miércoles, 12 de diciembre de 2012

Sierra de Baza VI. El Tesorero (Granada)

Vista general del enclave El Tesorero.

Se aprecian muy bien los terrenos aterrazados dedicados al cultivo.

El arroyo Uclías que daba vida a la aldea.

Construcción típica de la zona.

El alineamiento de las fachadas nos indica el trazado de la calle.

Estado en que se encuentran casi todas las construcciones.

Empinada calle acoplándose al terreno.

Ingeniosa manera para ascender a la parte superior. 

Sistema constructivo de las techumbres.

Aun se pueden apreciar algunos elementos decorativos.

Las calles semiobstruidas por las piedras caídas de los muros y techumbres.

Algunas de las casas se mantienen aun en aceptables condiciones.

Detalle de lo que pudo ser la entrada de un palomar.

Vista desde una de las eras con que contaba la aldea.

Sistema constructivo de piedras entrelazadas para dar consistencia a los muros.

Sacando provecho a los desniveles.

Una pequeña alacena todavía permanece en la pared.

Algunas de las paredes muestran formas redondeadas.

Desde la loma de enfrente se aprecia mejor la disposición de la aldea.

Restos de maquinaria agrícola abandonada en una de las eras.

El arroyo Uclías da vida a todo el paraje.

Abancalando el terreno mediante balates confeccionados con "piedra en seco".

Visualmente y desde la lejanía se pueden adivinar los cursos de agua.




Fecha: 7-10-2012

El Tesorero.

No por ser una de las últimas visitas a esta sierra es la menos llamativa sino todo lo contrario. Concretamente unas fotos del Tesorero vistas hace años, no recuerdo donde ni cuando, despertaron en mí un fuerte interés por la belleza y supongo que por la calidad de las mismas, me llamaron poderosamente la atención hasta el punto de que su recuerdo ha aguantado el paso de los años. Fueron de esas imágenes que cuando las ves despiertan el deseo de verlas personalmente y vuelven a la memoria de forma recurrente. Qué mejor momento que este otoño en que me había propuesto hacer algunas visitas a la Sierra de Baza para conjugar memoria y deseos. Indagando la ubicación del Tesorero me he encontrado con otras aldeas de las mismas fechas repartidas por la sierra.

Para llegar hasta esta aldea hay que tomar un carril terrero que sale a nuestra izquierda a la altura del kilómetro 29 (señalización antigua por hitos de obra) y recorrer los 15 kilómetros que dista de la carretera asfaltada. El carril está en buenas condiciones y os aseguro que el espectáculo, tanto de la zona donde está hubicada la aldea como la aldea misma merecen la pena el largo desplazamiento por su colorido y singularidad.

Algún autor escribe para el “Proyecto Sierra de Baza”:“si tuviéramos que destacar alguna aldea de la Sierra de Baza por su arquitectura singular, belleza y definición de los poblamientos que mejor reflejan la identidad de este Parque Natural, no dudaríamos en indicar al poblado minero de El Tesorero, una bellísima aldea que se emplaza en la parte oriental del Parque...” “La aldea de El Tesorero: un legado histórico que no podemos dejar perder”.

Es una aldea minera perteneciente al término municipal de Baza. Emplazada en el corazón del Parque Natural de la Sierra de Baza a orillas del arroyo Uclías y alrededor de los 1.600 metros de altitud. A pesar de sufrir una situación de abandono de decenas de años aún nos muestra en sus parcelas aterrazadas un aspecto majestuoso. Construido con materiales propios de la zona (esquistos, similar a las pizarras) y piedra natural que le confieren una integración total en el entorno en que se ubica.

El distrito minero “El Tesorero” fue uno de los más importantes de toda la provincia, formado por media docena de explotaciones entre la que destacaba por su importancia la denominada Hernán Cortés. De ellas se extrajeron millones de toneladas de cobre primero (siglo XIX), para pasar más tarde (siglo XX) a la explotación del hierro. Los principales minerales extraídos de estas explotaciones fueron: siderita en primer lugar por su abundancia, seguida de calcopirita, pirita, arsenopirita y cuarzo junto con otra docena de minerales secundarios: tetraedrita, bismuto, hematíes, etc.

Este poblado bastante más extenso y con bastantes más habitantes en su día que el de Los Mellizos, creció por el efecto llamada que los múltiples yacimientos mineros de la zona efectuó sobre los habitantes de los alrededores, sobre todo los ubicados en la zona almeriense. Acarasolado en una colina del margen izquierdo del arroyo Uclías, algo por debajo de su salida de un cerrado barranco por el que discurre después de nacer en la cota 1.900 m. En esta zona aprovechando que el barranco se ensancha a la vez que aparece el encinar y los terrenos son más fértiles debido a los abundantes sedimentos, sumado a la abundancia del agua, permitió a sus habitantes aterrazar las laderas mediante balates, dedicándolos para el cultivo de lo más necesario, con frutales en las márgenes, recordándome casi de inmediato la forma de aprovechamiento de las empinadas laderas de los pueblos alpujarreños granadinos asentados en Sierra Nevada.

Al igual que Los Mellizos ya figura en el Catastro de Ensenada (1.743) contando entonces con media docena de viviendas y con el apelativo de “Cortijo”. Su eclosión demográfica se dará en el siglo XIX y primeras décadas del XX con los afloramientos y explotación mineras de la zona. El trabajo en las minas y la abundante agua que permite el riego de los bancales ganados al monte, hacen del Tesorero una pujante aldea que en el año 1.866 ya cuenta con más de 100 vecinos. Pero sería en los primeros años del siglo siguiente cuando el historiador local José Sánchez contabiliza hasta 166 bautizos en una sola decena de años.

Este incremento rápido poblacional hizo que se dotara de iglesia y colegio a la aldea que estuvo en uso hasta los años 60, en que la emigración despobló el asentamiento obligando a cerrar la escuela, aun cuando el edificio presenta actualmente un estado recuperable, con algunas de sus habitaciones hundidas. El lugar posee la suficiente belleza y atractivos como para que se estudie su posible rehabilitación y posterior uso antes de que termine convirtiéndose en un montón de piedras apiladas.

Por encima del poblado el arroyo encajonado en los barrancos conocidos como El Peñón del Ciervo y El Espino, nombres que ya me indican la vegetación dominante en estos parajes, llamando la atención un espeso espinar que imposibilita absolutamente su tránsito para las personas, lo que favorece que sea utilizado como isla refugio para el resto de fauna.

Actualmente la aldea sufre un estado de abandono total que no se manifiesta tan brutalmente como en otras construcciones quizás debido a sus escasas visitas y ubicación recóndita. El tipo de construcción utilizado en esta aldea necesita un mantenimiento anual ya que cuando se produce una gotera y no se tapona de forma inmediata acaba desmoronando toda la techumbre en poco tiempo a la vez que la humedad va empapando los muros laterales que con su falta de cemento, ya que están compuestos de piedras unidad con algo de argamasa e incluso en algunos casos tierra, hasta desmoronarlos.

Nos hemos paseado largamente por sus empinadas calles visitando las construcciones, deteniéndonos en aquellas que nos llamaban más la atención. Una de ellas contaba con un pequeño establo adosado a la puerta con un minúsculo piso superior imagino que dedicado a gallinero. La forma de ascender a ese segundo nivel se hacía con lajas sobresalientes del muro inteligentemente colocadas para asemejando una escalera posibilitar la ascensión.

La visita a la aldea ha estado acompañada con las espectaculares vistas al arroyo Uclías que hoy mostraba sus galas otoñales por excelencia, junto con las paratas verde intenso de los prados que las cubren, contrastando con los ocres y marrones oscuros aportados, tanto por los muros de las casas como los levantados para sustentar los distintos bancales, en ambos casos de piedra local, lo que hacen del conjunto una visión sencillamente impactante.

El primer sentimiento que aflora es el deseo de que se adopten las medidas pertinentes para que no se siga deteriorando un enclave que me ha impresionado muy favorablemente por su belleza y que podría convertirse en un museo natural que reflejara y explicara la forma de vida de unos mineros que luchaban por sobrevivir en estos parajes con inviernos muy largos y duros, no hace demasiados años.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.