miércoles, 5 de junio de 2013

Cacín, un tramo del río (desde presa Bermejales hasta puente romano - Granada)

Campos de Agrón.

Pantano de los Bermejales.

Calle del Poblado de los Bermejales.

Iglesia del Poblado.

Mirador desde donde se inicia el sendero.

Adentrándome en el cañón.

Exuberancia de vegetación y rocas.

Primer contacto con el río Cacín.

Fiel imagen de lo que es  el recorrido.

Volados por los que pasar.

Aunque no lo aparenta yo cabía de pie.

De nuevo junto al cauce.

Uno de los puentes.

Este otro más estable.

Encajonado entre la pared rocosa y la vegetación.

Enormes rocas desprendidas junto al cauce.

Arriba se alternan los almendros y los olivos.

Majuelo en plena floración.

De nuevo casi al comienzo.

Puente romano.

El cañón, ya suavizado, se prolonga algo más.

Campos de almendros junto a Cacín pueblo.

Cacín.

Acequia florida.



Fecha: 23-4-2013                                                              Aparcamiento 8 h.
M.I.D.E.:3,2,3,3.                                                                  Bifurcación 9'15h
Duración: 6h Lineal (30.100)                                            Puente Romano 10'30h.                 
Desnivel en subida: 200 metros                                        Bifurcación y Bocadillo 12'30h
Rangos de temperatura: de 4'5ºC a los 18'5ºC                Aparcamiento 14'00h.

Hoy, una fresca mañana de primavera, después de algunas semanas de no excursionar, he retomado mi actividad. El periodo de relax se ha hecho notar, pues aunque el recorrido programado para hoy no era en absoluto exigente, yo lo he acusado por mi pérdida de forma, (en el panel le asignan dificultad alta, criterio que no comparto en absoluto).

Había decidido hacer el recorrido por el río Cacín, partiendo de la presa del pantano de los Bermejales y llegar hasta el Puente Romano, como mínimo. Este recorrido se puede hacer lineal o circular. Me habían llegado referencias de su belleza y grandiosidad, hoy comprobaré si compartimos criterios.

Se inicia el sendero, en uno de sus extremos, en el Poblado del Pantano (distante 44 kilómetros desde Granada), concrétamente en el lateral contrario de la iglesia por el que accedemos arranca un paseo que conduce hasta un semicircular mirador al filo del tajo. Es en éste mirador donde arranca el sendero, que aunque no está balizado en ningún punto de su recorrido, yo hoy no he tenido problema ninguno en seguirlo. Está muy marcado por el uso, excepto en aquellos puntos en que atraviesa algún prado, donde la abundante hierba ayudada por las intensas lluvias intenta desesperadamente ocultarlo.

Ya el mirador ofrece excelentes vistas del inicio del cañón y la presa del pantano. Comienza el sendero haciendo bajada por entre pinos, árbol que no volveremos a ver durante el trayecto, salvo honrosas excepciones, aparentando querer acercarse rápidamente al cauce, pero es engañoso, remoloneará durante minutos antes de acercarse a la misma orilla del Cacín.

Va a ser la tónica durante todo el recorrido, a tramos acercándose hasta tocarse, para enseguida ser rechazado y tener que encaramarse casi a lo alto de las paredes del cañón que lo contiene. Allí donde el río, tras la erosión de milenios, ha conseguido abrir un espacio algo más ancho, el sendero, junto a su orilla, lo acompaña entre exuberante vegetación arbustiva de ribera donde abundan los aladiernos y algún sauce junto a esbeltos fresnos en el mismo cauce, me sorprende alguna valiente higuera que tiene que empinarse para competir por el sol o aislados pinos, sin duda provenientes de semillas de los ubicado en las laderas y que han encontrado acomodo junto al agua.


El recorrido en plena efervescencia primaveral salpica el sendero de todo tipo de plantas pequeñas y vistosas, multitud de colores asoman en sus flores, algunas blancas y grandes, otras diminutas y de vivos colores, entre ellas encontramos Botones de Oro asociados a las zonas más húmedas, cerca del río; los Alfilerillos de Viuda sobre todo junto o en las paredes rocosas; las Viboreras y alguna delicada orquídea, junto a las tradicionales olorosas: tomillos, romeros, alguna menta en los barrancos junto a los arroyos sin olvidar los rosales y majuelos que comienzan también a florecer.

El recorrido de ida lo he hecho a primeras horas de la mañana (8h-10'30h). Todo el trayecto, el barranco protegido por las colosales paredes rocosas ha estado ensombrado. Acompañado en todo momento por una sinfonía de trinos; ruiseñores, alondras, abejarucos, mirlos y el continuo arrullo de las palomas. Más arriba, dominando los farallones las grajas haciéndose oir y todavía más arriba las pequeñas y silenciosas rapaces, dejándose mecer en busca de presas.

Ha transcurrido la primera hora y he alcanzado una bifurcación donde se señalizaba, además del itinerario que yo llevaba, otro: Cortijo del Cura. Lo he dejado, como acostumbro, para la vuelta. Pero para llegar hasta aquí he tenido que ascender por una escala metálica para superar unos metros en la pared. No será la única sorpresa que nos brindará el sendero.

A lo largo de la mañana, siempre con altas paredes a ambos lados del cauce, yo voy a ir casi todo el camino por el margen derecho del río, he tenido que descender y ascender reiteradas veces salvando algún cerrado cañón por el que no cabían sendero y río, o soslayar un enorme bloque desprendido de la pared y que en su caída sólo se ha detenido al llegar al fondo.

En algunos tramos, la bajada es tan brusca que han colocado gruesas cuerdas para ayudarse, en otra es un cable de acero el que sirve de sustento, para casi al final caminar bajo un volado extenso que cubre el sendero, justo al lado del mismo cauce. Variedad ofrece el recorrido, lo que le aporta cierta originalidad que unido a la grandiosidad geológica aporta la innegable belleza que aprecio en todo él.

Finalmente llego a una zona de puentes. Había divisado anteriormente que permitía cruzar el río para acercarse hasta el aliviadero y al menos otros dos inutilizados totalmente y aparentemente formando parte de otro recorrido primitivo perdido en la actualidad. Son cuatro los que están en uso actualmente durante el recorrido. Dos colgantes con apariencia de extrema endeblez que te hacen dudar si afrontarlos y muy “movidos”; los otros dos, firmes y recios, de traviesas de madera sobre soportes de vigas metálicas.

Todos se encuentran en el último tramo y en apenas 10 minutos de marcha. Una vez cruzado el cuarto, el sendero se eleva a la derecha del río ganando altura por la loma para morir en un carril que en apenas 200 metros me acerca al Puente Romano.

Esbelto y airoso puente con un amplio vano central que salva el río holgadamente uniendo el carril con la carretera asfaltada. Será este carril el que se ha de seguir si se quiere completar un recorrido circular. A mí no me agrada en demasía caminar por los carriles, así que decido volver por donde he venido.

Siempre me ocurre lo mismo, un recorrido de ida por la mañana temprano y el mismo de vuelta rondando el medio día, son totalmente distintos: la luz, el sol que ya penetra hasta el fondo del cañón junto al apreciar el paisaje desde otro perspectiva hacen que tenga otra visión bastante distinta del mismo itinerario.

Las altas paredes horadadas por multitud de oquedades son el asentamiento perfecto para multitud de aves que aprovechan, según tamaños y especies, los distintos refugios para construir sus nidos. Incluso los reciclan como alguno avistado. Usado inicialmente por golondrinas o vencejos, por su confección a base de bolitas de barro, acondicionado posteriormente por otra especie, complementándolo con hierba y plumas.

Durante el regreso, de nuevo en la bifurcación, me acerco loma arriba siguiendo las indicaciones, hasta el Cortijo del Cura. Nada destacable ofrece este cortijo a pesar de lo que os recomiendo que “perdais” los 10 o 15 minutos que se tarda en coronar el cañón, no para ver el cortijo que no presenta interés alguno, sino para sentaros en alguno de los salientes sobre la casi vertical pared desde donde se domina un buen trecho del mismo y donde las grajas vuelan a nuestro nivel. Yo lo he aprovechado para comerme el bocadillo y no sabría deciros que he apreciado más, si la comida o la ración contemplativa.

Terminar de desandar el tramo que me queda hasta el Poblado donde dejé el coche. El regreso hasta Granada he decidido hacerlo por Cacín (pueblo), para lo que tomo una estrecha carretera a tramos asfaltada y salpicada de abundantes baches anunciada como “Contra-embalse Bermejales”. Va a unirse a la misma entrada del pueblo con la nueva, pero hace un recorrido bastante más corto, justo por encima del cañón, recorriendo la vertiente contraria al sendero andado.

Es una excursión que recomiendo calurosamente, para afrontarla bajo mi criterio, por la mañana temprano y si se llevan chavales, que éstos sean totalmente autónomos, si poseen una pizca de osadía y muchas ganas de aventura, se lo pasarán genial a poco que sepamos despertarle la imaginación. Abstenerse personas con limitaciones de movilidad ya que hay tramos de fuerte pendiente y en otras hay que hacer uso de cuerdas, cables o escaleras para solventarlos sin olvidad los puentes colgantes que no son aptos para timoratos.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.