miércoles, 27 de febrero de 2013

Torre de la Cautiva (Alhambra - Granada)

Torre objeto de la visita.

En el interior todo cambia, apenas muestra espacios sin decorar.

La otra fachada de la torre anodina por fuera, no permite imaginar un interior tan lujoso.

Todos los rincones profusamente adornados.

Las ventanas que permiten divisar el exterior desde las alcobas.

La ornamentación escala las paredes hasta enlazar con el artesonado.

Yeserías policromadas que en su día debían presentar un aspecto impactante.

Juegos de luz y sombras, calor y fresco.

Zócalos alicatados para las zonas de más desgaste.

Detalle de escritura.

Accediendo al interior.

El juego del agua.

Mirador.

Hasta las diferentes alturas de las techumbres quedan ornamentales.

Rincones para demorarse.

Pequeño oratorio del  Partal.

Reflejos.

Casas adosadas al edificio principal del Partal.

Torre de los Picos.
Vista general de los jardines del Partal..

Exposición en el Paseo Central del bosque de la Alhambra. 



Una de las fotos expuestas: buscando protección.

Hasta la próxima visita.





TORRE DE LA CAUTIVA.

Fecha: 17-02-20132

No es necesario ser una habitación para estar embrujada, no es necesario ser una casa; el cerebro tiene pasillos más grandes que los pasillos reales (Emily Dikinson).
De nuevo una visita a la Alhambra. cualquier motivo es bueno para subir desde Granada, pasear por los bosques, visitar algún enclave concreto o simplemente dejarse llevar allá donde la curiosidad o el azar te dirijan, allá donde te llame la atención una situación o un simple detalle.

He aprovechado la posibilidad que nos brinda el programa dirigido a residentes, concediendo entradas gratuitas para visitar los domingos por la tarde los Palacios Nazaríes, o bien Jardines y torreones. El pequeño inconveniente es que hay que solicitar las entradas en el Corral del Carbón los lunes para las visitas del siguiente domingo, con lo que el pronóstico del tiempo es incierto y me puedo llevar alguna sorpresa. Imaginaba y así ha sido que los domingos por la tarde es el día más “débil” en visitas, lo que personalmente agradezco. Yo opté por Jardines y Torres.

Hoy me ha ocurrido, el día ha estado nublado con lo que la luminosidad propia de los días claros en que a mí me apetece hacer las visitas no se ha correspondido con la tarde. No deja de tener interés “añadido” el introducirse en un lugar de ensueño bajo un cielo plomizo e incluso con alguna llovizna, le aporta un aire más romántico, si cabe, al paseo. El horario de visita por las tardes se prolonga desde las 14 horas hasta las 18 horas. Son cuatro horas que dan tiempo suficiente para hacer recorridos muy relajados cuando los sitios han sido previamente seleccionados.

La ventaja que tenemos los granadinos del que yo soy muy consciente, es que tenemos el monumento a media hora andando de nuestra casa, lo que nos permite subir casi en cualquier momento o por cualquier motivo, sin las prisas y el ejetreo que supondría la visita en caso de tener que desplazarse desde otra ciudad y ya no hablemos desde otro pais.

Yo quería visitar la Torre de la Cautiva (declarado espacio del mes de febrero). Dentro del programa de visitas que gestiona el Patronato, cada mes se abre un espacio que habitualmente permanece cerrado y “oculto” al público, por lo que aprovecho las ocasiones en que esos espacios son suficientemente atractivos para mí como excusa para subir. Después pensaba demorarme lo que me apeteciera por los jardines colindantes o las ruinas de los palacios en los que se aprecian sólo las distribuciones originales junto a las albercas que adornaban sus patios. Son elementos a los que habitualmente no le presto gran atención porque se sitúan en lugares de paso, los atravieso para ir de un lugar a otro.

Después de la pequeña sorpresa desagradable de tener que perder casi media hora haciendo cola ante las taquillas generales para cambiar mi reserva por la entrada (sigo sin entender por qué no se utilizan más eficazmente los recursos informáticos), me dirijo directamente hacia el objetivo. La Torre de la Cautiva es uno de los torreones que ubicados en la muralla encarada hacia el Generalife (camino de ronda de la muralla) se levanta delimitando el lado sur de la Cuesta de los Chinos.

Esta torre conocida anteriormente como de la Ladrona o de la Sultana (durante el siglo XVI), se dice que estuvo habitada por Doña Isabel de Solís, convertida después de su captura al Islam con el nombre de Fátima Zoraya (Lucero de la Mañana), siendo segunda mujer del rey Muley Hacén, con el que tuvo dos hijos, desafío que tendría consecuencias posteriores tanto para la familia real como para su corte.

Posteriormente, ya en el siglo XIX fue restaurada, tras haber sido vivienda de los alcaides cristianos e incluso de particulares.
Para el visitante casual pueden pasar muchos espacios desapercibidos por su anodino exterior movidos por la premura que les obliga a hacer un recorrido por aquellos emblemáticos y sobradamente conocidos, olvidando pequeñas joyas dignas de rivalizar con el mismo Salón del Trono. Esta torre cumplía una doble finalidad: la de vivienda junto a la defensiva del recinto. Por eso no nos puede extrañar el diseño de su entrada adoptando el pasadizo en recodo para facilitar la defensa obligando a los enemigos a penetrar prácticamente en fila india imposibilitando el ataque en grupo. Tras recorrer el pasadizo accedo a un patio con galerías que a su vez comunica con una sala cuadrada con artesonado del siglo XIX a través de una doble arcada.

Llama la atención la profusa decoración que cubre todas las paredes de la estancia haciéndola similar a la de los palacios. De hecho es una torre palacio con una distribución similar a las de las casas que tras la llamativa entrada en recodo accedemos a unos espacios profusamente decorados, lo que la equipara en ornamentación y belleza al Salón del Trono del Palacio de Comares, perteneciendo ambas a la época de mayor explendor del arte nazarí en la época de Yusuf I. Al igual que cualquier vivienda cuenta con una segunda planta y una terraza cuyo acceso está a la entrada junto al recodo.

Lástima que a pesar de ser la visita del mes publicitada por el Patronato, ni la planta superior ni la terraza estén habilitadas para su recorrido. Desde el exterior aprecio que se adecúa perfectamente al esquema árabe de ocultar la riqueza en el interior tras unas fachadas prácticamente lisas que en nada las diferencia de cualquier otra torre defensiva del conjunto. Apenas destaca las pequeñas ventanas geminadas que aportan luz y acceso visual a las alcobas.

Una vez cumplimentada la visita a la Torre me dedico a pasear por los distintos jardines, algunos cultivados con plantas ornamentales (coles de vistosos colores), otros con plantas aromáticas entre unas y otras destaca algún árbol como el Macasar o Caqui. Me acerco hasta los jardines del Partal para disfrutar más que de las construcciones en sí, de sus reflejos en los estanques. El pequeño Oratorio y de nuevo los intrincados pasillos delimitados por recortados muros vegetales, de los que a veces abstraído por el deambular indolente no puedes salir y hay que retroceder.

El rumor del agua en este espacio es importante ya que aporta vida al conjunto. O bien en sus estanques con sus coloridos peces que en alguna ocasión han servido de reclamo y comida a alguna garza real; o bien las exiguas fuentes que apenas se elevan sobre sus surtidores lo suficiente para apreciar el movimiento del agua; o los canales que enmarcando a las escalinatas en su descenso con algo más de corriente aportan el rumor típico del espacio palaciego, que se desploman junto a las escalinatas que enlazan las distintos niveles en que se asienta todo el conjunto y que me sirve para transitar las distintas terrazas a las que se acoplaban las edificaciones primitivas.

En esos momentos quiero sentirme y permanecer en ese estado generalmente asociado a la niñez en que es válida la afirmación de Milan Kundera: “...estaba pasando por ese breve periodo en que la imaginación está aun poco provista de experiencias, aun no ha caído en la rutina, conoce poco y sabe poco, de modo que aun existe lo inimaginable...”

Ya de vuelta decido bajar por el paseo central que atraviesa el bosque para atravesando la Puerta de las Granadas desembocar en Plaza Nueva. En uno de los tramos superiores me encuentro una exposición de fotografías en gran formato y de apreciable calidad sobre el mundo submarino. Se trata de setenta fotografías realizadas por profesionales de diferentes paises que tratan de acercar al visitante la biodiversidad de la vida oceánica, que en opinión de su comisario, Joaquín Araújo atraen poderosamente la atención del visitante, destacando las medusas por su colorido o las cabriolas fuera del agua que realizan las grandes ballenas a pesar de su tamaño y peso.

Durante el recorrido, saltando de un fotograma al siguiente y atento al entorno, me ha llamado la atención el contraste que produce ver una exposición de vida submarina con exuberancia de vida y múltiples colores ubicada en un bosque despojado de su esplendor por la época del año, quiero imaginar que en primavera deberá ser más impactante, si cabe. No obstante la relación aparece patente si consideramos que uno de los elementos primordiales en la Alhambra es también el agua. La muestra trata de llamar la atención sobre los peligros que afectan al mundo acuático y las posibles soluciones para evitar el colapso de los océanos.

Esta exposición dedica sus apartados a los océanos Atlántico, Pacífico e Indico, a los mares polares, a los mares enfermos y propone un camino hacia la sensatez, tiene previsto permanecer en el paseo hasta el próximo mes de noviembre. Aconsejo tanto el paseo de subida como la demora disfrutando de las magníficas fotos. No descarto, si consigo encontrar el momento de hacer unas fotos de las fotos sin reflejos, el volver sobre la exposición en el blog.