miércoles, 10 de abril de 2013

Cimbarra (Parque Natural del Despeñaperros - Jaen)

El desvío hacia Aldeaquemada.

Cabecera de la cascada.

Estratos que conforman todo el paisaje.

Desde una de las oquedades, al fondo el mirador: patio de armas.

Mi compañero de andadas de hoy.

El gran caudal que llevaba hoy el río Guarrizas nos ha sorprendido gratamente.

Profundo barranco labrado por el río Guarrizas por debajo de la cascada.

Descendiendo hacia la poza de la cascada.

Esta es una de las cascadas secundarias.

Ruinas del molino que se surtía del río.

Vista lateral de la cascada principal.

Vista frontal del grueso del río.

La abundante humedad se hacía notar.

Parte superior de la cascada.

Vista general del paraje.

Desde el segundo mirador: río abajo.

El arroyo Martín Pérez, hoy convertido en impetuoso río.

Centro de interpretación del Parque.

Cima del Castillejo.

Dominando buena parte del Despeñaperros.

Ubicación de la Cueva de los Muñecos.

La boca de la sima está protegida para evitar accidentes de los curiosos.

Farallón desde se encuentra la Cueva de los Muñecos.




Cimbarra (Parque Natural del Despeñaperros - Aldeaquemada – Jaén)

Fecha: 20-03-2013

A primeros de diciembre del año 2011 estuve visitantdo el paraje más emblemático de la población de Aldeaquemada: La Cimbarra. Aquella visita, a pesar de su espectacularidad, me dejó un poso de insatisfacción por encontrarme la cascada, centro emblemático del paraje, con un cierto regusto desagradable por el poco caudal que mostraba el río que le ha dado origen: el Guarrizas (palabra árabe que se puede traducir por río estrecho).
Aprovechando una serie de circunstancias favorables, como han sido el interés de un viejo amigo en visitar lugares desconocidos para el y las lluvias de estos últimos días caídas tanto en las provincias de Jaén como Granada y presuponiendo que el río iba a presentar una imagen totalmente distinta a la vista en mi anterior visita, hemos decidido cumplir lo que por otro lado fue una autopromesa que me hice en su día: volver a visitar el enclave en condiciones mas favorables.
El río Guarrizas es un curso de agua atípico ya que naciendo en el sur de Ciudad Real se encamina hacia el sur sin importarle el tener que atravesar toda una sierra (Sierra Morena) para desembocar en el río Guadalén. Pasando de esta forma a formar parte de la cuenca hidrográfica del Guadalquivir, no sin antes aumentar su caudal con otro río que hace un recorrido similar de norte a sur: el río Despeñaperros. En su curso se encuentra el embalse de la Fernandina (244 hm cúbicos).
Aldeaquemada fue fundada por Carlos III con objeto de repoblar Sierra Morena y su nombre se debe, seguramente, a un incendio que destruyó el antiguo enclave denominado de La Aldehuela que ocupaba el mismo lugar. Ubicada al norte de la provincia de Jaén, en el límite con Castilla la Mancha forma parte del Parque Natural del Despeñaperros, en la que está englobada.

Todo este espacio declarado Parque Natural está formado por bosque mediterráneo compuesto principalmente de encinas, alcornoques y enebros, aunque no faltan los arces, cornicabras y quejigos junto con algunos madroños y cercanos a las zonas habitadas los almeces, siempre dispuestos a prestar sus ramas para la elaboración de los astiles de las herramientas dada su flexibilidad y resistencia a los golpes junto a su escaso peso.

Para llegar desde Granada hay que tomar la autovía de Madrid hasta llegar a la población de Santa Elena donde abandonamos la autovía para tomar un desvío que nos acercará a través de casi 30 kilómetros por una estrecha carretera que en su primera mitad asciende hasta salir del desfiladero para llaneando y bajar a tramos en su segunda parte llegar al pueblo. Una vez en él basta seguir las indicaciones hasta el aparcamiento habilitado junto al río, donde comienza el recorrido balizado hasta la cascada, en total son alrededor de 215 kilómetros para la ida y otros tantos de vuelta, largo viaje que sin duda ha merecido la pena.

El recorrido a pie es un corto sendero que en parte empedrado nos acerca a la caída que hace el rio sobre los estratos de la roca para alimentar unas decenas de metros más abajo una amplia poza, que dependiendo de la luz podemos ver negra total, hoy debido a los arrastres de las intensas lluvias de estos días, color chocolate; color que acompaña a los ocres y morrones de las propias piedras sobre las que discurre. Tras contemplarla desde un mirador habilitado al efecto en la loma de enfrente (denominada Plaza de Armas), pequeña meseta rocosa donde existen dos miradores, uno de ellos sobre la Cascada de la Cimbarra, impresionante salto de agua de unos 40 metros; el segundo algo más pequeño y con vistas al desfiladero que ha ido formando el río a lo largo de los milenios, erosión que ha ido excavando numerosas pozas a lo largo del cauce del río en su lecho rocoso.

Iniciamos la bajada por un estrecho sendero, a tramos empedrado, para disfrutar de unas inmejorables vistas de la misma, llegando a un observatorio casi a su mismo nivel, con la posibilidad de seguir bajando hasta el mismo perímetro de la charca que recibe el agua de la cascada. A media bajada pasamos junto a las ruinas de un antiguo molino que se alimentaba del agua desviada del rio antes de iniciar la caída. Para llevar el agua hasta el molino se servían de uno de los estratos rocosos utilizándolo como acequia, que en suave pendiente la llevaba hasta la parte alta del mismo. Del molino sólo quedan las paredes y el terminal de la acequia con un aliviadero que imagino derramaba el agua directamente sobre las palas del molino, a la vez que el par de ruedas de piedra abandonadas a la vera del sendero formando casi parte ya de la ladera. En la cabecera de la cascada quedan señales de antiguas estructuras que tenían como finalidad acumular más agua y hacer que alcanzara el nivel que le permitiera discurrir por el estrato en épocas de estío, hoy no hacian falta ya que la abundancia de agua hacía que descendiera sin la aportación humana. En esta bajada hacia la poza se enseñorean grandes almeces con gruesos troncos retorcidos, mostrando su edad en los grandes nudos que ostentan.

Tras el recorrido de la cascada continuamos, por la carretera hacia abajo, unos centenares de metros, hasta llegar a un nuevo aparcamiento a la entrada de una zona de acampada, donde nace otro corto sendero de unos 45 minutos que nos lleva, primero a la Cimbarrilla y más adelante al paraje denominado “Negrillo”. Hoy el arroyo Martín Pérez que comparte barranco con el sendero había crecido sobremanera haciéndose río e impetuoso, lo que nos ha impedido hacer este recorrido ya que era imposible su cruce sin salir mojado. Sólo hemos avanzado por el sendero hasta que éste ha decidido cruzar y seguir por la vertiente contraria, dejándonos a nosotros sin posibilidad para cruzarlo debido a su importante caudal.

A medio camino de regreso entre Aldeaquemada y Santa Elena, justo antes de iniciar la bajada final para enlazar con la autovía, a nuestra derecha hay una casona que está habilitada como  Centro de Visitantes del Patrimonio Cultural y anteriormente un antiguo aprisco ganadero y junto a él una explanada apta para el aparcamiento. Aquí arranca un sendero doble, un ramal que en subida se dirige al Castillejo y el otro que en bajada se dirige a la Cueva de los Muñecos. Hoy los hemos recorrido los dos en el mismo orden mencionado.

Se ubica el Castillejo en lo alto del cerro, así que basta con seguir el sendero muy bien marcado hasta coronar unos cientos de metros más arriba. Aquí hubo un poblado ibérico, del que se han encontrado abundantes muestras y las no encontradas oficialmente, se han encargado de buscarlas mediante excavaciones ilegales por lo que en la cima del cerro encontramos numerosos hoyos, producto de las búsquedas clandestinas.

Es el Castillejo un mirador enclavado en la cima de la colina desde el que por su ubicación se domina tanto la entrada del desfiladero del Despeñaperros con todas las variantes de la carretera, la antigua y la nueva junto con el trazado del ferrocarril y el pueblo de Santa Elena al fondo. Estamos en el margen izquierdo del río Despeñaperros, enfrentados a los llamados “órganos”, estratos casi verticales con diferentes colores aportados por los líquenes que hacen de la pared rocosa, a pesar del día nublado, un bello espectáculo. En la propia colina donde estamos aparecen dos paredes verticales, casi en su cima que parecen cortadas con una gigantesca sierra.

El segundo itinerario nos acerca hasta un santuario ibérico situado en el llamado Collado de los Jardines, conocido popularmente como la Cueva de los Muñecos denominada así por la cantidad de exvotos (figurillas de bronce) arrojadas a la misma en el transcurso de los años. Este santuario junto con el situado en Castellar de Santisteban han aportado más de 4.500 exvotos, custodiados en su mayoría actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

La Cueva de los Muñecos está ubicada en uno de los parajes mas abruptos de toda Sierra Morena, dentro de un barranco, flanqueado por grandes bloques pétreos en las que hay excavadas diferentes cuevas, la mayor de ellas con hasta cincuenta metros de profundidad, pozo actualmente cubierto por una reja metálica para impedir que los visitantes se arriesguen en demasía intentando adentrarse en él. Dentro de esta cueva, actualmente hay un manantial de agua que se supone ya existía en la antigüedad. Al inicio del sendero hay un edificio con un nombre algo largo por tratar de recoger todo lo que representa: Centro de Interpretación del Patrimonio Histórico y Cultural del Parque Natural del Despeñaperros, aparentemente abandonado actualmente.

Coincidimos los dos en apreciar la falta de formación ecológica de muchos de los visitantes. Generalmente no somos conscientes de que nos movemos por un entorno natural, así que los gritos, las voces y en general cualquier alteración, deberíamos limitarlas al máximo a la vez que enseñar a los críos que los gritos no engrandecen los paisajes sino que los empobrecen, que el arrancar vegetales para tirarlos un poco más adelante no es el comportamiento adecuado, que los papeles y pañuelos deben guardarse en el bolsillo. Pero los pequeños aprenden los comportamiento, sobre todo, de sus mayores y a éstos es mucho más difícil enseñarles. Pienso que hay individuos, tan acostumbrados al ruido diario que cuando visitan este tipo de entornos tienen que gritar para oírse y no sentir miedo de su silencio o su vaciedad.

Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.