miércoles, 3 de abril de 2013

Granada desde sus miradores II: Albayzín.

San Cristóbal desde el inicio del Carril de la Lona.

Torre de la iglesia de San Miguel bajo, hoy mirador.

Puerta de Elvira y "Normal".

Plaza de S. Miguel Bajo desde la torre.

Vistas hacia Granada desde el campanario de la torre S. Miguel bajo.

La Alhambra con Sierra Nevada de fondo.

Calle Santa Isabel con la iglesia de S. Nicolás al fondo.

Cerro del Aceituno con San Miguel Alto y la escalinata de acceso.

Interior del tramo de muralla nueva.

Desde la Ermita paño de muralla que desciende hasta la Puerta de los Almendros.

Ermita de San Miguel Alto coronando el cerro.


A las espaldas de la Ermita encontramos esta fuente.

Primera panorámica desde la Ermita.

Segunda panorámica desde la Ermita.

Tercera panorámica desde la Ermita.

Colegiata del Salvador, Iglesia de San Nicolás y Catedral, aparentemente en el mismo plano 

Albayzín desde el cerro del Aceituno al atardecer.


De camino hacia la plaza de los Carvajales.

Plaza de los Carvajales.

Desde Carvajales apreciamos las alturas de los torreones defensivos.

Pilar del Toro en Plaza Nueva.

Calle Almanzora Alta.

Desde el mirador de Almanzora: Albayzín 1

Desde el mirador de Almanzora: Albayzín 2

Desde el mirador de Almanzora: Albayzín 3

Desde el mirador de Almanzora: Albayzín 4

Detalle de alguna de las casas del bajo Albayzín.

Los innumerables tejados de las viviendas escalonados ofrecen un bello espectáculo.

Atardecer sobre Granada.





GRANADA. Mirando la ciudad desde sus miradores II: Albayzín.

Fecha: 13-03-2013


"No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz de revivirla tal cual fue, habrás llegado a la mitad del camino". Horacio Quiroga.
Hoy me voy a acercar hasta cuatro de los miradores que mencionaba en la anterior entrada dedicada a estos pequeños enclaves desperdigados por entre las calles de Granada para disfrutar de excelentes vistas sobre la ciudad. Serán los de la Torre de la Iglesia de San Miguel Bajo, la Ermita de San Miguel Alto, para ya de regreso enlazar -durante la bajada hacia el centro de la capital- y acercarme hasta la Plaza de los Carvajales, y finalizar en un pequeño mirador enfrentado al medio Albaicín ubicado a media ladera entre el Paseo de los Tristes, junto al río Darro y las murallas de la Alhambra, al final de la calle Almanzora Alta.

San Miguel Bajo (torre de la iglesia). Accedo hasta la plaza de San Miguel Bajo a través de la cuesta de la Alhacaba y Carril de la Lona, éste último ya anticipa buenas vistas de la ciudad. Me acerco también a la Puerta Monaita al principio del Carril, con su acceso en rampa escalonada y quebrada para facilitar su defensa. Lástima que los vándalos, no aquellos invasores primitivos que estudiábamos en el colegio sino los contemporáneos, se dediquen con ahínco a pintarrajear cualquier monumento sin importarle nada su antigüedad, importancia o singularidad.

Este mirador se ha habilitado recientemente aprovechando que se han hecho otras reparaciones en la propia iglesia gracias al interés y el esfuerzo de los propios cofrades (ya que las instituciones civiles o religiosas han declinado responsabilidades y aportaciones), dado que estaba abandonada durante demasiados años. Aprovechando estas reparaciones se ha adecentado la torre y se permite el acceso a ella los sábados y domingos después de las misas respectivas. Para su visita se solicita un donativo de dos euros por persona.

Esta estrecha torre cuenta con cuatro plantas habilitadas actualmente como almacén de cuadros, ropa de semana santa de los cofrades, para ya arriba abarcar buenas vistas de la propia plaza donde se levanta la iglesia y amplias zonas de los alrededores. Avistamos desde su campanario casas generalmente de dos o tres plantas alternando los tejados con las terrazas y al fondo los barrios de la Chana y Pajaritos de Granada junto con la estación de Renfe, todo ello hacia el oeste.

Dominamos todas las cubiertas de Santa Isabel la Real y las de la propia iglesia de San Miguel con la Alhambra y Sierra Nevada de fondo. Al norte destaca una buena vista del mirador de San Cristóbal (anterior entrada) y la iglesia de San Bartolomé con su adornada torre.

Es un mirador que por encontrarse en medio del barrio y no tener una altura excesiva no permite llegar a más, pero la novedad y la accesibilidad a vistas inusuales le hacen interesante. Recordar que esta iglesia engloba bajo una de las escalinatas de acceso a una de sus capillas la bóveda del aljibe cuyo brocal podemos ver en la fachada lateral, quedando toda la estructura del aljibe en el subsuelo de la propia capilla (incrustada entre la escalinata de acceso) e interior de la iglesia. No es el único caso.

San Miguel Alto. Para llegar al siguiente mirador si no conocemos el barrio debemos ir acompañados de alguien que nos haga de guía o necesitaremos un plano, ya que hay que atravesar todo el alto Albaicín hasta la Placeta de Cruz de Piedra (por su cercanía aprovecharemos para visitar la Puerta de los Almendros o Arco de Fajalauza), remontar por el Carril de San Miguel que en su segunda mitad asciende a la colina pegado a la antigua muralla defensiva árabe, hasta llegar a la propia Ermita.

La Ermita se halla en la cima de la colina de su mismo nombre, ocupa el lugar de la antigua Torre del Aceituno, de época musulmana datándose alrededor del año 1.671. destruida durante la ocupación francesa por su valor estratégico fue reconstruida algunos años después. Acoge el último domingo de septiembre una multitudinaria romería motivada por la festividad de San Miguel Arcángel. A las espaldas de la fachada y entrada principal de la ermita hay una fuente (fuente del Aceituno) en la que nos podemos refrescar.

Es el punto más alto que ocupó la muralla nazarí (siglo XIV) que rodeando el alto Albaicín le daba protección. Si la divisamos desde la distancia apreciaremos que junto a la muralla cierra todo el paisaje del Albaicín y desde ella se obtienen una de las mejores panorámicas de la ciudad. El acceso con vehículo se puede hacer a través de la barriada de Haza Grande hasta llegar a la gran explanada que se ubica detrás de la Ermita, antiguo campo de futbol disfrutado por muchos de nosotros en nuestra adolescencia, hoy rediseñada mediante un paseo arenoso con algunos árboles en las márgenes.

Excelente lugar para todo aquel que quiera sentir la ciudad a sus pies, causando la impresión de que tanto la Colegiata del Salvador, como la Iglesia de San Nicolás se encuentran en un mismo plano con la Catedral y todo casi al alcance de la mano. El espacio entre la Ermita y las casas blancas que aparecen más abajo está horadado por multitud de cuevas, cuya entradas, mayoritariamente orientadas hacia el sur, sirven de morada a inmigrantes habiendo una generosa colonia de senegaleses entre ellos, el resto del cerro en estas fechas presume de un intenso color verde.

Parte de la muralla desaparecida se sustituyó por una doble hilera de piedras superpuestas procedente de Sierra Elvira, dejando un pasillo interior y un acceso (puerta) entre ambas vertientes; solución arquitectónica que en su día fue muy contestada, con el paso de los años ha quedado en el olvido no hablándose de ella en la actualidad.

Plaza de los Carvajales. Tras la visita a la Ermita, punto mas alto de mi recorrido de hoy sólo queda bajar. Voy a hacerlo por una amplia escalinata que recorre la colina loma abajo dirigiéndose hacia la pequeña Plaza Cruz de Rauda, curiosa cruz adornada con dos farolillos, uno para el crucificado y otro en el reverso para una dolorosa. Recorrer la calle del Agua, Plaza Larga, bajar por la Cuesta de San Gregorio para desviarme a medio recorrido hasta llegar a este pequeña plaza

Esta plaza escondida entre un amasijo de callejuelas difícil de encontrar si no se domina el barrio, no tendría interés alguno ajeno a su paz y tranquilidad con falta absoluta de ruidos ya que el tráfico no circula por las proximidades, si no fuera porque se encuentra totalmente enfrentada a la Alhambra a una cota bastante inferior al Mirador de San Nicolás con lo que la panorámica es distinta, apreciando mejor el bosque de San Pedro junto a la altura real de la muralla y los torreones defensivos. De derecha a izquierda divisamos buen número de ellos:Torre de la Vela, Torre del Cubo, Torre de Comares, Peinador de la Reina, Palacio del Partal, Torre de los Picos, Torre de la Cautiva, Torre de las Infantas. Todo frente a nosotros.

Plaza muy frecuentada por la juventud de la zona y escasos turistas que dan con ella. La recorre longitudinalmente una alargada fuente que cuando tiene agua sirve de espejo para los torreones de la Alhambra creando una estampa muy sugerente. Hoy estaba además de seca sucia ¿cuando aprenderemos a cuidar los detalles?.

Calle Almanzora Alta. Sigo descendiendo por callejuelas que desembocan en San Juan de los Reyes, ya que busco llegar a la Plaza de Santa Ana para acceder al último de los miradores programados para hoy. Por detrás del Pilar del Toro asciende una estrecha callejuela escalonada que me va a acercar hasta el próximo destino. Este mirador de Almanzora ocupa los últimos metros de la calle. Una calle sin salida que muere a las puertas de un carmen.

Los últimos cincuenta metros la calle se ensancha discretamente formando una seudo plaza que hace de mirador, protegidos de posibles caídas por un murete de un metro de altura. Nos encontramos a media altura entre el rio Darro y las murallas de la Alhambra. Enfrente buena parte del barrio del Albaicín. El mirador e iglesia de San Nicolás enfrentados pero más altos coronan el paisaje edificado de enfrente. Ocupan todo el espacio las edificaciones de dos o tres alturas salpìcadas de esbeltos cipreses y pequeñas parcelas verdes. Las casas casi en su totalidad pintadas de blanco por lo que llaman nuestra atención las escasas excepciones. Multitud de pequeños tejados ocupando por completo los diferentes niveles invitan visualmente a hacer un recorrido ascendente para terminar en el horizonte del cielo.

Una vez terminadas las visitas desciendo de nuevo hasta Plaza Nueva para retornar hacia casa. Ahora me percato que en toda la mañana no me he parado ha tomar ni un café, ni lo he necesitado ni lo he echado en falta, el interés estaba en otros lugares.