar 7'15h.
M.I.D.E.:3,3,3,4.                                                           Boca de la Pescá 8'30h
Duración: 8h45' (38.300p) (Semicircular)               Collado Sevilla 9'20h.
 Desnivel en subida: 900 metros                                Cortijo Chaquetas 11h
Rangos de temperatura: de 11ºC a los 30ºC             Cuesta del Pino 12h.
                                                                                     Toma del Canal 13'15h
                                                                                     Área R. Río Dílar 16h.

Hace muchos años que no entraba dentro de alguno de mis itinerarios la subida a la Boca de la Pescá (1.522 m.), o bien porque está situada fuera de los recorridos o porque no tiene entidad suficiente para dedicarle una salida. Hoy, al fin, la he incluido en la excursión. He programado subir a la Boca de la Pescá desde el río Dílar (junto a la central), recorrer el PR-A21 ampliando algo más su longitud balizada y quería terminar bajando por el cauce del río Dílar desde la Toma del Canal de la Espartera hasta el área recreativa del río Dílar. El objetivo era hacer un trayecto circular completo.
Pronto me he dado cuenta de que no iba a poder cumplirlo. La visión del amplio, rápido y caudaloso Dílar me anticipa que no va a poder ser posible el continuo vadeo que supondría el itinerario imaginado. Para iniciar la caminata me he desplazado junto al río Dílar, algo por encima del pueblo del mismo nombre, hasta un área recreativa que hay a unos tres kilómetros adentrándose en la sierra (en total desde Granada unos 15 kilómetros). Junto al área hay un merendero y amplias zonas donde aparcar los vehículos, algo imprescindible si tenemos en cuenta que una barrera impide progresar por la pista que enlaza pueblo con central eléctrica.
Es Dílar una pequeña población de menos de 2.000 habitantes, encaramado en las faldas de Sierra Nevada a unos 870 metros y fertilizado por “su río”. Quizás el único pueblo del cinturón de Granada que ha sabido resistirse a la vorágine constructiva de la década pasada, mantiene su personalidad intentando integrar sus nuevas construcciones con el ambiente en el que se ubica. Extraño término municipal que ocupa una larguísima y estrecha franja de terreno de poco más de 5 km. de ancho y más de 25 km de largo, englobando alturas de hasta 3.398 m. que ostenta el pico del Veleta.
Una vez aparcado el vehículo prosigo por el carril de acceso a la central que junto con el propio río van juntos compartiendo el fondo de un profundo cañón, durante algo menos de media hora. A tramos cerrado en que apenas caben el carril y el propio río; en otros algo más abierto permite el asentamiento de los bancos y las mesas del área recreativa junto con un paseo sinuoso que enlaza unos y otros junto con media docena de pequeños puentes que facilitan el deambular por ambas orillas.
Durante su recorrido sólo percibo el tronar del caudaloso Dílar, seguro que hay muchos más habitantes cantores en estas riberas pero el “ruido del agua” no me deja percibirlos, todos los demás sonidos quedan anulados, sólo consigo percibir unos silbidos melódicos, potentes y muy articulados que le hacen la competencia al río, para alguien que tiene un mínimo de experiencia en el campo son inconfundibles: cantan los mirlos. Cuando ya avisto el edificio de la central me desvío a la izquierda (señalizado) para iniciar la ascensión a la Boca de la Pescá (el nombre le viene de la similitud a la semi-abierta boca del pez, sin dientes claro).
Es una fuerte subida apreciable en parte desde abajo gracias a las defensas de troncos colocadas en algunos tramos, habilitando pequeños miradores. Desde abajo se percibe cómo escalan la ladera hasta una pequeña mancha verde clara, la formada por otra vegetación distinta a la que ocupa toda la loma, sostenida por la abundante humedad junto a la cámara de carga; pero para llegar todavía falta. En esta subida serpenteante siempre me acompaña el romero, aulagas, abundante esparto y jaras, más arriba aparecerán las chaparras y encinas junto con algún pino aislado.
A media subida cruzo un pequeño barranco por el que ha estado bajando agua hasta hace poco, prueba de ello son las pequeñas pozas que aun se mantienen entre las rocas del lecho, bien aprovechadas como bebederos por la fauna local, lo que les evita tener que bajar hasta el río o remontar hasta el canal para saciar la sed, máxime si la temperatura de hoy se mantiene tan alta en días sucesivos.
Tanto en este tramo de ascensión como más adelante, ya metido en los arenales de los alrededores del Trevenque, he ido levantando cabras de sus acostaderos nocturnos, generalmente hembras con sus crías del año pasado. Ya las echaba en falta. Durante las ultimas salidas por frecuentar otros lares no las había avistado.
Llegado a la Cámara de Carga (recinto donde nace el tubo de bajada a la central), circundo el pequeño edificio semi destruido y abandonado que en su día sirvió como vivienda para el encargado del mismo, hoy un pequeño espacio vallado impide acercarse a la pequeña cámara de la que arranca la caída.
Todavía me queda un trecho para coronar uno de los picos gemelos de la “Boca”, apenas visible desde esta posición y no reconocible su similitud a la del pez en las distancias cortas. Ni que decir tiene que dientes no los he visto. Corona el monte una típica caseta de vigilancia contra incendios, construcción circular, acristalada, al parecer fuera de servicio actualmente.
Desde aquí, primero en bajada para después casi llanaer hasta acercarme al Collado Sevilla, donde se inicia un pequeño recorrido balizado que voy a hacer en su totalidad con alguna pequeña ampliación: estoy hablando del PR-A21. En sus primeros tramos comparte recorrido con la clásica subida al Trevenque (2.075 m.), para a media loma desviarse recorriendo los grandes arenales y rodear al “rey de la media montaña” por su cara sur hasta conectar con la pista que da acceso al Refugio Rosales y Toma del Canal de la Espartera.
Aquí es donde decido ampliar yo tomando en dirección contraria para llegar ascendiendo, primero al Collado Chaquetas y después hasta el Cortijo del mismo nombre y solopar momentáneamente mi andar con el sendero Sulayr. Pero antes me desvío una veintena de metros para visitar el nacimiento de agua que aparece a los pies de un bosquete de maduros pinos y sorpresivamente entre arenales.
Me refresco en la fuente del cortijo Chaquetas e inicio la bajada hacia el río Dílar. Corto trayecto de fuerte bajada muy maltratado durante este invierno hasta el río, hasta cruzarlo por un puente de madera y ascender por la loma de Peñamadura. Enseguida dejo el sendero Sulayr que prosigue en dura ascensión para continuar yo por un pequeño ramal que lo abandona por la derecha. Voy a llanear recorriendo la loma por un bonito recorrido poblado de robles melojos en pleno resurgimiento primaveral y dada la abundancia de agua que baja por todos los barrancos donde no faltan los espinos y zarzas que con su verdor característico dan visibilidad a los recorridos del agua.
Este sendero enlazará, algo más adelante con la zona alta de la Cuesta del Pino. Durante su tránsito avistaré una jabalina con media docena de rayones que rápidamente han despejado el sendero desapareciendo entre la maleza, abundantes palomas, dos cansados cazadores de mariposas recostados en unas rocas tomando el sol, multitud de asustadizas perdices a las que mi presencia obligaba a cambiar de loma, y enfrentada a mí, al otro lado del río, una antigua explotación de serpentina con algunos bloques cortados que quedaron a la espera de su transporte y abandonados a pié de explotación.
El descender la larga Cuesta del Pino me lleva prácticamente una hora para al final depositarme a la vera de un bravo río Dílar que no ha facilitado su cruce. El abundante caudal y las pocas ganas de descalzarme que yo tenía han hecho que tuviera que aguzar el ingenio en la búsqueda de alguna manera de salvarlo con el mínimo deterioro personal posible; animado por la falta de espectadores que podían comprometer mi ego, he optado al final por unos troncos que me han servido de puente entre orillas, poniendo a prueba mi sentido del equilibrio que hoy me ha respondido eficazmente. Para autopremiarme me he detenido algo por debajo de la toma del Canal de la Espartera a tomarme el bocadillo bien ganado hoy.
El abundante caudal que porta hoy el río me ha echo desistir del itinerario programado (río abajo hasta la central de Dílar) para retomar el PR-A21 hasta volver de nuevo al Collado Sevilla. Desde aquí repetir el trayecto andado por la mañana acercándome otra vez hasta la Cámara de Carga de la Central Eléctrica de Dílar, soslayando ahora sí, la subida a la “Pescá” e iniciar el brusco descenso hasta el área recreativa del Río Dílar donde dejé el coche esta mañana.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.